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Domingo 11 de agosto de 2019: “El cristiano falso y chismoso es abominable a Jehová”

Domingo 11 de agosto de 2019: “El cristiano falso y chismoso es abominable a Jehová”

Lección: Éxodo cap. 23, versículos 1 al 6. No admitirás falso rumor. No te concertarás con el impío para ser testigo falso. No seguirás a los muchos para hacer mal, ni responderás en litigio inclinándote a los más para hacer agravios; ni al pobre distinguirás en su causa. Si encontrares el buey de tu enemigo o su asno extraviado, vuelve a llevárselo. Si vieres el asno del que te aborrece caído debajo de su carga, ¿le dejarás sin ayuda? Antes bien le ayudarás a levantarlo. No pervertirás el derecho de tu mendigo en su pleito.

   Comentario: Leyes sobre la justicia y la misericordia en a corte y entre miembros del pueblo (Ex. 23:1-6)

   (Éxodo 23:1-6) Introducción: Una de las instituciones más importantes de la sociedad es su sistema legal. La corte debe ser un refugio donde reinen la verdad y la justicia. El propósito de los tribunales de justicia es:

  • ejecutar justicia y verdad (ambas igual de importantes);
  • imponer la protección y la compasión;
  • buscar la verdad completa, imparcial y sin partidismos;
  • mediar entre dos partes que acuden con distintos intereses y por distintos motivos;
  • impartir justicia a todos;
  • reconciliar dos posturas diferentes y traer paz entre ellos por el bien de la sociedad y de las partes involucradas.

   Cuando las autoridades de los tribunales son hombres y mujeres honorables que aplican la ley con justicia, la nación prospera. Por el contrario, cuando la ley no se administra con justicia, las naciones caen rápidamente en el caos moral y político. Dios advierte tanto a Israel como a las generaciones futuras que se guarden de la corrupción judicial. De eso trata el presente pasaje: Las leyes sobre la justicia y la misericordia en la corte y entre miembros del pueblo

(Ex. 23:1-9).

  1. Ley sobre las calumnias: no dar falso testimonio (vv. 1-3).
  2. Ley sobre cómo tratar a los enemigos (w. 4-5).
  3. Ley sobre la justicia hacia el pobre (w. 6-7).

“Texto: Levítico cap. 19, versículo 16. No andarás chismeando entre tu pueblo. No atentarás contra la vida de tu prójimo. Yo Jehová”.

1er Titulo:

Cuidando De No Ser Engañados Por Malos Elementos. Versíc. 1 al 3. No te concertarás con el impío para ser testigo falso. No seguirás a los muchos para hacer mal, ni responderás en litigio inclinándote a los más para hacer agravios; ni al pobre distinguirás en su causa.

   Comentario:(Éxodo 23:1-3) Israel, ley de — obediencia — falso testimonio — calumnia: Una de las leyes trataba de las calumnias. El hombre no debe dar falso testimonio ni rumores engañosos. El falso testimonio es una mentira. Este pasaje trata específicamente de las situaciones que tenían lugar frente a un tribunal, pero es aplicable a los sucesos del día a día. Nadie debe dar falso testimonio ni mentir frente a un tribunal de justicia jamás. Del mismo modo, las personas tampoco deben contar rumores falsos en sus conversaciones cotidianas. El hombre no debe mentir en ningún momento de su caminar diario. En las cortes occidentales, todo testigo al que se llama al estrado, antes de declarar, debe jurar una sola cosa: “decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad”. Las raíces de este principio universal de decir toda la verdad se remontan a esta porción crucial de las Escrituras. Sin las restricciones que impone esta ley, cualquier persona podría tergiversar la verdad según su voluntad e inventar mentira tras mentira para su propia conveniencia, a costas de personas inocentes. Sinceramente, sin esta ley, la justicia y la equidad serían un chiste, ya que las personas tergiversarían la verdad para salirse con la suya y obtener más y más de lo que sea que quieran. Además, los ricos y poderosos podrían pagarles a otras personas para que testifiquen a su favor. No habría verdadera Justicia sin esta ley, que prohíbe la calumnia y el perjurio, el falso testimonio y la mentira, frente a un tribunal de justicia y en las situaciones del día a día. La ley describe cuatro normas generales que deben aplicarse a todas las situaciones según corresponda.

   (a). Primer caso: ninguna persona debe prestar falso testimonio por conveniencia propia (v. 1). A lo largo de la vida, muchas veces se nos llama a rendir cuentas por algo que hicimos o dijimos. Padres, maestros, vecinos, amigos, colegas, jefes o Jueces nos piden que relatemos lo sucedido en determinada ocasión. La situación es tensa, la presión emocional es grande, nos sentimos agobiados y estresados; no obstante, tenemos que rendir cuentas de lo que sabemos. Esta ley, la Palabra de Dios, nos dice en términos inequívocos que no debemos dar falso testimonio a nuestro propio favor.

   “Por lo cual, desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo; porque somos miembros los unos de los otros” (Ef. 4:25).

   “No mintáis los unos a los otros, habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos” (Col. 3:9).

   “El labio veraz permanecerá para siempre; más la lengua mentirosa sólo por un momento” (Pr. 12:19).

   “El testigo falso no quedará sin castigo, y el que habla mentiras no escapará” (Pr. 19:5).

   “El testigo falso no quedará sin castigo, y el que habla mentiras perecerá” (Pr. 19:9).

   “Destruirás a los que hablan mentira; al hombre sanguinario y engañador abominará Jehová” (Sal. 5:6).

   “Amontonar tesoros con lengua mentirosa es aliento fugaz de aquellos que buscan la muerte” (Pr. 21:6).

   “Sus ricos se colmaron de rapiña, y sus moradores hablaron mentira, y su lengua es engañosa en su boca” (Mi. 6:12).

   “Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda” (Ap. 21:8).

    La única esperanza para el mentiroso es confesar su pecado, volverse a Cristo, dejar atrás el hábito de mentir y aprender a decir siempre la verdad.

   “En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia” (Ef. 1:7).

   “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Jn. 1:9).

   (b). Segundo caso: ninguna persona debe prestar falso testimonio para favorecer al impío (v. 1). Este punto está dirigido a quienes se ven tentados a trabar amistad con personas malvadas. En lugar de alzarse en defensa de la verdad, algunos cauterizan su conciencia y se aferran a una mentira. Observe la variedad de interpretaciones que encontramos en distintas traducciones de este versículo en particular.

Þ La versión Palabra de Dios para todos dice:

   “No digas mentiras de los demás. Si vas a ser testigo en un juicio, no te asocies con el perverso para dar testimonios falsos” (Ex. 23:1).

Þ La Nueva Versión Internacional dice:

   “No divulgues informes falsos. No te hagas cómplice del malvado ni apoyes los testimonios del violento” (Ex. 23:1).

Þ La traducción en lenguaje actual dice:

   “No mientan ni den informes falsos que ayuden al malvado a engañar a los jueces” (Ex. 23:1).

   ¿Por qué querría alguien cooperar con una persona malvada? ¿Por qué querría alguien proteger al impío mintiendo por él?

Þ por la promesa de una recompensa económica (soborno);

Þ por el riesgo que implica testificar en contra de personas poderosas e influyentes;

Þ por falta de fortaleza moral.

   Pensamiento 1. La Biblia nos advierte que no entablemos ningún tipo de relación con el impío. Si una persona rechaza el consejo de Dios, pone varias cosas en riesgo.

(1) El carácter del creyente peligra.

   “No erréis; las malas conversaciones [conductas] corrompen las buenas costumbres [carácter]” (1 Co. 15:33).

   “Más bien os escribí que no os juntéis con ninguno que, llamándose hermano, fuere fornicario, o avaro, o idólatra, o maldiciente, o borracho, o ladrón; con el tal ni aun comáis” (1 Co. 5:11).

   “No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas?” (2 Co. 6:14).

   “No tengas envidia de los hombres malos, ni desees estar con ellos” (Pr. 24:1).

(2) El caminar del creyente en la vida peligra.

   “Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado” (Sal. 1:1).

   “No entres por la vereda de los impíos, ni vayas por el camino de los malos” (Pr. 4:14).

   (c). Tercer caso: nadie debe dar falso testimonio para ayudar a personas que traman hacer el mal (v. 2). Individuos y grupos siempre están tramando planes para obtener más y más beneficios a su favor:

  • distorsionando los hechos;
  • engañando a las personas;
  • manipulando las situaciones;
  • estafando a las personas;
  • mintiendo;
  • conspirando contra otros;
  • exagerando;
  • ofreciendo falsas oportunidades;
  • escondiendo o camuflando la verdad.

   Sin embargo, la ley es clara: el hombre jamás debe unirse a ninguna de estas personas para dar un falso testimonio, sin importar lo que le ofrezcan.

   Pensamiento 2. La lección es clara: jamás debemos seguir a la multitud si ellos mienten y dan falso testimonio. De hecho, la Palabra de Dios dice de una forma directa y terminante: jamás debemos seguir a la multitud para hacer ninguna clase de mal, sin importar de qué se trate y sin importar lo mucho que parezca que nos puede beneficiar hacerlo.

   “Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado” (Sal. 1:1).

   “No entres por la vereda de los impíos, ni vayas por el camino de los malos” (Pr. 4:14).

   “No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas?” (2 Co. 6:14).

   “Por lo cual, salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, y no toquéis lo inmundo; y yo os recibiré, y seré para vosotros por Padre, y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso” (2 Co. 6:17-18).

   (d). Cuarto caso: nadie debe dar falso testimonio mostrando favoritismo hacia el pobre en un tribunal de justicia (v. 3). Este punto tenía por finalidad llamar la atención de los jueces y advertirles que no se dejen llevar por sentimentalismos hacia el pobre ni muestren favoritismos hacia él solo porque está atravesando una situación de pobreza extrema. No importa lo terrible o conmovedora que pueda ser la necesidad de una persona, su pobreza no debe ser un peso que incline la balanza a su favor e influya sobre la decisión del juez. La pobreza jamás debe volverse un factor que corrompa la justicia. La justicia, la protección del inocente, es la única estructura que puede mantener unida a la sociedad. Para que ella subsista, las personas tienen que recibir protección y un trato justo. Por lo tanto, sea uno rico o pobre, local o extranjero, amigo o enemigo, no debe haber parcialidad a la hora de ejecutar justicia. Una justicia corrompida jamás decide lo correcto, sino que permanece en el error.

   “Disputas necias de hombres corruptos de entendimiento y privados de la verdad, que toman la piedad como fuente de ganancia; apártate de los tales” (1 Ti. 6:5).

   “La justicia, la justicia seguirás, para que vivas y heredes la tierra que Jehová tu Dios te da” (Dt. 16:20).

   “Defended al débil y al huérfano; haced justicia al afligido y al menesteroso” (Sal. 82:3).

   “Hacer justicia y juicio es a Jehová más agradable que sacrificio” (Pr. 21:3).

   “Así dijo Jehová: Guardad derecho, y haced justicia; porque cercana está mi salvación para venir, y mi justicia para manifestarse” (Is. 56:1).

2° Titulo:

Haciendo El Bien A Todos, Aun A Nuestros Enemigos. Versíc. 4 y 5. Si encontrares el buey de tu enemigo o su asno extraviado, vuelve a llevárselo. Si vieres el asno del que te aborrece caído debajo de su carga, ¿le dejarás sin ayuda? Antes bien le ayudarás a levantarlo.

    Comentario: (Éxodo 23:4-5) ley civil — enemigos, tratamiento de los — represalia — venganza: Israel también contaba con una ley sobre cómo tratar a los enemigos. De todas las leyes que se han escrito jamás, esta es una de las más peculiares y, sin duda, una de las más difíciles de entender para el ser humano. Leamos lo que dice sobre cómo tratar a nuestros enemigos:

   (a). Si una persona encontraba un bien que su enemigo había perdido, debía devolvérselo (V. 4). Para todos es una ley difícil de obedecer. No importa quién sea la persona, es difícil devolver un bien a un enemigo. La tendencia del corazón humano es a:

  • hacer caso omiso de lo que vio (sea dinero o alguna posesión) y dejar que el dueño lo encuentre por sus propios medios;
  • esconder los bienes para que al dueño le sea aún más difícil encontrarlos;
  • destruir esos bienes para que su enemigo no los pueda recuperar;
  • robar los bienes que encontró y apropiárselos para su uso personal.

   Ahora bien, veamos las claras instrucciones que nos da la ley: la persona que encontrara los bienes de su enemigo tenía prohibido quedárselos o hacer de cuenta que no los vio. Por el contrario, debía ir más allá, caminar “la segunda milla” y llevarle a su enemigo sus bienes en persona.

   (b). Si una persona veía que su enemigo necesitaba ayuda, tenía que ir en persona a ayudarlo (v. 5). Piense en lo difícil que era aceptar y cumplir esta ley. Imagine la escena: una persona habla mal de otra 0 hace algún mal en su contra, como, por ejemplo:

Þ calumniarla o mentir en su contra;

Þ robarle;

Þ atacarla o agredirla, a la misma persona o a un ser querido;

Þ maltratarla o insultarla de alguna manera;

Þ dañar o destruir alguno de sus bienes.

   A pesar de todo, al ver que su enemigo necesitaba ayuda, esa persona debía acercarse en persona y ayudarlo. Esta ley presenta al hombre una idea distinta de lo que él siente deseos de hacer. El hombre normalmente prefiere pasar por alto a su enemigo o vengarse de él. Sin embargo, la ley dice claramente que el hombre debe hacer el bien a sus enemigos.

    Pensamiento 1. Siempre debemos recordar que todos podemos ser amables con quien es amable con nosotros. Es fácil amar a un amigo, pero con el enemigo la situación cambia totalmente. El mandato de amar a nuestros enemigos es uno de los rasgos más distintivos del verdadero seguidor del Señor viviente. Las Escrituras nos dicen una y otra vez:

Þ Debemos amar a nuestros enemigos.

   “Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen” (Mt. 5:44).

Þ Debemos bendecir a los que nos maldicen.

   “Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen” (Mt. 5:44).

Þ Debemos hacer bien a quienes nos aborrecen.

   “Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen” (Mt. 5:44).

Þ Debemos orar por las personas que nos ultrajan y nos persiguen.

   “Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen” (Mt. 5:44).

Þ No debemos alegramos cuando un enemigo cae.

   “Cuando cayere tu enemigo, no te regocijes, y cuando tropezare, no se alegre tu corazón” (Pr. 24:17).

Þ Debemos darle de comer y de beber a nuestro enemigo si está pasando necesidad.

   “Si el que te aborrece tuviere hambre, dale de comer pan, y si tuviere sed, dale de beber agua” (Pr. 25:21).

   “Así que, si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer; si tuviere sed, dale de beber; pues haciendo esto, ascuas de fuego amontonarás sobre su cabeza” (Ro. 12:20).

Þ Debemos amontonar actos de bondad sobre la cabeza de nuestros enemigos.

   “Porque ascuas amontonarás sobre su cabeza, y Jehová te lo pagará” (Pr. 25:22).

3er Titulo:

Amparando El Derecho Del Necesitado. Versic. 6-7. No pervertirás el derecho de tu mendigo en su pleito. De palabra de mentira te alejarás, y no matarás al inocente y justo; porque yo 1o justificaré al impío.

   Comentario: (Éxodo 23:6-7) ley civil -justicia — pobre, tratamiento del — Israel, ley de: Una de las leyes trataba de la justicia hacia el pobre. Desde los principios de la historia, todas las sociedades han estado plagadas de personas pobres. Siempre ha habido personas que apenas logran ganarse la vida, personas que tienen poco para comer, poco para vestir y una casa muy precaria, si es que tienen algún tipo de vivienda siquiera. No obstante, mucho más trágica es la realidad de los millones que no tienen absolutamente nada. Están tan sumidos en la miseria que literalmente mueren de hambre o por la falta de un lugar donde refugiarse frente a las inclemencias del clima o los desastres naturales, tales como un ciclón o un huracán.

Las personas pobres suelen ser las que:

  • sufren la explotación laboral por un salario muy bajo;
  • la sociedad descuida y pasa por alto;
  • padecen manipulación y abusos;
  • acaban siendo víctimas de prejuicios y discriminación;
  • reciben educación insuficiente y un entrenamiento no especializado;
  • sufren el robo y la Violencia.

    Ahora bien, esta ley es clara y directa: tiene que haber justicia para el pobre. La sociedad debe garantizarle justicia y equidad ante la ley.

   No importa lo rico o pobre que sea un hombre, la ley debe tratarlo con justicia y dignidad. Hay cuatro puntos distintivos que componen esta ley:

   (a). No se le debe negar justicia al pobre (V. 6). La falta de dinero no debe ser un factor que juegue en contra suya frente a un tribunal de justicia. En muchas sociedades, los ricos pueden comprar a la justicia, mientras que el pobre no tiene cómo defenderse. Puesto que no puede comprar a la justicia, normalmente es la parte más castigada por la ley. Estas palabras de la ley mosaica tenían por finalidad garantizar la justicia al pobre.

   (b). No se debe acusar al pobre falsamente (V. 7). Los jueces deben asegurarse de que los hechos respalden los cargos formulados en contra del pobre. ¿Por qué? Porque cuando un hombre es acusado falsamente:

  • se ve obligado a defenderse por algo que no hizo;
  • puede perder todo lo que tiene y caer en la bancarrota;
  • pierde su buena reputación y en muchos casos su empleo;
  • tiene que darle explicaciones a su familia y a sus amigos sobre por qué es inocente.

   (c). No se debe condenar a muerte al pobre si es inocente y honesto (V. 7). Una de las más grandes tragedias jamás vistas es la ejecución de un hombre inocente por un crimen que no cometió. Los jueces deben actuar con mucha cautela antes de sentenciar a muerte a un hombre. Deben tener la plena certeza de que ese hombre es culpable del crimen del que se lo acusa.

   (d). La razón: Dios juzgará al injusto (v. 7). El propósito de esta ley era asegurarse de que se hiciera justicia y que los jueces actuaran sin parcialidades ni prejuicios hacia el pobre. Dios prometió que no tardaría en derramar su juicio sobre quienes juzgaran de la forma errónea. El espera mucho de quienes ocupan un cargo de autoridad.

   “No harás injusticia en el juicio, ni favoreciendo al pobre ni complaciendo al grande; con justicia juzgarás a tu prójimo” (Lv. 19:15).

   “Defended al débil y al huérfano; haced justicia al afligido y al menesteroso” (Sal. 82:3).

   “El que cierra su oído al clamor del pobre, también él clamará, y no será oído” (Pr. 21:13).

   “Del rey que juzga con verdad a los pobres, el trono será firme para siempre” (Pr. 29:14).

   “El juzgó la causa del afligido y del menesteroso, y entonces estuvo bien. ¿No es esto conocerme a mí? dice Jehová” (Jer. 22:16).

   “Examinadlo todo; retened lo bueno” (1 Ts. 5:21). 

Amen, para la gloria de Dios.

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Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.

 

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