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Domingo 1 de agosto de 2021“Institución Del Sustento Del Siervo De Dios Y Su Familia”

Domingo 1 de agosto de 2021“Institución Del Sustento Del Siervo De Dios Y Su Familia”

   Lección: Levítico Cap. 7, versículos 33 al 38. 33El que de los hijos de Aarón ofreciere la sangre de los sacrificios de paz, y la grosura, recibirá la espaldilla derecha como porción suya. 34Porque he tomado de los sacrificios de paz de los hijos de Israel el pecho que se mece y la espaldilla elevada en ofrenda, y lo he dado a Aarón el sacerdote y a sus hijos, como estatuto perpetuo para los hijos de Israel. 35Esta es la porción de Aarón y la porción de sus hijos, de las ofrendas encendidas a Jehová, desde el día que él los consagró para ser sacerdotes de Jehová, 36la cual mandó Jehová que les diesen, desde el día que él los ungió de entre los hijos de Israel, como estatuto perpetuo en sus generaciones. 37Esta es la ley del holocausto, de la ofrenda, del sacrificio por el pecado, del sacrificio por la culpa, de las consagraciones y del sacrificio de paz, 38la cual mandó Jehová a Moisés en el monte de Sinaí, el día que mandó a los hijos de Israel que ofreciesen sus ofrendas a Jehová, en el desierto de Sinaí.

    Comentario: Aarón, sus hijos y los sacerdotes recibieron el pecho y el muslo como su porción de la ofrenda de paz. El pecho nos habla del amor de Cristo hacia nosotros. Este amor está expresado especialmente en 3 pasajes Bíblicos. 1) en la carta del apóstol Pablo a los Romanos 5:8, que dice: Dios demuestra su amor para con nosotros, en que, siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. 2) en otra carta del apóstol Pablo, la dirigida a los Gálatas 2:20, en la que el autor dijo de Cristo: me amó y se entregó a sí mismo por mí. Y 3), en el Evangelio de Juan 13:1, donde el escritor, hablando también de Jesús expresó lo siguiente: habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin.

    El muslo nos habla de la fuerza y el poder de Cristo, quien es capaz de salvar completamente y hasta las últimas consecuencias. En tal sentido se expresó el evangelista Juan en 10:27-30: Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco y me siguen; y yo les doy vida eterna y jamás perecerán, y nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano del Padre. Yo y el Padre somos uno.

Realmente, él ama a los que le pertenecen con un amor eterno. Así como los sacerdotes tenían su porción, ese amor y esa salvación constituyen nuestra porción en Cristo.

    Todos estos sacrificios del Antiguo Testamento no eran un fin en sí mismos. Los creyentes del Antiguo Testamento se salvaban por la fe, tal como nosotros, los creyentes de esta época, nos salvamos también por la fe. El Salmo 4:5, les decía a aquellos creyentes, y a nosotros: Ofreced sacrificios de justicia, y confiad en el Señor. A Dios le agradaba cuando los sacrificios eran traídos con fe y una actitud de gratitud. (Salmos 50:12-15 y 51:19). Y, por el contrario, como expresó el profeta Malaquías en 1:7-14, a Dios le desagradaba cuando los sacrificios eran presentados con una rutina monótona por personas que, en su impureza, profanaban el significado espiritual de los mismos.

   Todos los sacrificios del Antiguo Testamento requerían un modelo más perfecto, que llegaría con la persona de Cristo en su primera venida a este mundo. El autor de la carta a los Hebreos 9:28, destacó las dimensiones presentes y futuras de Cristo, y dijo literalmente que habiendo sido ofrecido una vez para llevar los pecados de muchos, aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvación de los que ansiosamente le esperan.

Finalmente, leamos los versículos 35 al 38:

   Y de esta manera, Dios resumió en este último párrafo las instrucciones entregadas a Aarón, que fue el primer Sumo Sacerdote, y a los sacerdotes, sobre la ley de las ofrendas, expuesta en los capítulos 6 y 7 de este libro de Levítico.

   Y ya que en este programa hemos hablado de la ofrenda de cereal, quisiera terminar recordando el incidente, relatado en el Evangelio de Juan 12, entre Jesús y unos griegos que habían venido a verle. En aquella ocasión el Señor, para explicar Su persona y Su misión en la tierra, utilizó la analogía del grano de trigo que cae en la tierra, muere y produce un fruto abundante, enseñando que era necesaria la muerte del grano para que hubiese cosecha. La analogía del trigo (v. 24), ilustra el siguiente principio paradójico: la muerte es el camino hacia la vida. En el caso de Jesús, Su muerte le condujo a la vida y a la gloria. Y no solo a El sino a otros muchos, entre los cuales podrías encontrarte tú, estimado oyente, si confías en el único Salvador, el Señor Jesús.

Texto: “Y lo que resta de la ofrenda será de Aarón y de sus hijos; es cosa santísima de las ofrendas que se queman para Jehová”. (Levítico 2:3).

   Comentario: Se hace recaer el énfasis sobre el hecho que esta ofrenda era quemada sobre el altar, aunque no se derramaba sangre en relación con la misma. Se ponía un gran énfasis sobre el fuego (como puede verse en los versículos 2, 9, 16 y en el capítulo 6:15, 17, 18).

   El v. 3 presenta una diferencia entre el holocausto y la ofrenda vegetal: en la ofrenda vegetal una parte está apartada como comida para los sacerdotes. Este versículo dice que es lo más sagrado de las ofrendas quemadas a Jehovah (v. 2). Algunos dicen que la diferencia entre “la ofrenda más sagrada” y “la ofrenda sagrada” (o menos sagrada) es que los sacerdotes deben comer la más sagrada en el templo mismo, pero pueden comer la otra en su casa o en cualquier lugar.

1er Titulo: Justa retribución para el sacerdote al presentar la ofrenda. Versíc. 33 y 34. 33El que de los hijos de Aarón ofreciere la sangre de los sacrificios de paz, y la grosura, recibirá la espaldilla derecha como porción suya. 34Porque he tomado de los sacrificios de paz de los hijos de Israel el pecho que se mece y la espaldilla elevada en ofrenda, y lo he dado a Aarón el sacerdote y a sus hijos, como estatuto perpetuo para los hijos de Israel. (Léase Filipenses 4:10 al 38. En gran manera me gocé en el Señor de que ya al fin habéis revivido vuestro cuidado de mí; de lo cual también estabais solícitos, pero os faltaba la oportunidad. No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece. Sin embargo, bien hicisteis en participar conmigo en mi tribulación. Y sabéis también vosotros, oh filipenses, que, al principio de la predicación del evangelio, cuando partí de Macedonia, ninguna iglesia participó conmigo en razón de dar y recibir, sino vosotros solos; pues aún a Tesalónica me enviasteis una y otra vez para mis necesidades. No es que busque dádivas, sino que busco fruto que abunde en vuestra cuenta. Pero todo lo he recibido, y tengo abundancia; estoy lleno, habiendo recibido de Epafrodito lo que enviasteis; olor fragante, sacrificio acepto, agradable a Dios).

   Comentario del versículo 33 y 34: El procedimiento fue así: La persona que traía la ofrenda mataba su propio animal y lo traía al sacerdote. El mismo ciudadano que traía la ofrenda ponía su mano en la mano del sacerdote y juntos ellos levantaban la ofrenda hacia Jehovah. Después, el sebo era quemado sobre el altar y los sacerdotes comían el pecho como su parte del sacrificio. (Era así en el templo en el día de Cristo.) El v. 33 indica que el muslo derecho era para los sacerdotes que participaban en el sacrificio, pero el resto del animal (el pecho y el otro muslo) era comido por todos los sacerdotes.

   Comentario. 1. Comienza la nota de gratitud. El testimonio: el secreto aprendido.

   [10]. Uno de los propósitos de Pablo al escribir a los filipenses fue el de expresar por escrito su gratitud por el donativo “Este mensaje de gratitud es una rara combinación de afecto, de dignidad, de delicadeza y un cierto tono de humor. Es la encarnación de la cortesía cristiana ideal”.

   Comienza así: En gran manera me gozo en el Señor de que ya al fin habéis reavivado vuestra preocupación por mi bienestar. En verdad, este afecto, este interés que desde hacía tiempo había estado aparentemente muerto, como los árboles en invierno, ahora revivía. Y exactamente como los árboles echan sus nuevos brotes en primavera, por medio de los cuales prueban que están vivos, así también el interés de los filipenses por Pablo había hallado por fin la forma de manifestarse y demostrarse concretamente. El apóstol no sólo se goza “en el Señor”, movido por las sublimes consideraciones que entraña su íntima unión con él, sino que, en atención a lo que este donativo significa, se goza grandemente. Para evitar un malentendido, Pablo continúa: Relacionado con esto, estabais en verdad preocupados, pero no teníais oportunidad de manifestarlo. Cuando Pablo dice “esto”, se refiere a su bienestar. Tan pronto como llegó a Filipos la noticia del encarcelamiento de Pablo, surgió el deseo de “hacer algo” por él. Al principio no se presentó una oportunidad favorable, quizás porque no hubiera disponible ningún mensajero para enviar, o quizás porque, por una razón u otra, no se hubieran podido recaudar los donativos de los miembros. Decimos esto como muestra de los muchos motivos que pudo haber. De cualquier forma, pasó tiempo antes de que se presentara la oportunidad. Mas tan pronto como cambió la situación, los filipenses obraron con su característico entusiasmo y devoción.

   [11]. Pablo fue profuso en su alabanza. Dijo: “En gran manera me gozo”. Y aquí también es posible que hubiera una mala interpretación. Podría decirse: “¿No es una señal de debilidad en Pablo el dejarse llevar por tales arrebatos por los bienes terrenales, como si fuera un niño al que se le hubiera dado un juguete nuevo? ¿O eran sus palabras expresión de su extrema necesidad, una especie de queja como queriendo decir: ¿Enviadme pronto otro donativo, por favor?” Para prevenir cualquier inferencia de este tipo, el apóstol continúa: No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme en cualquier circunstancia en que me encuentre. Quiere decir: “Ni la verdadera razón ni la medida de mi gozo deben atribuirse a que mis necesidades materiales han sido satisfechas. Por el contrario, a pesar de las circunstancias, sé estar satisfecho. La experiencia de mi conversión y las subsiguientes pruebas por amor de Cristo y su evangelio, me han enseñado una lección. El camino recorrido me ha llevado cada vez más cerca de Cristo, de su amor y de su poder; sí, más cerca de Cristo y del contentamiento en él. Este contentamiento es mi riqueza”.

   [12]. Es necesario notar que este contentamiento o suficiencia espiritual (véase 1 Ti. 6:6) no proviene de los recursos que el alma tenga en sí misma. Pablo no es ningún vanidoso fanfarrón para que exclame: “Yo soy el capitán de mi alma”. Tampoco es un estoico que, confiando en sus propios recursos, y supuestamente imperturbable ante el placer o el dolor, se afane con todas sus fuerzas en soportar sin una sola queja su irremediable necesidad. No, el apóstol no es una estatua, sino un hombre de carne y hueso. Él sabe lo que es el gozo y la aflicción, más a pesar de ello sabe estar contento. Mas su contentamiento tiene su fuente no en sí mismo sino en Otro. La verdadera fuente o manantial de la suficiencia espiritual de Pablo, fuente que jamás se secará sean cuales fueren las circunstancias, se menciona en el v.13. En relación a lo dicho, Pablo continúa: Sé pasar necesidad y sé vivir en la abundancia; en toda situación he aprendido el secreto, tanto de estar saciado como de tener hambre, tanto de tener abundancia como de padecer necesidad.

   Pablo ha aprendido el secreto (único ejemplo neotestamentario de este verbo, que guarda relación con el vocablo misterio). Él ha sido ampliamente iniciado en ello por las experiencias de la vida aplicadas al corazón por el Espíritu Santo. Dios revela este misterio a los que le temen (Sal. 25:14). Los que no conocen a Cristo no pueden comprender cómo es posible que el cristiano permanezca confiado en la adversidad y humilde en la prosperidad.

   Las palabras de este pasaje que necesitan alguna aclaración son las siguientes:

pasar necesidad

    Muchas veces Pablo había llegado a conocer lo que era “estar humillado” (el mismo verbo se emplea con relación a Cristo en Fil. 2:8: “Se humilló a sí mismo”). Él sabía realmente lo que era pasar necesidad, según vemos claramente de los pasajes siguientes: Hch. 14:19; 16:22– 25; 17:13; 18:12; 20:3; capítulos 21–27; 2 Co. 4:11; 6:4, 5; 11:27, 33. Él sabía lo que era el hambre, la sed, el ayuno, el frío, la desnudez, los sufrimientos físicos, la tortura mental, la persecución, etc.

tener hambre

   El hambre y la sed a menudo se mencionan juntas (Ro. 12:20; 1 Co. 4:11; 2 Co. 11:27; y en un sentido espiritual, Mt. 5:6). En la gloria no habrá ni la una ni la otra (Ap. 7:16), pues Cristo sufrió ambas cosas por sus hijos (Lc. 4:2).

padecer necesidad

   El apóstol frecuentemente no llegaba a tener lo necesario. Tantas cosas le faltaban, que su situación entraba dentro de la más absoluta penuria. Mas ninguna de estas cosas lo privó de su contentamiento.

   En contraste con las expresiones de pobreza y aflicción están las que se refieren a riqueza y a gloria.

vivir en la abundancia

   Antes de su conversión Pablo era un prominente fariseo. El futuro se le presentaba brillante y prometedor. Había tenido abundancia, y esto en varios aspectos. Sin embargo, le faltaba el tesoro más preciado: la paz que Cristo trae al alma. También después de su conversión tuvo momentos placenteros; conoció, en cierto sentido, lo que era la abundancia (Hch. 16:15, 40; 16:33, 34; 20:11; 28:2; Fil. 4:15, 16, 18); más ahora no sólo en relación con lo material, sino también con la paz del alma. Empero, ¡cuán difícil es conducirse como es debido cuando se está rodeado de riquezas! (Pr. 30:8; Mr. 10:23–25). Como dice el adagio: “Para llevar la medida llena hasta el borde, hay que tener mucho pulso”. Pablo, sin embargo, por la gracia del Espíritu Santo había aprendido a tener abundancia y a padecer necesidad. estar saciado

   Esta palabra, saciar (o saciarse), aunque al principio se aplicaba al hecho de dar de comer y cebar los animales (de cuyo significado tenemos un eco en Ap. 19:21: “Todas las aves se saciaron de las carnes de ellos”), y después se dijo de los hombres en sentido despectivo, por parte de los poetas cómicos, fue perdiendo poco a poco ese matiz y usándose, como en el presente caso, en contraposición a tener hambre, o sea, significando abundancia o hartura.

   [13]. Así pues, Pablo dice que, bajo todas las circunstancias, tanto generales como particulares, ha aprendido el secreto del contentamiento. La fuente que explica esta suficiencia espiritual, o sea, la Persona que le enseñó y continuamente le enseña este secreto, está indicada en las palabras: Todo lo puedo en aquel que me fortalece. ¡Maravilloso testimonio, en verdad! Todo cuanto sea necesario, Pablo lo puede hacer, al estar en Cristo (Fil. 3:9), por la presencia del Espíritu de Cristo que mora en él, y por la acción de dicho Espíritu mediante la fe, en vital unión e íntima comunión con su Señor y Salvador. La gracia de Cristo le basta y Su potencia habita en él (2 Co. 12:9). Este maravilloso Ayudador está a su lado (2 Ti. 4:17) para ser su gran Fortalecedor (1 Ti. 1:12). El Señor es para Pablo fuente de sabiduría, de ánimo y de vigor, que lo fortalece en todas sus necesidades, por lo cual él puede decir: “Por lo cual, me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte” (2 Co. 12:10).

4:14–18

  1. Se resume y completa la nota de gratitud

   La nota de gratitud (del v. 10) se resume y completa ahora. El apóstol indica la relación que existe entre el donativo y:

(1) él mismo como receptor: ello remedió su necesidad y trajo gozo a su corazón (vv. 10, 14–16, 18a).

(2) los donantes: los enriqueció (v. 17).

(3) Dios: le agradó (v. 18b).

   [14]. Pablo tiene cuidado en no dar la impresión, por lo dicho anteriormente, de que la ofrenda había sido superflua y poco apreciada. Antes, al contrario, declara que se agradó plenamente con ella. Así pues, dice: Sin embargo, habéis hecho bien en compartir mis tribulaciones. Ha sido, viene a decir Pablo, una bella y noble acción, como la de María de Betania (Mr. 14:6). Si los filipenses no hubiesen sentido verdadera simpatía hacia Pablo, de forma que hicieran suyas las aflicciones de él, jamás hubieran llevado a cabo tan generosa acción. El donativo era señal de que habían hecho causa común con las tribulaciones del apóstol, participando realmente en ellas. ¡Cuán hermosa manifestación de la verdadera comunión! (Véase lo dicho en Fil 1:5).

   [15, 16]. Pablo continúa: Bien sabéis vosotros, filipenses, que, al comienzo de la predicación del evangelio, cuando partí de Macedonia, ninguna iglesia compartió conmigo en cuestión de dar y recibir, sino sólo vosotros. Pablo reconoce agradecido el hecho de que esta ofrenda no era la primera, sino la continuación de una serie de ofrendas. Recuerda algo que tanto los filipenses como él sabían muy bien, a saber, que cuando la iglesia de Filipos estaba en sus comienzos, recién fundada—hacía diez años por lo menos—entonces ya, en aquellos primeros días de la proclamación del evangelio en aquella región, ellos, y solamente ellos, habían compartido con él en cuestión (siguen a continuación algunos términos comerciales) de dar y recibir; es decir, una cuenta en la que los filipenses eran los donantes y Pablo el receptor. Precisando la ocasión en cuanto al tiempo, el apóstol dice que esta generosidad se mostró con motivo de su partida de Macedonia (donde Filipos y la cercana Tesalónica estaban situadas), partida un tanto precipitada según podemos ver por Hch. 17:14. Cuando los amigos de Filipos supieron de las dificultades de Pablo en Tesalónica, acudieron inmediatamente en su ayuda, de forma material, permitiéndole así continuar su obra en otros lugares (en Acaya: Atenas y Corinto; cf. 2 Co. 11:8, 9). Pero no fue eso todo, ya que el apóstol dice: Porque estando en Tesalónica, más de una vez me enviasteis algo para aliviar mi necesidad. Esta ayuda que había sido prestada a Pablo mientras estaba entregado a la obra en Tesalónica precedió, naturalmente, a su partida de Macedonia. ¡Cuán dispuesta aquella iglesia, y cuán espontánea para prestar su ayuda! ¡Verdadera estampa de la encomiable generosidad que Lidia y Lucas imprimieron sobre esta congregación!

   [17]. El temor de Pablo a ser mal entendido cuando habla de las ofrendas recibidas, aparece una y otra vez, debido, sin lugar a dudas, a que sus enemigos tergiversaban continuamente sus motivos (2 Co. 11:7; 12:14; 1 Ts. 2:3, 5, 8). Si aceptaba un donativo o si sus enemigos sospechaban que así había sido, enseguida era acusado de egoísta y avaro. Mas si, por el contrario, lo rechazaba, era tachado de hacer un espectáculo de su humildad. Sin embargo, no era el don, sino el dador, el verdadero objeto del interés de Pablo. Así pues, él dice: No es que yo busque la dádiva en sí, sino que busco fruto que aumente en vuestra cuenta. Nótese de nuevo el término comercial cuenta. El donativo era realmente una inversión en la cuenta de los filipenses, una inversión que les producía crecidos y ricos dividendos. Estos dividendos o frutos en las vidas de sus amigos son los que atraen el interés de Pablo. Él ya los ha mencionado anteriormente en esta carta (Fil. 1:11), cosa que también hace en otros pasajes de sus escritos (Ro. 1:13; 7:4; Gá. 5:22, 23: Ef. 5:9; Col. 1:6). El don que se da de corazón siempre enriquece al dador. “El alma generosa será prosperada” (Pr. 11:25). “A Jehová presta el que da al pobre” (Pr. 19:17). “Bienaventurados los misericordiosos: porque ellos alcanzarán misericordia” (Mt. 5:7). “Dios ama al dador alegre” (2 Co. 9:7). Y compárese también Lc. 21:1– 4. Entre los frutos que cosechan tales dadores, podemos mencionar los siguientes: una buena conciencia, la seguridad de la salvación, la rica comunión con otros creyentes, una amplia visión de las necesidades e intereses de la iglesia universal, un aumento de gozo y amor (ambos impartidos y recibidos), un alto grado de gloria en el cielo, y la alabanza en el Día del Juicio.

    [18]. Muy probablemente continúa la fraseología mercantil en las palabras: He recibido pago completo, y vivo en la abundancia. Según la evidencia que aportan los papiros, el término apecho (ἀπέχω), que se emplea aquí, tiene el significado de “he recibido”. Su sentido técnico es: “Este es mi recibo”. A. Deissmann nos informa también que en recibos apecho es combinado frecuentemente (como aquí en Fil. 4:18) con panta (παντα), indicando que se ha cobrado todo, que ha habido un pago total y pleno. Por lo cual, con cierta gracia, el apóstol está diciendo aquí: “He recibido pago completo, y mucho más” (o “y vivo en la abundancia”, según Erdman). Y continúa: Estoy bien abastecido, habiendo recibido de Epafrodito los regalos que (venían) de vosotros. No se nos dice lo que incluían aquellos dones. Pudo ser: dinero para cubrir gastos, material de lectura, ropa (acerca de estos dos últimos puntos, objetos que Pablo pediría más tarde, cf. 2 Ti. 4:13). Sobre Epafrodito véase lo dicho en Fil. 2:25–30. Lo mejor que se puede decir de estos dones es que se nos describen como un olor fragante, un sacrificio aceptable, agradable a Dios. Pablo no podía haber tributado mejor alabanza a los dadores. Los dones son “olor de suave perfume”, “una ofrenda presentada a Dios, grata y muy agradable a él”. Son comparables a la ofrenda de gratitud de Abel (Gn. 4:4), de Noé (Gn. 8:21), de los israelitas cuando en el estado de ánimo correcto presentaban sus holocaustos (Lv. 1:9, 13, 17), y de los creyentes en general al dedicar sus vidas a Dios (2 Co. 2:15, 16), como hizo Cristo, aunque él lo hizo de una manera única (Ef. 5:2). El que una ofrenda sea o no verdaderamente acepta y agradable a Dios (cf. Ro. 12:1), depende del motivo que impulse a uno a presentarla (Gn. 4:1–15; He. 11:4).

“No lo que damos, sino la intención del corazón;

pues el don sin el donante es una vana ilusión”. (Lowell)

    El apóstol atribuye a los donantes el mérito de un espíritu recto, es decir, una actitud de fe, amor y gratitud. Reconoce que su acción no fue meramente una demostración de simpatía hacia un amigo en apuros, sino una verdadera ofrenda presentada a Dios en favor de Su causa, y así a Pablo como representante de Dios. ¡Esta es la razón por que la acción era tan hermosa y elogiable!

2° Titulo: Dios provee todo necesario, a sus siervos, en el cumplimiento de su ministerio. Versíc. 35 y 36. 35Esta es la porción de Aarón y la porción de sus hijos, de las ofrendas encendidas a Jehová, desde el día que él los consagró para ser sacerdotes de Jehová, 36la cual mandó Jehová que les diesen, desde el día que él los ungió de entre los hijos de Israel, como estatuto perpetuo en sus generaciones. (Léase San Mateo 6:25 al 29. Por tanto, os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas? ¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo? Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan; pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió, así como uno de ellos).

   Comentario. Como provisión perpetua… (v. 36). Los sacerdotes no recibieron una posesión en la tierra de Canaán. Por esto, Jehovah hizo su provisión por medio de las ofrendas del pueblo. No es solamente para el día de Moisés, sino a través de sus generaciones. El plan de Dios es que la congregación mantenga a sus ministros en una manera digna del ministerio.

    Comentario de San Mateo 6: 25 al 29: Otro punto, ya implícito en lo precedente, se trae ahora al primer plano en forma más definida, a saber, que la persona que por falta de fe en el Padre celestial dedica su tiempo y talento a amontonar tesoros terrenales, por lo tanto, al culto a Mammón, confunde los valores. Está todo “confundido” con respecto a las prioridades. Da primera importancia a lo que es secundario, y viceversa Dice Jesús: 25. Por lo tanto, os digo: No os preocupéis por vuestra vida, qué vais a comer o qué vais a beber, ni por vuestro cuerpo, qué vais a poneros. ¿No es la vida más importante que el alimento y el cuerpo más importante que la ropa?

   La frase “por lo tanto” muestra que hay una conexión con lo precedente. En base a lo anterior y en conexión con lo que sigue, el sentido probablemente sea ésta: Dado que los tesoros terrenales transitorios no satisfacen, y el poner el corazón en ellos implica dejar los deleites perdurables del cielo (vv. 19–21), y puesto que el deseo de las riquezas terrenales borra la visión mental y moral (vv. 22, 23) y finalmente, puesto que hay que hacer una decisión entre Dios y Mammón (v. 24), no sigáis poniendo vuestro corazón en este último, esto es, en las cosas terrenales, tales como la comida y la bebida, para manteneros vivos, o en la ropa, para vestiros. Después de todo, es vuestro Padre celestial quien os ha dado la vida, el cuerpo, y él los sustentará. Quien ha provisto lo mayor, esto es, vida y cuerpo, ¿no dará también lo que es menos, esto es, alimento, bebida y vestido? ¿No es la vida más prioridades!

   Por lo tanto, aquí tenemos un argumento de lo mayor hasta lo menor, algo por el estilo de Ro. 8:32: “El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿Cómo no nos dará también con él todas las cosas?”

   “No os preocupéis”, dice Jesús. Puesto que aquí se usa el imperativo presente, el significado parece ser: “No tengáis este mal hábito”. Sin embargo, también podría significar: “Si ya habéis caído en ello, romped el hábito: dejad de preocuparos”. Compárese con el v. 31, donde la exhortación es: “No lleguéis a estar preocupados”. La palabra usada en el original para preocuparse significa ser distraído, como lo fue, por ejemplo, Marta, cuya atención estaba dividida al punto de que ella olvidó por un momento la “una cosa necesaria” (Lc. 10:38–42; nótese v. 41: “estás preocupada y turbada por muchas cosas”).

   Se debe evitar la ansiedad también porque es irrazonable Jesús acaba de advertir (v. 25) acerca de preocuparse indebidamente de los medios para el sostenimiento de la vida, es decir, la comida y la bebida. Así que, señalando hacia el cielo, quizás a una bandada de aves, sigue diciendo: 26. Mirad las aves en el aire. No siembran, ni siegan, ni recogen en graneros, pero vuestro Padre celestial las alimenta. Vosotros sois de más valor que ellas, ¿no es así? El cielo de Palestina y sus lugares vecinos está lleno de pájaros. Las Escrituras mencionan muchos de ellos. En el pequeño espacio de siete versículos (Lv. 11:13–19) se mencionan no menos de veinte especies: el águila, el quebrantahuesos, el azor, el gallinazo, el milano, el cuervo, el avestruz, la lechuza, la gaviota, el gavilán, el búho, el somormujo, el ibis, el calamón, el pelícano, el buitre, la cigüeña, la garza, la abubilla y el murciélago. En la antigua dispensación todos ellos eran considerados “inmundos”. En Lv. 12:6 (cf. Lc. 2:24) se mencionan la paloma y la tórtola; el gorrión y la golondrina en Sal. 84:3; para el primero véanse también Mt. 10:29, 31; Lc. 12:6– 7. Además de la tórtola y la golondrina, Jer. 8:7 menciona la grulla. En el pasaje paralelo a Mt. 6:26 Jesús llama la atención de sus oyentes al (ya mencionado) cuervo (Lc. 12:24). No se deja en el olvido el corral con las aves domésticas; nótese el hermosísimo pasaje acerca de la gallina y sus polluelos (Mt. 23:37), y el papel que el gallo tiene en el relato de la negación de Pedro (Mt. 26:34ss, y pasajes paralelos). El águila, a la que se hace referencia no solamente en Lv. 11 sino también en varios otros pasajes del Antiguo Testamento (inclusive los bien conocidos de Dt. 32:11; Sal. 103:5 y Ez. 17:3, 11) vuelve a aparecer en las páginas del Nuevo Testamento (Mt. 24:28; cf. Lc. 17:37; Ap. 4:7; 12:14). Ya nos hemos familiarizado con la paloma en nuestro estudio del bautismo de Jesús (véase sobre 3:16).

   Para una lista completa de las aves mencionadas en las Escrituras y su descripción, uno debiera acudir a la agradablemente interesante obra de A. Parmelee, All the Birds of the Bible, Nueva York, 1959. Ese autor llama a la región en que se pronunció el Sermón del Monte “la encrucijada de las migraciones de las aves de paso”. ¿Había una gran bandada de viajeros alados surcando el aire en el momento mismo en que el Señor pronunciaba las palabras de 6:26? Es enteramente posible.

   Lo que Jesús está diciendo aquí es que las aves del aire no siembran ni siegan ni recogen en graneros, sin embargo, son alimentados y mantenidos por el Creador. Este pasaje no debe ser mal interpretado como si estuviera fomentando el ocio. No podía ser así, porque el Señor bien sabía que sus oyentes estaban conscientes del hecho de que las aves adultas de ningún modo son perezosas. Trabajan para vivir. De ningún modo se posan en una rama a esperar que el alimento les caiga en el pico. No, están muy ocupados. Recolectan insectos y gusanos, preparan los nidos, cuidan a sus pequeños y les enseñan a volar, etc. Se les puede atribuir un cierto grado de “preocupación” por las contingencias inminentes, especialmente a las aves migratorias, porque, según lo dicte la estación, éstas viajan a regiones más cálidas o más frías. Sin embargo, hay que recordar dos cosas. Primero, las aves no son culpables de excederse en hacer algo que es bueno. No son como el rico insensato de la parábola (Lc. 12:16–21). En segundo lugar, cuando estas aves preparan los nidos, enseñan a sus polluelos, emigran, etc., están actuando “instintivamente”. Cuando decimos esto, ¿no estamos diciendo realmente que es su Creador quien, al dotarlas de estos instintos, está cuidando de ellas, mientras ellas mismas meramente están respondiendo a ciertos estímulos?

   Con respecto a los hombres la historia es enteramente diferente. Son ellos, no las aves, quienes no solamente siembran, siegan y recogen en graneros, sino quienes mientras están dedicados a todo esto, ¡con frecuencia se llenan de terribles presentimientos, en gran medida descuidando las promesas de Dios! Mientras las aves viven sin afanarse, los hombres están agobiados de afanes.

   El argumento de Cristo—de menor a mayor, contrástese con el v. 25—equivale a esto: Si las aves, que no pueden en realidad hacer planes con anticipación, no tienen razón para preocuparse, entonces ciertamente vosotros, seguidores míos, dotados de inteligencia, de modo que podéis pensar en el futuro, no deberíais estar llenos de temor. Además, si Dios aun provee para estas criaturas bajas, cuánto más cuidará de vosotros que fuisteis creados a su misma imagen. Y especialmente, si quien las alimenta es “vuestro Padre celestial”, pero sólo el Creador de ellas, entonces cuan completamente irrazonable llega a ser vuestra ansiedad. “Vosotros sois de más valor que ellas, ¿no es así?”, pregunta el Señor, en una pregunta redactada en el original de tal modo que requiere una respuesta afirmativa.

   Lo irracional de la ansiedad también se hace evidente por lo que sigue: 27. Y entre vosotros, ¿Quién puede, preocupándose, añadir siquiera un codo a su expectativa de vida? La palabra traducida “expectativa de vida” (griego: helikia) puede referirse a edad, altura o estatura. Así Zaqueo era pequeño en estatura (Lc. 19:3), pero Sara había pasado la edad en que podía concebir (Heb. 11:11). El hombre nacido ciego, sanado por Cristo, había alcanzado la edad de la madurez legal (Jn. 9:21, 23). Aquí en Mt. 6:27 (cf. el pasaje paralelo, Lc. 12:25). VRV 1960 dice “estatura”. Pero en el contexto presente esto no puede ser correcto por dos razones: a. añadir esta cantidad se representa como “lo que es menos” (Lc. 12:26), pero crecer realmente dieciocho pulgadas o cuarenta y seis centímetros no puede considerarse un logro insignificante; y b. ¿quién, sino una persona anormalmente baja, se impacientaría con el deseo de añadir esa cantidad a su estatura?

   Entonces, el verdadero significado es este: “¿Quién entre vosotros, preocupándose angustiosamente, puede alargar el sendero de su vida siquiera esa pequeña cantidad?” Hay personas que el día de su cumpleaños dicen: “He alcanzado un nuevo hito en mi vida”. En su septuagésimo cumpleaños este individuo habrá alcanzado su septuagésimo hito. Si el hito marca millas o kilómetros, añadir un codo a setenta kilómetros o a setenta millas no vale la pena mencionarlo. Sería una cosa mínima, pero aun ese poco nadie puede lograrlo por medio de la preocupación angustiosa. Un hombre podría “preocuparse hasta la muerte”; no puede preocuparse y con ello lograr una expectativa de vida más larga. Véase también Sal. 39:4–6.

    El Señor ahora toma otro ejemplo de la naturaleza. Haciendo un paralelo con lo que ha dicho acerca de las aves (v. 26) ahora se refiere a los lirios (vv. 28–30). En línea con su enseñanza acerca de la provisión divina de alimentos para que la persona pueda vivir, ahora muestra que Dios también provee ropa para cubrir el cuerpo de esta persona. Se notará que en los vv. 26–30, tomados en forma completa, tenemos una aclaración y elaboración ordenada del v. 25. Entonces, Jesús continúa hablando sobre la insensatez de la preocupación, con el fin de que los hombres pongan toda su confianza en el Padre celestial.

    Dice: 28, 29. Además, ¿por qué estar ansiosos por la ropa? Mirad los lirios del campo, cómo crecen; no trabajan ni hilan; pero yo os digo que ni siquiera Salomón en todo su esplendor se atavió como uno de éstos.

   “Mirad”, esto es, considerad cuidadosamente, estudiad con detención—“los lirios del campo”, dice Jesús, mientras pregunta a sus oyentes: “¿Por qué estar ansiosos por la ropa?” No se puede determinar exactamente qué clase de flor estaba en el pensamiento del Señor cuando dijo “los lirios del campo”. Algunas suposiciones son: narcisos, jacintos, martagones y gladiolos. Goodspeed (en inglés) traduce “flores silvestres” y la Biblia Pastoral tiene “flores del campo” y en el v. 30 “flores silvestres”. A la luz del contexto (nótese “la hierba del campo …”) es muy posible que Jesús, en vez de referirse a algún tipo particular de flor, estuviera pensando en las hermosas flores que estaban sumando su esplendor al paisaje en esta época del año.

   “Cómo crecen”, según el contexto, debe significar: sin ningún trabajo de su parte, y sin que se les dé ningún cuidado por parte de algún humano, “cuán fácil y libremente, pero cuán suntuosamente”. Aun cuando las flores del campo no hilan una sola hebra, sin embargo, ni siquiera Salomón, con todo su esplendor—al cual se ha hecho referencia amplia; véase sobre 1:7 y se adornó como uno de ellos, ¿No es verdad, por lo menos en este respecto, que el vestido más hermoso de Salomón en el mejor de los casos era apenas una imitación y derivado de lo que en la naturaleza sale de la mano de Dios? ¡La belleza prístina no puede ser igualada!

   Sin embargo, el brote simultáneo de las flores en la primavera del año se desvanece en forma igualmente repentina: hoy estas flores están llenas de vida y adornan los campos; mañana esta “hierba del campo”, esto es, la suma total de las plantas no cultivadas (en contraste con las que proceden de cultivos), sirve como combustible para la cocina de la casa en una tierra donde no había abundancia de combustibles.

3er Titulo: Medios establecidos para mantener la comunión con Dios. Versíc. 37 y 38. 37Esta es la ley del holocausto, de la ofrenda, del sacrificio por el pecado, del sacrificio por la culpa, de las consagraciones y del sacrificio de paz, 38la cual mandó Jehová a Moisés en el monte de Sinaí, el día que mandó a los hijos de Israel que ofreciesen sus ofrendas a Jehová, en el desierto de Sinaí. (Léase Hebreos 9:24 al 26. Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios; y no para ofrecerse muchas veces, como entra el sumo sacerdote en el Lugar Santísimo cada año con sangre ajena. De otra manera le hubiera sido necesario padecer muchas veces desde el principio del mundo; pero ahora, en la consumación de los siglos, se presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado).

   Comentario: Los vv. 37 y 38:  terminan con un resumen para los caps. 1–7. Aquí menciona todos los sacrificios en estos capítulos y dice que Moisés recibió estas instrucciones… en el desierto de Sinaí. No es una contradicción de 1:1, donde dice: Desde el tabernáculo de reunión, porque sabemos que construyeron el tabernáculo en el desierto de Sinaí. Recuerden que el libro de Levítico sigue naturalmente al libro de Exodo (ver comentario en 1:1). El libro de Exodo termina con la construcción del tabernáculo con algunas instrucciones para el pueblo. El libro de Levítico es parte de estas instrucciones.

   Comentario: Hebreos 9:24 al 26: [24]. Porque Cristo no entró en un santuario hecho por el hombre, que era sólo una copia del verdadero; él entró en el cielo mismo, para presentarse ante Dios a favor nuestro.

   Aunque Dios hizo que el velo del templo se rasgase desde arriba hasta abajo al morir Jesús (Mt. 27:51), Jesús mismo nunca entró en un “santuario hecho por hombres”. Cuando el escritor de Hebreos hablaba de “mejores sacrificios” (9:23), él establecía una comparación entre los sacrificios animales y la sangre de Cristo. Y aunque vemos que el sacrificio de Cristo es mejor, también vemos que en esencia la comparación es inadecuada.

   Los sacrificios animales eran disposiciones temporales; los sumos sacerdotes eran mortales y el santuario era una copia hecha por los hombres. En contraste con esto vemos que el sacrificio de Cristo hecho una vez para siempre es permanente; que nuestro sumo sacerdote es eterno y que el santuario celestial es el verdadero.

   El escritor de la epístola hace notar en primer lugar en qué santuario Cristo no entró, a saber, en la copia del original hecha por los hombres. El sumo sacerdote entraba una vez al año en el Lugar Santísimo de este santuario terrenal para comparecer ante la presencia de Dios a favor del pueblo. En segundo lugar, el escritor noto que Cristo “entró en el cielo mismo” y, por implicación, en el verdadero santuario. El entró en el cielo como sumo sacerdote para representarnos ante la presencia de Dios. El sumo sacerdote levítico pasaba sólo unos pocos momentos una vez al año en el Lugar Santísimo como representante del hombre ante Dios; Cristo, sin embargo, que está siempre ante la presencia de Dios, nos representa constantemente como abogado defensor (Ro. 8:34; Heb. 7:25; 1 Jn. 2:1).

   [25]. No entró tampoco al cielo para ofrecerse a sí mismo una y otra vez, del modo en que el sumo sacerdote entra cada año al Lugar Santísimo con sangre que no es la suya propia. 26a. De ser así, Cristo hubiera tenido que sufrir muchas veces desde la creación del mundo.

    Al establecer un paralelo con el sumo sacerdote levita, el escritor de Hebreos subraya las profundas diferencias existentes entre el sacerdocio de Cristo y el sacerdocio levítico. Es como si el escritor fuese interrogado, por así decirlo, por un lector judío que presenta cierto número de argumentos.

▬ a. Como sumo sacerdote Cristo nunca podría haber entrado en el Lugar Santísimo de un santuario terrenal. El pertenecía a la tribu de Judá, no a la de Leví.

   Cierto, por eso fue que entró al cielo.

▬ b. Un sumo sacerdote levítico ofrecía anualmente sangre de sacrificio ante Dios en el Lugar Santísimo. Si Cristo es sumo sacerdote, él tendrá que hacer lo mismo en el cielo.

   Correcto, pero Cristo se ofreció a sí mismo en la cruz. El derramó su sangre en el Calvario, no en el santuario celestial.

   ▬ c. El sumo sacerdote ofrecía los sacrificios de un becerro y de un macho cabrío el Día de la Expiación, pero Cristo se ofreció a sí mismo sólo una vez. Sí, pero fuera de aquellas personas que fueron resucitadas de entre los muertos, el hombre no puede morir dos veces.

   ▬ d. El Día de la Expiación el sumo sacerdote presentaba sangre animal a Dios, pero Cristo ofreció su propia sangre.

   Es cierto; si Cristo hubiese ofrecido sangre que no fuese la suya propia, él hubiese sido idéntico al sumo sacerdote levítico. Nótese que el sumo sacerdote no podía presentar su propia sangre como sacrificio, ya que él mismo era pecador. Cristo, el único sin pecado, podía ofrecer su propia sangre por los pecadores, y los hizo.

   ▬ e. Una vez al año el sumo sacerdote entraba y salía del Lugar Santísimo, pero Cristo entró en el santuario celestial una sola vez.

   Precisamente, si Cristo hubiese tenido que dejar el cielo y volver a la tierra para morir una vez más—cosa patentemente absurda—su obra de expiación no tendría valor. El sacrificio de Cristo es único e irrepetible.

   El escritor de Hebreos resume este asunto en una afirmación significativa: Si Cristo hubiese tenido que ofrecerse una y otra vez, “él hubiera tenido que sufrir muchas veces desde la creación del mundo”. Y eso, por supuesto, no puede ser. Antes bien, el sacrificio de Cristo en la cruz es tan eficaz que quita los pecados de todos los creyentes del Antiguo Testamento. Su sacrificio es retroactivo y se remonta hasta la creación del mundo, es decir, hasta el tiempo en que Adán cayó en pecado. En consecuencia, el sacrificio de Cristo es válido para todos los creyentes, ya sea que hayan vivido antes o después de la venida de Cristo. Su sacrificio es válido para todos los tiempos.

   [26b]. Pero ahora él ha aparecido una vez para siempre al fin de los tiempos para quitar el pecado por medio del sacrifico de sí mismo.

   Después de hacer una afirmación que obviamente no podía ser cierta, el escritor describa ahora terminantemente la razón de la venida de Cristo al mundo: “para quitar el pecado”. El adverbio ahora se refiere no al tiempo sino a la realidad. De hecho, el escritor está diciendo: “Así es el asunto”.

   ¿Por qué apareció Cristo en esta tierra? En pocas palabras: para cancelar el pecado. El quitó la deuda del pecado que estaba escrita en la cuenta del creyente. La venida de Cristo puso fin a dicha deuda. Y la cuenta muestra ahora el sello que dice pagado.

   ¿Cómo quitó Cristo el pecado? El mismo fue el sacrificio que se requería para pagar por los pecados de todo el mundo (1 Jn. 2:2). Tal como lo expresó el precursor de Cristo, Juan el Bautista: “¡He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo!” (Jn. 1:29). Cristo no tenía sustituto. Él se sacrificó a sí mismo como sustituto de los pecadores. Mediante su muerte él pagó la deuda “para quitar los pecados de mucha gente” (9:28).

   ¿Cuál es el significado de la comparecencia de Cristo? El sumo sacerdote levítico entraba año tras año en el santuario interior. Su entrada ante la presencia de Dios tenía sólo un efecto temporal. Esto contrasta con el hecho de que Cristo compareció una sola vez—fue una vez para siempre. El entró en el cielo una sola vez, es decir, cuando ascendió. El efecto de su única comparecencia dura para siempre.

   ¿Cuándo vino Cristo? El escritor de Hebreos escribe: “al fin de los tiempos”. Esto no necesita ser una referencia al fin del mundo, ya que en el mismo contexto el escritor dice que Cristo aparecerá otra vez (v. 28). La expresión aparentemente indica el impacto total del advenimiento de Cristo y el efecto de su obra expiadora. Y a causa de su triunfo sobre el pecado, vivimos en los últimos tiempos.

Consideraciones doctrinales en 9:24–26

   La epístola a los Hebreos es una epístola que hace uso conspicuo de los contrastes; en cada capítulo y en numerosos versículos, el escritor compara a Cristo con los ángeles, con Moisés, con Aarón o con el sacerdocio levítico. En esta sección en particular, él resalta la insuperable excelencia de la obra Sumosacerdotal de Cristo. El sumo sacerdote era designado para representar al pueblo ante Dios, pero el tiempo real que pasaba ante la presencia de Dios era mínimo; ello ocurría solamente una vez al año en el Día de la Expiación. Nuestro gran sumo sacerdote entró en el cielo una sola vez y permanece siempre ante la presencia de Dios como nuestro mediador, abogado, intercesor y fiador.

   Además, el sumo sacerdote tenía que presentar sangre animal ante Dios en el Lugar Santísimo. Su propia sangre hubiese sido indigna, ya que él mismo era un pecador. Pero aun la sangre de un animal tenía un efecto limitado, puesto que el sumo sacerdote tenía que presentarse ante Dios cada año nuevamente con sangre adicional. El escritor de Hebreos un poco más adelante observa: “Es imposible que la sangre de becerros y machos cabríos quite los pecados” (10:4). El sacrifico de la sangre de Cristo, sin embargo, tiene un efecto permanente. La mismo termina con el poder imperante del pecado en la mente del hombre (Ro. 8:2). La sangre de Cristo purifica a la iglesia para que él pueda presentársela a sí mismo “sin mancha ni arruga ni tacha alguna … santa y sin culpa” (Ef. 5:27). Y la sangre de Cristo limpia todo antecedente: el pecador perdonado por Dios está ante él como si nunca hubiese pecado.

   Finalmente, el sumo sacerdote levítico tras cumplir sus deberes en el santuario interior, reaparecía ante el pueblo que él había representado ante Dios. Pero cuando Jesús regrese del santuario celestial, lo hará para restaurar a su pueblo al concederle el don de la salvación. Cuando Cristo vuelva, “él aparecerá como perfeccionador de la salvación” para todos los que han puesto su confianza en él y esperan su regreso.

Amén, Para La Honra Y Gloria De Dios.


Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.