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Domingo 12 de julio de 2020: “Necesidad de poner por obra la ordenanza de Dios”

Domingo 12 de julio de 2020: “Necesidad de poner por obra la ordenanza de Dios”

   Lección: Éxodo Cap. 35, versículos 1 al 9. 1Moisés convocó a toda la congregación de los hijos de Israel y les dijo: Estas son las cosas que Jehová ha mandado que sean hechas: 2Seis días se trabajará, más el día séptimo os será santo, día de reposo para Jehová; cualquiera que en él hiciere trabajo alguno, morirá. 3No encenderéis fuego en ninguna de Vuestras moradas en el día de reposo. 4Y habló Moisés a toda la congregación de los hijos de Israel, diciendo: Esto es lo que Jehová ha mandado: 5Tomad de entre vosotros ofrenda para Jehová; todo generoso de corazón la traerá a Jehová; oro, plata, bronce, 6azul, púrpura, carmesí, lino fino, pelo de cabras, 7 pieles de cameros teñidas de rojo, pieles de tejones, madera de acacia, 8aceite para el alumbrado, especias para el aceite de la unción y para el incienso aromático, 9y piedras de ónice y piedras de engaste para el efod y para el pectoral.

  Comentario: (Éxodo 35:1-35) Introducción general del capítulo: ¿Qué se necesita para montar un negocio exitoso? La persona que quiere que su emprendimiento sea exitoso debe estar dispuesta:

Þ a invertir grandes sumas de dinero;

Þ a invertir una parte considerable de su tiempo;

Þ a pedirle a otras personas talentosas e ingeniosas que la ayuden;

Þ a hacer sacrificios, lo que sea necesario para que su negocio tenga éxito.

   Estos principios son verdaderos para cualquiera que quiera tener éxito en el mundo de los negocios, pero mucho más ciertos deberían ser para el creyente en su servicio al Señor. ¿Qué clase de sacrificio exige Dios de quienes profesan su nombre y lo sirven? ¿Qué espera él de su pueblo? ¿Qué clase de sacrificio es necesario hacer para que nuestra iglesia o ministerio tenga éxito? Dios espera un sacrificio completo y absoluto de todo aquel que lo sigue. Las Escrituras dicen:

   “Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame” (Lc. 9:23).

   No hay atajos en el servicio a Dios. No hay forma de evadir o pasar por alto el compromiso que Dios exige. Este pasaje de las Escrituras habla de forma directa a la persona a quien Dios ha llamado a servirle: Los preparativos para edificar el tabernáculo: el llamado a dar una ofrenda sacrificada y generosa (Ex. 35: 1-35).

  1. El llamado: todos estaban llamados a participar en la construcción del tabernáculo (el centro de adoración) (v. 1).
  2. La instrucción más importante: guardar el día de reposo durante la edificación (vv. 2-3).
  3. Las ofrendas para la construcción del tabernáculo. (vv. 4-9).

  Pensamiento: Necesidad es una carencia o escasez de algo que se considera imprescindible. También se utiliza esta palabra para significar obligación. Hace referencia también a una situación difícil que atraviesa alguien.

   Conforme este pensamiento de la necesidad de poner por obra la ordenanza, pero cual es la ordenanza principal obedecer el mandamiento de guardar el día de reposo, y segundo ofrendar de todo vuestro corazón, con que propósito para construir el tabernáculo de reunión. Pero hay que dejar claro que la orden es trabajar seis días al séptimo reposar, nos hace un llamado de advertencia que, aunque sea la construcción de tabernáculo había que reposar el séptimo días, no debe haber afán de trabajo, los trabajo hay que realizarlo, pero respetando el día de descanso del hermano trabajador. También hacer resaltar que la ofrenda fue abundante para este fin, pero fue hecha de corazón, no por obligación.

   Hoy día hay una necesidad (obligación) de obedecer a su palabra Jehová hace hincapié varias veces diciendo jehová ha mandado y con sentencia si no obedecieres, es importante obedecer y poner por obra lo que se nos esta enseñando por su palabra.

   Citas: “Respondió Jesús: No es que pecó éste, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él.  Me es necesario hacer las obras del que me envió, entre tanto que el día dura; la noche viene, cuando nadie puede trabajar.  Entre tanto que estoy en el mundo, luz soy del mundo”. (Jn 9:3.5).

“Cuidaréis de poner por obra todo mandamiento que yo os ordeno hoy, para que viváis, y seáis multiplicados, y entréis y poseáis la tierra que Jehová prometió con juramento a vuestros padres”. (Dt. 9:1)

“Si no cuidares de poner por obra todas las palabras de esta ley que están escritas en este libro, temiendo este nombre glorioso y temible: JEHOVÁ TU DIOS, entonces Jehová aumentará maravillosamente tus plagas y las plagas de tu descendencia, plagas grandes y permanentes, y enfermedades malignas y duraderas” (Dt. 58-59)

Texto: “Llamó Moisés a todo Israel y les dijo: Oye, Israel, los estatutos y decretos que yo pronuncio hoy en vuestros oídos; aprendedlos, y guardadlos, para ponerlos por obra”. (Deuteronomio Cap. 5, versículo 1)

   Comentario del texto: (1) Recuerdo histórico, 5:1–5.    El propósito de esta sección, la cual relata brevemente los eventos en el monte Sinaí, es la de introducir el Decálogo, el cual es la base fundamental de la ley deuteronómica. Las palabras de Moisés fueron dirigidas a todo Israel (v. 1) pero el pueblo estaba representado por los jefes de las tribus y los líderes de los clanes. El mandato Escucha Israel aparece diversas veces en Deuteronomio (6:4; 9:1; 20:3; 27:9) y se usa para introducir las secciones más importantes del libro. Moisés exhorta a Israel a que obedezca las leyes y los mandamientos de Jehovah. Obedecer significa aprender los decretos y ponerlos por obra.

   Moisés enfatiza que el pacto que Jehovah estableció con Israel en el Sinaí fue con la presente generación, nosotros que estamos aquí, todos vivos (v. 3). Estas palabras indican que existía una continuidad entre la generación que salió de Egipto y la nueva generación de israelitas que estaba en la tierra de Moab, preparadas para cruzar el Jordán y entrar en la tierra prometida. Estas palabras también subrayan la validez del pacto con la presente generación. Cada nueva generación de israelitas tenía que identificarse con la generación que salió de Egipto. Cada nueva generación tenía que participar en la memoria de los eventos del éxodo y compartir la fe de sus antepasados en la redención de Egipto. El pacto entre Jehovah e Israel debe ser aceptado por cada nueva generación como una realidad presente y real.

   Las palabras sólo y también que aparecen en el v. 3 de la traducción de la RVA no están en el texto heb. Lit. el texto dice: “No fue con nuestros padres que Jehovah hizo este pacto sino con nosotros, nosotros que estamos aquí hoy, todos vivos.” Es posible entender las palabras de Moisés de diversas maneras. El comentarista Weinfeld piensa que el autor de Deuteronomio desea hacer una diferencia entre el pacto hecho con Israel en Sinaí y el pacto hecho con los patriarcas. El comentarista Craig declara que el pacto no fue una realidad solamente para la generación del éxodo, sino que la relación entre Dios y el pueblo establecida por las demandas del pacto excede las barreras del tiempo.

   La declaración que afirma que Jehovah habló con Israel cara a cara (v. 4) parece contradecir el v. 5 donde Moisés actuó como mediador entre Jehovah y el pueblo porque el pueblo temió ante la manifestación de Jehovah (Exo. 20:18–21).

   Moisés exige atención. Cuando oímos la palabra de Dios debemos aprenderla; y lo aprendido tenemos que ponerlo en práctica, porque ese es el propósito de escuchar y aprender; no llenar nuestra cabeza de ideas o nuestra boca de palabras, sino dirigir nuestros afectos y nuestra conducta.

Semillero homilético

Escuchando, aprendiendo y practicando

5:1

   Introducción: Moisés aquí empieza su segundo discurso del libro de Deuteronomio. Entre sus palabras encontramos los Diez Mandamientos que son básicos para la religión y la ética. Hay también decretos prácticos para la vida de Israel. Deuteronomio expone tres elementos básicos en cuanto a la palabra divina.

   La Palabra de Dios debe ser escuchada. Debemos apartar tiempo para escuchar la palabra del Señor. La palabra para escuchar en sí lleva la idea de obedecer, además de oír.

   La Palabra de Dios debe ser aprendida. Además de leer y escuchar los mandamientos del Señor debemos aprenderlos. El salmista dice: “En mi corazón he guardado (atesorado) tus dichos para no pecar contra ti.” Es significante que, en las tentaciones de nuestro Señor al principio de su ministerio, él contestó cada una con textos del AT.

   La Palabra de Dios debe ser practicada. En cuanto a los mandamientos que Moisés está para dar a su pueblo, les dice: “Tened cuidado para ponerlos por obra.” Santiago 1:22 dice: “Sed hacedores de la palabra, y no solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos.”

   Conclusión:

   Debemos escuchar la Palabra del Señor con un espíritu de reverencia y obediencia. En nuestra vida devocional, además de nuestras peticiones, debemos cultivar la práctica de escuchar a Dios. Lo que él nos instruye en la meditación, nunca contradice su Palabra escrita y sobre todo la revelación en Cristo. En nuestros cultos de adoración debemos dar más atención a la lectura de la Palabra del Señor. A veces la lectura es solamente un preludio a la predicación. Como Dios habló por Moisés a todo Israel, él quiere hablar a nuestras iglesias.

Cómo recibir la Palabra de Dios

Adrián Rogers, un pastor bautista, visitó hogares chinos en un viaje. Le impresionó mucho la hospitalidad de la gente de las familias que conoció. El observó que su guía le dijo que la gente china casi siempre quería servir algo para comer o tomar. Dijo el guía: “Si nos ofrecen té debemos tomarlo. Es importante al recibir el té recibirlo con las dos manos. Es una falta de etiqueta recibir el té solamente con una mano.” El Dr. Rogers dijo: “Así debemos recibir la Palabra de Dios. No debe ser un mero ejercicio intelectual. Debemos recibir la Palabra con nuestras mentes, corazones y voluntades abiertos delante del Señor.”

1er Titulo:

Importancia de cumplir fielmente lo establecido por Dios. Versíc. 1. Moisés convocó a toda la congregación de los hijos de Israel y les dijo: Estas son las cosas que Jehová ha mandado que sean hechas: (Léase: Josué 23:6. Esforzaos, pues, mucho en guardar y hacer todo lo que está escrito en el libro de la ley de Moisés, sin apartaros de ello ni a diestra ni a siniestra; ▬ Hebreos 10:25. no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.).

Comentario: [1]. (Éxodo 35:1) llamado de Dios – servicio cristiano obra de la iglesia: Dios hizo un llamado: todo el pueblo estaba llamado a participar en la construcción del tabernáculo (el centro de adoración). Moisés convocó a todo el pueblo para que se reuniera con él; no faltaba ni uno, ni una sola persona quedó excluida y ni uno de ellos era menos importante. El llamado de Dios a construir el centro de adoración incumbía a todos y, por, sobre todo, era un mandato de Dios. No podía alterarse ni cambiarse de ninguna manera. Debía llegar a todas las personas y todos ellos debían responder y obedecer.

   Pensamiento 1. Todos los creyentes somos llamados a edificar la iglesia de Dios sobre la tierra. Todos nosotros debemos involucramos personalmente en esta tarea. No es responsabilidad solo de un grupo pequeño y selecto, ni es el privilegio de los ricos y poderosos Quienes aman a Dios han sido llamados a participar en la edificación de la iglesia de Dios y de su reino aquí en la tierra.

   “Mas el que sin conocerla hizo cosas dignas de azotes, será azotado poco; porque a todo aquel a quien se haya dado mucho, mucho se le demandará; y al que mucho se le haya confiado, más se le pedirá” (Lc. 12:48).

   “No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé” (Jn. 15:16).

   “Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese” (Jn. 17:4).

   “Porque nosotros somos colaboradores de Dios, y vosotros sois labranza de Dios, edificio de Dios” (1 Co. 3:9).

   “Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano” (1 Co. 15:58).

   “Así, pues, nosotros, como colaboradores suyos, os exhortamos también a que no recibáis en vano la gracia de Dios” (2 Co. 6:1).

   “Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios; si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da, para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén” (1 P. 4:11).

   “Si quisiereis y oyereis, comeréis el bien de la tierra” (Is. 1:19).

   Comentario 2:

Þ(2) Riesgos para el pacto con Jehovah, Josué 23:6. El segundo tema consiste en las advertencias acerca de los riesgos y peligros de vivir en la tierra prometida. Ya el autor había hecho referencia a estos peligros en la historia de Acán. La historia de los gabaonitas también subrayaba la necesidad de precaución con la cultura cananea. En este capítulo el autor se enfoca en el núcleo del problema: las tentaciones que los dioses de los poderes de estas naciones presentan a los líderes del pueblo. Estas tentaciones pueden tomar la forma de ideologías y estructuras opresivas, de confusiones colectivas (compárese el “espíritu de prostitución”, Ose. 4:12; 5:4), o de idolatrías en búsqueda de seguridad, riqueza, poder, etc. Todas estas fuerzas demoníacas existen aún en la tierra prometida.

ÞHebreos10:25. No dejemos de congregarnos, como algunos habitúan hacer, sino animémonos unos a otros—y tanto más cuando veis que el Día se acerca.

Una de las primeras indicaciones de una carencia de amor por Dios y por el prójimo es que el cristiano se aleje de los cultos. El miembro abandona las obligaciones comunitarias, deja de asistir a las reuniones y exhibe los síntomas de egoísmo y de egocentrismo.

   Aparentemente algunos miembros de la congregación hebrea a los cuales se dirigió originalmente la epístola mostraban descuido en su asistencia a los cultos. Lo hacían a sabiendas, desertando de “la comunión de los santos”. De fuentes procedentes del primer siglo de la era cristiana sabemos que la falta de interés por los cultos era cosa común. La Didache, un manual de la iglesia para la instrucción religiosa que proviene de la última parte del siglo primero, contiene esta exhortación: “Pero congregaos con frecuencia, buscando las cosas que son provechosas para vuestras almas”.

   En un capítulo anterior, el escritor de Hebreos advierte a los lectores en contra de seguir el ejemplo de los israelitas desobedientes que vagaban por el desierto, y de alejarse del Dios vivo (3:12). El escritor exhorta a los lectores a “alentarse unos a otros diariamente … para que ninguno de vosotros sea endurecido por el engaño del pecado” (3:13). Él se da cuenta de que el celo ha decaído entre algunos de los miembros. Es así que él dice una vez más: “Animémonos unos a otros” (10:25). No sólo el escritor de esta epístola sino también todos los miembros de la iglesia tienen la tarea comunitaria de alentarse mutuamente todos los días. Juntos llevamos la responsabilidad, puesto que somos el cuerpo de Cristo.

   Como cristianos debemos mirar hacia el futuro, es decir, hacia el día en que Jesús volverá. Cuanto más nos acercamos a dicho día, tanto más activos debemos estar en animarnos unos a otros en cuanto a mostrar amor y hacer obras buenas aceptables a Dios. Nos hubiera gustado tener más información acerca de “el Día”, pero el escritor es tan parco como los otros escritores del Nuevo Testamento que lo mencionan (véanse, por ejemplo, Mt. 25:13; 1 Co. 3:13; 1 Ts. 5:4). Dice Philip Edgcumbe Hughes: “Cuando se habla de él en esta manera absoluta, ‘el Día’ sólo puede significar el último día, el día escatológico final, que es el día para ajustar cuentas y de juicio conocido como el Día del Señor”.

2° Titulo:

Triste consecuencia para el que no guarda el día de reposo. Versíc. 2 y 3. 2Seis días se trabajará, más el día séptimo os será santo, día de reposo para Jehová; cualquiera que en él hiciere trabajo alguno, morirá. 3No encenderéis fuego en ninguna de Vuestras moradas en el día de reposo. (Léase San Marcos 2:27 y 28 También les dijo: El día de reposo fue hecho por causa del hombre, y no el hombre por causa del día de reposo. 
Por tanto, el Hijo del Hombre es Señor aun del día de reposo; ▬ Apocalipsis 1:10. Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor, y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta,).

   Comentario: [2]. (Éxodo 35:2-3) Reposo ▬ Descanso ▬ Mandamientos, Los Diez ▬ Obra ▬ Obediencia: La instrucción más importante que recibió el pueblo fue la de guardar el día de reposo mientras edificaba el tabernáculo. Recordemos que el día de reposo era una señal del pacto entre Dios y el hombre. Si una persona estaba comprometida con Dios ─si había hecho un pacto de seguir a Dios─, guardaba el día de reposo. Esa era la señal y el símbolo de que había hecho un pacto con él.

   Los israelitas se enfrentaban a un dilema. Estaban muy entusiasmados ante el llamado a construir el tabernáculo, pero corrían el riesgo de dejarse llevar, seguir trabajando sin cesar y olvidar el día de reposo. Ese mismo entusiasmo podía hacerlos sentir que el tabernáculo era tan importante que debían trabajar siete días a la semana hasta terminar. Sin embargo, Dios dijo “no”. El tabernáculo era importante ─era la obra de Dios─, pero guardar el sabbat, descansar y adorar a Dios un día a la semana, era más importante aún. Por lo tanto, Israel debía guardar el día de reposo y, por sobre todas las cosas, dedicar un día entero por semana a descansar y adorar a Dios. Veamos la clara instrucción que dan las Escrituras:

-a. El creyente debe trabajar seis días a la semana y guardar el día de reposo como un día santo y de reposo (v. 2). La Palabra no dice nada sobre fines de semana de tres días, separados para darse un gusto personal. Tampoco ­habla de trabajar más de la cuenta, siete días a la semana.

Lo que vemos en este pasaje es que:

Þ El hombre debe trabajar seis días a la semana y muy arduamente.

Þ El hombre debe apartar el séptimo día de la semana como un día especial. El día de reposo debía ser considerado santo y separado como el día en que el hombre descansa de su labor.

-b. Luego, las Escrituras reafirman la importancia de guardar el día de reposo: los transgresores serían ejecutados

(v. 2). Cualquiera que quedara tan absorto en su trabajo que olvidara al Señor debía morir. Hasta encender un fuego en el hogar durante el día de reposo estaba enfáticamente prohibido (v. 3). Probablemente esto último se haya referido al trabajo que implicaría cocinar y hacer la limpieza después de las comidas.

   Pensamiento 1. El hombre llevaría una vida mucho más saludable y productiva si aprendiera a trabajar muy arduamente seis días a la semana y a después descansar y adorar durante el día de reposo. De alguna manera, en los extremos de la vida, el hombre ha distorsionado y exagerado tanto los periodos de trabajo como los de descanso.

(1) Dios ordenó al hombre que trabajara y que lo hiciera arduamente.

   “Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase” (Gn. 2:15).

   “En toda labor hay fruto; más las vanas palabras de los labios empobrecen” (Pr. 14:23).

   “Todo lo que te viniere a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas; porque en el Seol, adonde vas, no hay obra, ni trabajo, ni ciencia, ni sabiduría” (Ec. 9:10).

   “El que hurtaba, no hurte más, sino trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, para que tenga qué compartir con el que padece necesidad” (Ef. 4:28).

   “Y todo lo que hacéis, sea de palabra o, de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él” (Col. 3:17).

   “Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres” (Col. 3:23).

   “A los tales mandamos y exhortamos por nuestro Señor Jesucristo, que, trabajando sosegadamente, coman su propio pan” (2 Ts. 3:12).

(2) Dios dio al hombre el mandato de guardar el día de reposo, es decir, de descansar y adorar un día a la semana.

   “Seis días trabajarás, y al séptimo día reposarás, para que descanse tu buey y tu asno, y tome refrigerio el hijo de tu sierva, y el extranjero” (Éx. 23:12).

   “Seis días se trabajará, más el día séptimo es día de reposo consagrado a Jehová; cualquiera que trabaje en el día de reposo, ciertamente morirá” (Éx. 31:15).

   “Seis días trabajarás, más en el séptimo día descansarás; aun en la arada y en la siega, descansarás” (Ex. 34:21).

   “Seis días se trabajará, más el séptimo día será de reposo, santa convocación; ningún trabajo haréis; día de reposo es de Jehová en dondequiera que habitéis” (Lv. 23:3).

   “Vino a Nazaret, donde se había criado; y en el día de reposo entró en la sinagoga, conforme a su costumbre, y se levantó a leer” (Lc. 4:16; vea Mt. 12:9; Mr. 1:2).

   “No dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca” (He. 10:25).

   Pensamiento 2. ¿Qué debería hacer el creyente hoy en día? ¿Debería guardar el día de reposo? ¿Debería descansar y adorar un día a la semana? ¿Qué pasa si transgrede ese mandato? ¿Lo juzgará Dios y le quitará la vida? Hay un principio que hallamos en este pasaje de las Escrituras y que todo creyente debe enfrentar: jamás debemos llenamos de ocupaciones hasta el punto de olvidamos del Señor. Dios es más sabio que nosotros; por lo tanto, él sabe lo fácil que nos es deslizamos y caer en malos hábitos. Él no nos fulminará ni nos matará si no guardamos el día de reposo, pero nosotros nos estaremos destruyendo a nosotros mismos. Quienes quebrantan el día de reposo y se olvidan de Dios caerán poco a poco en una vida de pecado y rebelión y perderán su comunión con Dios. Además, cuando una persona trabaja siete días a la semana, se debilita y con el tiempo hace daño a su cuerpo.

   “Y aconteció que algunos del pueblo salieron en el séptimo día a recoger, y no hallaron. Y Jehová dijo a Moisés: ¿Hasta cuándo no, querréis guardar mis mandamientos y mis leyes?” (Ex. 16:27-28).

   “Así que guardaréis el día de reposo, porque santo es a vosotros; el que lo profanare, de cierto morirá; porque cualquiera que hiciere obra alguna en él, aquella persona será cortada de en medio de su pueblo” (Ex. 31:14).

   “Mas se rebeló contra mí la casa de Israel en el desierto; no anduvieron en mis estatutos, y desecharon mis decretos, por los cuales el hombre que los cumpliere, vivirá; y mis días de reposo profanaron en gran manera; dije, por tanto, que derramaría sobre ellos mi ira en el desierto para exterminarlos” (Ez 20:13).

   “Mis santuarios menospreciaste, y mis días de reposo has profanado” (Ez. 22:8).

   Comentario 2: Marcos 2: 27. Y les dijo, “El día de reposo fue hecho para el hombre, no el hombre para el día de reposo”. Dios creó primero al hombre, no al día de reposo (Gn. 1:26–2:3). Fue instituido para ser bendición para el hombre: para mantenerlo en buena salud, para hacerlo útil y feliz, para hacerlo santo, de modo que meditara con tranquilidad en las obras de su Hacedor, para que pueda “deleitarse en Jehová” (Is. 58:13, 14) y esperar con gozosa anticipación el reposo que queda para el pueblo de Dios (Heb. 4:9).

   Los rabís habían creado muchos reglamentos minuciosos y a veces absurdos, restricciones enfadosas y onerosas que incluían la que prohibía matar el hambre arrancando espigas en el día de reposo. De esta forma, los rabís estaban transformando el sábado en un cruel tirano y al hombre en esclavo de ese tirano … como si el propósito de Dios hubiese sido en realidad hacer “al hombre para el día de reposo”, en lugar de “el día de reposo para el hombre”.

  Jesús concluye diciendo 28. Por lo tanto, el Hijo del hombre es Señor aun del día de reposo. Cuando Jesús dijo, “El día de reposo fue hecho para el hombre”, afirmaba que fue Dios quien lo hizo como es. Fue el Señor y ningún otro que instituyó los principios para la observancia del día de reposo. Toda autoridad le fue dada al Hijo (Mt. 11:27, 28:18), quien es uno con el Padre (Jn. 10:30), en quien el Padre halla complacencia (Mr. 1:11) y a quien el Padre envió al mundo (Mr. 1:38; 9:37). Todo esto hace que la frase “Por lo tanto”—o: “Así que”— dé un sentido excelente cuando viene seguida por las palabras, “Señor es el Hijo del hombre del día de reposo” (orden literal según el original). ¡Mayor es él que el templo (Mt. 12:6), que Jonás (12:41), que Salomón (12:42) y asimismo también, que el día de reposo!

   En cuanto a un estudio detallado del término “Hijo del hombre”, véase sobre 2:10 y sobre Mateo 8:20. Por supuesto que si Jesús, como el Hijo del hombre, es Señor, sobre todo, ¿no es entonces Señor aun del día de reposo? Obsérvese la palabra “aun”, que en este relato se encuentra sólo en Marcos. Como Señor soberano, él tiene autoridad para establecer principios que rijan ese día. En consecuencia, ¡nadie tiene derecho de censurarlo cuando permite a sus discípulos satisfacer su hambre arrancando y comiendo espigas!

    ÞApoc. 1:10. Tanto Pedro como Pablo estaban en éxtasis cuando el Señor les habló en una visión. Pedro se encontraba en un trance en la azotea de Simón el curtidor en Jope (Hch. 10:9–10), y Pablo estaba en trance en el templo de Jerusalén (Hch. 22:17–18). Juan no estaba durmiendo sino muy despierto cuando el Señor se le dirigió. Sus sentidos estaban alertas de modo que, con mente clara, ojos enfocados y oídos abiertos, asimiló la información que Jesús le proporcionó y que él luego puso por escrito. La frase en el Espíritu también se encuentra en 4:2 donde se invita a Juan a que mire al cielo, en 17:3 cuando un ángel lo traslada al desierto, y en 21:10 donde el ángel lo llevó a una montaña elevada para que viera a Jerusalén que descendía del cielo. Estos pasajes apuntan a una estrecha relación entre Jesús y el Espíritu Santo en la transmisión a Juan del contenido de Apocalipsis.

   Juan escribe que estaba en el Espíritu en el día del Señor. Es el único lugar en el Nuevo Testamento donde se describe así este día, porque en otros lugares se menciona como el primer día de la semana. Es el día de la resurrección del Señor, y hacia finales del primer siglo los cristianos habían comenzado a referirse a él no como al primer día de la semana sino como al día del Señor (compárese la expresión la cena del Señor, 1 Co. 11:20). Es el día dedicado al Señor. El texto se refiere no al regreso final del Señor y al día del juicio sino a la aparición de Jesús a Juan en el primer día de la semana, un día consagrado a Cristo.

   Juan escucha detrás de él una voz poderosa que resonaba como una trompeta. Para él, el sonido de esta voz poderosa resultó inesperado y sorpresivo. La resonancia de la trompeta, sin embargo, le indicó que era de origen divino. Recordó Juan cuando Dios entregó los diez mandamientos en el Sinaí, donde los israelitas oyeron el sonido de una trompeta (Éx. 19:16, 19; 20:18). El comienzo del nuevo año se anunciaba con toques de trompetas; de hecho, en el primer día del séptimo mes, el mes judío Tishri (setiembre–octubre), el pueblo celebraba la fiesta de las trompetas (Lv. 23:24; Nm. 29:1–6). Esto era el preludio del día de expiación en el décimo día de Tishri. En su discurso escatológico, Jesús habla acerca de su retorno que irá acompañado del sonido de una gran trompeta (Mt. 24:31; véase 1 Ts. 4:16). En resumen, el sonido de trompeta introducía el advenimiento de un nuevo intervalo.

   El sonido de trompeta en Apocalipsis llama la atención en cuanto a un importante mensaje (p.ej., 4:1), y la intensidad de la voz requiere estar alerta y obedecer. Aunque en este versículo no se identifica la voz, en versos posteriores el que habla es Jesús, quien se llama a sí mismo «el primero y el último», el que vive por siempre jamás (vv. 17–18).

3er Titulo:

Llamado a ofrendar voluntariamente, con alegría y sencillez de corazón. Versíc. 4 al 9. 4Y habló Moisés a toda la congregación de los hijos de Israel, diciendo: Esto es lo que Jehová ha mandado: 5Tomad de entre vosotros ofrenda para Jehová; todo generoso de corazón la traerá a Jehová; oro, plata, bronce, 6azul, púrpura, carmesí, lino fino, pelo de cabras, 7 pieles de cameros teñidas de rojo, pieles de tejones, madera de acacia, 8aceite para el alumbrado, especias para el aceite de la unción y para el incienso aromático, 9y piedras de ónice y piedras de engaste para el efod y para el pectoral. (Léase 1ª de Crónicas 29:9. Y se alegró el pueblo por haber contribuido voluntariamente; porque de todo corazón ofrecieron a Jehová voluntariamente.).

   Comentario: [3]. (Éxodo 35;4-9) Ofrendas A Dios ─ Diezmos ─Mayordomía: Luego llegó el momento de ofrendar para la construcción del tabernáculo. Nada podemos edificar para Dios si su pueblo no está dispuesto a aportar a la obra entregando al Señor sus diezmos, ofrendas, talentos y dones espirituales. ¿Por qué Dios el Señor soberano y la Majestad del universo, quiere nuestros recursos? Porque quiere que seamos coparticipes de la obra junto con él, lo cual significa que trabajamos y servimos con Dios y que damos testimonio junto a él a un mundo perdido y agonizante.

   “Porque nosotros somos colaboradores de Dios, y vosotros sois labranza de Dios, edificio de Dios” (1 Co. 3:9).

   “Así, pues, nosotros, como colaboradores suyos, os exhortamos también a que no recibáis en vano la gracia de Dios” (2 Co. 6:1).

   Hay dos puntos que es importante considerar.

-a. Todos tenían el privilegio de ofrendar (v. 4). Todos los israelitas tenían la oportunidad de presentar una ofrenda

a Dios. Cada uno de ellos sería parte de la construcción del tabernáculo y sentiría que había hecho un aporte muy especial para la casa de la adoración a Dios. La carga financiera de la iglesia no debe estar puesta sobre los hombros del liderazgo y unos pocos fieles. Todos los creyentes deben aportar al sustento de la iglesia.

-b. El pueblo debía ofrendar voluntariamente, solo desde un corazón generoso (v. 5). Es importante observar que Dios no mandó a recaudar un impuesto para la construcción del tabernáculo. En lo que respecta al sustento financiero de la iglesia y la misión de alcanzar el mundo para Cristo, Dios no nos trata con mano dura. No nos impone un yugo económico pesado, ni pone sobre nuestros hombros una enorme obligación financiera, sino que nos deja decidir y juzgar qué es lo correcto a la hora de ofrendarle. Él quiere que demos voluntariamente, de corazón y con alegría. Veamos qué ofrendó el pueblo para la construcción del tabernáculo:

1) El tipo de metales preciosos correctos (v. 5).

2) Los tipos de telas necesarios (v. 6).

3) Las pieles de animales necesarias (v. 7).

4) El tipo de madera correcto (v. 7).

5) Las clases de aceite, especias e incienso aromático que se precisaban (v. 8).

6) El tipo de piedras preciosas que se necesitaban para el efod y el pectoral (v. 9).

   Pensamiento 1. Dios, busca personas que no sean tacañas ni mezquinas. Él no puede usar a una persona que da con el puño apretado. El ama al dador alegre, que da voluntariamente y de corazón. Dios quiere que el hombre considere que cada ofrenda y aporte a su obra es una inversión eterna que da grandes dividendos.

   “Cada uno con la ofrenda de su mano, conforme a la bendición que Jehová tu Dios te hubiere dado” (Dt. 16:17).

   “Y se alegró el pueblo por haber contribuido voluntariamente; porque de todo corazón ofrecieron a Jehová voluntariamente” (1 Cr. 29:9).

   “Y les dije: Vosotros estáis consagrados a Jehová, y son santos los utensilios, y la plata y el oro, ofrenda voluntaria a Jehová Dios de nuestros padres” (Esd. 8:28).

   “Honra a Jehová con tus bienes, y con las primicias de todos tus frutos” (Pr. 3:9).

   “[…] de gracia recibisteis, dad de gracia” (Mt. 10:8).

   “Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre” (2 Co. 9:7).

   Pensamiento 2. Hay demasiados creyentes que hacen aportes generosos a causas que no tienen un valor eterno, por ejemplo:

  • edificios multimillonarios que se usan solo de una a tres veces a la semana, que se traducen en solo dos a seis horas semanales;
  • programas que suman a los grandes lujos que las personas materialistas ya se estaban dando;
  • ministerios que existen solo para el beneficio financiero de sus empleados.

   Las necesidades son muy grandes y los fondos demasiado preciados para que los creyentes desperdicien las ofrendas del Señor. El mundo se tambalea bajo el peso de las urgentes necesidades que enfrenta y que la iglesia debe suplir (vea notas de Lc. 9:4).

   “Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén” (Mt. 28:18-20).

   “Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura” (Mr. 16:15).

   “Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido” (Lc. 19:10).

   “Entonces Jesús les dijo otra vez: Paz a vosotros. Como me envió [mi] Padre, así también yo os envío” (Jn. 20:21).

   Pensamiento 3. El pueblo fue obediente con sus ofrendas. Observe que no presentaron nada que no estuviera en la lista de materiales de Dios. El pueblo ofrendó exactamente lo que Dios quería de ellos.

   Comentario (2) La ofrenda para el templo, 1ª Crónicas 29:1–9.  El discurso de David ante la asamblea respecto a la construcción del templo está basado estrechamente en la misma clase de discurso hecho por Moisés durante la construcción del tabernáculo (Exo. 25:1–7; 35:4–9, 20–29). Esta similitud no es de pura casualidad. El Cronista quiere demostrar no tan sólo la continuidad entre el tabernáculo y el templo, sino también desea comprobar que David está en la misma tradición sagrada que la de Moisés. Hay una diferencia muy sobresaliente, no obstante. Si bien Moisés ayudó con conceptos, ánimo e inspiración en la construcción del tabernáculo, no tenía gran cosa material (riqueza) con la cual contribuir personalmente. No así con David, pues éste pone a la disposición del pueblo los recursos de toda su tesorería real. Desde luego, por la elección de Dios, también David contribuía a su propio hijo para que éste dirigiera y auspiciara la construcción del templo. David reconoce la importancia de la elección de Dios (v. 1) en el caso de Salomón. Pese a esta convicción muy firme de David, no puede menos que reconocer que el material humano de Salomón dejaba mucho que desear. Su juventud, su inexperiencia, su inmadurez, todas militaban en su contra, pero lo que Salomón no podía hacer, Dios sí lo podía. La edificación sería para Dios y no para los hombres. Cuando vamos a edificar un templo para la adoración a nuestro Dios, ¿cuántas veces reconocemos que el que construye es Dios, y nosotros somos sólo los obreros? Más de una iglesia se ha dividido sobre la construcción de un templo. Más de un pastor se ha tenido que ir de una congregación a otra debido a problemas suscitados en la edificación de un nuevo templo. ¿La razón? ¿No será porque no reconocemos en realidad quién es el que edifica y para quién se edifica?

   En el mismo v. 1 se emplea un término que se traduce en el texto de RVA como templo. Hay una nota al pie que indica que otra traducción es “ciudadela”. Otros traducen el término habbirah 1964 como “palacio”. Se sabe que la palabra es de origen persa, aunque la forma bíblica es hebrea, una especie de transliteración. El término persa se aplicaba al palacio o castillo de residencia de los potentados persas. Es obvio que este término no llegó al vocabulario hebreo hasta el período posexílico. El término sólo se usa en los escritos posexílico (Crónicas, Ester, Nehemías) y también en el libro de Daniel. En todos los casos se emplea para referirse al templo. Claro, el “potentado” en este caso es Dios y ningún rey persa.

A partir del v. 2, David empieza a relatar todos los preparativos hechos personalmente por él para la construcción del templo. Algunos de los materiales almacenados no son fácilmente identificados. Piedras… de diversos colores, p. ej., pueden aludir a piedras de las cuales se hacían ciertas formas de maquillaje femenino para los ojos. Piedras de mármol o sea piedras blancas, tal vez alabastro, serían mate-riales sacados de canteras cerca de Damasco. En 2 Crónicas 3:6 se encuentran algunas indicaciones de cómo se empleaban estas piedras en la construcción del templo. Estos materiales pueden compararse con los listados en 1 Crónicas 22:3 ss.

   La apelación de David a la congregación para lograr sus contribuciones se basa en su propia disposición de dar generosamente de sus propios bienes (v. 3).

   Los vv. 4, 5 detallan lo que David ofrecía personalmente de sus cofres. Según algunos cálculos, la fortuna personal ofrecida por David llegaba a la suma de mas de 60.000.000 de dólares. ¿Será esto un ejemplo más de la tendencia a exageración del Cronista? Algunos opinan que esta cantidad no puede ser real, porque simplemente esa cantidad de dinero no estaría disponible durante este marco histórico. Puede ser que la misma tradición levítica haya contribuido estas cifras o, en su defecto, puede que el mismo Cronista simplemente sugería una cantidad que se consideraba digna. Sea cual fuere la verdadera situación histórica, se sabe que el Cronista no se encontraría cómodo con una sencilla fabricación engañosa. Su propósito nunca era engañar sino comunicar una verdad teológica. Dios era digno de lo máximo de parte de sus seguidores. ¿No tendríamos que decir lo mismo?

   Cuando David pregunta a la congregación: … quién de vosotros se consagrará hoy a Jehovah…?, emplea una expresión hallada en Éxodo 32:29. En el texto previo se hace referencia a los hijos de Leví cuando éstos se hacen aliados de Moisés después del pecado del pueblo con la fabricación del becerro de oro. El verbo “consagrar” tanto en el texto en Exodo como en el pasaje bajo consideración se traduce lit. “llenar las manos”. La misma expresión se utilizaba cuando la ordenación de sacerdotes. En este contexto, a los miembros de la congregación se les está pidiendo que se consagren al igual que los sacerdotes. Su tarea es tan sagrada como la de los sacerdotes. Dado el concepto del Cronista respecto al papel de los sacerdotes levíticos, esta expresión no es nada menos que sorprendente. Tal es su amor por el templo, no obstante, que se explica dentro del contexto histórico.

   La respuesta de la congregación no se hizo esperar (vv. 6–8). Entre las cantidades enormes de dinero que se recaudaron había una cifra un tanto irregular. Se mencionan 10.000 dracmas de oro. Estas eran monedas persas con un valor en dólares de 56.000. Es digno de notarse que estas monedas persas no se acuñaban hasta 515 a. de J.C. durante el reinado de Darío I. Desde luego, esto representa un anacronismo, o sea se habla de una moneda que no existía en los días de David. Sí existía durante los días del Cronista. Se nota que todas las demás sumas se dan en talentos, o sea moneda hebrea, durante el reinado de David. El hecho de que la cantidad en dracmas es muy razonable y las cantidades en talentos muy exageradas (ver notas de RVA) puede atribuirse a que el Cronista entendía muy bien el valor de una dracma. Puede que no haya entendido perfectamente el valor relativo del talento durante el reinado de David; por ende, las sumas tan exageradas. Fuesen las cantidades las que fueran, el resultado es digno de reconocerse. Tanto el pueblo como David se alegraban por haberse dado voluntariamente a la causa del Señor (v. 9). Es cierto que Dios ama al dador alegre (2 Cor. 9:7). Es más cierto aún que las ofrendas voluntarias sólo se dan cuando la gente da de sí mismo a Dios primero (2 Cor. 8:5).

Joya bíblica

Y ahora, ¿quién de vosotros se consagrará hoy a Jehovah, haciendo una ofrenda voluntaria? (29:5).

La ofrenda para el templo

29:1–9

   Recuerdo vivamente cuando me relataron cómo una iglesia del Paraguay decidió construir un salón de usos múltiples en las adyacencias del templo. La obra era grande, pero el líder de esa congregación tenía una visión aún mayor. Desafió varias veces a la iglesia, hasta que se citó a una reunión final. Durante la misma, siguió el mismo procedimiento de Moisés y de David. Dijo: “aquí va un millón de guaraníes (cerca de 600 dólares, equivalentes a dos sueldos mínimos). ¿Cuál va a ser la ofrenda de los hermanos?” David dio el puntapié inicial ofrendando, emocionado, más allá de sus fuerzas. Esto fue suficiente para motivar al pueblo a ofrendar voluntariamente. Esto puede dejarnos dos verdades prácticas: Todo líder que demande algo de su congregación, debe dar el ejemplo primero.  Ofrendar voluntariamente trae alegría al corazón (2 Cor. 9:7)

Amén, para honra y gloria de Dios.

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Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.

 

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