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Domingo 13 de septiembre de 2020. “Preparación De Utensilios Sagrados Para Usos Honrosos”

Domingo 13 de septiembre de 2020. “Preparación De Utensilios Sagrados Para Usos Honrosos”

    Lección: Éxodo Cap. 37, versículos 10 al 19. 10Hizo también la mesa de madera de acacia; su longitud de dos codos, su anchura de un codo, y de codo y medio su altura; 11y la cubrió de oro puro, y le hizo una cornisa de oro alrededor. 12Le hizo también una moldura de un palmo menor de anchura alrededor, e hizo en derredor de la moldura una cornisa de oro. 13Le hizo asimismo de fundición cuatro anillos de oro, y los puso a las cuatro esquinas que correspondían a las cuatro patas de ella. 14Debajo de la moldura estaban los anillos, por los cuales se metían las varas para llevar la mesa. 15E hizo las varas de madera de acacia para llevar la mesa, y las cubrió de oro. 16También hizo los utensilios que habían de estar sobre la mesa, sus platos, sus cucharas, sus cubiertos y sus tazones con que se había de libar, de oro fino. 17Hizo asimismo el candelero de oro puro, labrado a martillo; su pie, su caña, sus copas, sus manzanas y sus flores eran de lo mismo. 18De sus lados salían seis brazos; tres brazos de un lado del candelero, y otros tres brazos del otro lado del candelero. 19En un brazo, tres copas en forma de flor de almendro, una manzana y una flor, y en otro brazo tres copas en figura de flor de almendro, una manzana y una flor; así en los seis brazos que salían del candelero.

TEMAS A TRATAR EN ESTA LECCIÓN:

  1. La mesa del pan de la proposición: simbolizaba que Dios es el pan de vida
  • a. Hecha de madera de acacia.
  • b. Medía 0,90 metros de largo por 0,50 metros de ancho por 0,70 metros de altura.
  • c. Estaba cubierta de oro puro.
  • d. Tenía alrededor una moldura de oro de 7,5 centímetros.
  • e. Tenía cuatro anillos.

1) Estaban hechos de oro y puestos en las cuatro esquinas de la mesa.

2) Servían para meter las varas para cargar la mesa.

  • f. Las dos varas estaban hechas de madera de acacia y cubiertas de oro.
  • g. Los utensilios:

1) Se hicieron platos, cubiertas, cucharas y tazones de oro.

2) Se usaban en las libaciones (un tipo de ofrenda).

  1. El candelero: simbolizaba que Dios es la luz del mundo
  • a. El material:

1) Hecho de oro puro, labrado a martillo.

2) Hecho de una sola pieza: el pie, la caña central, sus copas en forma de flores, sus cálices y flores.

  • b. Tenía seis brazos:
  1. l) Tenía tres brazos a cada lado de la caña central.

2) Cada brazo tenía tres copas en forma de flor de almendro, con sus cálices y flores.

3) La caña central tenía cuatro copas similares, en forma de flor de almendro.

4) Cada uno de los tres pares de brazos llevaba un cáliz por debajo.

5) Todos los ornamentos y brazos estaban hechos de oro y labrados de una sola pieza con el candelero.

  1. Las siete lámparas y sus accesorios:

1) Hechos de oro puro.

2) Se usaron 33 kilos de oro puro para hacer el candelero y todos sus utensilios

   Comentario: La construcción del arca y el mobiliario del tabernáculo.

    En el mobiliario del tabernáculo hubo emblemas de un servicio espiritual aceptable. El incienso representaba las oraciones de los santos. El sacrificio del altar representaba al Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. La vasija de oro con maná o pan del cielo, la carne de Jesucristo que Él dio por la vida del mundo. El candelero con sus luces, la enseñanza e iluminación del Espíritu Santo. El pan de la proposición representaba la provisión para quienes tienen hambre y sed de justicia, que dan abundantemente el evangelio, las ordenanzas y los sacramentos de la casa de oración. —La precisión de los artesanos con la regla debiera ser seguida por nosotros, procurando las influencias del Espíritu Santo, para que podamos regocijarnos en Dios y glorificarle mientras estemos en este mundo y para estar con Él al final para siempre.

Texto: 2ª a Timoteo Cap. 2, versículo 20. Pero en una casa grande, no solamente hay utensilios de oro y de plata, sino también de madera y de barro; y unos son para usos honrosos, y otros para usos viles”.

Comentario del Texto áureo: [20.] Pero, aunque el elegido de Dios nunca perece, en una casa grande hay no solamente utensilios de oro y de plata, sino también de madera y de barro, y algunos (son) para honra, o otros para deshonra.

  Timoteo no debe sorprenderse del hecho de que haya algo como una defección. Debe recordar que la iglesia visible es como una “casa grande”. Una casa grande contiene toda clase de utensilios, esto es, muebles, vasos, ollas y sartenes, etc., en suma, todos los objetos materiales que uno espera hallar en una mansión, todo el contenido de una casa. Por eso hay no solamente oro y plata, sino también artículos de madera y de barro; no solamente artículos preciosos que son guardados y exhibidos, sino también los que son puestos en la basura o en donde se guarda lo inservible cuando ya no sirven para su propósito.

   De paso, nótese que Pablo debe decir casa grande, porque una casa pequeña podría no contener utensilios de oro y plata. En forma similar, la iglesia visible, según se manifiesta en la tierra, contiene verdaderos creyentes (algunos muy fieles, comparables con el oro; otros menos fieles, comparables con la plata) y contiene hipócritas. Cf. Mt. 13:24–30: el trigo y la cizaña. Los miembros genuinos tienen el fin de ser para honra (véase Mt. 25:34–40); los demás, para deshonra (véase Mt. 25:41–45). Cf. 1 S. 2:30b; Ro. 9:21

1er Título:

Aroma y durabilidad de la acacia, características que debe preocupar todo hijo de Dios. Versíc. 10 al 14. 10Hizo también la mesa de madera de acacia; su longitud de dos codos, su anchura de un codo, y de codo y medio su altura; 11y la cubrió de oro puro, y le hizo una cornisa de oro alrededor. 12Le hizo también una moldura de un palmo menor de anchura alrededor, e hizo en derredor de la moldura una cornisa de oro. 13Le hizo asimismo de fundición cuatro anillos de oro, y los puso a las cuatro esquinas que correspondían a las cuatro patas de ella. 14Debajo de la moldura estaban los anillos, por los cuales se metían las varas para llevar la mesa. (Léase 2ª a los Corintios 2:15 y 16 15Porque para Dios somos grato olor de Cristo en los que se salvan, y en los que se pierden; 16a éstos ciertamente olor de muerte para muerte, y a aquéllos olor de vida para vida. Y para estas cosas, ¿quién es suficiente?; ▬ Apocalipsis 2:10 y 11. 10No temas en nada lo que vas a padecer. He aquí, el diablo echará a algunos de vosotros en la cárcel, para que seáis probados, y tendréis tribulación por diez días. Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida. 11El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. El que venciere, no sufrirá daño de la segunda muerte.).

   Comentario Titulo. 1 y 2: [3]. (Exodo 37: 10-16). Tabernáculo de Moisés − Mesa del pan de la proposición − Pan de vida: El siguiente elemento del mobiliario que construyó Bezaleel es la mesa del pan de la proposición, que simbolizaba que Dios es el Pan de vida (vea bosquejo y notas de Ex. 25:23-30). Solo Dios puede satisfacer el constante anhelo el hombre de llenar su corazón vacío. Ubicada en el lugar santo, detrás del velo externo, la mesa de la proposición señalaba una de las necesidades más grandes del ser humano: saciar su hambre de Dios. La mesa estaba hecha de madera de acacia y medía 0,90 metros de largo por 0,50 metros de ancho por 0,70 metros de altura (v. 10).

   Después de hacer la mesa, Bezaleel la cubrió de oro puro (v. 11). Sobre ella había una moldura de oro de 7,5 centímetros, que se extendía por el borde (v. 12). También le hizo cuatro anillos de oro y los puso en las cuatro esquinas de la mesa (v. 13), lo cual permitía transportarla con dos Varas de madera de acacia, cubiertas de oro (vv. 13-15). Los utensilios de la mesa también estaban hechos de oro: se hicieron platos, cubiertas, cucharas y tazones, que se usarían para derramar el líquido de las libaciones (v. 16).

   Pensamiento 1. Dios alimenta nuestro espíritu y satisface el hambre constante de nuestro corazón. Cuando nos acercamos a Dios en busca de alimento espiritual, él nos alimenta y satisface.

(1) Nos sacia de cosas buenas.

   “El que sacia de bien tu boca de modo que te rejuvenezcas como el águila” (Sal. 103:5).

   “Porque sacia al alma menesterosa, y llena de bien al alma hambrienta” (Sal. 107:9).

(2) Sacia nuestra alma.

   “Como de meollo y de grosura será saciada mi alma, y con labios de júbilo te alabará mi boca” (Sal. 63:5).

(3) Nos colma de gozo.

   “Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido” (Jn. 15:11).

(4) Nos llena de la plenitud de Dios mismo.

   “Y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios” (Ef. 3:19).

(5) Nos llena del conocimiento de la voluntad de Dios y de sabiduría.

   “Por lo cual también nosotros, desde el día que lo oímos, no cesamos de orar por vosotros, y de pedir que seáis llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual” (Col. 1:9).

(6) El Señor nos alimenta incluso en medio de los períodos estériles e infructíferos de la vida.

   “Jehová te pastoreará siempre, y en las sequías saciará tu alma, y dará vigor a tus huesos; y serás como huerto de riego, y como manantial de aguas, cuyas aguas nunca faltan” (Is. 58:11).

(7) Él nos llena como una copa rebosante incluso cuando nuestros enemigos se nos oponen.

   “Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores; unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando” (Sal. 23:5).

(8) Quedaremos satisfechos cuando veamos el rostro de Dios.

   “En cuanto a mí, veré tu rostro en justicia; estaré satisfecho cuando despierte a tu semejanza” (Sal. 17:15).

    Comentario texto complementario: [15]. Porque para Dios somos el aroma de Cristo entre los que se salvan y entre los que se pierden.

-a. «Porque para Dios somos el aroma de Cristo» La palabra porque introduce una explicación: «Somos el aroma que le pertenece a Cristo». Esto es, Pablo y sus colaboradores son los agentes que esparcen el fragante olor que emana de Cristo. Los términos fragancia (v. 14) y aroma (v. 15) son sinónimos y aparecen juntos en algunos pasajes del texto griego en la Septuaginta y en el Nuevo Testamento.49 Como términos técnicos, eran comunes en los tiempos neotestamentarios y aparecen en el contexto de ofrendas y sacrificios. Para Pablo, el aroma de Cristo es un sacrificio que agrada a Dios. Dicho sea de paso, he de referirme al Martirio de Policarpo (15:2), que describe cómo fue quemado en la hoguera y, al quemarse, desprendía un olor fragante, como si fuera incienso u otra especia preciosa.

  1. K. Barret introduce la palabra sacrificio en la traducción de este versículo y lee: «Somos el dulce olor del sacrificio que se eleva de Cristo a Dios». Pablo, pues, se describe a sí mismo y a sus compañeros como la fragancia que emana del sacrificio de Cristo, que se eleva para honrar a Dios. Es de destacar que en este pasaje (vv. 14–15a) el apóstol da gracias a Dios, lo describe como victorioso y le da la honra por el incomparable sacrificio de Cristo.

-b. «Entre los que se salvan y entre los que se pierden». No debemos perder de vista la imagen del victorioso general romano. Durante este desfile, el decoro religioso exigía que se quemaran especias, cuya fragancia llenaba el aire. Los ejércitos triunfantes celebraban sus victorias, mientras los cautivos se enfrentaban a la ejecución. Similarmente, el aroma del evangelio penetra todos los sitios, de modo que quienes se salvan y quienes se pierden, perciben su fragancia. Los predicadores de las buenas nuevas presentan a toda persona a Jesucristo como el salvador del mundo. Su corazón se llena del conocimiento de Cristo, de tal manera que, en las palabras y hechos de ellos, todos oyen y observan a Jesús.

   El victorioso general es el que determina qué cautivos deben ser ejecutados y cuáles perdonados. No forzaré esta imagen más allá de sus límites; el texto mismo habla del aroma de Cristo que se extiende y es percibido tanto por los que se salvan, como por los que se pierden. Es este aroma el que da la vida o la muerte a quienes entran en contacto con él. Dice Calvino: «El evangelio se predica para salvación, pues ese es su objetivo real; pero sólo los creyentes participan en dicha salvación. Para los incrédulos, supone una ocasión para condenarse; pero son ellos quienes lo deciden”. Los heraldos que anuncian la palabra de Dios, son aceptados por unos y rechazados por otros. Dios no se complace en la muerte del incrédulo, como se nos enseña en el Antiguo y en el Nuevo Testamento. Ciertamente Dios argumenta con el impío para que se arrepienta y crea (véase Ez. 18:32; 33:11; y véase 2 P. 3:9). La responsabilidad de aceptar o rechazar el agradable aroma del evangelio queda de parte de la persona, que elige la vida o la muerte.

   Pablo emplea los verbos salvar y perecer en tiempo presente, que sirve para mostrar que quienes obedientemente escuchan la proclamación de las Escrituras están en el camino de ser salvos (1 Co. 1:18; 2 Ts. 2:10; cf. 2 Co. 4:3). Aquellos que se niegan a obedecer la palabra de Dios, se encuentran en el proceso de perderse, y perecen por su propia voluntad.

[16]. Para éstos, somos olor de muerte para muerte; y para aquéllos, olor de vida para vida. ¿Y quién es competente para estas cosas?

   Dado que el texto griego no presenta ningún verbo en este pasaje, debemos proveer nosotros las formas verbales adecuadas del verbo ser («somos» y «es»). Según sus propias palabras, Pablo y sus colaboradores son el aroma de Cristo por cuanto proclaman el evangelio. Pero, cuando lo proclaman, observan cómo su simple anuncio divide a la humanidad en dos grupos. Unos oyen la palabra hablada, rehúsan aceptarla y se apartan de la fuente de la vida. Perecen porque el evangelio es para ellos olor de muerte que lleva a la muerte.

   Este pasaje presenta, en una secuencia invertida, dos categorías: «los que se salvan» y «los que se pierden», que son mencionados en el versículo anterior (v. 15). La inversión del orden enfatiza el concepto aroma, que tanto puede tener connotaciones buenas como malas. Pablo comienza con lo malo, diciendo que el olor que despide un cadáver, es muerte. Cuando la gente rechaza la palabra de Dios, constantemente tienen en su nariz ese olor repugnante.

   Otros escuchan la voz de Dios y responde con la fe. Para éstos, el aroma del evangelio es una fragancia que exhala la vida y que produce vida. De la misma manera que la primavera brota nueva vida, así el olor de lo fresco, de lo nuevo, se esparce por doquier. Por la predicación de las buenas nuevas, Pablo y sus colaboradores traen vida a los que creen, de modo que todos juntos se regocijan por la palabra de vida.

   Las frases de muerte para muerte y de vida para vida probablemente sean expresiones idiomáticas, que significan «muerte de principio a fin» y «vida de principio a fin». Un ejemplo similar lo tenemos en Romanos 1:17, donde, en algunas traducciones, la expresión «de fe en fe», se ha traducido por «fe de principio a fin» (NVI). El evangelio de Cristo ofrece vida a todo aquel que cree; pero la ira de Dios está sobre los que rechazan el mensaje de salvación (Jn. 3:36). Los rabinos judíos veían la Ley de Dios como una medicina que da vida al creyente o muerte al impío.

   Este versículo muestra una transición desde su primera a su segunda parte: Pablo pasa de una oración gramatical declarativa (v. 16a) a otra interrogativa (v. 16b): «¿Y quién es competente para estas cosas?». Cuestiona su propia dignidad y aptitud para esta labor. En un pasaje posterior (3:4–6), responde a su pregunta poniendo como referencia a Dios, que lo capacita, tanto a él como a otros, para ser ministros del evangelio.

    El contexto inmediato muestra que Pablo se sitúa frente y contra los adversarios que difundían, al por menor, la palabra de Dios en beneficio propio, y cuya autoridad y capacidad eran cuestionables (v. 17). Él sí proclama el evangelio con la autoridad que Cristo le otorgó. Trabajando con sus propias manos para mantenerse económicamente, puede proclamar que está libre de sospecha (1 Co. 9:18); pero eso no impide que sea un firme defensor del mandato de Jesús de que «el que predica el evangelio debe recibir su sostenimiento del evangelio» (1 Co. 9:14).

Apocalipsis 2.10 y 11. [10]. «Y no temas nada de lo que estás a punto de sufrir. Mira, el diablo está a punto de meter en la cárcel a algunos de vosotros para que seáis puestos a prueba, y pasarás por tribulación por diez días. Sé fiel hasta la muerte y te daré la corona de vida».

-a. «Y no temas nada de lo que estás a punto de sufrir». Una vez más, Jesús utiliza las palabras «no temas» (1:17). Ahora, dirigiéndose a cada uno de los creyentes individuales, amplia la afirmación diciendo «no temas nada». Quien tiene el control total de todas las situaciones sabe qué le espera a su pueblo; revela que están a punto de entrar a un período de sufrimiento.

-b. «Mira, el diablo está a punto de meter en la cárcel a algunos de vosotros para que seáis puestos a prueba». Los cristianos en Esmirna deben estar plenamente conscientes de que están peleando una guerra espiritual en la que se enfrentan con el diablo. De ahí que se les diga que estén alerta, porque el diablo incitará a las autoridades de modo que algunas personas de la congregación serán encarceladas con la clara posibilidad de ser condenadas a muerte. Esto despertará temor en el corazón de los creyentes, que pueden esperar tener que soportar confiscación de bienes y propiedades, pobreza extrema y calumnias. Pero el encarcelamiento, a veces sin juicio previo, puede conducir a la muerte. Jesús dice que esta amenaza a sus vidas es para probar su fe en él.

   El encarcelamiento puede ser una medida para someter a una persona rebelde, un arresto de alguien mientras se determina en un juicio si es culpable, o una antesala a su ejecución. El contexto del versículo 10, «sé fiel hasta la muerte», implica que se trata del encarcelamiento de los cristianos como «período transitorio de sufrimiento a la espera del martirio».

-c. «Y pasarás por tribulación por diez días». Es la segunda vez que aparece el término tribulación (v. 9). Pero aquí se concreta su duración: un período de diez días. En Apocalipsis, el número diez transmite el significado de totalidad en el sistema decimal. Es un número simbólico para expresar la totalidad del período de sufrimiento, que no es ni corto ni largo sino completo, porque con toda seguridad concluirá.

-d. «Sé fiel hasta la muerte, y te daré la corona de vida». En toda la historia de Esmirna sus ciudadanos habían sido fieles primero a los griegos y luego a los romanos. La fidelidad a Roma era una característica bien conocida del pueblo de Esmirna, pero ahora Jesús invita a estos seguidores a que le sean fieles a él. A Jesús se lo llama «el fiel» (1:5; 3:14; 19:11), y también lo es Antipas, el mártir en Pérgamo (2:13). Ahora se les pide a los santos en Esmirna que paguen el sacrificio de ser fieles hasta la muerte.

   En vista del plano de la ciudad de Esmirna, los comentaristas no encuentran problema en relacionar la corona de la ciudad con la corona que se promete a los fieles seguidores de Cristo. Pero las palabras de Jesús son «la corona de vida», lo cual las hace diferentes y significativas. Es probable que la expresión fuera idiomática (también se encuentra en Stg. 1:12) y puede traducirse como «la corona, es decir, plenitud de vida». Es emblemática del «gozo y felicidad más elevados y de gloria e inmortalidad». Si los santos en Esmirna pagan con su vida por el testimonio de Jesús, recibirán vida imperecedera en la gloria eterna.

[11]. «El que tenga oído que escuche lo que el Espíritu dice a las iglesias. Todo el que triunfe no sufrirá daño de la segunda muerte».

    La repetición una vez más de la primera frase pone de relieve la acción del Espíritu Santo en la transmisión del mensaje de Cristo a las iglesias. Nótese que esta carta no se dirige sólo a la congregación en Esmirna sino a todas las iglesias, de modo que esta carta, junto con las otras, es un mensaje universal.

   Y una vez más aparece el verbo triunfar en una promesa. El vencedor recibe la promesa de que no lo va a afectar la segunda muerte. La primera muerte forma parte del fallecimiento físico de uno, la segunda de quedar para siempre aislado de Dios (ver 20:6, 14; 21:8). Los santos pueden sufrir muerte física de manos de sus perseguidores, pero nunca quedarán separados de Dios. Por el contrario, los incrédulos serán arrojados al lago de fuego (20:14) y sufrirán muerte eterna. Esto quiere decir que experimentarán no aniquilación sino castigo sin fin.

2° Titilo:

Mesa exclusiva para los elementos sagrados. Versíc. 15 y 16. 15E hizo las varas de madera de acacia para llevar la mesa, y las cubrió de oro. 16También hizo los utensilios que habían de estar sobre la mesa, sus platos, sus cucharas, sus cubiertos y sus tazones con que se había de libar, de oro fino. (Léase Hebreos 9:2 2Porque el tabernáculo estaba dispuesto así: en la primera parte, llamada el Lugar Santo, estaban el candelabro, la mesa y los panes de la proposición. ▬ San Juan 6.35. 35Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás.).

   Comentario del texto complementario: (Hebreos 9:2). El escritor recogió la información para su descripción del interior del tabernáculo y de sus accesorios mayormente de pasajes como Exodo 16, 25, 26, y 30, como también de Números 17. Nótese que describe el tabernáculo como una estructura con dos compartimientos: el primero es llamado el Lugar Santo, y el segundo es conocido como el Lugar Santísimo.

  • a. El primer compartimiento. En el Lugar Santo, el más grande de los dos compartimientos, se encontraban el candelabro, la mesa y el pan consagrado. El candelabro, según Exodo 25:31–39, era un artefacto exquisitamente labrado. Estaba hecho de treinta y cuatro kilogramos de oro, y consistía de una base y una columna de la cual se extendían seis brazos—tres hacia cada lado de la columna. En la punta de cada uno de los brazos y de la columna había copas decoradas “como flores de almendro con brotes y flores” (Ex. 25:34). El candelabro estaba situado en el lado sur del Lugar Santo (Ex. 40:24).

   La mesa, hecha de madera de acacia, era de aproximadamente un metro diez centímetros de largo por setenta centímetros de ancho. Estaba cubierta de oro puro (Ex. 25:23, 24), y el “pan de la presencia” (Ex. 25:30) estaba colocado sobre ella. La mesa situada en el lado norte del Lugar Santo (Ex. 40:22).

   Doce panes, que representaban a las doce tribus de Israel, se colocaban sobre esta mesa (Lv. 24:5–9). Al pan se le llamaba “pan de la presentación” o “pan consagrado” (véanse Mt. 12:4; Mr. 2:26; Lc. 6:4). El escritor de la epístola menciona a la mesa y al pan conjuntamente para indicar que eran cosas que iban juntas.

  • b. El segundo compartimiento. Dentro del tabernáculo había otro velo, que separaba al Lugar Santo del Lugar Santísimo. Este compartimiento contenía, según el escritor de Hebreos: “el altar de oro para el incienso y el arca del pacto cubierto de oro”. Los problemas acerca de estos dos elementos han causado muchos debates. Los consideraremos en su orden de presentación.

-1. “El altar de oro para el incienso”. El altar donde se quemaba el incienso estaba hecho de madera de acacia a estaba cubierto de oro puro. Era cuadrado, de más o menos medio metro de largo y ancho y de unos noventa centímetros de alto (Ex. 30:1–6). Dios le dio instrucciones a Moisés de que pusiera “el altar en frente del velo que está delante del arca del testimonio” (Ex. 30:6), y esto es exactamente lo que Moisés hizo (Ex. 40:26). No obstante, el escritor de la epístola a los hebreos manifiesta que el altar estaba con el arca en el Lugar Santísimo, aunque esto es contrarío a las instrucciones divinas que Moisés recibió y siguió. Véase el diagrama del tabernáculo (Fig. 1).

   Obviamente nos encontramos ante un problema que no es de fácil solución. Algunos expositores dicen inmediatamente que el escritor debe haber cometido un error o que desconocía la descripción del interior del tabernáculo.

   Figura 1 a. arca; b. velo; c. altar; d. mesa; e. candelabro

   Pero esto no es muy plausible si tenemos en cuenta el detallado conocimiento de las Escrituras del Antiguo Testamento que él exhibe en su epístola. Cabe reconocer que el escritor pudo haber estado influenciado por la descripción del templo de Salomón, en el cual el altar “pertenecía a santuario interior” (1 R. 6:22, NVI). Con todo, el escritor de Hebreos no menciona el templo de Salomón. En el templo post exílico el altar de incienso estaba situado en el Lugar Santo, no en el Lugar Santísimo (Lc. 1:11). Zacarías era un sacerdote (no el sumo sacerdote) y “le tocó en suerte … entrar al templo del Señor y quemar incienso” (Lc. 1:9). El sólo podía servir en el Lugar Santo.

   Otros expositores entienden que la expresión altar de incienso se refiere al “incensario”, es decir, al utensilio para quemar el incienso. Esta interpretación, que era común en la Edad Media y en la época de la Reforma (véase las traducciones de aquel tiempo), está basada en la traducción de la palabra griega para “altar de incienso”. En 2 Crónicas 26:19 y Ezequiel 8:11, la traducción es “incensario”. La interpretación es, entonces, que el sumo sacerdote usaba el incensario para quemar incienso una vez al año y que lo dejaba permanentemente en el Lugar Santísimo. Por consiguiente, el incienso estaba siempre con el arca en el santuario interior. Esta opinión no parece quitar las dificultades que enfrentamos.

   Los pasajes de Exodo 30 y 40 hablan de un altar, no de un incensario. Asimismo, el altar del incienso cumplía una importante función en el Lugar Santo. Cada mañana y cada atardecer Aarón o uno de sus descendientes varones tenía que quemar incienso sobre el altar (Ex. 30:7–8). El altar del incienso era mucho más significativo que un incensario.

   Sin embargo, en el Día de la Expiación el sumo sacerdote tenía que “tomar un incensario lleno de brasa ardientes del altar que estaba ante el Señor y dos puñados de incienso fragante finamente molido y llevarlos detrás del velo” (Lv. 16:12). En ese día especial, una vez al año, el incensario se transformaba en una extensión del altar del incienso. El humo del incienso tenía que ocultar la tapa de la expiación, para que el sumo sacerdote no muriese (v. 13). La función del altar no podía ser obstruida por una cortina que separara el Lugar Santísimo del Lugar Santo. Es así que el incensario entraba momentáneamente detrás de la cortina como una extensión del altar del incienso.

   Debemos también notar que en el Día de la Expiación el sumo sacerdote purificaba el altar del incienso rociando sangre de animal sobre los cuernos del altar (Ex. 30:10). Una vez al año el altar “era muy santo al Señor” (v. 10) y podía ser mencionado junto con el arca del pacto.

   En Hebreos 9 el escritor enfatiza la importancia del Día de la Expiación (v. 7). Para él, el altar del incienso y el arca eran los dos objetos más importantes.

-2. “El arca del pacto cubierta de oro”. El arca era un cofre hecho de madera de acacia, de aproximadamente un metro diez de largo, setenta centímetros de ancho, y setenta centímetros de alto. Estaba completamente cubierta de oro puro. Estaba permanentemente situada en el Lugar Santísimo excepto cuando el Señor Dios les decía a los israelitas que continuasen su viaje por el desierto. En tal ocasión los sacerdotes cargaban el arca. Más adelante, a excepción del período en que el arca estuvo en las ciudades filisteas y e la casa de Abinadab (1 S. 4 y 6) y de Obed-Edom (2 S. 6:10–12), ésta permaneció en el tabernáculo, y después de ello en el templo.272 El arca “contenía la urna de oro con el maná, la vara de Aarón que retoñó, y las tablas de piedra del pacto”. Estos objetos provenían de la historia de Israel. En primer lugar, la urna llena de maná estaba colocada “ante el Señor para ser guardada para los descendientes por venir” (Ex. 16:33). El escritor de Hebreos usaba la traducción de la Septuaginta del texto hebreo, puesto que dicha traducción tiene la lectura urna de oro. Sólo este escritor transmite la información de que la urna de oro tenía un lugar dentro del arca.

   El segundo artículo era la vara de Aarón, que “no sólo tenía brotes, sino que también había echado renuevos, florecido y producido almendras” (Nm. 17:8). Esta vara fue puesta “frente al testimonio” (v. 10). El Antiguo Testamento no da ninguna información acerca de que se hubiese depositado la vara dentro del arca. Si el arca realmente contenía la vara, ésta tendría que haberse conformado al tamaño del arca. Cuando el arca fue colocada en el templo de Salomón, la misma no contenía nada más que “las dos tablas de piedra que Moisés había puesto dentro de ella en Horeb” (1 R. 8:9; 2 Cr. 5:10). Debido al silencio de las Escrituras, no estamos en condiciones de sacar ninguna conclusión acerca de estas cosas.

   Las dos tablas de piedra inscritas con los Diez Mandamientos debían ser colocadas en el arca. Esto fue exactamente lo que hizo Moisés (Dt. 10:1–5). El escritor de Hebreos llama al arca y a las tablas “objetos del pacto”. Es decir, tanto el arca como los Diez Mandamientos daban testimonio de la relación de pacto que Dios tenía con los israelitas. El arca simbolizaba la sagrada presencia de Dios en medio de su pueblo y le daba significado visual a la promesa de Dios: “Yo seré vuestro Dios”. Las dos tablas de piedra eran un recuerdo constante para el pueblo de Israel de que debían obedecer la ley de Dios, para que por tal obediencia ellos pudieron ser su pueblo.

   San Juan 6:35. (Tomado): 35–38. Jesús explicó estas misteriosas palabras, y les dijo: Yo (yo mismo) soy el pan de vida; o sea, Yo soy el que da la vida, y el que la sustenta. Por la construcción de la oración en el original, vemos que Jesús se identifica con este pan de vida; o para ser más exactos, de la vida (τ_ς ζω_ς, genitivo cualitativo, que hace referencia no a cualquier clase de vida, sino a la vida espiritual y eterna). El hombre alcanza vida eterna por medio de la fe; es decir, por medio de la unión íntima con Cristo, asimilándolo espiritualmente del mismo modo que el pan se asimila físicamente. Cuando Jesús prosigue diciendo: el que a mí viene nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás, se refiere naturalmente, al hambre y la sed espirituales. Obsérvese también que el creer en Jesús se define aquí como el acto de venir a él; es decir, venir como quien nada tiene (excepto pecado) y lo necesita todo; mirando hacia él como las plantas miran hacia el sol. (Sobre el significado de creer véase también 3:16, y la nota 83.) Quien venga a Jesús con corazón creyente, nunca tendrá hambre ni sed. Tenemos aquí, claro está, otro ejemplo de la figura de lenguaje llamada lítote (afirmar una cosa negando su contraria). El significado es que la persona en cuestión recibirá completa y perdurable satisfacción espiritual, y perfecta paz en su alma.

   Pero los judíos no aceptaron a Jesús con fe viva. Según el versículo 30 lo que pidieron era ver una señal, y dijeron que si su petición se cumplía, entonces creerían en él. Pero Jesús les dice: Mas ya os he dicho, que aunque (me) habéis visto, sin embargo, no creéis; y esta afirmación se hace con el espíritu del v. 26, al cual hace referencia con toda probabilidad el v. 36. El Señor, por lo tanto, inculpa claramente a estos incrédulos como personas que son totalmente responsables de sus acciones. ¿Significa esto, entonces, que la persona que acepta a Jesús con un corazón de fe, se puede atribuir el mérito de tan excelente obra? En modo alguno: la salvación es siempre por gracia, y la fe es siempre la obra de Dios en el corazón del pecador. Por ello, inmediatamente a continuación de una afirmación en que se subraya la responsabilidad humana (v. 36), tenemos otra en que se acentúa la predestinación divina (v. 37): Todo lo que el Padre me da vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echaré fuera. Nadie puede salvarse a menos que venga a Jesús; y nadie viene excepto si le es dado (cf. especialmente 6:44). Pero “todo lo que” le es dado, sin duda vendrá. La expresión “todo lo que” (véase también 6:39; 7:2, 24; 1 Jn. 5:4) considera a los elegidos como una unidad; todos son un solo pueblo. La frase “y al que a mí viene, no le echaré fuera”, subraya una vez más la responsabilidad humana; como si dijera, “Que nadie

dude, diciendo, ‘Quizá no he sido dado al Hijo por el Padre’. A todo el que viene se le acoge calurosamente” (No le echaré fuera es otro ejemplo de lítote). Adviértase que el versículo 37 también enseña: a. que en la realización del plan de redención, de modo que se otorgue la salvación a las personas elegidas y a toda la raza elegida, hay una armonía completa y una cooperación total entre el Padre y el Hijo: el Hijo acoge a aquellos que el Padre le da; y b. que la obra de la redención no se puede frustrar debido a la incredulidad de los judíos, que se menciona en el versículo anterior: hay una raza elegida; sin duda que se salvará un remanente. La razón de que sea tan seguro que el Hijo no echará fuera a aquellos que el Padre le dé, se formula en el versículo 38: Porque he descendido del cielo, no para hacer mi propia voluntad, sino la voluntad del que me envió. Desde luego que esto no puede significar que las dos voluntades puedan alguna vez chocar; se enseña expresamente lo contrario en 4:34; 5:19; y 17:4. Sí significa, sin embargo, que los judíos incrédulos que habían puesto en tela de juicio la autoridad de Jesús deben entender que cuantas veces se oponen a su voluntad también se oponen a la voluntad del Padre.

3er Titulo:

El candelero representa la presencia de Jehová en el lugar Santo. Versíc. 17 al 19. 17Hizo asimismo el candelero de oro puro, labrado a martillo; su pie, su caña, sus copas, sus manzanas y sus flores eran de lo mismo. 18De sus lados salían seis brazos; tres brazos de un lado del candelero, y otros tres brazos del otro lado del candelero. 19En un brazo, tres copas en forma de flor de almendro, una manzana y una flor, y en otro brazo tres copas en figura de flor de almendro, una manzana y una flor; así en los seis brazos que salían del candelero. (Léase Apocalipsis 1:13. 13y en medio de los siete candeleros, a uno semejante al Hijo del Hombre, vestido de una ropa que llegaba hasta los pies, y ceñido por el pecho con un cinto de oro. ▬ Apocalipsis 2:5. 5Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues si no, vendré pronto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido.).

   Comentario:[4] (Éxodo 37: 17-19). Tabernáculo de Moisés – Candelero – Luz − Símbolo de la luz del mundo − Brillar: A continuación, Bezaleel hizo el candelero de oro, que simbolizaba que Dios es la luz del mundo. Uno de los atributos más significativos de Dios es la luz. Sin la luz de Dios, el mundo estaría perdido en la oscuridad. Nadie vería qué camino seguir: nadie vería el propósito, ni el sentido, ni la importancia de la vida. La luz ayuda al ser humano a ver el camino y la verdad, a ver de qué se trata la vida. La luz brilla en la obra de las manos de Dios, mostrando a todos su poder en la vida de los hombres.

  1. El candelero estaba hecho de oro puro labrado a martillo, de una sola pieza que comprendía el pie, la caña central, los seis brazos, las copas en forma de flores, los cálices y las flores (v. 17).
  2. Los seis brazos salían de la caña central, tres a cada lado (v. 18). Cada uno tenía tres copas en forma de flor de almendro, con sus cálices y flores (v. 19).

    Pensamiento 1. El candelero iluminaba a todo aquel que entrara al lugar santo del tabernáculo. Lo mismo sucede con el creyente: cuando entra en la presencia de Dios, la luz de Dios brilla sobre él. El creyente se convierte en la luz de Dios para el mundo.

(1) Repasemos lo que las Escrituras dicen sobre la luz de Dios.

(a) La luz de Dios exige que creamos y confiemos en la luz.

   “Entre tanto que tenéis la luz, creed en la luz para que seáis hijos de luz. Estas cosas habló Jesús, y se fue y se ocultó de ellos” (Jn. 12:36).

(b) La luz de Dios elimina el miedo que hay en nuestro interior.

   “Jehová es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré? Jehová es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme?” (Sal. 27:1).

(c) La luz de Dios nos muestra el camino incluso cuando la oscuridad nos rodea por todas partes.

   “Tú, enemiga mía, no te alegres de mí, porque, aunque caí, me levantaré; aunque more en tinieblas, Jehová será mi luz” (Mi. 7:8).

(d) La luz de Dios exige que hagamos la obra de Dios en tanto podamos.

   “Me es necesario hacer las obras del que me envió, entre tanto que el día dura; la noche viene, cuando nadie puede trabajar” (Jn. 9:4).

(e) La luz de Dios jamás se apagará, sino que perdura para siempre.

   “No se pondrá jamás tu sol, ni menguará tu luna; porque Jehová te será por luz perpetua, y los días de tu luto serán acabados” (Is. 60:20).

(f) La luz de Dios brilla a través de nosotros para alumbrar al mundo.

   “Y andarán las naciones a tu luz, y los reyes al resplandor de tu nacimiento” (Is. 60:3).

   “Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder” (Mt. 5:14).

   “Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz de los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo último de la tierra” (Hch. 13:47).

   “Porque en otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz” (Ef. 5:8).

   “Para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo” (Fil. 2:15).

   “Porque todos vosotros sois hijos de luz e hijos del día; no somos de la noche ni de las tinieblas” (1 Ts. 5:5).

(2) Veamos qué dicen las Escrituras sobre la luz de Jesucristo.

(a) La luz de Jesús es la luz verdadera.

   “Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo” (Jn. 1:9).

   “Sin embargo, os escribo un mandamiento nuevo, que es verdadero en él y en vosotros, porque las tinieblas van pasando, y la luz verdadera ya alumbra” (1 Jn. 2:8).

(b) Jesús es la luz del mundo y su luz disipa las tinieblas.

   “Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Jn. 8:12).

(c) La luz de Jesús da vida a los hombres.

   “En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres” (Jn. 1:4).

(d) La luz de Jesús resplandece en nuestro corazón y nos da el conocimiento de Dios.

   “Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo” (2 Co. 4:6).

(e) La luz de Jesús alumbra a los que viven en tinieblas y a los que viven en sombra de muerte

   “Para dar luz a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte; para encaminar nuestros pies por camino de paz” (Lc. 1:79).

(f) La luz de Jesús es una gran luz.

   “El pueblo asentado en tinieblas vio gran luz; y a los asentados en región de sombra de muerte, luz les resplandeció” (Mt. 4:16; vea Is. 9:2).

(g) La luz de Jesús iluminará la nueva Jerusalén.

   “La ciudad no tiene necesidad de sol ni de luna que brillen en ella; porque la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su lumbrera” (Ap. 21:23).

   Comentario del texto complementario: Apoc. 1:13. [12]. Y me volví para ver la voz que me hablaba, y cuando me volví, vi siete candelabros de oro. [13]. Y en medio de los candelabros había uno «como un hijo de hombre», vestido con túnica hasta el tobillo y una banda de oro alrededor del pecho.

-a. «Y me volví para ver la voz que me hablaba». Como en los ocho primeros versículos de este capítulo, también en el resto de los versículos el punto de atención se centra en el Señor Jesucristo. La descripción que hace Juan de Jesús glorificado debería interpretarse no en forma literal sino simbólica. Le resulta imposible a Juan expresar la aparición celestial en términos humanos precisos; por esto, utiliza el término comparativo como (p.ej., como un hijo de hombre, v. 13). Compárese también la vacilación de Pablo cuando, al referirse a su visión del paraíso, afirma su incapacidad para expresar las cosas que había oído (2 Co. 12:4).

   Juan relata que al oír la voz que le hablaba desde atrás, se volvió para identificar a la persona que se dirigía a él. En griego utiliza el verbo lalein (hablar) en lugar de legein (decir), lo cual significa que desea identificar el sonido de la voz y no el contenido del mensaje. Nos preguntamos si Juan habría reconocido la voz de Jesús después de transcurridas muchas décadas, pero no tenemos respuesta. Sabemos que el sonido que comparó con el de una trompeta lo puso sobre aviso de que esperara una voz del cielo.

-b. «Y cuando me volví, vi siete candelabros de oro». En lugar de identificar a una persona, describe primero el entorno y luego a la persona misma. El entorno no es uno sino siete candelabros de oro. El tabernáculo contenía un candelabro hecho de oro macizo con siete lámparas (Éx. 25:31, 37). El templo de Salomón tenía diez candelabros de oro: cinco a la izquierda y cinco a la derecha frente al lugar santísimo (1 R. 7:49); y Zacarías vio sólo un candelabro de oro con siete luces con siete tubos que abastecían de aceite a las luces (Zac. 4:2). Aunque las imágenes de Juan se basan en el Antiguo Testamento, utiliza aquí la palabra candelabros, a la que aplica el número siete. Los candelabros son siete iglesias (Ap. 1:20), y siete denota algo completo. Es decir, Juan presenta un cuadro de la iglesia entera.

-c. «Y en medio de los candelabros había uno «como un hijo de hombre»» (véase también 14:14). ¡Qué consuelo para la iglesia en la tierra! Juan describe primero a la iglesia y luego a su Señor, quien siempre camina en medio de ella (2:1). Jesús como el Hijo del Hombre camina en medio de las iglesias, que hacen resplandecer su luz con esplendor para disipar las tinieblas de este mundo. No se ha retirado a los dominios celestiales; más bien está con su iglesia en la tierra para ser su fuente de luz (Jn. 8:12). Las iglesias que reciben su luz deben ser portadoras de luz; si no lo hacen, Jesús les retirará su candelabro y dejarán de ser su iglesia (2:5).

   Al decir «como un hijo de hombre», Juan centra la atención en Daniel 7:13–14, donde este título describe al Mesías como soberano de este universo. El Hijo del Hombre es divino, mora en la eternidad, posee autoridad final, y es el soberano de un reino indestructible. Este cuadro expresa majestad, poder y autoridad que ningún ser humano puede igualar. Durante su ministerio terrenal, Jesús se aplicó el nombre Hijo del Hombre con el fin de identificarse con la humanidad caída para redimir a su pueblo. Aquí, en cambio, es el Señor majestuoso que camina entre las iglesias para reprender y alentar y para mandarlas y alabarlas.

-d. «Vestido con túnica hasta el tobillo y una banda de oro alrededor del pecho». Esta frase puede significar que Jesús es sumo sacerdote con túnica blanca hasta el tobillo. Algunos comentaristas defienden que la evidencia para demostrarlo es insuficiente, porque otros dignatarios también llevaban ropa hasta el tobillo. Concluyen que la túnica larga y la banda dorada indican la dignidad de la persona que así se presenta.44 Sin embargo, la descripción de la ropa del sumo sacerdote incluye lino fino (blanco, Hch. 23:3), una banda, y oro (Éx. 28:4–5; 19:5; Sabiduría de Salomón 18:24). El Apocalipsis presenta a Jesús como rey y como sacerdote que con su sangre libera a su pueblo del pecado (1:5; compárese 5:9). No se puede excluir la posibilidad de interpretar la frase como referencia al sacerdocio de Jesús.

   La banda dorada alrededor del pecho también es la prenda de siete ángeles que salen del templo vestidos de lino limpio y brillante con bandas doradas alrededor del pecho (15:6; compárese con Dn. 10:5). Las palabras de Juan, por tanto, describen la dignidad y posición elevada del Hijo del Hombre.

   Apocalipsis 2:5: [5]. «Por tanto, recuerda el lugar desde el que has caído, arrepiéntete y realiza las obras que hacías al principio. De no ser así, iré hasta ti y quitaré tu candelabro de su lugar, a no ser que te arrepientas».

-a. Gramática. En este versículo son diferentes los tiempos verbales en griego con el fin de enfatizar las acciones sucesivas de los efesios. Primero, hay el mandato de recordar, que se da en tiempo presente como «sigue recordando». Luego el verbo has caído en tiempo perfecto indica que ha trascurrido un tiempo considerable desde que comenzó el deterioro. De paso, el tiempo parece apoyar no la fecha temprana de Apocalipsis sino la tardía. Luego, el mandato de arrepentirse está en tiempo aoristo, lo cual significa una sola acción que debe durar de una vez por todas. Cuarto, lo mismo se debe decir del mandato de realizar las obras que hacían antes: su arrepentimiento debe acompañar a su decisión de trabajar con el mismo entusiasmo que sus predecesores. Quinto, la amenaza iré, aunque se traduce como futuro, está de hecho en tiempo presente para indicar acción inmediata. Sexto, el verbo quitaré en futuro indicativo denota que la amenaza no es una posibilidad sino una certeza en caso de no arrepentirse. Y, por último, el verbo arrepientas, en la segunda frase, se incluye como cláusula de salida.

-b. Mandato. El Señor no sólo señala sus deficiencias; también les muestra cómo corregirlas. Después de criticar en forma negativa su situación espiritual, manda de manera positiva que la restauren. Deben recordar sin cesar su antigua posición pasando revista a su propia historia eclesiástica y recordando lo que sus antepasados habían hecho en la iglesia cuarenta años antes; y al recordar su historia, deben reconocer que han empeorado. Se ha evaporado el esplendor de su ardor espiritual. En realidad, su mediocre desempeño los ha hecho perder un lugar prominente en medio de las iglesias. Han caído de su elevada posición anterior y han perdido prestigio moral.

   Cuando Jesús dice, «realiza las obras que hacías al principio», tiene en mente no las obras que los efesios habían estado realizando todo el tiempo sino más bien las obras de amor por Cristo. Se enfatiza no la palabra obras sino el término al principio. De igual modo que Jesús preguntó a Pedro a orillas del mar de Galilea, «Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?» (Jn. 21:15), les pide a los creyentes de Éfeso su dedicación incondicional. Para ello deben cambiar su estilo de vida, o sea, deben arrepentirse y dar un giro de 180 grados.

-c. Amenaza. Sin embargo, si no responden a la repetida invitación de Jesús a arrepentirse, el Señor tomará medidas drásticas. Va a venir y ya está en camino para visitarlos; no esperará hasta su venida en la consumación. E incluso antes de su venida final, los efesios ya no serán una iglesia. Jesús quitará el candelabro de donde está, lo cual significa que como congregación experimentarán un oscurecimiento espiritual completo. Una iglesia deja de serlo cuando ya no sirve a su maestro con amor y dedicación genuinos. Hay evidencia objetiva en el sentido de que el cristianismo nominal muere de muerte natural en el plazo de una o dos generaciones y, por consiguiente, desaparece por completo de la escena. Quizá los miembros sigan reuniéndose, pero lo hacen con fines sociales y no espirituales.

   Una década después de que Juan escribiera Apocalipsis, Ignacio escribió una carta a la iglesia en Éfeso en la que alababa a los cristianos locales por su paciente perseverancia y su resistencia ante el engaño. Comenta que algunas personas de Siria han pasado por Éfeso con enseñanzas malas pero que los efesios se han negado a escucharlas. Los alaba por ser de una sola mente con los apóstoles en el poder de Jesucristo. Al parecer, los cristianos habían tomado en serio las palabras de Jesús.

Amén, para honra y gloria de Dios.

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Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.