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Domingo 09 de agosto de 2020: “Fidelidad sobresaliente del pueblo en el cumplimiento de lo ordenado”

Domingo 09 de agosto de 2020: “Fidelidad sobresaliente del pueblo en el cumplimiento de lo ordenado”

  Lección: Éxodo Cap. 36, versículos 1 al 7. 1Así, pues, Bezaleel y Aholiab, y todo hombre sabio de corazón a quien Jehová dio sabiduría e inteligencia para saber hacer toda la obra del servicio del santuario, harán todas las cosas que ha mandado Jehová. 2Y Moisés llamó a Bezaleel y a Aholiab y a todo varón sabio de corazón, en cuyo corazón había puesto Jehová sabiduría, todo hombre a quien su corazón le movió a venir a la obra para trabajar en ella. 3Y tomaron de delante de Moisés toda la ofrenda que los hijos de Israel habían traído para la obra del servicio del santuario, a fin de hacerla. Y ellos seguían trayéndole ofrenda voluntaria cada mañana. 4Tanto, que vinieron todos los maestros que hacían toda la obra del santuario, cada uno de la obra que hacía, 5y hablaron a Moisés, diciendo: El pueblo trae mucho más de lo que se necesita para la obra que Jehová ha mandado que se haga. 6Entonces Moisés mandó pregonar por el campamento, diciendo: Ningún hombre ni mujer haga más para la ofrenda del santuario. Así se le impidió al pueblo ofrecer más; 7pues tenían material abundante para hacer toda la obra, y sobraba.

Temas a tratar en el Capítulo 36: 1 al 7:

[1]. La convocatoria de los encargados y trabajadores de la obra

  1. Israel debía reconocer una verdad importante: sus habilidades y talentos eran dados por Dios.
  2. Debían construir el tabernáculo exactamente como Dios lo había diseñado.
  3. La obra comenzó: convocaron a todos los que tenían talentos dados por Dios y estaban dispuestos a servirle.

[2]. La contundente fidelidad del pueblo en sus ofrendas

  1. Las ofrendas fueron entregadas a los trabajadores.
  2. El pueblo siguió presentando ofrendas todas las mañanas.
  3. Las ofrendas fueron tan abundantes que Moisés tuvo que detener al pueblo.

1) Los trabajadores dijeron a Moisés que ya tenían suficientes materiales.

2) Moisés tuvo que mandar al pueblo que no diera más ofrendas.

  • Les dijo que no llevaran más ofrendas.
  • Los materiales eran más que suficientes para hacer toda la obra.

   Comentario general: La construcción del tabernáculo: el entusiasmo de edificar para Dios (Ex. 36:1-7)

   Introducción: La forma en que invertimos nuestro tiempo es una de las decisiones más importantes que tomamos y es una decisión que tomamos todos los días de nuestra vida. Hay todo tipo de actividades y cosas que se disputan nuestra atención. Entre ellas, vemos el llamado de:

◘ la familia;

◘ el trabajo;

◘ los negocios;

◘ las amistades;

◘ el entretenimiento;

◘ los pasatiempos y la recreación;

◘ las actividades de la iglesia;

◘ obligaciones y actos cívicos.

   Muchas veces, son las cosas menos importantes las que consumen la mayor parte de nuestro tiempo. Trágicamente, muchos desperdician gran parte de su tiempo volcándose a cosas que no perduran, que son más recreacionales que beneficiosas y productivas, que son un despilfarro, que son infructíferas y que incluso son pecaminosas y nocivas.

   Dios está muy interesado en el uso que damos a nuestro tiempo. Él quiere que su pueblo invierta su tiempo en la adoración y el servicio a él, supliendo las apremiantes necesidades del mundo. Él quiere que su pueblo invierta su tiempo alcanzando almas para él y trabajando para traer su reino a este mundo. No hay nada más emocionante ni más apasionante para el creyente cristiano que ser parte de la obra del reino de Dios sobre la tierra. Dios nos invita a involucrarnos, a ser participantes activos de su gran designio para el universo: edificar su iglesia y su reino en la tierra. De eso se trata el presente pasaje de las Escrituras: La construcción del tabernáculo: el entusiasmo de edificar para Dios (Ex. 36:1-38).

  1. La convocatoria de los encargados y trabajadores de la obra (vv. 1-2).
  2. La contundente fidelidad del pueblo en sus ofrendas (vv. 3-7).

   La prontitud y el celo con que los constructores se pusieron a trabajar, la exactitud con que realizaron la tarea y la fidelidad con que desistieron de recibir más contribuciones, son dignas de imitación. Así debemos servir a Dios y también a nuestros superiores, en todas las cosas lícitas. Así todos los que estamos en cometidos públicos, debemos aborrecer el sucio lucro, y evitar todas las ocasiones y tentaciones a la codicia. —¿Dónde tenemos la representación del amor de Dios para con nosotros, los que por amor habitamos en Él y Él en nosotros, salvo en Emanuel? Mateo 1:23. Esta es la suma del ministerio de reconciliación, 2ª los Corintios 5:18, 19. Este es el diseño del ―tabernáculo del testimonio―, un testimonio visible del amor de Dios a la raza de los hombres, por caídos que estuvieran de su primer estado. Y este amor fue demostrado por Cristo al asumir su permanencia en la tierra; por el Verbo hecho carne, Juan 1:14, donde, según lo expresa el original, Él hizo su tabernáculo entre nosotros.

Texto: “Pero esto digo: El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará”. (2ª a los Corintios Cap. 9, versículo 6).

   Comentario del texto áureo: [6]. El punto es éste: el que siembra escasamente, también cosechará escasamente, y el que siembra generosamente, también cosechará generosamente.

   Las traducciones de la primera cláusula varían debido a lo breve de la afirmación de Pablo. El texto dice literalmente «Y éste», lo que nos hace suplir una palabra o frase para completar el pensamiento. A continuación, ofrecemos unos pocos ejemplos:

   «Recuerden» o «Recuerden esto» (NVI, NEB, REB, NCV)

   «Pero esto digo» (RV60, KJV, NKJV, NASB)

   «Permítanme decirles esto» (NAB)

   «No se olviden» (JB)

   Aunque no dudamos que Pablo pudo haber enseñado la verdad de este versículo en una ocasión anterior, el contexto aquí sugiere que podríamos decir: «Esto os digo» o «el punto es éste». El énfasis recae sobre el dicho siguiente, del cual la primera parte pudo haber sido un proverbio de agricultura de aquella época: «El que siembra escasamente también cosechará escasamente, y el que siembra generosamente, también cosechará generosamente». Desconocemos si Pablo estaba pensando en un versículo veterotestamentario del libro de los Proverbios: «Uno da con generosidad, sin embargo, recibe mucho más; otro retiene indebidamente, y se empobrece» (11:24).

   En la sociedad agrícola del siglo primero, las faenas de sembrar y cosechar eran temas muy enraizados en el corazón de la gente. En la parábola de Jesús, el sembrador (Mt. 13:3–9 y paralelos) no cerró su mano cuando vio que algunos granos caerían en camino trillado, en suelo rocoso y en terreno espinoso. Sembró generosamente mientras con un caminar rítmico recorría el terreno. Y así, como la parábola del sembrador tiene una aplicación espiritual, las palabras de Pablo son afines a una verdad espiritual. En otra parte, él escribe: «Un hombre siega lo que siembra» (Gá. 6:7; véase también Lc. 6:38), lo cual es una ley inherente tanto en la esfera física como espiritual.

   Cuando la semilla cae en la tierra, se pudre mientras germina. En un sentido, el agricultor pierde la semilla que ha esparcido; se arriesga por las condiciones del tiempo, enfermedades o que los insectos destruyan muchas semillas. Pero al sembrar, confía que Dios le concederá la satisfacción de recoger la cosecha. Esto es también cierto, espiritualmente hablando. El misionero James Elliot lo describió en esta forma sucinta: «No es insensato el que cede lo que no puede conservar, para ganar lo que no puede perder». Elliot murió tratando de evangelizar a los indios aucas del Ecuador, pero su muerte fue determinante para guiarlos a Cristo.

   Las palabras del dicho proverbial revelan una simetría interior que es impresionante:

El que siembra escasamente,

escasamente también cosechará

el que siembra bendiciones,

bendiciones también cosechará

   El texto griego es más preciso que nuestras traducciones. Aunque el adverbio escasamente aparece solo aquí en el Nuevo Testamento y se explica solo, la palabra bendiciones tiene sugerencias espirituales y sin ninguna duda fue escrita por Pablo. La segunda mitad del dicho proverbial, dice literalmente: «el que siembra sobre la base de bendiciones, sobre la base de bendiciones también segará». Es decir, el que da, alabando a Dios, recogerá una cosecha por la cual dará gracias al Señor. El dador generoso responde con agradecimientos y alabanzas a Dios por las numerosas bendiciones materiales y espirituales que recibe (véase Dt. 15:10).

1er Titulo:

Instrumentos escogidos deben cumplir, fielmente, lo ordenado por Dios. Versíc. 1. 1Así, pues, Bezaleel y Aholiab, y todo hombre sabio de corazón a quien Jehová dio sabiduría e inteligencia para saber hacer toda la obra del servicio del santuario, harán todas las cosas que ha mandado Jehová. (Léase 1ª de Crónicas 28:20. Dijo además David a Salomón su hijo: Anímate y esfuérzate, y manos a la obra; no temas, ni desmayes, porque Jehová Dios, mi Dios, estará contigo; él no te dejará ni te desamparará, hasta que acabes toda la obra para el servicio de la casa de Jehová).

   Comentario: [1]. (Éxodo 36:1-2) Obra Para Dios ▬ Bezaleel ▬ Aholiab ▬ Habilidades ▬ Talentos ▬ Dones ▬ Obediencia: Lo primero que leemos en este pasaje es que se convocó a todos los encargados y artífices para la construcción del tabernáculo. Después de toda la preparación, el estudio, la búsqueda de trabajadores y la recolección de materiales, llegó el momento de edificar. Había llegado la hora de que el pueblo de Dios pusiera por obra el plan de Dios. Moisés había recibido los planos y el diseño para el gran centro de adoración y se lo transmitió a los encargados y trabajadores. Qué trágico hubiera sido que todo estuviera en su lugar y faltaran los trabajadores. No importa cuánto dinero hubieran recolectado, ni lo detallados que fueran los planos, ni lo grandiosa que fuera la visión de los líderes: si no había quien realizara la obra, todo habría sido en vano.

   Pensamiento 1. Este es el clamor del corazón de Dios: que haya trabajadores dispuestos a utilizar los recursos que él tiene. Él ha suplido casi todo lo que se necesita para la cosecha de almas para el reino. Solo falta una cosa: trabajadores, obreros que vayan a la cosecha.

   “Entonces dijo a sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, más los obreros pocos. Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies” (Mt. 9:37-38).

-a. Los encargados y trabajadores debían reconocer una verdad importante: sus habilidades y talentos les habían sido dados por Dios (v. l). Dios era la fuente de sus destrezas únicas y todos ellos debían saberlo: sus habilidades provenían directamente de Dios y solo de Dios.

   “Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación” (Stg. 1:17).

   “Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo. Y hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo. Y hay diversidad de operaciones, pero Dios, que hace todas las cosas en todos, es el mismo” (1 Co. 12:4-6).

-b. Debían construir el tabernáculo exactamente como Dios lo había diseñado (v. 1). Estas personas tenían asignado uno de los proyectos de construcción más grandiosos de toda la historia: la edificación del tabernáculo de Dios, el mismísimo lugar donde Dios habitaría en medio de su pueblo. Dios confió a esos trabajadores el lugar de su morada en la tierra. Él puso en ellos una confianza santa en que construirían el tabernáculo exactamente como él lo había diseñado.

   Pensamiento 2. Dios nos, llama y nos escoge porque nos considera confiables. El confía en la fidelidad del creyente. Depende de nosotros ser fieles.

   “Y llamando a diez siervos suyos, les dio diez minas, y les dijo: Negociad entre tanto que vengo” (Lc. 19:13).

   “Ahora bien, se requiere de los administradores, que cada uno sea hallado fiel” (1 Co. 4:2).

   “Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano” (1 Co. 15:58).

   “Doy gracias al que me fortaleció, a Cristo Jesús nuestro Señor, porque me tuvo por fiel, poniéndome en el ministerio” (1 Ti. 1:12).

   “Oh Timoteo, guarda lo que se te ha encomendado, evitando las profanas pláticas sobre cosas vanas, y los argumentos de la falsamente llamada ciencia” (1 Ti. 6:20).

   Comentario 2 (texto complementario): El v. 20 representan un tercer desafío a Salomón por David. En estos textos de hecho se repiten el tema y la forma que se hallan en 22:11–13 y 28:10. Lo que se encuentra de nuevo en esta ocasión es el hecho de que a Salomón se le anima con la idea de que tendrá muchos que le ayudarán en su tarea. David quiere alentar a su hijo al hacerle ver que los sacerdotes oficiantes y los demás levitas estarán con él en la tarea encomendada. No tan sólo esto (y el respaldo espiritual de éstos sería vital), sino que también David había reunido ya a hombres bien adiestrados en la técnica de la construcción. No tan sólo eran expertos en toda clase de artesanía, sino que eran hombres que trabajarían con ganas, pues eran voluntarios. ¿Cuántos templos actuales en la América Latina se construyen con la ayuda de voluntarios, hombres de fe y de sacrificio personal? Es lindo observar cómo gentes de otras latitudes están dispuestas a sacrificarse respecto a tiempo, dinero, relaciones familiares, etc. con tal de poder viajar lejos y ayudar a hermanos en la fe en la construcción de sus templos. Aunque muchos de ellos llegan con una excelente pericia en sus campos técnicos de construcción, lo que más ayuda es su espíritu y ánimo de “voluntario”. No puede menos que inspirar algo del mismo espíritu en los que somos receptores de esta clase de compañerismo en la obra de Dios. Quiera Dios que este mismo espíritu se haga contagioso y, habiendo los recursos humanos y materiales disponibles, nos dispongamos a reflejar el mismo espíritu fraternal y sacrificial. Más bienaventurada cosa es dar que recibir decía el gran descendiente de David. Es hora de que los mismos latinoamericanos busquen recibir las bendiciones espirituales de dar.

2° Titulo:

Creyentes prudentes y honrados no malgastan los recursos recibidos. Versíc. 2 al 5. 2Y Moisés llamó a Bezaleel y a Aholiab y a todo varón sabio de corazón, en cuyo corazón había puesto Jehová sabiduría, todo hombre a quien su corazón le movió a venir a la obra para trabajar en ella. 3Y tomaron de delante de Moisés toda la ofrenda que los hijos de Israel habían traído para la obra del servicio del santuario, a fin de hacerla. Y ellos seguían trayéndole ofrenda voluntaria cada mañana. 4tanto, que vinieron todos los maestros que hacían toda la obra del santuario, cada uno de la obra que hacía, 5y hablaron a Moisés, diciendo: El pueblo trae mucho más de lo que se necesita para la obra que Jehová ha mandado que se haga. (Léase 1ª a los Corintios 4:2. Ahora bien, se requiere de los administradores, que cada uno sea hallado fiel.).

   Comentario 1: [c]. Llegó el momento de comenzar la obra: se convocó a todos los que tenían talentos dados por Dios y estaban dispuestos a servirlo (v. 2). Imagine la escena: las personas más talentosas de la comunidad, los artistas, los artífices, los más habilidosos de la nación, de las distintas tribu de Israel, reunidos para cumplir la gran tarea de construir el tabernáculo.

▬ Cada uno de ellos tenía una experiencia única con Dios. Dios había llamado a cada uno de forma individual y personal.

▬ Cada uno había recibido de parte de Dios un don, una habilidad y un talento muy especial.

▬ Dios pudo tomar a esta amplia diversidad de representantes del pueblo y moldearlos para convertirlos en un único equipo de trabajo con un solo objetivo en mente: levantar el tabernáculo de Dios.

   Todos estaban dispuestos entregar sus talentos artísticos y ofrecerlos a los pies de Dios. El orgullo personal quedó rendido y estas personas sometieron su voluntad a Dios y al plan divino.

   “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional” (Ro. 12:1).

   “Porque nosotros somos colaboradores de Dios, y vosotros sois labranza de Dios, edificio de Dios” (1 Co. 3:9).

   “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios” (1 Co. 6:19-20).

   “Así, pues, nosotros, como colaboradores suyos, os exhortamos también a que no recibáis en vano la gracia de Dios” (2 Co. 6:1).

   “Servid a Jehová con temor, y alegraos con temblor” (Sal. 2:11).

   “Si quisiereis y oyereis, comeréis el bien de la tierra” (ls. 1:19). 

[2]. (Éxodo 36:3) Fidelidad ▬ Mayordomía ▬ Dar ▬ Ofrendas ▬ Abundancia: Luego leemos sobre la increíble fidelidad del pueblo en sus ofrendas. El pueblo estaba conmovido hasta lo más profundo de su corazón y así ofrendó voluntariamente. Se percibía un enorme entusiasmo por ser parte de algo tan especial. Consideremos cómo fue la experiencia del pueblo al ofrendar:

-a. Las ofrendas fueron entregadas a los trabajadores (v. 3). El pueblo tuvo la seguridad de que sus ofrendas llegarían a las manos correctas.

   Pensamiento 1. A veces, el dinero que se entrega a la obra del Señor acaba en el lugar equivocado. No pasa mucho tiempo antes de que los costos administrativos absorban la ofrenda del dador. En lugar de suplir las necesidades del pueblo para las que las ofrendas estaban destinadas, se generan fondos para satisfacer el apetito insaciable de la maquinaria recaudadora de fondos. Además de cubrir costos administrativos estrafalarios, el dinero a veces:

◘ se usa mal;

◘ se derrocha;

◘ se roba;

◘ se acumula;

◘ se guarda sin ningún uso.

   “Alborota su casa el codicioso; más el que aborrece el soborno vivirá” (Pr. 15:27).

   “El que cierra su oído al clamor del pobre, también él clamará, y no será oído” (Pr. 21:13).

   “El que da al pobre no tendrá pobreza; más el que aparta sus ojos tendrá muchas maldiciones” (Pr. 28:27).

   “El que ama el dinero, no se saciará de dinero; y el que ama el mucho tener, no sacará fruto. También esto es vanidad” (Ec. 5:10).

   “Hay un mal doloroso que he visto debajo del sol: las riquezas guardadas por sus dueños para su mal” (Ec. 5:13).

   “Pero cierto hombre llamado Ananías, con Safira su mujer, vendió una heredad, y sustrajo del precio, sabiéndolo también su mujer; y trayendo sólo una parte, la puso a los pies de los apóstoles. Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, y sustrajeses del precio de la heredad? Reteniéndola, ¿no se te quedaba a ti? y vendida, ¿no estaba en tu poder? ¿Por qué pusiste esto en tu corazón? No has mentido a los hombres, sino a Dios. Al oír Ananías estas palabras, cayó y expiró. Y vino un gran temor sobre todos los que lo oyeron” (Hch. 5:1-5).

   “Vuestro oro y plata están enmohecidos; y su moho testificará contra vosotros, y devorará del todo vuestras carnes como fuego. Habéis acumulado tesoros para los días postreros” (Stg. 5:3).

♦ b. El pueblo siguió presentando ofrendas todas las mañanas (v. 3).

   Comentario 2: [2]. Siendo así, es natural que al mayordomo se le requiera ser hallado fiel.

   En los escritos de Pablo proliferan las afirmaciones conclusivas. Los últimos versículos del capítulo precedente (3:21–23) eran un resumen, el primer versículo de este capítulo (4:1) también resume esa enseñanza. Pablo recurre a «siendo así» para volver a sacar una conclusión, esta vez de lo que acaba de decir acerca de los mayordomos. Se deduce que, si Pablo y sus colaboradores son mayordomos de Dios, los corintios no están en posición de poder juzgarlos. ¿Qué cualidad de estos mayordomos de los misterios de Dios deberán examinar los miembros de la iglesia de Corinto? La epístola de Pablo parece indicar que los destinatarios valoran la fluidez y la elocuencia. Pero sucede que el primer requisito para un mayordomo es la fidelidad. El cargo de mayordomo requiere una dedicación que elimine todo interés personal e incluya una lealtad dispuesta al sacrificio (Lc. 12:42).

   Pablo pasa del plural mayordomos al singular mayordomo. Con esto quiere decir que la fidelidad que se requiere no tiene que ver con el equipo de obreros del Señor como un todo, sino con cada uno individualmente (1 P. 4:10).7 Cada creyente debe demostrar fidelidad y dedicación.

3er Titulo:

Loable transparencia mostrada por Moisés. Versíc. 6 y 7. 6Entonces Moisés mandó pregonar por el campamento, diciendo: Ningún hombre ni mujer haga más para la ofrenda del santuario. Así se le impidió al pueblo ofrecer más; 7pues tenían material abundante para hacer toda la obra, y sobraba. (Léase 2ª a los Corintios 8:20 y 21. 20 evitando que nadie nos censure en cuanto a esta ofrenda abundante que administramos, 
21 procurando hacer las cosas honradamente, no sólo delante del Señor sino también delante de los hombres.).

   Comentario: ♦ [c]. Las ofrendas fueron tan abundantes que Moisés tuvo que detener al pueblo. ¿Por qué? Porque la generosidad del pueblo fue simplemente incontenible (vv. 4-7). Los trabajadores le dijeron a Moisés que ya tenían suficientes materiales, por lo que Moisés tuvo que mandar al pueblo que se abstuviera de seguir dando. Tan solo les ordenó que no llevaran más ofrendas: tenían más que suficiente para la obra. Tenga en cuenta que los trabajadores mostraron una gran integridad y responsabilidad: les hubiera sido muy fácil llenarse los bolsillos con el excedente de las ofrendas. Podrían haberse aprovechado de la generosidad del pueblo para enriquecerse. Podrían haberse corrompido, pero no lo hicieron. Se rehusaron a sacar provecho de su trabajo para el Señor.

   Pensamiento 1. La iglesia no es el lugar para extraer ganancias ni para la avaricia; tampoco es tan solo un lugar donde buscar una profesión, un trabajo o seguridad financiera. Los fondos, los diezmos y las ofrendas del pueblo de Dios deben sustentar el ministerio de la iglesia. Los recursos de la iglesia deben usarse:

◘ para suplir las necesidades apremiantes de un mundo que está sufriendo;

◘ para llevar el evangelio a un mundo perdido y agonizante.

   “Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas” (Mt. 6:24).

   “Pues ¿qué aprovecha al hombre, si gana todo el mundo, y se destruye o se pierde a sí mismo?” (Lc. 9:25).

   “Y les dijo: Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee. También les refirió una parábola, diciendo: La heredad de un hombre rico había producido mucho. Y él pensaba dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré, porque no tengo dónde guardar mis frutos? Y dijo: Esto haré: derribaré mis graneros, y los edificaré mayores, y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes; y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate. Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será? Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios” (Lc. 12:15-21).

   Pensamiento 2. El pueblo de Dios debe ofrendar y dar de forma sacrificada a fin de suplir las necesidades apremiantes del mundo. Esa es la clara enseñanza de las Escrituras.

   “Jesús le dijo: Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven y sígueme” (Mt. 19:21).

   “Vended lo que poseéis, y dad limosna; haceos bolsas que no se envejezcan, tesoro en los cielos que no se agote, donde ladrón no llega, ni polilla destruye” (Lc. 12:33).

   “Así que no había entre ellos ningún necesitado; porque todos los que poseían heredades o casas, las vendían, y traían el precio de lo vendido, y lo ponían a los pies de los apóstoles; y se repartía a cada uno según su necesidad” (Hch. 4:34-35).

   “En todo os he enseñado que, trabajando así, se debe ayudar a los necesitados, y recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: Más bienaventurado es dar que recibir” (Hch. 20:35).

   “Pero esto digo: El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará” (2 Co. 9:6).

   “El alma generosa será prosperada; y el que saciare, él también será saciado” (Pr. 11:25).

   Comentario 2: [20]. Estoy tratando de evitar esto, es decir, que alguien nos acuse por la forma en que nosotros administramos este generoso regalo. A menudo, Pablo advierte a sus lectores que deben evitar incluso la apariencia del mal (véase 1 Ts. 5:22), y también aplica esta enseñanza a sí mismo. Él está consciente de que sus oponentes en la iglesia de Corinto están listos para atacarlo. La colecta seguramente les habrá dado una excelente oportunidad de diseminar el rumor que Pablo está usando esos fondos para su propio beneficio. El apóstol está haciendo todo lo posible para evitar cualquiera crítica que pudiera afectarle negativamente a él y a su ministerio. En ambas epístolas canónicas a los corintios, repetidamente dice a sus lectores que sus trabajos entre ellos están libres de cargo (1 Co. 9:18; 2 Co. 2:17; 11:7, 9; 12:13). Quiere evitar absolutamente cualquiera crítica en cuanto a las finanzas.

   Aun cuando todavía hay ofrendas por recoger en Corinto, Pablo está confiado que el total será una donación generosa. Además de la ofrenda de los corintios, la cantidad de donativos recolectados por las iglesias de Macedonia y por las de Asia Menor deben de haber sido sustanciales. La delegación encargada de proteger y transportar este dinero consistía de seis hombres, además de Lucas y Pablo (Hch. 20:4–5).

   Dos veces, una tras otra, Pablo escribe las palabras nosotros administramos (vv. 19, 20) para destacar la importancia de este trabajo. Es cierto que Pablo ha delegado esta tarea administrativa a sus asociados, pero como su líder, él lleva la responsabilidad y quiere que todo se haga apropiadamente. Se escribe que Pablo «estaba preocupado simplemente no solo por demostrar su integridad sino también por actuar, de modo que no surgiera ninguna sospecha sobre el asunto».

[21]. Porque tratamos de hacer las cosas bien no solo ante el Señor sino también ante los hombres. Tal como lo hace en otra parte, Pablo fortalece su argumento con una cita de, y en este caso una alusión al Antiguo Testamento. Con una cantidad de adaptaciones, este versículo deriva del texto griego de Proverbios 3:4, al cual Pablo también alude en Romanos 12: 17.

   Las palabras de Pablo no las dice simplemente por el bien propio y de sus colaboradores; están dirigidas a cada cristiano. Todos nosotros estamos llamados a vivir vidas que sean moralmente correctas, dignas de encomio y que contribuyan a una buena reputación. La expresión en el Antiguo Testamento es «ante Dios» y Pablo escribe «ante el Señor». La diferencia no ha de tomarse en cuenta, porque los seguidores del Señor deben ser honestos y rectos ante Dios y ante los hombres.

Consideraciones prácticas en 8:20–21

   La Biblia tiene mucho que decir sobre las posesiones materiales, porque pertenecen a Dios, quien las ha confiado a nosotros, sus administradores. Él nos bendice con cosas buenas para que con ellas lo glorifiquemos a él y extendamos la causa de su iglesia y reino. Pero las posesiones son una trampa cuando ellas nos poseen a nosotros. Cuando tal cosa ocurre ellas, y no Dios, son el objeto de nuestra devoción. Por eso, Jesús enseña que no podemos servir a Dios y al dinero (Mt. 6:24; Lc. 16:13).

   Los pastores son particularmente vulnerables, dado que son líderes del pueblo de Dios, y deben velar por dicho pueblo. Ellos enseñan verdades espirituales, pero también se les demanda enseñar al pueblo en cuanto a dar para la causa del Señor. En este asunto, deben ejercer el máximo cuidado.

   Aprovecharse de la confianza de alguien es un grave peligro para cualquier líder. Como regla general, la mayor parte de las personas confía bastante en su propia integridad; pero en algunos casos, una confianza mal ubicada ha producido la caída de grandes hombres. Por la Escritura sabemos que Satanás está siempre buscando las debilidades para destruir nuestro buen nombre (2:11). Y apunta de preferencia a aquellos que ocupan altas posiciones en la iglesia.

   El apóstol Pablo estaba plenamente consciente de las astucias de Satanás. Se daba cuenta que aún una leve sospecha de falta de honestidad podría destruir su ministerio, de modo que se protegió pidiendo a otros que recogieran, llevaran y distribuyeran los fondos.62 Calvino llega a esta conclusión: «Mientras más alta la posición que ocupamos, mayor es nuestra necesidad de imitar cuidadosamente la prudencia y la modestia de Pablo».

Amén, para la honra y gloria de Dios.

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Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.

 

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