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Domingo 15 de noviembre de 2020. “Instrucciones De Dios Para La Instalación del Tabernáculo”

Domingo 15 de noviembre de 2020. “Instrucciones De Dios Para La Instalación del Tabernáculo”

   Lección: Éxodo Cap. 40, versículos 1 al 9. 1Luego Jehová hablé a Moisés, diciendo: 2En el primer día del mes primero harás levantar el tabernáculo, el tabernáculo de reunión; 3y pondrás en él el área del testimonio, y la cubrirás con el velo. 4Meteras la mesa y la pondrás en orden; meterás también el candelero y encenderás sus lámparas, 5y pondrás el altar de oro para el incienso delante del área del testimonio, y pondrás la cortina delante a la entrada del tabernáculo. 6después pondrás el altar del holocausto delante de la entrada del tabernáculo, del tabernáculo de reunión. 7Luego pondrás la fuente entre el tabernáculo de reunión y el altar, y pondrás agua en ella. 8Finalrnente pondrás el atrio alrededor, y la cortina a la entrada del atrio. 9Y tomaras el aceite de la unción y ungirás el tabernáculo, y todo lo que está en él; y lo santificaras con todos sus utensilios, y será santo.

Temas a tratar en esta lección:

[1]. Las instrucciones del Señor

♦a. El tabernáculo debía erigirse el primer día del primer mes.

♦b. Moisés debía poner todo el mobiliario en su lugar:

1) el arca del testimonio;

2) el velo para cubrir el arca;

3) la mesa de la proposición y sus utensilios;

4) el candelero con las lámparas encendidas;

5) el altar de oro para el incienso, delante del arca del testimonio;

6) la cortina de la entrada del tabernáculo;

7) él altar del holocausto, delante de la entrada del tabernáculo;

8) la fuente de bronce, con agua en ella, ubicada entre el tabernáculo de reunión y el altar;

9) el atrio;

10) la cortina de la entrada del atrio.

♦c. La dedicación del tabernáculo y su mobiliario

1) Moisés debía ungir el tabernáculo y todo lo que estaba en él para santificarlo (apartarlo para Dios).

2) Debía ungir el altar del holocausto y sus utensilios para santificarlos.

3) Debía ungir la fuente y su base para consagrarlas.

“Moisés Erige El Tabernáculo Y Lo Dedica Como El Centro De La Adoración; El Pueblo Experimenta La Presencia Del Señor” (Ex. 40:1-38)

 (Éxodo 40:1-38) Introducción: El hombre está hecho para adorar a Dios. Cuando no lo hace ▬cuando no adora a Dios de la forma correcta▬ su alma se vuelve vacía y carece de propósito, empieza a sentir hambre y sed de sentido y trascendencia. La única forma en que el alma humana puede saciarse y volverse fructífera es adorar a Dios de la forma correcta. Si hay un mensaje que el hombre necesita escuchar es ese: la única forma en que el alma humana puede saciarse y volverse fructífera es adorar a Dios de la forma correcta. Ese es el motivo por el que Dios dio a Israel el tabernáculo, para que pudieran adorarlo y él pudiera habitar en medio de ellos:

◘ para llenarlos de la plenitud de la vida;

◘ para guiarlos y protegerlos en su camino hacia la tierra prometida.

   Sin embargo, hay una razón más por la que Dios dio a Israel el tabernáculo: quería que el tabernáculo fuera un

símbolo y una sombra de Cristo. Quería que miráramos hacia la tienda y buscáramos su consumación en Cristo. Dios pensó el tabernáculo de Moisés para beneficiar no solo al pueblo de los días de Moisés, sino también a nosotros. Hoy en día, las lecciones y el simbolismo del tabernáculo siguen hablando al corazón de los creyentes. El ministerio de Jesucristo va más allá del tabernáculo, el sacerdocio y todo el mobiliario y los utensilios: él trasciende todo esto y hace que nuestra adoración se concentre en Dios. Ese es el tema del que trata el último pasaje del libro de Éxodo. En él vemos el gran clímax de una de las historias más apasionantes de todas las Escrituras: Moisés erige el tabernáculo y lo dedica como el centro de la adoración: el pueblo experimenta la presencia del Señor (Ex. 40: 1-38).

  1. Las instrucciones del Señor (vv. 1-15).
  2. La obediencia de Moisés: hizo todo lo que Dios le había mandado (vv. 16-33).
  3. La respuesta del Señor (vv. 34-38).  

   [1]. (Éxodo 40:1-15) Mandamientos ▬ Instrucciones ▬ Palabra De Dios ▬ Tabernáculo De Moisés ▬ Sacerdocio: El Señor dio instrucciones sobre cómo levantar el tabernáculo y preparar todo para la adoración. Israel estaba alcanzado un punto culminante de su historia en este momento crucial. Los israelitas habían vivido alrededor de cuatrocientos años bajo el yugo de la esclavitud de Egipto (un símbolo del mundo), pero recorrieron un muy largo trecho en muy poco tiempo. Hacía tan solo dos años eran esclavos y clamaban a Dios para que él aliviara su sufrimiento (vea Ex. 2:23). Tan solo imagínelo: había pasado solo un año desde que Dios libertó a su pueblo del yugo de la esclavitud con una imponente demostración de su extraordinario poder, y qué año había sido aquel para Israel. En el transcurso de ese año, Israel había caminado por el desierto y había experimentado:

◘ la milagrosa guía de Dios a través de la columna de nube, de día y de noche (Ex. 13:17-22);

◘ la división de las aguas del Mar Rojo (Ex. 14:1-31);

◘ el castigo de Dios cuando se quejaron y murmuraron frente a las aguas amargas de Mara (Ex. 15:22-27);

◘ la provisión de alimento que Dios les dio cuando se quejaron y no creyeron en el Señor (Ex. 16:1-36); V

◘ la provisión del agua de la peña (Ex. 17: 1-7);

◘ la victoria de Dios en la guerra contra los amalecitas (Ex. 17:8-16);

◘ el gobierno de Dios, que puso orden en los asuntos del pueblo (Ex. 18: 1-27);

◘ el desafío que Dios les presentó cuando dio la ley a Moisés (Ex. 19:1-24:18);

◘ el designio de Dios al mostrarle a Moisés los planos para el tabernáculo (Ex. 2511-31:18);

◘ el juicio de Dios cuando se, rebelaron contra él erigiendo el becerro de oro (Ex. 32:1-35);

◘ la misericordia de Dios cuando Moisés intercedió por ellos (Ex. 33: 1-23);

◘ la renovación del pacto de Dios con ellos (Ex. 34:1-35);

◘ el llamado de Dios a construir el tabernáculo, el centro de la adoración (Ex. 35:1-39:43).

-a. Ahora, Dios le estaba diciendo a Moisés que montara el tabernáculo, en el primer día del primer mes de un año nuevo (v. 2; vea v. 17). Todas las experiencias vividas el año anterior habían enseñado a Israel una gran verdad: Dios es el Dios de los nuevos comienzos. El hombre puede empezar de nuevo y tener una vida nueva mediante el poder de Dios, y lo mismo sucedería con el tabernáculo, que sería para el pueblo de Dios un recordatorio simbólico de los nuevos comienzos. El mismo Dios que creó los cielos y la tierra también es Aquel que dio a su pueblo la oportunidad de volver a empezar: de la esclavitud a la libertad, del desorden a la ley, de una tierra de idolatría a un tabernáculo donde Dios habitaría en medio de su pueblo y donde ellos le rendirían adoración.

-b. Ahora era el momento de poner en su lugar cada elemento y utensilio del tabernáculo. Considere el orden en que Moisés debía acomodar el mobiliario:

1) la tienda en sí misma, el tabernáculo de reunión (v. 2);

2) el arca del pacto, que contenía el testimonio de Dios (Los diez mandamientos) (v. 3);

3) el velo para cubrir el arca (v. 3);

4) la mesa de la proposición y sus utensilios (v. 4);

5) el candelero con las lámparas encendidas (v. 4);

6) el altar de oro para el incienso, delante del arca del testimonio (v. 5);

7) la cortina de la entrada del tabernáculo (v. 5);

8) el altar del holocausto, delante de la entrada del tabernáculo (v. 6);

9) la fuente de bronce, ubicada entre el tabernáculo de reunión y el altar, que luego llenaría de agua (v. 7);

10) el atrio (v. 8);

11) la cortina de la entrada del atrio (v. 8).

-c. Luego, Dios dio a Moisés instrucciones sobre la dedicación del tabernáculo y el mobiliario. Moisés recibió la instrucción de ungir el tabernáculo y todo lo que estaba en él para santificarlo, es decir, para apartarlo para Dios (v. 9). También debía ungir el altar del holocausto y sus utensilios para santificarlos (v. 10) y después ungir la fuente y su base para consagrarlas (v. 11).

   Pensamiento 1. Hay tres lecciones que podemos extraer de las instrucciones que Dios dio para levantar el tabernáculo.

(1) Dios es el Dios de los nuevos comienzos. El momento de levantar el tabernáculo nos muestra que Dios dio a su pueblo un nuevo comienzo. Los había librado de la esclavitud de Egipto (un símbolo del mundo) y los había llevado hasta este punto en su vida: los hizo libres para que levantaran el tabernáculo de Dios y lo adoraran a él con libertad. Además, Dios les había perdonado el terrible pecado de erigir el becerro de oro, el gravísimo

error de rechazar a Dios y quebrantar sus mandamientos. Él no los rechazó, sino que los perdonó, y la prueba de que los había perdonado y no los había rechazado se encuentra en las instrucciones para levantar el tabernáculo. Al darles directrices sobre cómo levantar el tabernáculo, Dios les estaba dando un nuevo comienzo, una nueva, oportunidad y una nueva vida con él.

   Él es el Dios de los nuevos comienzos. El ser humano puede empezar de nuevo y tener una vida nueva por medio del poder de Dios, por medio de la Persona que vino al mundo a habitar en medio nuestro: el Hijo de Dios, el Señor Jesucristo. Cuando recibimos a Cristo, experimentamos el poder y la presencia del Señor.

   “Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne” (Ez. 36:26).

   “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios” (Jn. 1:12-13).

   “Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios” (Jn. 3:3).

   “De modo que, si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Co. 5:17).

   “Y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad” (Ef. 4:24).

   “Siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre” (1 P. 1:23).

   “Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios; y todo aquel que ama al que engendró, ama también al que ha sido engendrado por él” (1 Jn. 5:1).

(2) Todos nuestros bienes materiales deberían estar dedicados a Dios y apartados para sus propósitos. Dios mandó a Moisés a ungir el tabernáculo y todo su mobiliario, es decir, a dedicar y consagrar todo para el Señor. Nosotros también debemos dedicar y consagrar todo lo que tenemos a Dios. Si hay alguna posesión material que no podemos dedicarle, entonces ese objeto se ha convertido en algo que es más importante para nosotros que Dios. ¿Cuáles son esas cosas tan importantes, que suelen volverse más importantes para nosotros que Dios mismo? ¿Cuáles son esas cosas que generan una lucha en nuestro interior y nos hacen dudar si apartarlas o no para él? Pueden ser:

  • el dinero; • una profesión; • una posición; • la recreación; • negocios; • pasatiempos; • propiedades; • juegos;
  • casas; • música y películas; • ropa; • televisión; • automóviles; • estéreos.

   La lista podría seguir, pero la Palabra de Dios es clara: jamás debemos permitir que los bienes materiales nos roben nuestra relación con Dios. Debemos presentar todo a Dios con las manos abiertas de la sumisión y no con el puño apretado de la avaricia. Cuando obedecemos, experimentamos la presencia del Señor.

   “Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas” (Mt. 6:24).

   “Pues ¿qué aprovecha al hombre, si gana todo el mundo, y se destruye o se pierde a sí mismo?” (Lc. 9:25).

   “Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición; porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores” (1 Ti. 6:9-10).

   “También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos” (2 Ti. 3:1-2).

3). Debemos dedicarnos y consagrarnos nosotros mismos para Dios de la misma forma en que le dedicamos nuestros bienes personales. El Señor dijo a Moisés que ungiera y consagrará a los sacerdotes, Aarón y sus hijos. La demanda que nosotros también estemos apartados para su servicio, que dediquemos y consagremos nuestra propia vida para él y su gran causa. Cuando obedecemos, experimentamos la presencia del Señor

   “Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame” (Lc. 9:23).

   “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Ro. 12:1-2).

   “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios” (1 Co. 6:19-20).

   “Doy gracias al que me fortaleció, a Cristo Jesús nuestro Señor, porque me tuvo por fiel, poniéndome en el ministerio” (1 Ti. 1:12).

   “Dame, hijo mío, tu corazón, y miren tus ojos por mis caminos” (Pr. 23:26).

Texto: “Y alzarás el tabernáculo conforme al modelo que te fue mostrado en el monte”. Éxodo 26:30.

   Comentario del texto áureo: Las instrucciones de Dios eran estrictas: el tabernáculo tenía que edificarse y construirse exactamente como Dios lo había planificado, conforme al modelo que él le había mostrado a Moisés (v. 30). El plan de Dios se reafirma otra vez. No había atajos. Los materiales no podían reemplazarse por otros. Las dimensiones no podían ajustarse. Dios no admitía sugerencias de ningún hombre. El tabernáculo tenía que edificarse exactamente como él lo había ordenado.

   “Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien. (Josué 1:8).

   “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos” (Mt. 7:21).

   “El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ese es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él” (Jn. 14:21).

   “Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mí Padre, y permanezco en su amor. […] Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando” (Jn. 15:10, 14).

   “Respondiendo Pedro y los apóstoles, dijeron: Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hch. 5:29).

1er Titulo:

Organización del mobiliario y los utensilios en el tabernáculo. Versíc. 1 al 5. 1Luego Jehová hablé a Moisés, diciendo: 2En el primer día del mes primero harás levantar el tabernáculo, el tabernáculo de reunión; 3y pondrás en él el área del testimonio, y la cubrirás con el velo. 4Meteras la mesa y la pondrás en orden; meterás también el candelero y encenderás sus lámparas, 5y pondrás el altar de oro para el incienso delante del área del testimonio, y pondrás la cortina delante a la entrada del tabernáculo. (Léase 1ª los Corintios 14:40. pero hágase todo decentemente y con orden.).   

   Pensamiento: a. El hecho de que Dios había quitado su presencia de en medio del pueblo está simbolizado en que Moisés tomó una tienda, la instaló fuera del campamento y declaró que sería el centro de adoración de Israel (Éx. 33 v. 7), La llamó el “Tabernáculo de Reunión”, el lugar adonde el creyente debía acercarse para encontrarse con Dios. El punto es el siguiente: la presencia de Dios debía estar fuera del campamento, lejos del pueblo, y no dentro del campamento, en medio del pueblo. Los creyentes interesados ▬quienes realmente querían buscar al Señor▬ tenían que salir del campamento para buscarlo.

   Comentario del texto complementario: [39]. Así que, mis hermanos, desead con ahínco el poder profetizar y no prohibáis el hablar en lenguas. [40]. Pero que todo se haga decentemente y en orden.

   Tenemos aquí las últimas observaciones del largo discurso de Pablo sobre el tema de la profecía y la glosolalia. La expresión así que introduce un resumen y viene seguida por las palabras mis hermanos. Notemos que después de una severa amonestación, Pablo los aborda pastoralmente llamando a los miembros de la iglesia de Corinto con el epíteto de «mis hermanos», el cual incluye a las hermanas (cf. vv. 6, 20, 26).

   Pablo escribe tres oraciones en el modo imperativo. Estas oraciones son sus últimas observaciones acerca de tema delicado de la profecía y las lenguas. Primero, casi repite palabra por palabra el versículo 1, diciendo: «desead con ahínco el poder profetizar». Usa el tiempo presente para el verbo principal seguido de un infinitivo que indica acción continua. Pablo insta a los lectores a que deseen constantemente el poder profetizar según las directrices que ya entregó en la primera parte de este capítulo (véase 1 Ts. 5:20).

   Segundo, manda a los corintios a que no le prohíban a la gente hablar en lenguas. Pablo mismo afirmó que el hablar en lenguas es un don del Espíritu Santo y, por tanto, no podría prohibir la glosolalia. Si lo hiciera, estaría contristando al Espíritu de Dios y extinguiendo el fuego del Espíritu (Ef. 4:30; 1 Ts. 5:19). Él mismo tenía el don de lenguas (v. 18) y deseaba que todos lo tuvieran (v. 5).

   No obstante, a lo largo de todo este capítulo Pablo le ha puesto limitaciones claras a la glosolalia. Permite las lenguas, siempre y cuando haya un intérprete, se usen para edificar a los que escuchan, el mensaje sea inteligible, se haga todo en orden y ocurra la glosolalia en el contexto del amor. Parece que algunos de los miembros de la iglesia prohibían a otros hablar en lenguas, de manera que Pablo ahora tiene que corregirlos.

   Tercero, Pablo vuelve a recordarles a sus lectores que todo debe hacerse en forma apropiada y ordenada (vv. 26–33; cf. 16:14). Este último recordatorio revela que en la iglesia de Corinto ocurría lo opuesto. En esta congregación la regla era el desorden y lo impropio.

2° Titulo:

Debida distribución dentro del tabernáculo. Versíc. 6 y 7. 6después pondrás el altar del holocausto delante de la entrada del tabernáculo, del tabernáculo de reunión. 7Luego pondrás la fuente entre el tabernáculo de reunión y el altar, y pondrás agua en ella. (Léase Efesios 4:11 y 12. Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo,).

   Pensamiento de la fuente: Después Moisés colocó la fuente de bronce entre la tienda y el altar del holocausto y puso agua en ella (v. 30).

   A partir de entonces, Moisés, Aarón y sus hijos la usarían para lavarse las manos y los pies antes de entrar en el tabernáculo o acercarse al altar (w. 30-32). Todo esto Moisés lo hizo tal como Dios se lo había mandado. Recuerde que el lavamiento simbolizaba la purificación espiritual y el perdón de los pecados (Vea bosquejo y notas de Ex. 30: 17-21) y apuntaba a Cristo, Aquel que nos limpia de nuestros pecados.

   “En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia” (Ef. 1:7).

   “Quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados” (1 P. 2:24).

    Comentario del texto complementario: [11]. Y fue él quien dio a algunos (ser) apóstoles; y a algunos, profetas; y a algunos, evangelistas; y a algunos, pastores y maestros. El Cristo ascendido dio lo que había recibido: hombres que habían de rendir servicio a la iglesia en forma especial. Antes de describir cada uno de los grupos mencionados en este pasaje, corresponde hacer las siguientes observaciones generales:

   [1]. La intención de Pablo no es proporcionarnos una lista completa de oficiales según se ve al hacer una comparación con 1 Co. 12:28. En el último pasaje hay algo así como una enumeración similar pero no hay mención específica de evangelistas. La combinación “pastores y maestros” también se omite, pero se añaden otros funcionarios no incluidos en Ef. 4:11. Aunque no existe justificación bíblica alguna para la tendencia a eliminar la idea de “oficio” y “autoridad”,112 ya que estos conceptos están claramente implicados en Mt. 16:18, 19; Jn. 20:23; Hch. 14:23; 20:28; 2 Co. 5:3, 4; 10:8; 1 Ti. 1:18; 3:1, 5; 4:14; 5:17; 2 Ti. 4:1, 2; Tit. 1:5–9; 3:10, no obstante, “el énfasis en este pasaje (Ef. 4:11) no se halla en los apóstoles, profetas, etc., como oficiales, sino como dones de Cristo a su iglesia” (Roels, op. cit., p. 185).

   [2]. La razón por qué en 4:11ss el apóstol, cuyo corazón se conmueve por los perdidos (1 Co. 9:22) no enfatiza aquí el crecimiento numérico de la iglesia sino más bien su crecimiento en amor y otras cualidades espirituales, puede haber sido que lo último es requisito indispensable de lo primero.

   [3]. Para que la iglesia pueda ser fuerte debe tener no solamente buenos líderes (v. 11) sino además buenos y activos seguidores (v. 12). La plena salvación no se puede obtener hasta que todos los hijos de Dios la obtengan juntos, hecho que Pablo expresa hermosamente en 2 Ti. 4:8, y que aquí en Efesios lo pone en relieve por medio del uso constante de la palabra todos (1:15; 3:18, 19; 6:18).

   [4]. Puesto que aquí en 4:11 todos aquellos que sirven a la iglesia en forma especial—no solamente “apóstoles, profetas, y evangelistas”, mas también “pastores y maestros”—son designados como dones de Cristo para la iglesia, ellos deben ser objetos del amor de toda la iglesia. Si, al estar ellos representando verdaderamente a Cristo, son rechazados, entonces el rechazado es Cristo mismo.

   [5]. Y, por otro lado, hay aquí implicada una amonestación para los líderes mismos, a saber, que los dones no les fueron dados a ellos para su bien personal sino en beneficio del cuerpo de Cristo, la iglesia.

A continuación, se da una breve descripción de los “dones” aquí enumerados:

-a. Apóstoles, en sentido estricto de la palabra, son los Doce y Pablo. Ellos son los testigos titulares de la resurrección de Cristo, revestidos de autoridad eclesiástica universal y vitalicia sobre vida y doctrina, pero introducidos aquí, como ya se ha indicado, con el fin de enfatizar el servicio que rinden. Una amplia presentación de las características del apostolado plenario se ofrece en C.N.T., 1 y 2 Timoteo y Tito, pp. 59–61.

-b. Profetas, nuevamente en el sentido estricto de la palabra (puesto que en el sentido amplio cada creyente es un profeta), son los órganos ocasionales de la inspiración, por ejemplo, Agabo (Hch. 11:28; 21:10, 11). Juntamente con los apóstoles se describen como “el fundamento de la iglesia”. Véase también sobre 2:20 y 3:5; y véase Hch. 13:1; 15:32; y 21:9.

c. Evangelistas, tales como Felipe (así designado en Hch. 21:8; su actividad se describe en Hch. 8:26–40) y Timoteo (2 Ti. 4:5), son misioneros itinerantes, de rango menor que los apóstoles y profetas. A Felipe se le menciona primero como uno de los siete hombres elegidos “para servir a las mesas” (Hch. 6:2). Timoteo era uno de los ayudantes y representantes de Pablo. Para mayores detalles acerca de él y la naturaleza de su obra véase C.N.T. sobre 1 y 2 Timoteo y Tito, pp. 42–48, 179–182, 353. Sabemos que Timoteo fue ordenado para su ministerio (1 Ti. 4:14), como también Felipe (Hch. 6:6). ¿Para qué clase de ministerio fueron estos hombres ordenados? En el caso de Felipe es evidente que fue ordenado como “diácono” aunque el término diácono no se usa en Hechos 6. ¿Hemos entonces de suponer que cuando fue usado por el Señor para la conversión del eunuco etíope estaba obrando, por decirlo así, “por cuenta propia”, o sirviendo en un oficio diferente? Igualmente, ¿hemos de dar por sentado que Timoteo sirvió en dos ministerios diferentes:

  1. como vicario apostólico, y
  2. cómo evangelista?

¿No es acaso más armonizable con la información bíblica que deduzcamos de Hechos 6 que los únicos hombres aptos para ser elegidos diáconos debían ser aquellos “llenos del Espíritu de sabiduría”, “llenos de fe”, y que, de consiguiente, Felipe fue diácono evangelista? ¿Hacemos plena justicia al oficio de diácono si pasamos por alto este punto de vista? ¿Y no está acaso la situación de Timoteo indicando también la flexibilidad de su oficio? Si Timoteo, como evangelista o misionero itinerante, puede servir mejor a los intereses de la iglesia siendo representante de Pablo, ¿por qué no ha de funcionar como tal? En igual forma hoy día, en lugar de estar multiplicando ministerios, ¿no sería mejor poner en práctica toda la implicación de este oficio e imitar la flexibilidad de la iglesia primitiva, considerando además que los carismas especiales de la iglesia primitiva no son nuestros en el presente? La iglesia de hoy no es capaz de producir un apóstol como Pablo, ni un profeta como Agabo. No necesita de un Timoteo para servir como delegado apostólico, ni un Felipe, a quien le hablara un ángel del Señor y que fuese “arrebatado” por el Espíritu. Sin embargo, al igual que la iglesia primitiva, la de hoy tiene ministros, ancianos, y diáconos. También tiene el Espíritu Santo como en aquel entonces. Y ahora tiene la Biblia en forma completa. Ojalá que todos los oficios sean usados al máximo según lo demanden las circunstancias, y en un espíritu de verdadero servicio.

-d. Pastores y maestros. Es mejor considerarlos un grupo. Hodge observa, “No existe evidencia en las Escrituras de haber un grupo de hombres autorizados para enseñar, pero no autorizados para exhortar. El caso es poco menos que imposible” (op. cit., p. 226). Estoy totalmente de acuerdo con esto. Lo que aquí tenemos, por tanto, es una designación de ministros de congregaciones locales, “ancianos docentes (o supervisores)”. Por medio de la exposición de la Palabra ellos pastorean sus rebaños. Cf. Hch. 20:17, 28; también Jn. 21:15–17. Tal cosa no se puede hacer debidamente sin amor al Señor.

   [12]. Se declara ahora el propósito de los dones de Cristo: a fin de equipar enteramente a los santos para la obra de ministerio, con miras a la edificación del cuerpo de Cristo. V.M. divide este versículo en tres frases separadas como sigue: “para perfeccionamiento de los santos, para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo”. Siguiendo esta línea se hallan las versiones A.V., A.R.V., y R.S.V. En primer lugar, se debe señalar que el original no habla de “la obra del ministerio” sino de “la obra de ministerio”, vale decir, de realizar servicios específicos de varias clases. Pero aun con este cambio sería siempre una traducción pobre, puesto que podría dejar fácilmente la impresión de que los santos pueden ser “perfeccionados” sin servirse los unos a los otros y a la iglesia. No debe haber coma entre la primera y la segunda frase. Una solución mejor, según mi parecer, es la que favorecen Salmond y Lenski. Ellos eliminan las dos comas. La idea resultante es que Cristo dio a algunos hombres como apóstoles, otros, como profetas, etc., con el propósito de “perfeccionar” (cf. 1 Ts. 3:10; Heb. 13:21; 1 P. 5:10) o proveer el equipo necesario para todos los santos para la obra de ministrar los unos a los otros a fin de edificar el cuerpo de Cristo. Cedo a la posibilidad de que esta construcción sea la correcta. El significado entonces no diferiría muy substancialmente de la tercera traducción principal, a la cual yo, junto con varios otros, todavía daría preferencia. De acuerdo a este punto de vista, la oración no lleva dos comas (V. M., etc.) tampoco es sin coma (Salmond y Lenski) sino que lleva una coma, y ésta va después de la palabra “ministerio”. Esto deja ver que el propósito inmediato de los dones de Cristo es el ministerio realizado por todo el rebaño; su propósito fundamental es la edificación del cuerpo de Cristo, vale decir, la iglesia (véase sobre 1:22, 23).

   La lección importante aquí enseñada es que no solamente los apóstoles, profetas, evangelistas, y aquellos llamados “pastores y maestros”, sino que la iglesia entera debe estar ocupada en la labor espiritual. Aquí se está poniendo en relieve “el sacerdocio universal de los creyentes”. “¡Ojalá que todo el pueblo de Jehová fuese profeta!” (Nm. 11:29). La asistencia a la iglesia debería significar más que “ir a escuchar al Rev. X”. A menos que, en relación con el culto, haya una adecuada preparación, un deseo de comunión cristiana, una participación de todo corazón, y un espíritu de adoración, existe el peligro que se transforme en un sacrilegio dominical. Y también, durante la semana cada miembro debe equiparse a sí mismo para realizar un “ministerio” definido, sea impartiendo aliento a los enfermos, enseñando, evangelizando al vecindario, distribuyendo tratados, o cualquier obra para la cual esté especialmente equipado. El significado de 4:11, 12 es, además, que la tarea de los oficiales de la iglesia es equipar a la iglesia para estas tareas. Es, sin embargo, importante añadir a todo esto que “la efectividad del testimonio positivo y consciente del cristiano depende en gran parte de la vida del creyente en aquellos momentos no dedicados a tal testimonio”.

3er Titulo:

Santificación del tabernáculo con aceite. Versíc. 8 y 98Finalrnente pondrás el atrio alrededor, y la cortina a la entrada del atrio. 9Y tomaras el aceite de la unción y ungirás el tabernáculo, y todo lo que está en él; y lo santificaras con todos sus utensilios, y será santo. (Léase San Marcos 11:15 al 17. Vinieron, pues, a Jerusalén; y entrando Jesús en el templo, comenzó a echar fuera a los que vendían y compraban en el templo; y volcó las mesas de los cambistas, y las sillas de los que vendían palomas; y no consentía que nadie atravesase el templo llevando utensilio alguno. Y les enseñaba, diciendo: ¿No está escrito: Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones? Mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones.).

   Pensamiento 1: Luego, Dios dio a Moisés instrucciones sobre la dedicación del tabernáculo y el mobiliario. Moisés recibió la instrucción de ungir el tabernáculo y todo lo que estaba en él para santificarlo, es decir, para apartarlo para Dios (v. 9). También debía ungir el altar del holocausto y sus utensilios para santificarlos (v. 10) y después ungir la fuente y su base para consagrarlas (v. 11).

   Pensamiento 2: (Exodo 19:10) santificación consagración apartado separación pureza: Dios hizo un llamado a la santificación. La palabra “santificación” significa consagrarse, entregarse totalmente a Dios; estar separado de toda contaminación del mundo y dedicado a Dios y a su servicio; ser puro, limpio, justo y santo delante de Dios.

   Observe cómo debía santificarse y consagrarse el pueblo israelita: debían -lavar sus vestidos. Mientras lavaban y limpiaban sus ropas, debían meditar acerca de la santificación, pidiendo a Dios que los lavara de sus pecados y de la corrupción del mundo.

   El punto es el siguiente: Dios estaba preparando a su pueblo para recibir su pacto, los estaba preparando para entregarse a él con un compromiso absoluto. Uno de los primeros pasos de esa entrega es la santificación o consagración. Antes de que Dios pudiera darle a su pueblo el pacto y antes de que el pueblo pudiera entregarse totalmente a Dios, ellos debían estar santificados y consagrados: lavados de todos los pecados, de toda la contaminación y corrupción de este mundo.

   “Porque yo soy Jehová vuestro Dios; vosotros por tanto os santificaréis, y seréis santos, porque yo soy santo; así que no contaminéis vuestras personas con ningún animal que se arrastre sobre la tierra” (Lv. 11:44).

   “Y Josué dijo al pueblo: Santificaos, porque Jehová hará mañana maravillas entre vosotros” (Jos. 3:5).

   “Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad” (Jn. 17:17).

   “Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad” (Jn. 17:19).

   “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra” (Ef. 5:25-26).

   “Pues la voluntad de Dios es vuestra santificación; que os apartéis de fornicación; que cada uno de vosotros sepa tener su propia esposa en santidad y honor” (1 Ts. 4:3-4).

   “Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado

irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo” (1 Ts. 5:23).

   “Ninguno tenga en poco tu juventud, sino sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y

pureza” (1 Ti. 4:12).

   “Sino santificad a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa con

mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros” (1 P. 3:15).

   Pensamiento 3: El propósito del aceite de la unción era: 1). Santificar el tabernáculo y su mobiliario para que todo fuera santo (Éxodo 30.29). 2). Ungir a los sacerdotes y consagrarlos para el ministerio (Éxodo 30:30).

    Comentario del texto complementario: [15]. Llegaron a Jerusalén, y habiendo entrado en el templo comenzó a echar fuera a los que compraban y vendían en el templo, y volcó las mesas de los cambistas y los asientos de los que vendían palomas.

   Desde el monte de los Olivos, Jesús se había dirigido a Jerusalén, había pasado la noche en Betania y luego había vuelto a Jerusalén. Aquí entra en el templo. La cumbre del cercano monte de los Olivos es unos 75 metros más alta que la colina donde estaba el templo. Entre el monte de los Olivos por el este, y la ciudad, se encuentra el valle de Cedrón.

Descripción del templo

   Para poder comprender mejor el significado de la purificación del templo, y muchas otras referencias a este edificio, nótense los siguientes hechos principales:

   Fue David quien concibió en su corazón la idea de construir un templo para el Señor. Pero por la razón indicada en 1 Crónicas 28:3 el privilegio de construirlo no lo obtuvo David, sino su hijo Salomón. Este comenzó a edificarlo en el cuarto año de su reinado, o sea cerca del año 969 a.C. (véase 1 R. 6:1). Se terminó siete años más tarde (1 R. 6:38). En su construcción se usaron maderas de cedro y de ciprés del Líbano y piedra caliza blanca. Debido a que la planicie de Moria sobre la cual estaba construido era pequeña, los fundamentos tuvieron que comenzar muy abajo quedando entre éstos y la cumbre, un espacio que se tuvo que rellenar. Para la descripción del mobiliario de este templo y la forma en que fue dedicado, véase 1 Reyes 6–8. El templo fue asediado y atacado. A través de los siglos fue saqueado, renovado, profanado y purificado (véanse 1 R. 14:26; 15:18; 2 R. 14:14; 15:35; 16:17ss; 23:4ss.). Sus tesoros fueron llevados a Babilonia (2 R. 24:13). Finalmente, por el año 586 a.C. el ejército caldeo destruyó Jerusalén, incluyendo el hermoso templo de Salomón.

   Unos cincuenta años más tarde, cuando un residuo de judíos regresó de la cautividad babilónica, se construyó de inmediato un altar para el nuevo templo (Esd. 3:3). Tiempo después se comenzó en serio la construcción propiamente dicha. Se concluyó unos veinte años después del regreso. Sin embargo, al verse claramente que sería un edificio muchísimo menos imponente y hermoso que el templo de Salomón, la gente más anciana, que había conocido la primera construcción, lloraba (Esd. 3:12, 13). Este es el templo que fue saqueado y profanado por Antíoco Epífanes en el año 168 a.C. Aproximadamente tres años más tarde, Judas Macabeo lo purificó y reedificó. Pompeyo lo conquistó y entró en él, pero no lo destruyó. Sin embargo, Craso le arrebató sus tesoros en los años 54, 53 a.C.

   Herodes el Grande modificó y amplió el conjunto del templo. Lo agrandó y mejoró hasta tal punto, que se podría considerar un nuevo templo, aunque los judíos piadosos probablemente no lo consideraban así. En un elocuente discurso, si se puede creer a Josefo, Herodes dio a conocer su plan, consistente en “hacer una retribución de agradecimiento a Dios, de la forma más piadosa, por las bendiciones que he recibido de él, que me ha dado este reino, y cumplirlo haciendo que este templo sea lo más completo que me sea posible”. Lo comenzó a construir el año 19 a.C. Bastante tiempo después de su muerte no se había terminado del todo (véase Jn. 2:20). La magnificencia y belleza del templo que Herodes comenzó a construir, y que avanzó considerablemente, se pone de manifiesto en Mr. 13:1, 2; cf. Mt. 24:1, 2; Lc. 21:5, 6 (véanse también Mt. 4:5; Lc. 4:9). Es interesante notar que este grandioso edificio no se terminó hasta unos pocos años antes de que los romanos lo destruyeran en el año 70 d.C.

   A continuación, hacemos una breve descripción del complejo del templo de Herodes. Se debe estudiar en relación con el diagrama. Toda la gran superficie en la que se encontraba —un cuadrado que medía no mucho menos de 300 metros de lado— estaba rodeada por un muro externo macizo. Las personas que venían del norte—de los alrededores de Betesda, por ejemplo—podían entrar por la puerta del norte. La puerta del este miraba hacia el valle de Cedrón. Por esta puerta, que años más tarde se llamó la Puerta de Oro, se podía cruzar el torrente desde el templo y así ir al huerto de Getsemaní, a Betania y al monte de los Olivos, o viceversa (véanse Mr. 11:1, 11; Jn. 18:1; Mr. 11:16). Viniendo del sur, por ejemplo, de la parte baja de la ciudad, se podía llegar al Atrio de los Gentiles por las dos puertas de Hulda. Una de estas puertas era doble, la otra triple. De todas las puertas que conducían desde, o hacia fuera, éstas eran las más usadas. Finalmente, de la parte alta de la ciudad se podía entrar por las cuatro puertas occidentales. Eran éstas muy útiles, como también los dos puentes que conectaban dos de estas puertas occidentales. Sus ruinas se han conservado hasta el día de hoy.

   Junto al muro exterior había varias hileras de altas columnas. Cada una de ellas era de una pieza de fino mármol blanco pulido. En los lados este, oeste y norte había tres filas paralelas de columnas; en el sur había cuatro. Esto significaba que tres lados tenían dos salas paralelas, en tanto que el Pórtico Real, donde según la tradición había estado el palacio de Salomón, tenía tres.

   Juan 10:23 dice: “Era invierno, y Jesús andaba en el templo por el Pórtico de Salomón (pórtico o columnata)”. Este “pórtico” cubierto probablemente derivaba su nombre de ser la única parte que quedaba del templo que aquel rey había construido (cf. Hch. 3:11; 5:12). Es fácil de comprender que los varios, amplios y hermosos pórticos se prestaban admirablemente para la enseñanza (Mr. 12:41–44 y paralelos; Lc. 19:47, etc.).

   Más allá de estos pórticos, es decir, más allá del muro exterior, estaba el espacioso Atrio de los Gentiles, que rodeaba por completo el templo propiamente dicho. Estaba pavimentado con mármol jaspeado de la más fina calidad. Tanto judíos como gentiles eran bienvenidos en este atrio. Su nombre se deriva del hecho que a los gentiles no se les permitía entrar más adentro. Con el fin de recordarles esta prohibición, el pequeño espacio encerrado dentro del Atrio de los Gentiles, estaba rodeada por una baranda de unos 1.30 m. de altura donde había letreros que tenían inscripciones en griego y en latín con esta advertencia:

   “Que ningún hombre de otra nación traspase esta barrera ni la cerca que rodea el templo. Quien sea sorprendido será el único culpable de su propia muerte”.

    Si desde el Pórtico de Salomón se sigue hacia el oeste, quien tuviese el privilegio cruzaría una parte del Atrio de los Gentiles, y entraría al Atrio de las Mujeres a través de la Puerta Hermosa. Aquí se permitía la entrada tanto a hombres como a mujeres. Así como el nombre de “Atrio de los Gentiles” indicaba que a ningún gentil le estaba permitido ingresar más al interior, el “Atrio de las Mujeres” recibía este nombre para indicar que éste era el punto límite hasta donde podían llegar las mujeres. Estaba dotado de amplias cámaras y daba entrada a las arcas del tesoro. Contra sus muros había trece arcas en forma de trompetas para las ofrendas y otras donaciones. Marcos 12:41–44 (cf. Lc. 21:1–4) y Juan 8:20 nos vienen de inmediato a la mente.

   Los varones israelitas podían seguir aún más adentro, hasta el “Atrio de Israel”, que era relativamente angosto. Entre éste y el “Atrio de los Sacerdotes” había una separación baja, de modo que algunos autores consideran a estos dos atrios como uno solo.

   El Atrio de los Sacerdotes rodeaba el santuario interior formado por el Lugar Santo y el Lugar Santísimo. Al este se hallaba el gran altar de los sacrificios. Más cerca del santuario, y un poco más al sur, se podía ver el mar de bronce, un gran recipiente de bronce que reposaba sobre 12 grandes leones. Finalmente estaba el santuario mismo. En cuanto a las medidas, Josefo afirma que su planta baja tenía “60 cúbitos (27 m.) de altura, la misma medida de largo, y 20 cúbitos (9 m.) de ancho. Pero los 60 cúbitos de largo se subdividían. La primera parte (el Lugar Santo) llegaba hasta los 40 cúbitos (18 m.).… La sección de más adentro (el Lugar Santísimo) medía 20 cúbitos (9 m.)”.

   Este magnífico santuario debió ser una maravilla admirable, puesto que estaba construido de mármol blanco ricamente incrustado de oro por delante y por los lados. Se entraba a través de un inmenso pórtico o vestíbulo de dos alas, según se indica en el diagrama. En la entrada que daba al Lugar Santo colgaba una cortina o velo babilónico de preciosos colores. Había también otra cortina llamada “el segundo velo” que separaba el Lugar Santo del Lugar Santísimo (véanse Mt. 27:51; Heb. 6:19; cf. 9:3; 10:20).

   Al igual que en la antigua dispensación, en tiempos de Jesús el Lugar Santo contenía “Un candelabro, una mesa, y un altar del incienso”, según nos informa Josefo, que añade: “Pero en éste (es decir, el Lugar Santísimo) nada había …”. El candelabro de siete brazos estaba entre los tesoros que Tito y Vespasiano exhibieron en su procesión triunfal en Roma después de la caída de Jerusalén en el 70 d. C.

   He dejado intencionadamente para el final, a fin de darle especial relieve, un punto muy importante: el de la altura de las diversas partes. Antes de proseguir más adelante, es conveniente subrayar que no tenemos plena seguridad acerca de las medidas—mayormente largo y ancho—dadas hasta ahora. La Biblia no nos proporciona información sobre este punto. Josefo y los tratados de la Misná no siempre concuerdan. Por esto, no es de extrañarse que las fuentes secundarias—aun los mejores textos de estudio—no estén de acuerdo en varios puntos. El cuadro general es bastante claro, pero cuando se quieren precisar detalles, se debe recurrir a conjeturas a veces probables, otras improbables o al menos infructuosas. Esto es válido también en cuanto a la altura de las diversas partes.

   Con estas reservas, se puede ahora señalar que había tres aspectos que hicieron que este templo fuese inolvidable:

-a. Su inmensidad.

De este a oeste o noroeste, el conjunto del templo aumentaba en altura. Desde el Atrio de los Gentiles hasta el de las Mujeres había un ascenso de 14 peldaños; de allí hasta el Atrio de Israel se subían 15 más. Unos pocos peldaños más llevaban hasta el Atrio de los Sacerdotes; y 12 más a la entrada del Santuario. En consecuencia, el más alto de todos los edificios de todo el complejo era el “templo” o “santuario” que se erguía sobre el amplio Atrio de los Gentiles. “Algunas de las piedras del edificio eran de 45 cúbitos (21 m.) de largo, cinco (2.5 m.) de alto, y seis (2.70 m.) de ancho” (Josefo). Además, el santuario ocupaba la parte más elevada del terreno y estaba sostenida por fundamentos muy sólidos. Su altura era no menos de 18 m., en lugar de los 13.5 m. del templo de Salomón (1 R. 6:2). A esto deben añadirse otros 18 m. para el aposento alto que cubría todo el santuario. Todo el templo, con excepción del pórtico, estaba cubierto por un tejado de caballete hecho de madera de cedro. “De su cumbre sobresalían aguzadas puntas de oro para impedir que los pájaros se posaran encima y contaminaran el techo” (Josefo).

   De todo esto se sigue que el mejor mapa pictórico del inmenso templo de Herodes sería uno tridimensional. Véase, por ejemplo, la reconstrucción del Conde de Vogue (Jerusalén, p. 100) o el modelo de Schick, que aparece reproducido en varias enciclopedias en lengua inglesa y otras lenguas, y en textos arqueológicos, o el dibujo en colores de Lazar Halberthal.

   La inmensidad le recuerda al hombre su pequeñez y le induce al temor reverente.

b. Su belleza.

Josefo dice, “La parte exterior del edificio tenía todo aquello que pudiese producir asombro al alma y a los ojos. Al estar cubierto por todos lados con gruesas planchas de oro, apenas salía el sol el templo empezaba a irradiar un resplandor tan intenso que los que se esforzaban en mirarlo se veían obligados a desviar sus ojos como si se tratase de rayos solares. A los extranjeros que se aproximaban les parecía desde lejos como una montaña revestida de un manto de nieve, y esto debido a que todo lo que no estaba cubierto de oro, era de un blanco purísimo” (Guerra Judaica, V. 222). La belleza invita a la adoración.

-c. Su propósito.

El propósito se expresa claramente en 1 Reyes 8:13, 31–61; 9:3; y especialmente en Isaías 56:7, porque, aunque estos pasajes pertenecen al templo de Salomón, es claro que tienen significado con respecto al que existía en los días de Jesús. Aun el niño Jesús le llamó “la casa de mi Padre” (Lc. 2:49). Y durante su ministerio terrenal, Jesús cita Isaías, y declara que el templo es casa de adoración. Dijo, “¿No está escrito: ‘Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones …’”?

* * *

   Así pues, Jesús entró en el Atrio de los Gentiles. ¡Qué espectáculo más triste percibieron sus sentidos, su vista, oído, y aun su olfato! Así como a comienzos de su ministerio, ahora también observaba que aquel atrio y templo estaba siendo profanado. Parecía una plaza de mercado. Los lucrativos negocios iban viento en popa. Algunos vendían bueyes y ovejas. Por aquella época del año en que la Pascua estaba muy próxima y los peregrinos de todos los lugares acudían en multitud al atrio, abundaban los compradores. Pagaban altos precios por los animales para el sacrificio. Por supuesto, cualquier adorador podía llevar el animal que quisiera. Pero si lo hacía, corría el riesgo de que se lo rechazasen. Los mercaderes del templo habían pagado generosamente por aquella concesión a los sacerdotes, de quienes la habían comprado. Parte de este dinero llegaba finalmente a las arcas del astuto y acaudalado Anás, y del artero Caifás. Se comprende fácilmente, entonces, que los negociantes y la casta sacerdotal estaban asociados en este negocio. Al entrar Jesús observó el confuso bullir de los vendedores; también el ruido, la suciedad, y el hedor producido por los animales. ¿Podía esto, de algún modo, llamarse adoración?

   Nótese, los que “compraban” y “vendían”. Esto podría resultar algo difícil de entender. ¿Vendedores? Sí, éstos eran culpables de estafar a los peregrinos, explotándoles. ¿Pero por qué los pobres e inocentes compradores habían de estar incluidos con aquellos contra quienes el Señor descargó tan fuerte desaprobación? La respuesta es probablemente la siguiente: aquella gente se mostraba demasiado dócil. Eran pusilánimes como Elí (cf. 1 S. 2:22–25; 3:13). Aceptaban las condiciones tal como venían. Por supuesto que era más conveniente comprar un animal en el atrio que llevarlo consigo (Lv. 17:1–6; Jer. 17:26) y correr el riesgo de que no pasara la inspección oficial. En consecuencia, la concesión del vendedor había llegado a ser la conveniencia del comprador, y el que recibía era tan culpable como el que vendía a precios excesivos engañando a los compradores.

   Entre los compradores había peregrinos de países lejanos. Véase Jn. 12:20; Hch. 2:5–13. Estos llevaban consigo dinero griego, romano, egipcio, etc. Pero en el atrio del templo no se aceptaban pagos con moneda extranjera. De modo que los cambistas estaban presentes, sentados frente a sus mesitas cubiertas con monedas para cambio. El impuesto del templo, de medio siclo, (Ex. 30:13; Mt. 17:2–27) se debía pagar en moneda judía. Además, se necesitaba moneda judía para cumplir los varios ritos de la purificación (Hch. 21:24). Así que los cambistas daban dinero judío por dinero extranjero, cobrando un poco por el servicio. Este tipo de negocio también era muy lucrativo. Daba buena oportunidad para engañar al confiado peregrino.

   No es difícil imaginar la santa indignación que se debió encender en los ojos de Jesús mientras expulsaba a los que estaban implicados en aquel nefasto negocio y volcaba las mesas de los cambistas y las sillas de los vendedores de palomas. No sabemos si en esta oportunidad, como lo hizo la primera vez que purificó el templo, improvisó un látigo con algunos cordeles que se hallaban esparcidos y lo blandió sobre ellos. Una cosa es cierta: sin duda, Jesús se manifestó como Señor del templo (cf. Mt. 12:6).

   En concordancia con todo esto Marcos añade una nota: [16]. Y no permitió que nadie llevase mercancía por el templo. Con la ayuda del diagrama del templo de Herodes y la explicación que sigue, el significado se aclara. Las puertas estaban localizadas de tal forma que se hacía muy fácil y conveniente usar el templo como atajo para acortar camino: por ejemplo, entre la ciudad y el monte de los Olivos. El lugar sagrado se estaba usando con propósitos enteramente seculares. ¿No desaprobaban esto los rabís? “¿Cuál es la reverencia debida al templo? Que nadie entre al monte de la casa con su bastón, zapatos, bolsa, o polvo en sus pies. Que nadie cruce por él, y lo menosprecie haciéndolo lugar para escupir”. Jesús vio que por comodidad la gente mundana transportaba todo tipo de “vasijas”—objetos que usaban con propósitos profanos—a través del templo y, por tanto, lo envilecía. Ahora bien, si aun los habitantes de las grandes ciudades de Europa se ofenden al ver sus catedrales usadas como vías públicas, y los norteamericanos colocan señales de “No pasar” a la entrada de algunos de sus parques y ciudades universitarias, bien podemos entender el carácter totalmente impropio de la práctica que Jesús condena aquí.

   La lección que de aquí se desprende tiene tanta aplicación hoy como en aquel entonces. Muchas veces la práctica de la llamada “religión” llega a ser nada más que un medio para lo que realmente interesa a la gente, a saber, la conveniencia, la promoción social, la ganancia pecuniaria, etc. Cuando esto ocurre, nada queda de la devoción sincera y genuina. La “casa de oración” llega a ser una fuente de beneficios personales, no de provecho real.

   No es raro, entonces, leer, [17]. Les enseñaba y les decía, “¿No está escrito: ‘Mi casa será llamada casa de oración Para todas las naciones’? Pero vosotros la habéis hecho cueva de ladrones”.

   Las palabras citadas vienen de Isaías 56:7b. Sólo Marcos coloca la cita completa, es decir, incluyendo “por todas las naciones”. De todo esto resulta claro que el templo tenía el propósito de ser el lugar donde Dios se encontraba con su pueblo, un santuario para la tranquila devoción espiritual, oración, meditación y comunión, en relación con los sacrificios. Véase 1 R. 8:29, 30, 33; Sal. 27:4; cf. 65:4; cf. 1 S. 1:9–18; Lc. 18:10; Hch. 3:1.

   La segunda parte del versículo contiene el comentario de Cristo, quien contrasta el ideal divino, según se describe en Isaías 56:7b, con la situación presente, la cual le trajo a la memoria el pasaje de Jeremías 7:11 que cita aquí. En los días de Jeremías, como se demuestra por su famoso discurso del templo, los judíos oprimían a los extranjeros, robando, asesinando, etc. Sin embargo, continuaban ofreciendo sacrificios en el templo como si aquella adoración formal a Jehová pudiese hacer algún bien, y como si la existencia misma del templo pudiese protegerles de la ira de Dios. Fue entonces cuando Jeremías dijo, “No os fieis en palabras de mentira, diciendo: ‘Templo de Jehová, templo de Jehová, templo de Jehová es este’, … ¿Es cueva de ladrones delante de vuestros ojos?”. En los días de la vida terrenal de Cristo, la historia se volvía a repetir; el templo era otra vez “una cueva de ladrones”, lo cual es quizá una alusión a las rocosas cuevas de las colinas de Judea donde ladrones y maleantes

solían reunirse. Los ladrones llenaban el templo y estaban desplazando a los gentiles o “naciones”.

   Las lecciones que la purificación del templo nos enseña pueden resumirse como sigue:

-a. Jesús castigó la degradación de la religión y ensalzó la reverencia.

-b. Censuró el fraude, y especialmente en aquel contexto, la extorsión “religiosa” (?), y exigió una conducta honrada.

-c. Desaprobó la indiferencia que se mostraba hacia aquellos que deseaban adorar a Dios en espíritu y en verdad, y, al declarar que el templo debía ser una casa de oración para todas las naciones, dio su apoyo a la maravillosa causa de las misiones cristianas (cf. 1 R. 8:41–43; Mt. 28:19).

-d. Por medio de todo esto glorificaba a su Padre celestial. ¿No era el templo la casa de su Padre?

   En general, la inmensidad inspira un temor reverencial, y la belleza invita a la adoración. +En el complejo del templo se daban ampliamente las condiciones para despertar estos dos sentimientos según ya hemos explicado; y con mayor razón, teniendo en cuenta que el Señor había separado aquel espacio específicamente para la oración y la devoción. Era sin duda el lugar menos apropiado para llevar a cabo una empresa comercial, y además fraudulenta. Por consiguiente, Jesús lo limpió.

Amén, Para La Honra Y Gloria De Dios.

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Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.