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Domingo 14 de junio de 2020: “Majestuoso llamado a recibir el pacto renovado”

Domingo 14 de junio de 2020: “Majestuoso llamado a recibir el pacto renovado”

   Lección: Éxodo Cap. 34, versículos 1 al 10. 1Y Jehová dijo a Moisés: Alísate dos tablas de piedra como las primeras, y escribiré sobre esas tablas las palabras que estaban en las tablas primeras que quebraste.2Prepárate, pues, para mañana, y sube de mañana al monte de Sinaí, y preséntate ante mí sobre la cumbre del monte.3Y no suba hombre contigo, ni parezca alguno en todo el monte; ni ovejas ni bueyes pazcan delante del monte.4Y Moisés alisó dos tablas de piedra como las primeras; y se levantó de mañana y subió al monte Sinaí, como le mandó Jehová, y llevó en su mano las dos tablas de piedra.5Y Jehová descendió en la nube, y estuvo allí con él, proclamando el nombre de Jehová.6Y pasando Jehová por delante de él, proclamó: ¡Jehová! ¡Jehová! fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad;7que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado, y que de ningún modo tendrá por inocente al malvado; que visita la iniquidad de los padres sobre los hijos y sobre los hijos de los hijos, hasta la tercera y cuarta generación. 8Entonces Moisés, apresurándose, bajó la cabeza hacia el suelo y adoró.9Y dijo: Si ahora, Señor, he hallado gracia en tus ojos, vaya ahora el Señor en medio de nosotros; porque es un pueblo de dura cerviz; y perdona nuestra iniquidad y nuestro pecado, y tómanos por tu heredad.10Y él contestó: He aquí, yo hago pacto delante de todo tu pueblo; haré maravillas que no han sido hechas en toda la tierra, ni en nación alguna, y verá todo el pueblo en medio del cual estás tú, la obra de Jehová; porque será cosa tremenda la que yo haré contigo.

Definición de majestuoso

El adjetivo majestuoso se utiliza para calificar a aquel o aquello que cuenta con majestad: grandeza, entereza. Lo majestuoso, por lo tanto, es esplendoroso o solemne.

MAJESTAD

  1. megaleiotes (μεγαλειότης, 3168), véase GRANDEZA.
  2. megalosune (μεγαλωσύν, 3172), (de megas, grande), denota grandeza, majestad. Se usa de Dios el Padre, significándose su grandeza y dignidad, en Heb 1.3: «la Majestad en las alturas», y 8.1: «la Majestad en los cielos»; en Jud 25 se usa en una ascripción de alabanza reconociendo los atributos de Dios: «majestad».

MAGNÍFICO: megaloprepes (μεγαλοπρεπής, 3169), significa magnifico, majestuoso, aquello que corresponde a un gran hombre (de megas, grande, y prepo, ser adecuado o ajustado); en 1 P 1.7: «magnífica gloria».

Temas a tratar en este capítulo 34:1-10.

[1]. Primer paso: responder al llamado de Dios de volver a su presencia: Dios llamó a Moisés a presentarse nuevamente ante él

-a. Le dijo que se preparara para recibir una segunda copia de la ley de Dios, su Palabra: debía alisar dos tablas de piedra.

-b. Le indicó que fuera de mañana a encontrarse con él en el monte Sinaí: el lugar especial donde estaba simbolizada la presencia de Dios.

-c. Le dijo que se encontraría con él a solas: ninguna persona, ni aun un animal, podía ir para no distraerlo.

-d. El siervo de Dios respondió en obediencia, haciendo todo lo que Dios mandó.

[2]. Segundo paso: buscar y experimentar la presencia de Dios otra vez

-a. Dios se reveló a sí mismo y proclamó su nombre:

1) Él es Jehová, el Señor.

2) Él es misericordioso y compasivo.

3) Él es lento para la ira.

4) Él es grande en amor y fidelidad.

5) El muestra misericordia a millares al perdonar la iniquidad, la rebelión y el pecado.

6) El hace justicia: castiga al malvado y a los hijos del malvado hasta la tercera y cuarta generación.

-b. Moisés se postró, adoró y oró pidiendo:

  1. l) la guía de Dios;

2) el perdón de Dios;

3) que Dios aceptara a su pueblo como su posesión y heredad especial.

División X

El Becerro De Oro Y, La Gran Intercesión De Moisés: El Quebrantamiento Y La Renovación Del Pacto Entre Dios E Israel

  1. La renovación del pacto entre Dios y el hombre: los pasos para volver a empezar (Ex. 34:1-35)

 [C]. (Éxodo 34:1-35) Introducción ▬ empezar de nuevo ▬ nuevo comienzo ▬ vida nueva: Una de las necesidades más grandes del ser humano es conocer esta verdad: el hombre puede comenzar de cero una vez más; puede tener un nuevo comienzo y una vida nueva. No importa lo terrible que haya sido su pecado, vergüenza, fracaso o devastación, ni lo trágico que haya sido su sufrimiento o dolor, ni lo desesperanzado o indefenso que lo haga sentir su situación; no importa cuál sea su problema o prueba, el hombre puede empezar de nuevo por una simple razón: Dios lo ama y tiene cuidado de él. Dios quiere cuidar de él y librarlo en medio de las pruebas a las que se enfrenta. Ese es el tema que trataremos en el presente pasaje y que nos da a todos la mayor de las esperanzas -todos podemos volver a empezar-: La renovación del pacto entre Dios y el hombre: los pasos para volver a empezar (Ex. 34: 1-35).

  1. Primer paso: responder al llamado de Dios de volver a su presencia: Dios llamó a Moisés a presentarse nuevamente ante él (vv. 1-4).
  2. Segundo paso: buscar y experimentar la presencia de Dios otra vez (vv. 5-9).
  3. Tercer paso: hacer un nuevo pacto con Dios, un compromiso renovado a obedecerle (vv. 10-26).
  4. Cuarto paso: entender la importancia de los mandamientos especiales de Dios: Los diez mandamientos (vv. 27-28).
  5. Quinto paso: salir a proclamar la Palabra de Dios vv. 29-35).

    Comentario: Una experiencia nueva, 34:1-10.

    Jehovah mandó a Moisés que labrara dos tablas nuevas sobre las cuales se escribieran las palabras que estaban en las primeras (v. 1); con el tema de las tablas se une este relato con el de la apostasía (cap. 32). Al pedir las tablas, el Señor estaba indicando que había perdonado a Israel. Ahora le tocaba al pueblo su respuesta en la renovación del pacto. Otra vez se debía considerar sagrado al monte y nadie debía ser visto en él (v. 3; ver 19:12, 21). Entonces descendió Jehová en la nube, y se presentó allí a Moisés; y éste invocó el nombre de Jehovah (v. 5). Jehovah es fiel a su nombre o a su naturaleza (ver Prov. 22:1) y en los vv. 6 y 7 se hace un resumen de su ser; es compasivo, clemente, paciente, confiable, misericordioso y justo. No se trata con esto de definirlo teológicamente, sino de poner en relieve su actuación a favor de Israel. De todos modos, el texto viene a ser la expresión clásica o la norma para la reflexión teológica futura acerca de la naturaleza divina (ver Núm. 14:18; Neh. 9:17, 31; Sal. 86:15; 103:8; 145:8; Jer. 32:18; Joel 2:13; Jon. 4:2; Nah. 1:3). Para el sentido del nombre Jehovah, ver el comentario sobre Éxodo 3:14, 15.

   Jehovah es compasivo (v. 6). La palabra viene de una raíz que significa la matriz y simboliza el amor de una madre por una criatura por nacer. Dios es compasivo para con Israel con una compasión duradera.

   Jehovah es clemente (v. 6). La raíz de la palabra significa “mirar con favor”, “ser bondadoso”, “tener misericordia”, o “compadecer”. El verbo refleja la bondad o la misericordia de un superior, como un rey, para una persona necesitada. Se emplea el sustantivo únicamente como un atributo de Dios (ver Sal. 116:5).

   Jehovah es lento para la ira (v. 6). El Señor es paciente para con los seres humanos. Es una maravilla la paciencia que demuestra Dios hacia el pecador; le deja seguir en la rebeldía, y aun su juicio es redentor. El amor divino sigue tocando y llamando al pródigo para que se arrepienta.

   Jehovah es grande en misericordia (hesed 2617) y verdad (‘emeth 571, v. 6; ver Prov. 20:28). Hesed 2617 es el amor constante e inmutable de Dios que forma la base para el pacto. Es su favor inmerecido, o su gracia que se ofrece al hombre. Es su amor leal; es su fidelidad en el pacto. Es el constante amor divino que solicita la respuesta de hesed 2617, o el amor fiel de parte de los miembros de la comunidad del pacto. Jehovah es grande en hesed 2617 y en ‘emeth 571 (“verdad”, o “fidelidad”). La palabra ‘emeth 571 significa “firmeza”, “fidelidad” y “verdad”, es algo firme. Dios es ‘emeth 571, se puede creerlo; es seguro y digno de confianza. Entonces, su hesed 2617 es ‘emeth 571 porque es la expresión de su naturaleza; Jehovah es grande en misericordia y verdad.

   Jehovah perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado (v. 7). El verbo perdonar (nasa’ 5375) significa “levantar”, “llevar”, o “tomar”. El Señor toma la culpa y la lleva fuera de uno mismo; aleja el pecado; quita la alienación o el alejamiento producido por el pecado; restablece el derecho de comunión. Dios es el único que puede perdonar las transgresiones.

   Se emplean tres palabras clásicas del AT para indicar la maldad común entre los seres humanos: (1) La “iniquidad” o culpa significa una perversidad moral. Se refiere a algo torcido, o enroscado; es una distorsión; es la desviación del camino; (2) la “rebelión” es un delito o una transgresión abierta contra una verdad conocida o contra la autoridad máxima, es decir, contra Dios y contra su orden moral. Es más grave que una rebelión contra un legalismo: Es la rebelión contra el soberano Señor del pacto; (3) el “pecado” significa “errar al blanco”. Es fallar en el ser mismo o en el hacer la voluntad de Dios; es fallar (no lograr) al blanco o al propósito divino para la vida.

   Jehovah es justo (v. 7). Las tres palabras para la maldad tratan de la vida interior y exterior; se ocupan de los pecados de comisión y de omisión. Contemplan la perversidad torcida de la personalidad humana que trata de engañar a los demás hasta un descuidado egoísta que no quiere comprometerse con otros. Sin embargo, a pesar de la misericordia tan grande del Señor, de ninguna manera dará por inocente al culpable (v. 7). La sociedad pagará por la maldad de los padres… sobre la tercera y sobre la cuarta generación (v. 7). Se aclara en Deuteronomio 24:16: Los padres no serán muertos por culpa de los hijos, ni los hijos serán muertos por culpa de los padres; sino que cada cual será muerto por su propio pecado (ver Eze. 18:1–24; 33:10–20; Jer. 31:19, 27–34).

   El amor de Dios no es un amor sentimental, sino un amor justo. Sin embargo, no es como la justicia humana. No es una justicia legalista donde se paga un kilo por un kilo, un diente por un diente, o un ojo por un ojo (21:23–25), sino una justicia cuya misericordia y gracia superan la retribución. ¡Donde el pecado abunda, la gracia sobrepasa! Al que no conoció pecado, por nosotros Dios le hizo pecado, para que nosotros fuéramos hechos justicia de Dios en él (2 Cor. 5:21).

   Moisés intercedió nuevamente por el pueblo (vv. 8, 9). En la presencia de Dios, Moisés se arrodilló e inclinó la frente hacia el suelo (ver Sal. 95:6; Dan 6:10; Luc. 22:41). Aunque se habla de la adoración de pie (ver 1 Rey. 3:15; Neh. 9:2, 3; Mat. 6:5; etc.), parece que el postrarse era el gesto que indicaba la oración más fervorosa en momentos más solemnes o críticos (ver Gén. 24:26; Núm. 16:22; Esd. 10:1; Mat. 26:39); entonces, Moisés se puso de rodillas y se postró en la tierra y pidió una vez más que el Señor perdonara al pueblo.

    El pacto y propósito (v. 10). El Señor prometió que renovaría el pacto con Israel y que les daría entrada en Canaán con una intervención milagrosa: Haré maravillas como nunca fueron hechas en toda la tierra y en ninguna de las naciones…porque algo temible haré para con vosotros (v. 10).

   Por las “maravillas” no se refiere a aquellas hechas en Egipto, sino que indica que haría milagros divinos nuevos. La palabra incluye el empleo de Dios del orden natural tanto como del sobrenatural en cumplir con su propósito. La palabra “temible” significa algo que produce asombro o espanto (15:11; Sal. 47:2); consecuentemente, el algo temible (v. 10) induciría la reverencia o el temor hacia Dios: Todo el pueblo, en medio del cual estás, verá la obra de Jehovah… (v. 10).

Verdades prácticas

  1. El pecado tiene que ser confesado antes de ser perdonado.

  2. La oración lleva a la presencia de Dios y cambia la vida del pecador.

1er Titulo:

Cumpliendo las exigencias para subir al monte. Versíc. 1 al 4. 1Y Jehová dijo a Moisés: Alísate dos tablas de piedra como las primeras, y escribiré sobre esas tablas las palabras que estaban en las tablas primeras que quebraste.2Prepárate, pues, para mañana, y sube de mañana al monte de Sinaí, y preséntate ante mí sobre la cumbre del monte.3Y no suba hombre contigo, ni parezca alguno en todo el monte; ni ovejas ni bueyes pazcan delante del monte.4Y Moisés alisó dos tablas de piedra como las primeras; y se levantó de mañana y subió al monte Sinaí, como le mandó Jehová, y llevó en su mano las dos tablas de piedra. (Léase Salmo 24: 3 y 4. ¿Quién subirá al monte de Jehová? ¿Y quién estará en su lugar santo? El limpio de manos y puro de corazón; El que no ha elevado su alma a cosas vanas, Ni jurado con engaño.

   [1]. (Éxodo 34:1-4): empezar de nuevo ▬ restauración ▬ renovación ▬ nuevo comienzo ▬ vida nueva: Para empezar de nuevo, el primer paso es responder al llamado de Dios y volver a su presencia. Dios llamó a Moisés a regresar a su presencia; la invitación vino de parte de Dios. Hay un punto especial de esta invitación que es relevante y que pasamos por alto fácilmente: Dios hizo esta invitación solo a Moisés. Recordemos que él era el mediador entre Dios e Israel. Por medio de él Dios había revelado la ley a su pueblo, por medio de él Dios había revelado los planos para el tabernáculo, y ahora otra vez, por medio de él, Dios estaba renovando su pacto con el pueblo. En este pasaje vemos una clara ilustración del ministerio de Jesús como nuestro Mediador. Cristo es Aquel que renueva el pacto de Dios con nosotros. Él es quien entra en la presencia de Dios por nosotros y nos hace aceptos delante de él.

   “Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Jn. 14:6).

   “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hch. 4:12).

   “Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre” (1 Ti. 2:5).

   “Pero ahora tanto mejor ministerio es el suyo, cuanto es mediador de un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas” (He. 8:6).

   “Así que, por eso es mediador de un nuevo pacto, para que interviniendo muerte para la remisión de las transgresiones que había bajo el primer pacto, los llamados reciban la promesa de la herencia eterna” (He. 9:15).

   “Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios” (He. 9:24).

   “Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo” (1 Jn. 2:1).

   Dios llamó a Moisés a volver a su presencia por una razón muy específica: para darle la segunda copia de la ley de Dios: Los diez mandamientos (Ex. 20:1-19; 31:18; 32:15-16, 19). Recordemos que Moisés había arrojado al suelo las primeras tablas, cuando descendió de la montaña y se encendió su ira por ver al pueblo cometiendo un pecado terrible (Ex. 32:19). Sin embargo, Moisés y el pueblo habían clamado al Señor pidiendo su perdón y se habían arrepentido de su pecado. Además, Moisés había pasado días intercediendo y rogando a Dios que restaurara a su pueblo plenamente, hasta volverlo tan fuerte como era antes de ese episodio. Moisés había suplicado por una manifestación completa de la presencia de Dios en medio del pueblo y el Señor había oído las oraciones y la intercesión tanto de Moisés como del pueblo. Él había perdonado su pecado y había aceptado su arrepentimiento, pero todavía faltaba una cosa: la ley de Dios, expresada en los diez mandamientos. Los diez mandamientos eran el mismísimo fundamento del pacto que Dios había establecido con el ser humano. Para poder empezar de nuevo, era necesario volver a escribir la ley y que el pueblo la recibiera. Veamos lo que sucedió entonces.

-a. Dios le dijo a Moisés que se preparara para recibir una segunda copia de la ley de Dios, es decir, de los diez mandamientos (v. 1). Lo mandó a alisar dos tablas de piedra, delgadas y pequeñas para que Moisés pudiera cargarlas en sus manos.

-b. Dios le indicó a Moisés que fuera de mañana a encontrarse con él en la montaña (v. 2).

-c. Le dijo que fuera solo (v. 3). Ninguna persona, ni siquiera Josué, podía presentarse en la presencia de Dios junto a Moisés. No debía haber ni siquiera animales cerca ni pastando frente a la montaña.

-d. Moisés respondió con obediencia al llamado de Dios, haciendo todo lo que él le mandó. No obedeció de forma selectiva, haciendo solo lo que le parecía conveniente o sencillo Moisés obedeció a Dios:

◘ cuando se preparó para recibir la ley de Dios, su Palabra, nuevamente;

◘ cuando salió a encontrarse con Dios de mañana en el monte Sinaí;

◘ cuando entró a solas en la presencia de Dios.

   Pensamiento 1. El primer paso para volver a empezar y tener un nuevo comienzo con Dios se aprecia claramente en este pasaje. El ser humano debe responder al llamado de Dios de volver a su presencia. Debe entrar en la presencia del Señor y buscarlo.

   “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá” (Mt. 7:7).

   “Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido” (Jn. 16:24).

   “Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra” (2 Cr. 7:14).

   “Buscad a Jehová y su poder; buscad siempre su rostro” (Sal. 105:4).

   “Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano” (Is. 55:6).

   “Y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón” (Jer. 29:13).

   Pensamiento 2. Moisés se encontró con Dios temprano por la mañana (vv. 2, 4). Cualquier persona que quiera servir a Dios y serle útil debe estar dispuesta a empezar su día temprano. El día se vuelve demasiado corto cuando desperdiciamos la mañana por pereza o durmiendo. El creyente que verdaderamente busca a Dios se despierta temprano, separa un tiempo para tener un momento devocional y de quietud con Dios, y luego se ocupa de las obligaciones del día.

⏩ Abraham se levantó temprano para obedecer al mandato de Dios.

   “Y Abraham se levantó muy de mañana, y enalbardó su asno, y tomó consigo dos siervos suyos, y a Isaac su hijo; y cortó leña para el holocausto, y se levantó, y fue al lugar que Dios le dijo” (Gn. 22:3).

⏩ Jacob se levantó temprano para presentar una señal para Dios.

   “Y se levantó Jacob de mañana, y tomó la piedra que había puesto de cabecera, y la alzó por señal, y derramó aceite encima de ella” (Gn. 28:18).

⏩ Moisés se levantó temprano para hacer la obra que Dios le había encomendado.

   “Jehová dijo a Moisés: Levántate de mañana y ponte delante de Faraón, he aquí él sale al río; y dile: Jehová ha dicho así: Deja ir a mi pueblo, para que me sirva” (Ex. 8:20).

   “Entonces Jehová dijo a Moisés: Levántate de mañana, y ponte delante de Faraón, y dile: Jehová, el Dios de los hebreos, dice así: Deja ir a mi pueblo, para que me sirva” (Ex. 9:13).

   “Y Moisés escribió todas las palabras de Jehová, y levantándose de mañana edificó un altar al pie del monte, y doce columnas, según las doce tribus de Israel” (Ex. 24:4).

   “Y Moisés alisó dos tablas de piedra como las primeras; y se levantó de mañana y subió al monte Sinaí, como le mandó Jehová, y llevó en su mano las dos tablas de piedra” (Éx. 34:4).

⏩Josué se levantó temprano para hacer la obra de Dios.

   “Josué se levantó de mañana, y él y todos los hijos de Israel partieron de Sitim y vinieron hasta el Jordán, y reposaron allí antes de pasarlo” (Jos. 3:1).

   “Y Josué se levantó de mañana, y los sacerdotes tomaron el arca de Jehová” (Jos. 6:12).

   “Levantándose Josué muy de mañana, pasó revista al pueblo, y subió él, con los ancianos de Israel, delante del pueblo contra Hai” (Jos. 8:10).

⏩ Los padres de Samuel se levantaron temprano para ofrecer adoración a Dios.

   “Y levantándose de mañana, adoraron delante de Jehová, y volvieron y fueron a su casa en Ramá. Y Elcana se llegó a Ana su mujer, y Jehová se acordó de ella” (1 S. 1:19).

⏩ Samuel se levantó temprano para hacer la obra de Dios.

   “Madrugó luego Samuel para ir a encontrar a Saúl por la mañana; y fue dado aviso a Samuel, diciendo: Saúl ha venido a Carmel, y he aquí se levantó un monumento, y dio la vuelta, y pasó adelante y descendió a Gilgal” (1 S. 15:12).

⏩ David se levantó temprano para servir a Dios.

   “Se levantó, pues, David de mañana, y dejando las ovejas al cuidado de un guarda, se fue con su carga como Isaí le había mandado; y llegó al campamento cuando el ejército salía en orden de batalla, y daba el grito de combate” (1 S. 17:20).

⏩ David y sus hombres se levantaron temprano para obedecer al mandato de Dios.

   “Levántate, pues, de mañana, tú y los siervos de tu señor que han venido contigo; y levantándoos al amanecer, marchad. Y se levantó David de mañana, él y sus hombres, para irse y volver a la tierra de los filisteos; y los filisteos fueron a Jezreel” (1 S. 29:10-11).

⏩ Job se levantaba temprano para servir a Dios.

   “Y acontecía que habiendo pasado en turno los días del convite, Job enviaba y los santificaba, y se levantaba de mañana y ofrecía holocaustos conforme al número de todos ellos. Porque decía Job: Quizá habrán pecado mis hijos, y habrán blasfemado contra Dios en sus corazones. De esta manera hacía todos los días” (Job 1:5).

⏩ Jesús se levantó temprano para hacer la obra de Dios.

   “Levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba” (Mr. 1:35).

   “Y por la mañana volvió al templo, y todo el pueblo vino a él; y sentado él, les enseñaba” (Jn. 8:2).

⏩ Los discípulos de Jesús se levantaron temprano para servir a Dios.

   “Y muy de mañana, el primer día de la semana, vinieron al sepulcro, ya salido el sol” (Mr. 16:2).

   “El primer día de la semana, muy de mañana, vinieron al sepulcro, trayendo las especias aromáticas que habían preparado, y algunas otras mujeres con ellas” (Lc. 24:1).

⏩ Los apóstoles se levantaron temprano para hacer la obra de Dios.

   “Habiendo oído esto, entraron de mañana en el templo, y enseñaban. Entre tanto, vinieron el sumo sacerdote y los que estaban con él, y convocaron al concilio y a todos los ancianos de los hijos de Israel, y enviaron a la cárcel para que fuesen traídos” (Hch. 5:21).

   Comentario 2. Condiciones para adorar al Rey santo, Salmo 24. vv. 3–6

   Esta parte del Salmo contiene paralelos con el Salmo 15 que habla de requisitos éticos para entrar en la presencia de Dios.

   Monte de Jehovah y lugar santo se refieren al santuario en Jerusalén, y a la vez simbolizan la comunión con Dios.

   Limpio de manos y puro de corazón hablan de la santidad. ¿Cómo puede uno ser puro y limpio adentro? El salmista, en el Salmo 51, pide que Dios le cree un corazón puro; en el NT, bajo el Nuevo Pacto, Dios hace al creyente una nueva criatura (2 Cor. 5:17) y provee la identificación con Cristo en su muerte y resurrección.

   No ha elevado (v. 4). El Salmo 25:1 usa la expresión en paralelo con “confiar”.

Aquí habla de no confiar en ídolos (vanidad); el que adora al Dios verdadero no puede confiar en otros dioses. También será caracterizado por la honestidad y la honradez.

   Bendición y justicia se usan aquí en paralelo. La verdadera justicia es de Dios; su sentido pleno se conoce en Cristo. Aquí justicia se acerca al sentido neotestamentario de justificación (cf. Sal 132:9 y 16).

   El heb. del v. 6 omite la palabra “Dios”. Algunos lo entienden como “buscan tu rostro como Jacob” o “estos son el verdadero Jacob” (Israel); pero es mejor aceptar la lectura de la LXX como hace RVA. Hemos de buscar la comunión con Dios y estas son características de tales personas.

2° Titulo:

Dios exaltando su magnificencia. Versíc. 5 al 7. 5Y Jehová descendió en la nube, y estuvo allí con él, proclamando el nombre de Jehová.6Y pasando Jehová por delante de él, proclamó: ¡Jehová! ¡Jehová! fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad;7que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado, y que de ningún modo tendrá por inocente al malvado; que visita la iniquidad de los padres sobre los hijos y sobre los hijos de los hijos, hasta la tercera y cuarta generación.

(Léase San Mateo 17:5. Mientras él aún hablaba, una nube de luz los cubrió; y he aquí una voz desde la nube, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd.).

   Comentario: [2] (Éxodo 34:5-9). Dios, naturaleza ▬ atributos de Dios ▬ intercesión ▬ oración ▬ experiencia espiritual:

El segundo paso para empezar de nuevo es buscar y experimentar la presencia de Dios de nuevo. Cuando Moisés alcanzó la cumbre del monte Sinaí, la nube de Dios descendió y cubrió la montaña. Las Escrituras dicen que la presencia de Dios estaba en la nube y que Dios dio a Moisés una de las experiencias espirituales más profundas que alguna vez haya concedido a un ser humano.

-a. Dios se reveló a sí mismo y proclamó su nombre, el Señor (vv. 5-7). Recordemos que, en la historia antigua, el nombre de una persona representaba todo lo que una persona era y hacía. Todo lo que Dios es y todo lo que él hace su carácter, su naturaleza, su persona- está comprendido en su nombre: Jehová, el Señor. Veamos cómo describe Dios su propio nombre, cómo lo define y lo que él dice que significa. Eso es lo que Dios proclamó a Moisés y en eso consistió la profunda experiencia espiritual que él concedió a su amado siervo.

1) Dios es Jehová, Jehová, el Señor (v. 5). El pasó por delante de Moisés proclamando que él es.

   “Jehová, Jehová” (el Señor, Yahweh). Este término guarda al menos tres significados muy importantes:

⏩ “Jehová” significa “YO SOY EL QUE SOY”, la mismísima esencia del Ser, la energía, la fuerza y la fuente de la existencia (vea Estudio a fondo I, Ex. 3:14-15).

⏩ “Jehová” significa Dios de la salvación, la liberación y la redención (vea notas de Gn. 2:4; Estudio a fondo 4, Éx. 4:10-11; notas de Ex. 6:1-5).

⏩ “Jehová” significa Dios de la revelación, el Dios que se revela a sí mismo y devela la verdad al hombre (vea Estudio a fondo 4, Ex. 4:10-11).

   Dios estaba proclamando todo esto a Moisés en ese momento y hoy en día nos declara el mismo mensaje a nosotros. Él proclama su nombre, ante nosotros, porque nunca ha cambiado. Él es el Señor, Jehová, Yahweh:

⏩ el gran “YO SOY EL QUE SOY”,

⏩ el gran Dios de la salvación, la liberación y la redención;

⏩ el gran Dios de la revelación, que se revela a sí mismo y nos muestra la verdad.

2) Dios es misericordioso y compasivo (v. 5). El nombre de Dios, Jehová, el Señor, significa:

  • que en la naturaleza misma de Dios están la misericordia, la compasión y la gracia;
  • que en la naturaleza misma de Dios está el extender su misericordia, compasión y gracia al ser humano.

   El nombre mismo de Dios nos dice que él tiene compasión de nosotros cuando necesitamos ayuda -todo tipo de ayuda- y que él quiere extendernos su misericordia y derramar sobre nosotros las riquezas de su gracia. Eso es lo que proclamó a Moisés y lo mismo que nos declara hoy a nosotros. Su nombre, Jehová, el Señor, nos dice que Dios es misericordioso y compasivo.

3) Dios es magnánimo y lento para la ira (v. 5). Su mismo nombre, Jehová, significa que Dios es longánimo, que él sufre por un largo tiempo antes de tomar cartas en el asunto, hacer justicia frente al pecado y la maldad, y derramar su juicio sobre los impíos. Dios es sufrido y paciente; él no quiere que nadie perezca.

4) Dios es grande en amor. Su nombre mismo y su carácter apuntan a su bondad y fidelidad y están envueltos de ambas cualidades. Cuando los pensamientos de Dios llenan nuestra mente, solemos concentrarnos en su bondad y fidelidad, que nunca fallan, nunca se acaban y nunca caducan.

5) Dios muestra misericordia y amor a millares al perdonar la iniquidad, la rebelión y el pecado (v. 7). El nombre de Dios, Jehová, el Señor, significa que Dios es misericordioso y bueno; por lo tanto, él perdona todo tipo de errores:

  • la iniquidad;
  • las transgresiones;
  • los pecados, sin importar de qué pecados se trate;
  • toda impiedad y maldad;
  • la rebelión contra él y sus mandamientos;
  • la corrupción.

   No importa lo que una persona haya hecho ni lo terrible que sea el acto cometido, Dios muestra misericordia y amor al retener y demorar su justicia y juicio para darle a la persona tiempo para arrepentirse y buscarlo. El perdona a millares, porque su nombre es Jehová, el Señor. Él es el Dios de la misericordia y el amor.

6) Dios hace justicia: él castiga al malvado y a los hijos del malvado hasta la tercera y cuarta generación (v. 7). El nombre de Dios, Jehová, significa que el Señor es justo, que hace justicia y derrama su juicio sobre los impíos, rebeldes y pecadores del mundo (vea notas, pto. 2, de Ex. 20:5-6).

   Los seis rasgos y atributos que acabamos de ver son una descripción del nombre de Dios y de lo que ese nombre -Jehová- significa. Dios se reveló a sí mismo y proclamó su glorioso nombre a Moisés. Cuando leemos o escuchamos el nombre de Dios, Jehová, sabemos con certeza:

  • que Dios es Jehová, el Señor;
  • que Dios es misericordioso y compasivo;
  • que Dios es magnánimo y lento para la ira;
  • que Dios muestra misericordia y amor a millares al perdonar su iniquidad, rebelión y pecado;
  • que Dios hace justicia, que él castiga al malvado y a los hijos del malvado por generaciones.

   Esta es la naturaleza de Dios. Eso es lo que significa el nombre de Dios, Jehová. La revelación del nombre de Dios fue la experiencia espiritual profunda que él concedió a Moisés.

-b. Ahora bien, observe qué hizo Moisés después de que Dios le revelara su nombre y naturaleza: al instante cayó al suelo, postrado ante el Señor en adoración y oración (v. 8-9), y le hizo tres peticiones muy específicas, las mismas que ya había presentado delante de él en el último tiempo. Moisés estaba haciendo precisamente lo que el Señor Jesús, cuando viniera a la tierra, nos revelaría que debemos hacer: pedir, buscar, llamar a la puerta cuando nos enfrentamos a una necesidad desesperada, con la promesa de que Dios nos escuchará.

⏩ Moisés oró pidiendo la guía de Dios, que el Señor mismo los condujera a él y a su pueblo hacia la tierra prometida.

⏩ Moisés oró pidiendo el perdón de Dios. Él no podía escapar de la realidad de que él e Israel estaban destituidos de la gloria de Dios y no podían alcanzarla, de que eran un pueblo de dura cerviz pecador y depravado, siempre necesitado del perdón de Dios.

⏩ Moisés oró pidiendo a Dios que aceptara al pueblo como la posesión y heredad especial de Dios. Él quería que Dios anudara un lazo tan estrecho con su pueblo que nunca los desechara ellos mantuviera siempre cerca de su corazón. Él quería que Dios les diera seguridad eterna en él, que los reclamara como su propio pueblo, su propia posesión y heredad.

   Pensamiento 1. Cuando empezamos de nuevo cuando queremos tener un nuevo comienzo en la vida, debemos buscar y experimentar la presencia de Dios de nuevo. Debemos buscar al Señor y todo lo que él es y hace; debemos buscarlo a él en toda su plenitud.

(1) Cuando empezamos de nuevo, debemos entender que Dios es el Señor, el único Dios vivo y verdadero, el gran Creador y Sustentador del universo (v. 5).

   “Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es. Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas” (Dt. 6:4-5).

   “Tú solo eres Jehová; tú hiciste los cielos, y los cielos de los cielos, con todo su ejército, la tierra y todo lo que está en ella, los mares y todo lo que hay en ellos; y tú vivificas todas estas cosas, y los ejércitos de los cielos te adoran” (Neh. 9:6).

   “Vosotros sois mis testigos, dice Jehová, y mi siervo que yo escogí, para que me conozcáis y creáis, y entendáis que yo mismo soy; antes de mí no fue formado dios, ni lo será después de mí. Yo, yo Jehová, y fuera de mí no hay quien salve” (Is. 43:10-11).

   “Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía” (He. 11:3).

(2) Cuando empezamos de nuevo, debemos entender que Dios es misericordioso y compasivo (v. 6).

   “Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro” (He. 4:15-16).

   “¿Qué Dios como tú, que perdona la maldad, y olvida el pecado del remanente de su heredad? No retuvo para siempre su enojo, porque se deleita en misericordia” (Mi. 7:18).

(3) Cuando empezamos de nuevo, debemos entender que Dios es magnánimo y lento para la ira (v. 6).

“El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 P. 3:9).

(4) Cuando empezamos de nuevo, debemos entender que Dios es grande en bondad y verdad (v. 6).

(a) Dios desborda de bondad.

   “Gustad, y ved que es bueno Jehová; dichoso el hombre que confía en él” (Sal. 34:8).

   “Jehová es bueno, fortaleza en el día de la angustia; y conoce a los que en él confían” (Nah. 1:7).

(b) Dios sobreabunda de verdad.

   “Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Jn. 8:32).

   “Ahora pues, Jehová Dios, tú eres Dios, y tus palabras son verdad, y tú has prometido este bien a tu siervo” (2 S. 7:28).

(5) Cuando buscamos empezar de nuevo, debemos entender que Dios muestra misericordia y amor a millares, y les perdona su iniquidad, rebelión y pecado (v. 7).

   “En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia” (Ef. 1:7).

   “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Jn. 1:9).

(6) Cuando buscamos empezar de nuevo, debemos entender que Dios hace justicia y castiga al malvado y a sus hijos por generaciones (v. 7).

   “Y tuya, oh Señor, es la misericordia; porque tú pagas a cada uno conforme a su obra” (Sal. 62:12).

   “Y a vosotros que sois atribulados, daros reposo con nosotros, cuando se manifieste el Señor Jesús desde el cielo con los ángeles de su poder, en llama de fuego, para dar retribución a los que no conocieron a Dios, ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo” (2 Ts. 1:7-8).

   “Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio” (He. 9:27).

   “Sabe el Señor librar de tentación a los piadosos, y reservar a los injustos para ser castigados en el día del juicio” (2 P. 2:9).

   Comentario de Mateo 17:5. La pregunta de Pedro ni siquiera recibió respuesta; o quizás la respuesta estuviera

incluida en el hecho relatado en el v. 5. Mientras él estaba aún hablando, los cubrió repentinamente una nube brillante.… En las Escrituras con frecuencia se indica la presencia de Dios mediante la mención de una nube. En varios casos, como también aquí, es una nube brillante, blanca o luminosa (cf. Ex. 13:21; 16:10; 40:35; 1 R. 8:10, 11; Neh. 9:19; Sal. 78:14; Ez. 1:4; Ap. 14:14–16). Los discípulos vieron que esta nube de luz difusa cubrió a Jesús, a Moisés y a Elias. Continúa: y una voz desde la nube decía: Este es mi Hijo, el Amado, en quien tengo complacencia; ¡a él oíd! La explicación ya se ha dado, porque con la excepción de “a él oíd”, las mismas palabras fueron dichas también en el bautismo de Jesús. Véase sobre 3:17. En aquella ocasión las palabras fueron oídas por Jesús y Juan el Bautista; no se dice en forma definida si fueron oídas por otros. Aquí, en relación con la transfiguración, estas palabras fueron oídas por Jesús y los tres discípulos: Pedro, Jacobo y Juan, a quienes se exhorta a que sigan prestando oídos a las palabras del Hijo amado del Padre, y que las reciban de todo corazón.

   Se ha señalado anteriormente, en relación con los vv. 1 y 2, que muchas preguntas acerca de la transfiguración de Cristo no pueden ser contestadas. Sin embargo, una cosa es clara. Cuando formamos un cuadro con todo lo que ha sido claramente revelado—como, el rostro radiante de Cristo, sus vestiduras blancas, los visitantes resplandecientes, la nube brillante, y la voz amante del Padre—la impresión total es exactamente lo mismo que Pedro, por inspiración del Espíritu Santo, resumió en estas palabras: “fuimos testigos oculares de su majestad … él recibió de Dios Padre honra y gloria” (2 P. 1:16, 17). Así que en todo sentido la transfiguración de Jesús fue definidamente una experiencia positiva, alentadora y gloriosa tanto para él como para los discípulos que la presenciaron. Fue el Padre quien, en su gran amor por el Hijo, lo vistió de gloria y lo animó con una fortalecedora reafirmación de su continuada complacencia, para que esto pudiera sustentarlo en la agonía que se acercaba aceleradamente. Fue este mismo Padre que al mismo tiempo fortaleció a Pedro, Jacobo y Juan en su fe, capacitándolos para ser testigos dignos y fructíferos.

3er Titulo:

Reverencia y humildad para recibir el perdón. Versíc. 8 al 10. 8Entonces Moisés, apresurándose, bajó la cabeza hacia el suelo y adoró.9Y dijo: Si ahora, Señor, he hallado gracia en tus ojos, vaya ahora el Señor en medio de nosotros; porque es un pueblo de dura cerviz; y perdona nuestra iniquidad y nuestro pecado, y tómanos por tu heredad.10Y él contestó: He aquí, yo hago pacto delante de todo tu pueblo; haré maravillas que no han sido hechas en toda la tierra, ni en nación alguna, y verá todo el pueblo en medio del cual estás tú, la obra de Jehová; porque será cosa tremenda la que yo haré contigo. (Léase San Lucas 18:13- 14. Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador. 14Os digo que éste descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido.)

   REVERENCIA Respeto u honor que se brinda a un objeto digno. En la Biblia se honra: al padre y a la madre (Lev. 19:3; Heb. 12:9); a Dios (1 Rey. 18:3,12; Heb. 12:28); el santuario de Dios (Lev. 19:30; 26:2), y los mandamientos de Dios (Sal. 119:48). No reverenciar a Dios (Deut. 32:51) y reverenciar a otros dioses (Jue. 6:10) tiene graves consecuencias. La reverencia a Cristo se expresa en sumisión mutua dentro de la comunidad cristiana (Ef. 5:21). La persecución del creyente cobra nuevo significado cuando el sufrimiento se transforma en oportunidad para reverenciar a Cristo (1 Ped. 3:14,15). Ver Temor.

   HUMILDAD Cualidad de la persona en cuanto a carecer de arrogancia y orgullo y tener una justa estima del valor personal.

Antiguo Testamento El AT relaciona la humildad con la penosa experiencia de los israelitas como esclavos en Egipto; un pueblo pobre, afligido y sufrido (Deut. 26:6). La palabra hebrea que se traduce “humildad” es similar a otra que significa “estar afligido”. En el concepto del AT, la humildad estaba íntimamente relacionada con personas pobres y afligidas (2 Sam. 22:28). Dios no desea sacrificios externos sino un espíritu humilde (Sal. 51:17; Miq. 6:8). Este se muestra de diversas maneras: reconocimiento de la propia pecaminosidad frente a un Dios santo (Isa. 6:5), obediencia a Dios (Deut. 8:2) y sometimiento a Dios (2 Rey. 22:19; 2 Crón. 34:27). El AT promete bendiciones a los humildes: sabiduría (Prov. 11:2), buenas noticias (Isa. 61:1) y honra (Prov. 15:33).

La experiencia de muchos reyes indica que quienes se humillan ante Dios serán exaltados (1 Rey. 21:29; 2 Rey. 22:19; 2 Crón. 32:26; 33:12-19). Los que no se humillan ante Él serán afligidos (2 Crón. 33:23; 36:12). El sendero hacia el avivamiento es el camino de la humildad (2 Crón. 7:14).

Nuevo Testamento La vida de Jesucristo provee el mejor ejemplo de lo que significa humildad (Mat. 11:29; 1 Cor. 4:21; Fil. 2:1-11). Jesús a menudo predicó y enseñó sobre la necesidad de ser humilde (Mat. 23:12; Mar. 9:35; Luc. 14:11; 18:14) e instó a practicar humildad a los que deseaban vivir según las pautas de Su reino (Mat. 18:1; 23:12). La persona humilde no desdeña a los demás (Mat. 18:4; Luc. 14:11). En el NT, la humildad está íntimamente ligada a la mansedumbre (Mat. 5:5). En tanto que Dios resiste a los orgullosos, tiene misericordia con los humildes (Sant. 4:6). En el NT es fundamental la convicción de que los humildes no se preocupan por su prestigio personal (Mat. 18:4; 23:12; Rom. 12:16; 2 Cor. 11:7). Pablo creía que las buenas relaciones con otras personas, especialmente con las que habían errado espiritualmente, dependían de que hubiera mansedumbre o humildad (1 Cor. 4:21; Gál. 6:1; 2 Tim. 2:25). Tanto el AT como el NT afirman que Dios exaltará a los humildes y humillará a los orgullosos (Luc. 1:52; Sant. 4:10; 1 Ped. 5:6). El mundo griego aborrecía la cualidad de mansedumbre o humildad, pero la comunidad cristiana creía en el valor de estas características (2 Cor. 10:18; Col. 3:12; Ef. 4:2).

   Comentario: [3]. (Éxodo 34:10). pacto ▬ compromiso ▬ restauración ▬ renovación ▬ empezar de nuevo ▬ nuevo comienzo ▬ vida nueva: El tercer paso para empezar de nuevo es hacer un nuevo pacto con Dios y renovar nuestro compromiso de obediencia a él. Consideremos el increíble amor de Dios que se ve en este pasaje. El pueblo había cometido un pecado terrible y vergonzoso. Habían quebrantado los diez mandamientos, habían desobedecido y rechazado a Dios, pero aquí lo vemos a Dios extendiendo su misericordia hacia ellos, tomando la iniciativa para renovar el pacto entre él y el pueblo, buscando reestablecer su relación. Para que esto fuera efectivo, era necesario recuperar los términos del pacto.

   [a]. Veamos cuál sería la parte de Dios en la renovación de la relación y el pacto con su pueblo (v. 10).

1) Dios prometió hacer grandes obras (maravillas y milagros) a favor de su pueblo (v. 10). La razón por la que haría estas obras era que su pueblo y esas maravillas serían un gran testimonio de él para los perdidos. Dios había escogido a los israelitas para que fueran sus testigos sobre la tierra, la fuerza misionera que alcanzaría a los perdidos del mundo. Por lo tanto, él estaba prometiendo hacer grandes obras y maravillas por medio de ellos para que fueran un testimonio dinámico del poder de Dios y su poder para salvar y librar al hombre de la maldad de este mundo.

   “Vosotros sois mis testigos, dice Jehová, y mi creáis, y entendáis que yo mismo soy; antes de mí no fue formado dios, ni lo será después de mí” (Is. 43:10).

   “Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido” (Lc. 19:10; vea Jn. 20:21).

   “No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé” (Jn. 15:16).

   “Y vosotros daréis testimonio también, porque habéis estado conmigo desde el principio” (Jn. 15:27).

   “Entonces Jesús les dijo otra vez: Paz a vosotros. Como me envió [mi] Padre, así también yo os envió” (Jn. 20:21).

Comentario 2 de Lucas 18:13 y 14:

▬a. Se para “a cierta distancia”. Ciertamente está en el templo, pues allí es donde mora Dios en un sentido especial. El necesita a Dios desesperadamente, ¡al Dios de amor perdonador! Pero, habiendo llegado al templo, se pone a cierta distancia, lejos del santuario.

▬b. Se avergüenza de sus pecados; de ahí, avergonzado de sí mismo, y por lo tanto permanece sin levantar los ojos.

▬c. Sigue golpeándose el pecho en un acto de autocensura y casi desesperación.

▬d. Profundamente consciente de la presencia de Dios, se aferra de Dios en oración (cf. Is. 64:7), y de las profundidades mismas de su ser clama: “Oh Dios, ten misericordia de mí, el pecador”. Con fervor e intensidad, suplica a Dios que haga propiciación por él. Tiene hambre y sed de la más grande bendición, a saber, que la ira de Dios sea quitada y se obtenga su favor. Su oración está totalmente en el espíritu de:

Sólo en Ti teniendo fe

deuda tal podré pagar.

Líneas tomadas de A. M. Toplady

—Tr. T. M. Westrup

e. ¿Pensaba el fariseo en sí mismo solamente? También lo hacía el cobrador de impuestos, distinguiéndose del resto de la humanidad, pero de un modo totalmente distinto. No se enaltece sobre los demás. No dice, por ejemplo: “Oh Dios, te doy gracias que soy, al menos, mejor que la mayoría de los cobradores de impuestos”. De ninguna manera. Él se individualiza como ¡EL pecador! Más adelante, el gran apóstol a los gentiles haría lo mismo. Diría: “Cristo Jesús vino al mundo a salvar pecadores, primero de los cuales soy yo (1 Ti. 1:15).

   [14]. Os digo que este hombre, y no otro, volvió a su casa justificado … Haciendo gran énfasis, Jesús continúa: “Os digo”, etc. Asevera: “este hombre, en vez del otro” dando a entender claramente que “el otro no”.

   El cobrador de impuestos volvió a su casa justificado. La palabra se usa aquí en el sentido forense. Dios mismo ha declarado justo a este “publicano”. Sí, él es justo ante los ojos del Altísimo. Los pecados del hombre han sido borrados. Véase Sal. 51:1, 2. Sus transgresiones han sido alejadas tanto como está lejos el oriente del occidente (Sal. 103:12). Han sido echados en lo profundo del mar (Miq. 7:19). Y el penitente mismo ha sido adoptado en la familia de Dios.

   Ahora él vuelve a casa. Ha sido quitada la tempestad de su corazón. Ahora todo es paz, porque está profundamente convencido que la aprobación de Dios le pertenece.

   El fariseo también vuelve a casa, ¡pero no tiene nada! Podría haberse quedado en casa ese día y no haber ido al templo. En realidad, esto hubiera sido mejor para él. A todo esto, se añaden las muy apropiadas palabras de Lc. 14:11: porque todo el que se enaltece será humillado, mientras que el que se humilla será enaltecido. Véase sobre 14:11; además, sobre 1:52, 53. Y no se olvide Is. 57:15.

   Así, de un modo muy conmovedor termina la Sección Central de Lucas.

Texto: Hebreos 8:10. “Este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, declara el Señor. Pondré mis leyes en sus mentes y las escribiré en sus corazones. Yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo.

   Comentario de texto: La descripción del nuevo pacto es positiva; las estipulaciones no están implícitas sino claramente declaradas en forma de cuatro promesas (8:6).

▬a. Ley escrita: Por tercera vez en esta extensa cita Jeremías escribe “declara el Señor”. Dios mismo hace un nuevo pacto con el pueblo que pertenece a la era mesiánica. Es decir, los judíos y los gentiles como creyentes constituyen “la casa de Israel”. La era del antiguo pacto, caracterizada por la exclusividad de la nación de Israel, ha dado paso a una nueva era en la cual todas las naciones quedan incluidas (Mt. 28:19).

   ¿Quién pertenece a la casa de Israel? Toda aquella gente, dice Dios, en cuyas mentes yo pondré mis leyes y en cuyos corazones las escribiré. Las expresiones mentes y corazones (términos paralelos) representan el ser interior del hombre. El pueblo de Dios experimenta el poder penetrante de la Palabra de Dios, de modo tal que su ley llega a ser parte de su conciencia. Esa conciencia está dirigida hacia la ley de Dios, del mismo modo en que una brújula apunta invariablemente hacia el norte.

▬b. Dios del pacto. A lo largo de la Escritura el mensaje recurrente de Dios a su pueblo es la promesa: “Yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo” (véanse, por ejemplo, Ex. 6:7; Lv. 26:12; Jer. 7:23; 11:4; 2 Co. 6:16; Ap. 21:3). Dios quería hacer de la nación israelita su pueblo peculiar; iba a ser su “posesión atesorada”. Sin embargo, Israel podía perder su posición de favorita si el pueblo rehusaba obedece la ley de Dios. El pacto estipulaba que el pueblo de Dios debía vivir una vida de obediencia.

   En este tiempo del Nuevo Testamento Dios también se dirige a los creyentes en Jesucristo y les da la promesa del pacto: “Yo seré [vuestro] Dios, y [vosotros] seréis mi pueblo”. En este nuevo pacto Dios está inseparablemente unido a su pueblo porque la ley de Dios ha sido escrita en su corazón. Él se comunica con su pueblo mediante su revelación, y ellos se comunican con él por medio de la oración. El los alienta para que se acerquen al trono de gracia con confianza (Heb. 4:16) y les hace saber que su nombre ha sido escrito en sus frentes (Ap. 14:1; 22:4). Él quiere que ellos se dirijan a él como Padre, porque ellos son sus hijos.

▬c. Conocimiento universal. La próxima promesa precede de las anteriores. El conocimiento de Dios será universal. En la historia de Israel, la revelación de Dios venía poco a poco “por medio de los profetas en muchas ocasiones y de diversas maneras” (Heb. 1:1), y en una ocasión el Libro de la Ley fue hallado en el templo del Señor. Mientras el Libro de la Ley acumulaba polvo, el pueblo vivía en la ignorancia (2 R. 22; 2 Cr. 34:14–28). La ignorancia de la revelación de Dios era espantosa, y los profetas de Dios repetidamente registraron sus quejas (véanse Is. 1:3, Jer. 4:22; Os. 4:6).

   ¡Qué diferencia en los tiempos del Nuevo Testamento! El conocimiento del Señor será universal y cubrirá la tierra “como las aguas cubren el mar” (Is. 11:9; Hab. 2:14). La necesidad de enseñanza individual—“que un hombre enseñe a su prójimo o un hombre a su hermano”, “desde el menor de ellos hasta el mayor”—desaparecerá ya que todos los hombres conocerán al Señor. Llenos del conocimiento de Dios, hasta los nuevos en la fe pueden y están equipados para dar testimonio de él. Todos aquellos que tienen la ley de Dios en sus corazones y mentes reconocen la gracia y la misericordia de Dios. Saben que sus pecados han sido perdonados y que sus antecedentes han sido limpiados.

▬d. Remisión completa. Cuando Dios perdona el pecado, lo hace no volviendo a acordarse nunca más del pecado del hombre. Eso significa que una vez perdonado, el hombre es como Adán y Eva en el paraíso: sin pecado. El hombre, perdonado por Dios, es aceptado como si nunca hubiese cometido pecado alguno. Dios dice, “nunca más me acordaré de sus pecados”. En el nuevo pacto, la gracia y la misericordia les son libremente dadas a todos los hijos de Dios. Dios otorga estas bendiciones en el nombre de su Hijo, que es el mediador del nuevo pacto. Este nuevo pacto establecido por medio de la muerte de Jesús en la cruz es la garantía del creyente de que sus pecados están perdonados y olvidados.

Amén, para honra y gloria de Dios.

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Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.

 

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