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Domingo 13 de diciembre de 2020. “La Presencia De Dios En El Tabernáculo”

Domingo 13 de diciembre de 2020. “La Presencia De Dios En El Tabernáculo”

   Lección: Éxodo Cap. 40, versículos 34 al 38. 34Entonces una nube cubrió el tabernáculo de reunión, y la gloria de Jehová llené el tabernáculo. 35Y no podía Moisés entrar en el tabernáculo de reunión, porque la nube estaba sobre él, y la gloria de Jehová lo llenaba. 36Y cuando la nube se alzaba del tabernáculo, los hijos de Israel se movían en todas sus jornadas; 37pero si la nube no se alzaba, no se movían hasta el día en que ella se alzaba. 38Porque la nube de Jehová estaba de día sobre el tabernáculo, y el fuego estaba de noche sobre él, a vista de toda la casa de Israel, en todas sus jornadas.

Temas A Estudiar En Esta Lección: [3]. La respuesta del Señor

♦a. Cubrió y llenó el tabernáculo con su gloriosa y asombrosa presencia, con la nube de su gloria.

1) Moisés no podía entrar al tabernáculo.

2) Las Escrituras vuelven a destacarlo: la asombrosa gloria del Señor llenó el tabernáculo. ‘

♦b. Guio a los israelitas:

  1. l) cuando la nube se alzaba del tabernáculo, los israelitas marchaban;

2) si la nube no se alzaba, los israelitas no se movían de su campamento.

♦c. Les dio la nube para que estuviera sobre el tabernáculo de día y un fuego dentro de la nube por la noche.

1) Se los dio por testimonio, para que Israel pudiera verlos.

2) Se los dio durante su peregrinaje por el desierto.

   Comentario general de la lección: [3]. (Éxodo 40:34-38) Tabernáculo De Moisés ▬ Gloria De Dios ▬ Guía: Entonces el Señor respondió ante la obediencia del pueblo. En una de las manifestaciones más grandiosas del poder de Dios de todas las Escrituras, la gloria de Dios descendió sobre el tabernáculo y lo llenó. Observe cuál fue la respuesta de Dios cuando se concluyó la obra del tabernáculo.

♦-a. Dios cubrió y llenó el tabernáculo con su gloriosa y asombrosa presencia, la nube de su gloria (v. 34). Recuerde la columna de nube con la que Dios había guiado a Israel por el desierto: esa era la nube de la gloria de Dios, la Shekinah, la nube que descendió sobre el tabernáculo. Sin embargo, había una diferencia en este caso: la manifestación de la gloria de Dios que descendió sobre el tabernáculo fue aún más grandiosa. ¿Cómo lo sabemos? Moisés no pudo entrar al tabernáculo. Recuerde cuando la nube de la gloria de Dios descendió sobre el monte Sinaí (Ex. 19:18-20); recuerde también que Moisés había levantado una tienda para la adoración y Dios la cubrió con su gloria (Ex. 33:7-11). En ambos casos, Moisés pudo estar delante de la gloria de Dios, pero no ahora, cuando la gloria de Dios llenó el tabernáculo. Las Escrituras declaran:

◘ que Dios es luz.

   “Este es el mensaje que hemos oído de él, y os anunciamos: Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él” (1ª de Jn. 1:5).

◘ que Dios es un fuego consumidor.

   “Porque nuestro Dios es fuego consumidor” (He. 12:29; vea Dt. 4:23-25).

   Cuando la columna de nube descendió sobre el tabernáculo, es obvio que emanó un fulgor desde el lugar santísimo, una luz que estalló con todo el esplendor, el brillo y la claridad de la presencia de Dios.

   La gloria de Dios apareció envuelta de la luz más resplandeciente que podamos imaginar. Era una luz tan brillante que Moisés no pudo entrar sin quedar ciego y ser consumido. Dios estaba dando a su pueblo una manifestación muy especial de su asombrosa presencia, que se quedaría en el lugar santísimo, sobre el trono del arca, entre los dos querubines de oro del propiciatorio. La presencia y la gloria de Dios instruirían y guiarían a su preciado pueblo hasta llegar a la tierra prometida.

♦-b. Considere cómo guio Dios a los israelitas con la nube

de su gloria: cuando la nube se alzaba del tabernáculo, Israel marchaba en la dirección que seguía la nube (v. 36); si la nube no se alzaba, Israel no se movía de su campamento (v. 37).

♦-c. Hay un punto de este relato que es maravilloso: Dios dio a Israel la columna de nube para que estuviera sobre el tabernáculo de día y un fuego dentro de la nube por la noche, como testimonio para que todo Israel pudiera verlo. Al ver la nube, sabrían que Dios estaba con ellos, guiándolos y protegiéndolos en su camino hacia la tierra prometida. Dios fue fiel hasta el final: guio a su amado pueblo hasta el fin del camino; les dio la nube durante todo el peregrinaje por el desierto (v. 38). Por los siguientes treinta y ocho años, esta nube habría de ser una compañía constante para el pueblo en el desierto. Dios los guio hasta que alcanzaron su destino eterno, la tierra prometida de Dios.

   “El día que el tabernáculo fue erigido, la nube cubrió el tabernáculo sobre la tienda del testimonio; y a la tarde había sobre el tabernáculo como una apariencia de fuego, hasta la mañana. Así era continuamente: la nube lo cubría de día, y de noche la apariencia de fuego. Cuando se alzaba la nube del tabernáculo, los hijos de Israel partían; y en el lugar donde la nube paraba, allí acampaban los hijos de Israel. Al mandato de Jehová los hijos de Israel partían, y al mandato de Jehová acampaban; todos los días que la nube estaba sobre el tabernáculo, permanecían acampados. Cuando la nube se detenía sobre el tabernáculo muchos días, entonces los hijos de Israel guardaban la ordenanza de Jehová, y no partían. Y cuando la nube estaba sobre el tabernáculo pocos días, al mandato de Jehová acampaban, y al mandato de Jehová partían. Y cuando la nube se detenía desde la tarde hasta la mañana, o cuando a la mañana la nube se levantaba, ellos partían; o si había estado un día, y a la noche la nube se levantaba, entonces partían. O si dos días, o un mes, o un año, mientras la nube se detenía sobre el tabernáculo permaneciendo sobre él, los hijos de Israel seguían acampados, y no se movían; más cuando ella se alzaba, ellos partían. Al mandato de Jehová acampaban, y al mandato de Jehová partían, guardando la ordenanza de Jehová como Jehová lo había dicho por medio de Moisés” (Nm. 9:15-23).

   La promesa de Dios de acompañar a su pueblo amado y darles su maravillosa presencia ahora se estaba haciendo

realidad. Su promesa de guiarlos y protegerlos se estaba cumpliendo. La promesa de vivir y habitar en medio de ellos ahora era un hecho. Sin duda, Israel alcanzaría la tierra prometida de Dios. Nada ni nadie -ni enemigo, ni fuerza de la naturaleza, ni forma alguna de maldad- podría hacerles frente y salir victorioso. El pueblo de Dios saldría triunfante, todo porque Dios ahora habitaba y vivía en medio de ellos. El los guio y protegió hasta que llegaron a su destino, la tierra prometida.

   Pensamiento 1. ¿Cuál fue la razón por la que Dios llenó el tabernáculo con su gloria? ¿Qué fue lo que lo movió a darle a su pueblo esta experiencia y manifestación tan especial de su presencia? La obediencia. Cuando obedecemos a Dios cuando guardamos sus mandamientos y hacemos exactamente lo que él manda, Dios nos concede una experiencia única y muy profunda de su presencia. Además, cuando tenemos una necesidad muy especial, Dios nos da una manifestación muy especial de su gloria, todo por obedecerle.

(1) Cuando Moisés obedeció al Señor y le construyó una morada, Dios llenó el tabernáculo con su presencia y gloria.

   “Entonces una nube cubrió el tabernáculo de reunión, y la gloria de Jehová llenó el tabernáculo. Y no podía Moisés entrar en el tabernáculo de reunión, porque la nube estaba sobre él, y la gloria de Jehová lo llenaba” (Éx. 40:34-35).

(2) Cuando Salomón obedeció al Señor y construyó una morada para él, Dios llenó el templo con su presencia y gloria.

   “Y cuando los sacerdotes salieron del santuario, la nube llenó la casa de Jehová. Y los sacerdotes no pudieron permanecer para ministrar por causa de la nube; porque la gloria de Jehová había llenado la casa de Jehová” (1ª de Reyes. 8:10-11).

(3) Cuando el creyente cristiano obedece al Señor y levanta una morada para Dios, él llena el corazón del creyente con su presencia y gloria.

   “El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ese es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él” (Jn. 14:21).

   “Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él” (Jn. 14:23).

   “Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor” (Jn. 15:10).

   “Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos. Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen” (Hch. 2:1-4).

   “¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?” (1 Co. 3:16).

   “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios” (1 Co. 6:19-20).

   “¿Y qué acuerdo hay entre el templo de Dios y los ídolos? Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré entre ellos, y seré su Dios, y ellos serán mi pueblo” (2 Co. 6:16).

   “Ahora, pues, si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra” (Ex. 19:5).

   Pensamiento 2. La gloria del Señor era tan resplandeciente e intensa que Moisés no pudo acercarse a la presencia de Dios. Sin embargo, lo que Moisés no pudo hacer en la carne porque era débil, Jesús pudo hacerlo. Cristo fue obediente a Dios en un sentido absoluto. Jamás desobedeció a Dios, ni una sola vez. No tuvo ni un solo pecado y fue perfecto delante de él. Por consiguiente, pudo entrar en la presencia de Dios, no solo por sí mismo sino en favor de todo hombre, mujer y niño de todos los siglos. Él es el Hombre perfecto e ideal y puede presentarse delante de Dios como tal, en nuestro favor, como nuestro Sumo Sacerdote, Representante, Intercesor y Abogado. Jesús abrió un camino nuevo y vivo hacia la presencia de Dios. Las Escrituras lo declaran de una forma maravillosa y gloriosa:

(1). Por medio de Cristo, podemos acercarnos a Dios por un camino nuevo y vivo.

   “Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne [a través de su muerte en la cruz]” (He. 10:19-20).

(2). Por medio de Cristo, somos aceptos para Dios y salvos por la eternidad.

   “Por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos” (He. 7:25).

   “Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios” (He. 9:24).

(3) Por medio de Cristo, heredaremos la tierra prometida del cielo y viviremos con Dios por siempre y para siempre.

   “Porque sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabernáculo [nuestra carne], se deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna, en los cielos” (2ª a los Co. 5:1).

   “Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas” (Fil. 3:20-21).

    “Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros” (1 P. 1:3-4).

Texto: 2ª de Crónicas Cap. 5, versículo 14. “Y no podían los sacerdotes estar allí para ministrar, por causa de la nube; porque la gloria de Jehová había llenado la casa de Dios”.

Comentario del texto áureo:

El traslado del arca al templo, 5:2–14. Salomón quiso expresar el carácter solemne de este evento congregando en Jerusalén a los ancianos de Israel, a todos los jefes de las tribus y a los jefes de las casas paternas, para hacer subir el arca del pacto de Jehovah desde la Ciudad de David, que es Sion (v. 2). Según 1 Reyes 8:1– 10, los que tomaron el arca en sus manos para transportarla fueron los ancianos y los sacerdotes, aunque aquí se menciona a los levitas, la casta sacerdotal (v. 4).

   Dios los había consagrado para las tareas sagradas como transportar el arca y el resto del tabernáculo (Deut. 10:8; 31:25; Núm. 1:40–51; 3:31). David había aprendido la amarga lección de no violar esta función sagrada asignada solo a los levitas (2 Sam. 6:6–11; 1 Crón. 15:1, 2; 16:1). Los levitas, siguiendo la línea de Aarón, formaban parte de esta casta sacerdotal; así, los hijos de Aarón eran levitas y sacerdotes (vv. 4, 7), quienes recibieron la ayuda de otros levitas en tan sagrada tarea.

   El tabernáculo había sido traído desde Gabaón, ciudad ubicada a unos 11 km. al noroeste de Jerusalén (v. 5). Ya en el templo, fueron los sacerdotes quienes colocaron el arca en el lugar santísimo, bajo las alas extendidas de los querubines (v. 7).

    Aunque para el momento cuando el cronista registra su información el templo ya había sido destruido, se observa su cuidadosa preocupación de mantenerse fiel a sus fuentes. El arca del pacto contenía solamente las dos tablas de piedra de los Diez Mandamientos que Moisés había puesto en Horeb (v. 10). La referencia en Hebreos 9:4 de que también se encontraban en el arca “el vaso de oro que contenía el maná” y “la vara de Aarón que reverdeció”, debe entenderse no como dentro sino delante del arca (Exo. 16:32, 33).

   El maná y la vara de Aarón eran recordatorios para los israelitas de cómo habían sido liberados de la esclavitud en Egipto: eran objetos para ilustrar lo que Dios quería enseñarles en cuanto a la confianza y la obediencia. Las dos tablas eran también recordatorios de lo que Dios esperaba de su pueblo, moral y espiritualmente afectado por las acciones redentoras de Dios. Israel tenía que compartir la historia de la salvación, según Éxodo 25:21, 22, al recordar el mandamiento: “…Y dentro del arca pondrás el testimonio que yo te daré. Allí me encontraré contigo, y desde encima del propiciatorio, de en medio de los querubines que están sobre el arca del testimonio, hablaré contigo de todo lo que te mande para los hijos de Israel”.

   Luego de haber sido trasladada del monte Horeb y colocada en el templo, el arca deja de ser mencionada. Es posible que el rey egipcio Sisac la sacara del templo (1 Rey. 14:26), pero que pudo haber estado en su lugar en los días de Jeremías (Jer. 3:10), pero destruida cuando los babilonios saquearon Jerusalén en el 586 a. de J.C.   Después de esta fecha, los judíos tenían conocimiento de los Diez Mandamientos, y depositaron su fe en Dios sin tener que depender de un mobiliario exterior.

    En el santuario de la fe cristiana el tesoro es Jesús y no se puede vivir sin él. Jesús es la única evidencia indestructible del amor de Dios.

   Cuando los sacerdotes salieron del santuario (v. 11) ya santificados, cuando los mismos levitas estaban en pie al este del altar y los 120 sacerdotes tocaban las trompetas cantando: Porque él es bueno, porque para siempre es su misericordia, el cronista afirma que …la casa de Jehovah se llenó con una nube… porque la gloria de Jehovah había llenado la casa de Dios (vv. 13, 14).

   Los sacerdotes no pudieron continuar sirviendo (v. 14). Esta afirmación indica el propósito del ministerio, que es traer gloria y honra al nombre del Señor. Lo que frena este propósito es la apatía de los adoradores. El culto de adoración es fácilmente afectado por el calibre espiritual de los adoradores. El creyente tiene el mandato de regocijarse “siempre en el Señor” (Fil. 4:4). Solo así la presencia de Jehovah será una realidad en el culto de adoración, y la tarea de proclamar su nombre con cantos y afirmaciones de su misericordia será una experiencia gloriosa.

   En la vivencia de la iglesia, esta shekinah es el preludio de la segunda venida de Cristo (Apoc. 1:7; 14:14), indicando la presencia de Dios entre su pueblo. Esta nube era la misma que cubrió a Dios cuando se reveló a Moisés y a los israelitas en su éxodo triunfante de Egipto (Éxo. 20:20). Cuando Moisés y el pueblo veían que la nube se levantaba del tabernáculo, partían hacia otro día de jornada en el desierto. Así, la nube indicaba no sólo la presencia de Dios entre ellos sino un método de instrucción, protección, guía y santificación (Éxo. 40:34–38).

La visita de Dios

   Dios no habita en templos hechos de manos humanas, por el hecho de que es un templo. Dios no existe a causa del templo, sino a la inversa. Dios está con los suyos en el templo, cuando los suyos viven haciendo su voluntad cada día. A tal efecto, el siguiente cuento de la India ilustra esta verdad.

   Era un brahmán muy piadoso. Al despertarse cada mañana tomaba un baño ritual y se dirigía al templo con su ofrenda. Repetía su culto tres veces al día. Un día rezó con todo fervor:

   “Señor, ya ves que yo vengo a tu casa todos los días… ¿Por qué no vienes tú a la mía?” A lo que Dios respondió: “Mañana iré a tu casa”.

   Aquel hombre, en el colmo de su dicha, limpió y adornó su casa. Puso guirnaldas en la puerta y preparó la mesa con una suculenta comida. Todo estaba a punto para recibir a Dios. Por la mañana, un niño vagabundo vio a través de la ventana aquellos manjares y pidió algo para saciar su hambre. Furioso el brahmán ante tal pretensión, lo despachó diciendo: “¿Cómo te atreves a pedir lo que está preparado para Dios?” Pero Dios no llegaba todavía.

   Continuando la espera, vio a un mendigo pidiendo limosna.

   Rápidamente lo echó, y limpió el rastro de las pisadas del mendigo.

   Por la tarde continuó esperando la llegada de Dios. Solo apareció un peregrino que pedía descansar un rato en el banco frente a su casa: “¡Imposible, este banco está reservado para Dios!”

   Al día siguiente, al presentar la ofrenda de la mañana, el brahmán se quejó ante Dios, entre lágrimas: “Señor, ¿por qué no viniste a mi casa como me habías prometido?” Entonces una voz le respondió: “FUI TRES VECES Y LAS TRES ME RECHAZASTE.”

Joya bíblica

“Y los sacerdotes no pudieron continuar sirviendo por causa de la nube, porque la gloria de Jehovah había llenado la casa de Dios” (5:14).

Semillero homilético

    Un culto con sello divino 5:7–14

   Introducción: Tan sutil e imperceptible como parece la diferencia entre “hacer un culto a Dios” y “dar un culto a Dios”, en realidad hay un abismo.

   Hacer un culto para Dios es la iniciativa del hombre de llevar a cabo una serie de elementos que intervienen en una reunión religiosa: cantos, lecturas, sermón, ofrenda de dinero, oraciones, anuncios… Al domingo siguiente, el orden es idéntico, pero cambian los cantos, las lecturas, etc. Esto es “hacer un culto”.

   Se hace un gran esfuerzo dialéctico para dejar constancia de que Dios está allí presente, y se cita aquello de “donde hay dos o más congregados en mi nombre…”

   En el culto que lleva a cabo la organización, se hace el esfuerzo para que Dios esté presente; cuando se da culto a Dios, es el Espíritu el que toma la iniciativa, y simplemente comienzan a ocurrir cosas (cf. Hech. 13:1–3; destacar “ministrando estos al Señor…”)

¿Cómo fue la reunión que ofreció Salomón?

   Un buen comienzo: un acto de honradez; riqueza consagrada por David, colocada en su lugar (v. 1). Dar culto con manos sucias no es recibido por Dios (Isa. 1:12).

   Responsabilidad: cada uno ocupando un lugar, vv. 2–6 (Núm. 4).

  • Ofrendas generosas, v. 6. El culto es dar, participar (1 Cor. 14:26)
  • Explosión de júbilo, música, cantos… v. 13.
  • Y un tema central en la alabanza: la bondad y la misericordia de Dios (vv. 11–13).
  • Respuesta divina: la gloria de Dios llena el lugar, v. 14 (Lev. 9:23).

Conclusión: El hombre puede organizar cultos solemnes, que impresionan los sentidos, pero solo Dios, que es Espíritu, es el que puede llenar el santuario de su presencia. Si mi vida no es alabanza a Dios, mi alabanza no tiene vida.

1er Titulo:

La gloria de Dios manifestada en su pueblo. Versíc. 34 y 35. 34Entonces una nube cubrió el tabernáculo de reunión, y la gloria de Jehová llené el tabernáculo. 35Y no podía Moisés entrar en el tabernáculo de reunión, porque la nube estaba sobre él, y la gloria de Jehová lo llenaba. (Léase Número 9:15. El día que el tabernáculo fue erigido, la nube cubrió el tabernáculo sobre la tienda del testimonio; y a la tarde había sobre el tabernáculo como una apariencia de fuego, hasta la mañana.).

  Comentario: ♦-a. Dios cubrió y llenó el tabernáculo con su gloriosa y asombrosa presencia, la nube de su gloria (v. 34). Recuerde la columna de nube con la que Dios había guiado a Israel por el desierto: esa era la nube de la gloria de Dios, la Shekinah, la nube que descendió sobre el tabernáculo. Sin embargo, había una diferencia en este caso: la manifestación de la gloria de Dios que descendió sobre el tabernáculo fue aún más grandiosa. ¿Cómo lo sabemos? Moisés no pudo entrar al tabernáculo. Recuerde cuando la nube de la gloria de Dios descendió sobre el monte Sinaí (Ex. 19:18-20); recuerde también que Moisés había levantado una tienda para la adoración y Dios la cubrió con su gloria (Ex. 33:7-11). En ambos casos, Moisés pudo estar delante de la gloria de Dios, pero no ahora, cuando la gloria de Dios llenó el tabernáculo. Las Escrituras declaran:

◘ que Dios es luz.

   “Este es el mensaje que hemos oído de él, y os anunciamos: Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él” (1ª de Jn. 1:5).

◘ que Dios es un fuego consumidor.

   “Porque nuestro Dios es fuego consumidor” (He. 12:29; vea Dt. 4:23-25).

   Cuando la columna de nube descendió sobre el tabernáculo, es obvio que emanó un fulgor desde el lugar santísimo, una luz que estalló con todo el esplendor, el brillo y la claridad de la presencia de Dios.

   La gloria de Dios apareció envuelta de la luz más resplandeciente que podamos imaginar. Era una luz tan brillante que Moisés no pudo entrar sin quedar ciego y ser consumido. Dios estaba dando a su pueblo una manifestación muy especial de su asombrosa presencia, que se quedaría en el lugar santísimo, sobre el trono del arca, entre los dos querubines de oro del propiciatorio. La presencia y la gloria de Dios instruirían y guiarían a su preciado pueblo hasta llegar a la tierra prometida.

   Comentario de Número 9.15. Esta sección representa una transición. Incluye las últimas instrucciones dadas antes de la salida del monte Sinaí, pero mira adelante al viaje a través del desierto. Había que proveer alguna manera de guiar al pueblo y mantener su organización en la marcha.

   La nube sobre el tabernáculo, 9:15. Este pasaje repite lo presentado en Exodo

40:34–38. Cuando Moisés erigió y dedicó el tabernáculo, vino una nube que lo cubrió. Esta nube simbolizaba que Jehovah aceptaba el tabernáculo como su morada santa en la tierra y que había venido para habitar en él. De noche, la nube tenía la apariencia de fuego. Así que, de día o de noche, todos podían ver el símbolo de la presencia de Dios. Pero la nube era más que un recordatorio de la presencia del Dios santo en medio de su pueblo; era también una manera de dirigir el pueblo en la marcha (Exo. 13:21, 22). Al levantarse la nube, el pueblo tenía que marchar; al detenerse, el pueblo tenía que quedarse en su campamento. Aunque varios han intentado explicar la causa de este fenómeno, parece mejor confesar que no sabemos cómo Dios lo hizo. El pasaje simplemente enfatiza que Dios así guardaba al pueblo, y que el pueblo obedeció. Tres veces (vv. 18, 20, 23) se afirma que el pueblo partía al mandato de Jehovah, y que quedaba en el campamento al mandato de Jehovah.

2° Titulo:

La nube de Dios dirige el movimiento de su pueblo. Versíc. 36 y 37. 36Y cuando la nube se alzaba del tabernáculo, los hijos de Israel se movían en todas sus jornadas; 37pero si la nube no se alzaba, no se movían hasta el día en que ella se alzaba. (Léase Nehemías 9:12. Con columna de nube los guiaste de día, y con columna de fuego de noche, para alumbrarles el camino por donde habían de ir.).

   Comentario: b. Considere cómo guio Dios a los israelitas con la nube de su gloria: cuando la nube se alzaba del tabernáculo, Israel marchaba en la dirección que seguía la nube (v. 36); si la nube no se alzaba, Israel no se movía de su campamento (v. 37).

   Comentario de Nehemías: Avanzando en la historia, la oración llega a las peregrinaciones por el desierto (9:12–21). Jehovah guió a los israelitas por el camino (9:12), les dio buenas leyes (9:13, 14), les proveyó de maná y agua de la peña (9:15 a), y en Cades Barnea les ordenó tomar la tierra prometida (9:15b). Las leyes eran buenas porque eran rectas (justas) y eran fieles al revelar a Israel cómo obtener la bendición divina (ver Deut. 30:16). La frase les prometiste que entrarían (9:15) también puede traducirse como un mandato: les dijiste que entraran. Esta traducción cabe mejor con el v. 16.

3er Titulo:

Protección permanente de Dios sobre su pueblo. Versíc. 38. 38Porque la nube de Jehová estaba de día sobre el tabernáculo, y el fuego estaba de noche sobre él, a vista de toda la casa de Israel, en todas sus jornadas. (Léase Éxodo 13: 21 y 22. Y Jehová iba delante de ellos de día en una columna de nube para guiarlos por el camino, y de noche en una columna de fuego para alumbrarles, a fin de que anduviesen de día y de noche. Nunca se apartó de delante del pueblo la columna de nube de día, ni de noche la columna de fuego.).  

   Comentario: Hay un punto de este relato que es maravilloso: Dios dio a Israel la columna de nube para que estuviera sobre el tabernáculo de día y un fuego dentro de la nube por la noche, como testimonio para que todo Israel pudiera verlo. Al ver la nube, sabrían que Dios estaba con ellos, guiándolos y protegiéndolos en su camino hacia la tierra prometida. Dios fue fiel hasta el final: guio a su amado pueblo hasta el fin del camino; les dio la nube durante todo el peregrinaje por el desierto (v. 38). Por los siguientes treinta y ocho años, esta nube habría de ser una compañía constante para el pueblo en el desierto. Dios los guio hasta que alcanzaron su destino eterno, la tierra prometida de Dios.

   Comentario del texto complementario Éxodo 13:21 y 22: [21]Fíjese cómo Dios guió a su pueblo. Él utilizó una columna de nube para guiarlos de día, una nube que se convertía en nube de fuego en la noche. A la nube se le llama realmente “la columna de nube de día y la columna de fuego de noche” (vv. 21-22). ¿Qué eran estas columnas de nube y de fuego?

   The Expositors Bible Commentary dice así:

   “Esta ‘columna’ única (14:24), que era una nube de día y un fuego de noche, cuya amplitud en su base era suficientemente amplia como para proporcionar cobijo a Israel del calor intenso (Sal. 105 :39), era un símbolo visible de la presencia de Yahveh entre ellos.

   ◘ “La columna de nube y fuego no era sino otro nombre para ‘el ángel de Dios ‘. Éxodo 14:19 los considera equivalentes lo mismo que en 23:20-23.

   ◘ “El nombre de Dios estaba ‘en ‘este ángel el cual iba delante de ellos para llevarlos hasta Canaán (23:20-23).

   ◘ “Él era el ‘ángel de su faz’ (1s. 63:8-9).

   ◘ “Malaquías 3:1 llama a este ángel ‘ángel del pacto ‘, quien es considerado equivalente al Señor; el dueño del templo.

   “Evidentemente, entonces el Cristo del Nuevo Testamento es la gloria shekinah o Yahveh del Antiguo Testamento. Desde esta columna de nube el Señor hablaría a Moisés (33.’9-11) y al pueblo (Sal. 99:6-7). Este fácil movimiento de la columna de nube y fuego al ángel y otra vez al Señor mismo ya había sucedido en el mismo intercambio entre la zarza ardiente, el ángel, y el Señor en el capítulo 3”.

   El Compact Bible Dictionary dice así:

  “Dios guió a Israel fuera de Egipto y a través del desierto con una columna de nube de día. Esta se convertía en una columna de fuego de noche para que pudieran viajar de noche y escapar del ejército egipcio (Éx. 13:21-22). Cuando los egipcios alcanzaron a los israelitas, el ángel del Señor retiró esta columna de nube y fuego de delante de ellos y la colocó detrás como un efectivo camuflaje (Éx. 14:19, 20, 24). M

   ◘ “La columna de nube se colocaba sobre la tiendo de reunión fuera del campamento cada vez que el Señor se reunía allí con Moisés (Éx. 33: 7-11).

   ◘ “El Señor descendió a juzgar en la nube (Nm. 12).

   “Ningún fenómeno natural ni fuego encaja con la descripción bíblica: La nube y el fuego eran manifestaciones divinas, de una forma lo suficientemente definidas como para ser llamada columna.

   Probablemente lo mejor sea imaginarse la columna como dicen las Escrituras, una nube. Parece ser que el SEÑOR hizo que se formara una nube encima de los hijos de Israel, una nube que permaneció durante sus cuarenta años de peregrinaje por el desierto.

   => La nube protegía a las personas del calor del sol cuando era necesario (Éx. 13:21-22).

   =>La nube se convertía en una nube de fuego de noche proporcionándoles luz a las personas cuando en necesaria (Éx. 13:21).

   => Había solo una columna, no dos, una “columna de fuego y nube” (Ex. 14:24).

   => La nube no podía ser movida por el viento (Neh. 9:19; Sal. 78:14).

   => El SEÑOR mismo estaba en la nube. La nube era símbolo visible de la presencia de Dios entre su  pueblo (Éx. 13:21; 14:24).

   => El SEÑOR con frecuencia habló al pueblo desde la nube (Nm. 12:5-6; Dt. 31:15-16; Sal. 99:6-7).

   => Israel con frecuencia recordaba la nube (Sal. 78:14; l05:39).

    Fíjese en otro hecho: La columna de nube y fuego era un símbolo, una ilustración del bautismo. El Nuevo Testamento dice que los israelitas fueron bautizados en Moisés en la nube. ¿Cómo? Colocándose a sí mismos bajo la guía y la autoridad de la nube. La nube fue dada por Dios para mostrar a Moisés a dónde llevar a los israelitas. Por lo tanto, al seguir la nube. ellos se estaban colocando bajo la guía y la autoridad de Moisés. Se estaban identificando a sí mismos (proclamándose a sí mismos) como seguidores de Dios y del líder por Éscogido, Moisés.

“Porque no quiero, hermanos, que ignoréis que nuestros padres todos estuvieron bajo la nube, y todos pasaron el mar; y todos en Moisés fueron bautizados en la nube y en el mar” (1 Co. 10:1-2).

   [22]. Dios condujo a su pueblo fielmente: Ni la columna de nube de día ni la columna de fuego de noche dejaron jamás de guiar al pueblo de Dios (v. 22). Recuerde que el desierto en un lugar baldío, árido, desolado, ardiente y seco. No había caminos, ni señales, ni guías para conducir al pueblo de Dios por el desierto. Es muy probable que ninguna de las personas hubiera cruzado jamás el desierto. Estaban por su cuenta, abandonados totalmente excepto por una persona: El propio Dios. ¿Qué tan fiel fue Dios? Su presencia nunca los dejó, ni por un momento. La columna de nube y fuego nunca dejó su sitio, viaje nunca. Dios guió a su amado pueblo a cada paso de su mientras marchaban hacia la Tierra Prometida.

   Pensamiento 1. Nosotros los que hemos creído (creído verdaderamente en Cristo) marchamos hacia la Tierra Prometida del cielo. Mientras marchamos, podemos estar seguros de esta gran verdad: Dios nos guía con su propia presencia y Él nunca nos dejará. No importa qué problemas surjan y no importa cuán severas puedan ser las circunstancias, Dios nos guiará a cada paso de nuestro camino. Él nunca nos abandonará. –

   “He aquí, yo estoy contigo, y te guardaré por dondequiera que fueres, y volveré a traerte a esta tierra; porque no te dejaré hasta que haya hecho lo que te he dicho” (Gn. 28:15). i

   “Y él dijo: Mi presencia irá contigo, ya te daré descanso” (Éx. 33:14).

   “Me has guiado según tu consejo, y después me recibirás en gloria” (Sal. 73:24).

   “Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti” (Is. 43:2).

   “enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén” (Mt. 28:20).

Tipos, Símbolos E Ilustraciones: La Columna De Nube Y Fuego Éxodo 13:21:

   Tipo de ilustración (fundamento Bíblico): Una ilustración de la presencia y guía asombrosas de Dios. Esta nube era…

  • una fuente de luz.
  • una fuente de dirección.
  • una fuente de protección.
  • una ilustración del bautismo.

   “Y Jehová iba delante de ellos de día en una columna de nube para guiarlos por el camino, y de noche en una columna de fuego para alumbrarles, a fin de que anduviesen de día y de noche. Nunca se apartó de delante del pueblo la columna de nube de día, ni de noche la columna de fuego” (Éx. 13:21-22; 14:19-20).

   Aplicación para la vida del creyente de hoy día:

  • Dios ha prometido su presencia, guía, y protección en nuestro viaje por el desierto de este mundo, nuestro viaje a la Tierra Prometida del cielo. La presencia y guía de Dios:
  • Nos guiará con su consejo (Sal. 73:24).
  • Nos mostrará el camino exacto a seguir (Is. 42: 16).
  • Nos protegerá y liberará (Sal. 34:7; cp. Sal. 91:4).
  • Estará con nosotros en todo momento, a cualquier costo (Gn. 28:15; Ex. 33:14).
  • Nos guiará a los pastos delicados y a las aguas de reposo (Sal. 23:2).

   Aplicación Bíblica:

   “Me mostrarás la senda de la vida; en tu presencia hay plenitud de gozo; delicias a tu diestra para siempre” (Sal. 16:11). ›

   “Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino” (Sal. 119:105).

   “Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar; sobre ti fijaré mis ojos” (Sal. 32:8).

   “En lugares de delicados pastos me hará descansar; junto a aguas de reposo me pastoreará” (Sal. 23:2).

   “Porque este Dios es Días nuestro eternamente y para siempre; él nos guiará aún más allá de la muerte” (Sal. 48:14).

   “Me has guiado según tu consejo, y después me recibirás en gloria” (Sal. 73:24).

Amén, para honra y gloria de Dios.


Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.