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Domingo 05 de julio de 2020: “La Gloria del Altísimo reflejada en el rostro del siervo del Señor”.

Domingo 05 de julio de 2020: “La Gloria del Altísimo reflejada en el rostro del siervo del Señor”.

   Lección: Éxodo cap. 34, versículos 27 al 3527Y Jehová dijo a Moisés: Escribe tú estas palabras; porque conforme a estas palabras he hecho pacto contigo y con Israel.28Y él estuvo allí con Jehová cuarenta días y cuarenta noches; no comió pan, ni bebió agua; y escribió en tablas las palabras del pacto, los diez mandamientos.29Y aconteció que descendiendo Moisés del monte Sinaí con las dos tablas del testimonio en su mano, al descender del monte, no sabía Moisés que la piel de su rostro resplandecía, después que hubo hablado con Dios.30Y Aarón y todos los hijos de Israel miraron a Moisés, y he aquí la piel de su rostro era resplandeciente; y tuvieron miedo de acercarse a él.31Entonces Moisés los llamó; y Aarón y todos los príncipes de la congregación volvieron a él, y Moisés les habló.32Después se acercaron todos los hijos de Israel, a los cuales mandó todo lo que Jehová le había dicho en el monte Sinaí.33Y cuando acabó Moisés de hablar con ellos, puso un velo sobre su rostro.34Cuando venía Moisés delante de Jehová para hablar con él, se quitaba el velo hasta que salía; y saliendo, decía a los hijos de Israel lo que le era mandado.35Y al mirar los hijos de Israel el rostro de Moisés, veían que la piel de su rostro era resplandeciente; y volvía Moisés a poner el velo sobre su rostro, hasta que entraba a hablar con Dios.

Temas a tratar en este contexto Bíblico:

[4]. Cuarto paso: entender la importancia de los mandamientos especiales de Dios: Los diez mandamientos

-a. Son el fundamento del pacto de Dios.

-b. Son tan importantes que Moisés no durmió ni comió durante el tiempo en que estuvo recibiendo la ley.

-c. Son tan importantes que están escritos aparte del resto de la ley y llevan el título “Los diez mandamientos”.

[5]. Quinto paso: salir a proclamar la Palabra de Dios

-a. El siervo de Dios estaba preparado: había estado en la presencia del Señor, lo cual vemos simbolizado en el resplandor que iluminaba su rostro.

1) El pueblo tenía miedo de acercarse a él;

2) Moisés los llamó a acercarse a él.

-b. El siervo de Dios declaró los mandamientos de Dios a los líderes del pueblo.

-c. Moisés declaró los mandamientos de Dios al pueblo.

-d. Moisés se cubrió el rostro con un velo después de declarar los mandamientos.

-e. Se quitaba el velo cuando entraba en la presencia de Dios.

-f. Recibía un nuevo resplandor cada vez que entraba en la presencia de Dios.

1) El pueblo veía que el rostro de Moisés resplandecía cada vez que les hablaba.

2) Moisés vestía el velo cuando no se estaba comunicando con Dios.

   Comentario: Las tablas nuevas y el resplandor de la cara de Moisés, 34: 27–35. El texto de los vv. 27 y 28 no es de todo claro y se han ofrecido varias interpretaciones; sin embargo, se ofrece lo siguiente como una solución que parece la mejor dentro del contexto total del libro. Otra vez Moisés estuvo cuarenta días y cuarenta noches en el monte Sinaí (v. 28). El Señor le mandó que escribiera las palabras porque conforme a ellas he hecho pacto contigo y con Israel (v. 27).

   Parece que las palabras se refieren a 34:10–26 y tratan de la renovación del pacto. Mientras tanto, en las tablas escribió [Jehovah] las palabras del pacto: los diez mandamientos (v. 28b; ver Deut. 4:13; 10:4). Al principio el versículo indica que Moisés estuvo con Jehovah; después dice que no comió [Moisés] pan ni bebió agua (v. 28); por último, se indica simplemente que escribió las palabras (v. 28). ¿Quién escribió las palabras? ¿Fue Moisés? Al analizarlo así parece que fue Moisés. Sin embargo, la última persona nombrada específicamente antes del verbo escribió fue Jehovah: Moisés estuvo allí con Jehovah (v. 28). El hecho de estar allí con Jehovah no era una novedad; era muy evidente. La única razón para nombrar a Jehovah sería indicar un cambio gramatical del personaje central del versículo. Después del cambio, en cuanto a Moisés, se da una nota de paréntesis que, como antes, estuvo cuarenta días y cuarenta noches allí (24:18) y no comió; sin embargo, ya se había cambiado el énfasis y el antecedente al verbo “escribió”: No es Moisés sino Jehovah. Así que, en ambas ocasiones cuando Moisés estuvo en el monte con Dios las tablas fueron escritas por el dedo de Jehovah mismo; por lo tanto, no hay conflicto en las tradiciones recibidas.

   El resplandor de la cara de Moisés (vv. 29–35). El capítulo se inicia con el pedido de Moisés de ver la gloria de Jehovah; termina con la transformación de Moisés pues la piel de su cara era resplandeciente (v. 30) y no se daba cuenta del hecho (v. 29). El relato es un testimonio de la relación de Moisés con Dios: La gloria divina fue reflejada en la vida del hombre de Dios.

   También, se indica la posibilidad de vivir de tal manera en la presencia de Dios que, sin darse cuenta, sea posible llegar a reflejar la gloria de aquel que es el objeto de la devoción.

   El vocablo resplandeciente (karan 7161. v. 30) no es el que se emplea comúnmente para el verbo resplandecer. En el sentido etimológico la forma está relacionado con la palabra keren 7161 que significa “un cuerno”. El verbo da la implicación de “emitir rayos como cuernos”; por ejemplo, Habacuc 3:4 designa los rayos del sol como cuernos (ver Sal. 69:31). Al no entender bien el significado del verbo, la Vulgata lo traduce “cornuta esset” o “tenía cuernos”. De esta traducción han salido representaciones artísticas de Moisés con cuernos saliendo de su cabeza (p. ej. el Moisés de Miguel Ángel).

   Cuando Moisés se dio cuenta del temor de la gente para acercarse, puso un velo sobre su cara. No se sabe cuánto tiempo duró el resplandor; evidentemente no permaneció toda su vida.

   Es de interés notar la interpretación de Pablo del incidente en 2 Corintios 3:4–18: dice que la gloria de Cristo es permanente (v. 11) mientras que la gloria de Moisés se desvanecía, quien ponía un velo sobre su cara para que los hijos de Israel no se fijaran en el fin de lo que se estaba desvaneciendo (v. 13). ¿Tenía Pablo algunos datos que no tenemos nosotros? ¿Es posible que Moisés quiso vivir por un tiempo sobre una experiencia pasada en vez de vivir en el presente?

   ¡No sabemos! Lo que se sabe es que, de acuerdo con la gramática, por un tiempo prolongado Moisés acostumbraba ponerse el velo cuando hablaba con el pueblo, y se lo quitaba cuando hablaba con Jehovah (vv. 33–35).

   Por medio de la gracia y la gloria de Dios, el período de la apostasía se terminó. Dios renovó el pacto y así se estableció una vez más la relación de Israel con Jehovah. Desgraciadamente, la desobediencia llegó a ser la costumbre para el pueblo: Era difícil para Israel mantener la lealtad al Dios Celoso. Finalmente, el Señor hizo un pacto nuevo en Jesucristo para redimir al mundo esclavizado por el pecado: todavía abunda la gracia divina a pesar de la rebelión humana. (Comentario Bíblico Mundo Hispano Tomo 2 Éxodo 19 -40)

Verdades prácticas

  1. El amor y misericordia de Dios lo motivan a perdonar al pueblo idólatra. Dios perdona a cualquier pecador que se arrepiente y confía en él.
  2. Como mediador, Moisés intercedía ante Dios buscando la reconciliación del hombre con su creador. De igual manera intercedió a favor del pueblo ante Dios. Su compasión lo llevó a entender mejor la naturaleza humana tanto como la divina, y consecuentemente fue transformado él en tal manera, que la gloria de Dios se reflejaba en su faz (34:29, 30). Todavía la dinámica de una actitud así transforma a los hijos de Dios y la gloria del Santo se revelará al mundo por medio de ellos.
  3. Como seres humanos rebeldes no merecemos el perdón de Dios; sin embargo, con su amor bondadoso el Señor nos atrae y nos ofrece una vida de compañerismo con él. Mientras tanto, él camina con nosotros en este mundo y nos asegura también la vida eterna. Es pequeño el precio que pagamos por un beneficio tan grande: el arrepentimiento y la fe.

Texto: “Entonces todos los que estaban sentados en el concilio, al fijar los ojos en él, vieron su rostro como el rostro de un ángel.” (Los Hechos 6:15).

   Comentario del texto: 15. Entonces todos los que estaban sentados en el concilio, al fijar los ojos en él, vieron su rostro como el rostro de un ángel.

   El estar parado en el semicírculo, de cara a los miembros del Sanedrín, sentados en filas a una altura mayor intimidaría a cualquiera. Pero no fue así con Pedro, quien las dos veces que tuvo que enfrentarse al Sanedrín fue lleno del Espíritu Santo, habló con toda valentía en su propia defensa, y de hecho se adueñó de la situación (4:8– 12; 5:29–32).

   Ahora le toca el turno a Esteban. Todos los que están frente a él lo miran con ojos atentos. Un resplandor divino parece envolverle. Lucas escribe que el rostro de Esteban “era como el rostro de un ángel”. Inferimos que Lucas recibió detalles de este juicio de parte de un testigo ocular, como el apóstol Pablo, quien en su discurso a la muchedumbre en Jerusalén admitió libremente haber tomado parte en la muerte de Esteban (22:20).

   Pablo, entonces, era uno de aquellos que vieron la transformación facial de Esteban. Pero a pesar de ese resplandor sobrenatural que lo envolvía, los miembros del Sanedrín no quisieron escuchar su llamado a que atendieran al evangelio de Cristo. (Comentario al Nuevo Testamento por Simon j. Kistemaker exposición de los hechos de los apóstoles)

1er Titulo:

Necesaria consagración de Moisés para escribir el pacto de Dios con su pueblo. Versículos 27 y 28. 27Y Jehová dijo a Moisés: Escribe tú estas palabras; porque conforme a estas palabras he hecho pacto contigo y con Israel.28Y él estuvo allí con Jehová cuarenta días y cuarenta noches; no comió pan, ni bebió agua; y escribió en tablas las palabras del pacto, los diez mandamientos. (Léase Éxodo 19:5. Ahora, pues, si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra.).

   Comentario:[4]. (Éxodo 34:27-28). mandamientos, Los diez ▬ intercesión ▬ empezar de nuevo ▬ devoción: El cuarto paso para empezar de nuevo es entender la importancia de los mandamientos especiales de Dios, es decir, los diez mandamientos.

-a. Los diez mandamientos son el fundamento del pacto de Dios, es decir, de su relación con el hombre (v. 27). Son la mismísima base de la civilización y la vida humana. Con solo repasarlos vemos que son el cimiento del orden, la decencia y el respeto entre seres humanos. Sin los principios y las normas de los diez mandamientos, la civilización y la vida humana quedarían sumidas en un profundo caos. Por lo tanto, si una persona desea empezar de nuevo con Dios y renovar su relación con él, es necesario que comprenda la importancia de los diez mandamientos.

-b. Los diez mandamientos son tan importantes que Moisés no comió ni durmió durante el tiempo en que estuvo recibiendo la ley (v. 28). Las Escrituras dicen que Moisés estuvo en lo alto de la montaña por cuarenta días y cuarenta noches sin comer pan ni beber agua. Estaba inmerso en un profundo tiempo de oración y comunión con Dios, recibiendo los diez mandamientos y la ley civil que regiría a los israelitas como nación. Obviamente, Dios sustentó a Moisés durante esos cuarenta días y cuarenta noches, cuidando de él milagrosamente durante esta intensa comunión con Dios.

-c. Los diez mandamientos son tan importantes que están escritos aparte del resto de la ley y llevan el título de “Los diez mandamientos” (v. 28). A lo largo de las Escrituras, Dios ha dado muchas instrucciones y decretos, pero en este punto dio diez mandamientos muy específicos. Estos mandatos reciben un título distinto que los separa de todos los demás mandamientos, lo cual es notable y significativo: quiere decir que el hombre debe prestar especial atención a los diez mandamientos. Debe obedecerlos por sobre todos los demás mandatos. Los diez mandamientos son el fundamento mismo de su relación con Dios, la base del pacto y acuerdo establecido entre él y Dios. Por lo tanto, el ser humano debe asumir un compromiso sólido y permanente de guardar los diez mandamientos.   

   “Ahora, pues, si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra” (Ex. 19:5).

   “Y todo el pueblo respondió a una, y dijeron: Todo lo que Jehová ha dicho, haremos. Y Moisés refirió a Jehová las palabras del pueblo” (Éx. 19:8).

   “¡Quién diera que tuviesen tal corazón, que me temiesen y guardasen todos los días todos mis mandamientos, para que a ellos y a sus hijos les fuese bien para siempre!” (Dt. 5:29).

   “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos” (Mt. 7:21).

   “Bienaventurados los que lavan sus ropas, para tener derecho al árbol de la vida, y para entrar por las puertas en la ciudad” (Ap. 22:14).

2° Titulo:

El sacerdote y todo el pueblo se acercan con reverencia para acatar todo lo establecido por Dios. Versículos 29 al 30. 29Y aconteció que descendiendo Moisés del monte Sinaí con las dos tablas del testimonio en su mano, al descender del monte, no sabía Moisés que la piel de su rostro resplandecía, después que hubo hablado con Dios.30Y Aarón y todos los hijos de Israel miraron a Moisés, y he aquí la piel de su rostro era resplandeciente; y tuvieron miedo de acercarse a él. (Léase Apocalipsis 1:3. Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas; porque el tiempo está cerca.). 

   Comentario: [5]. (Éxodo 34:29-32). proclamar ▬ testimonio ▬ predicar ▬ Palabra de Dios ▬ velo de Moisés: El quinto y último paso para empezar de nuevo es salir a proclamar la Palabra de Dios. Moisés, el amado siervo de Dios, había buscado al Señor por cuarenta días y cuarenta noches y Dios había suplido todas sus necesidades. Él le había dado la Palabra de Dios que tendría que llevar al pueblo. Ahora era tiempo de que él saliera a proclamar los grandes mandamientos de Dios al pueblo. Consideremos algunos detalles que nos aporta este pasaje acerca del siervo de Dios.

-a. El siervo de Dios estaba preparado: había estado en la presencia del Señor, lo cual vemos simbolizado en el resplandor de la gloria de Dios que iluminaba su rostro (vv. 29-31). El amado siervo de Dios se había quedado en la presencia del Señor y se había rehusado a marcharse hasta recibir la Palabra de Dios. Era absolutamente esencial que se quedara en la presencia de Dios hasta recibir su mensaje, el mensaje que Dios quería que proclamara a su amado pueblo. Hay una realidad asombrosa que nos declaran las Escrituras: Moisés pasó tanto tiempo en la presencia de Dios a la espera de su mensaje que la gloria de Dios impregnó su ser. De hecho, lo irradió (garan) como una luz brillante y quedó grabada en su rostro. Entender la razón es crucial: Moisés había hablado con el Señor, había estado en su presencia por mucho tiempo. Las Escrituras se refieren a la luz radiante de la gloria de Dios, que resplandecía en el rostro de Moisés, tres veces en este pasaje (vv. 29, 30, 35). Un detalle importante de la experiencia de Moisés es que había pasado día tras día sumido en la oración intercesora pidiendo:

◘ el perdón de los pecados;

◘ la presencia de Dios;

◘ conocer y entender al Señor y sus caminos cada vez más.

   Tengamos en cuenta que los momentos de oración intercesora tuvieron lugar antes de que Moisés pasara cuarenta días y cuarenta noches en la presencia del Señor. El punto es el siguiente: la oración intercesora -pasar día tras día buscando a Dios- obviamente llevó a Moisés a sumergirse en una comunión intensa y profunda con Dios, tan intensa que Dios impartió parte de su gloria al mismísimo ser de su siervo (qué lección más gloriosa para nosotros: buscar tanto a Dios hace que él imparta su gloria a nuestro propio ser, a tal punto que su gloria resplandece en nuestro rostro). Moisés experimentó, claramente en un grado mayor, lo que las Escrituras dicen que todos los creyentes experimentarán: contempló como en un espejo la gloria del Señor y fue transformado en la misma imagen de gloria en gloria (2 Co. 3: 18).

   Lo que debemos recordar es lo siguiente: Moisés estaba preparado espiritualmente para proclamar el mensaje de Dios al pueblo. Sin embargo, la reacción del pueblo, incluso de Aarón, al ver que el rostro de Moisés resplandecía fue el miedo a acercarse a él (v. 30); pero en humildad y mansedumbre, él los llamó a acercarse y recibir el mensaje de Dios (v. 31).

-b. El siervo de Dios declaró los mandamientos de Dios a los líderes del pueblo (v. 31).

-c. El siervo de Dios declaró fielmente los mandamientos de Dios al pueblo (v. 32). Moisés les declaró todos los mandamientos que el Señor le había dado en el monte Sinaí. El siervo de Dios siempre debe proclamar la Palabra de Dios al pueblo.

   “Y enseñaron en Judá, teniendo consigo el libro de la ley de Jehová, y recorrieron todas las ciudades de Judá enseñando al pueblo” (2 Cr. 17:9).

   “Porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído” (Hch. 4:20).

   “Id, y puestos en pie en el templo, anunciad al pueblo todas las palabras de esta vida” (Hch. 5:20).

   “Pero teniendo el mismo espíritu de fe, conforme a lo que está escrito: Creí, por lo cual hablé, nosotros también creemos, por lo cual también hablamos” (2 Co. 4:13).

   “Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros” (2 Ti. 2:2).

   “Esto habla, y exhorta y reprende con toda autoridad. Nadie te menosprecie” (Tit. 2:15). 

3er Titulo:

La comunión divina es visible en todo creyente que ha tenido un encuentro con su Señor. Versículos 33 al 35. 33Y cuando acabó Moisés de hablar con ellos, puso un velo sobre su rostro.34Cuando venía Moisés delante de Jehová para hablar con él, se quitaba el velo hasta que salía; y saliendo, decía a los hijos de Israel lo que le era mandado.35Y al mirar los hijos de Israel el rostro de Moisés, veían que la piel de su rostro era resplandeciente; y volvía Moisés a poner el velo sobre su rostro, hasta que entraba a hablar con Dios. (Léase 2ª a los Corintios 3:18. Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.).   

   Comentario: [5]. (Éxodo 34:33-35). proclamar ▬ testimonio ▬ predicar ▬ Palabra de Dios ▬ velo de Moisés: El quinto y último paso para empezar de nuevo es salir a proclamar la Palabra de Dios. Moisés, el amado siervo de Dios, había buscado al Señor por cuarenta días y cuarenta noches y Dios había suplido todas sus necesidades. Él le había dado la Palabra de Dios que tendría que llevar al pueblo. Ahora era tiempo de que él saliera a proclamar los grandes mandamientos de Dios al pueblo. Consideremos algunos detalles que nos aporta este pasaje acerca del siervo de Dios.

   Comentario del tercer título: -d. Moisés se cubrió el rostro con un velo después de declarar los mandamientos de Dios (v. 33). En este versículo vemos un indicio de por qué Dios permitió que su gloria irradiara el rostro de Moisés. El pueblo necesitaba una visión milagrosa como esa para fortalecer su fe en Dios y sus mandamientos. Cuando Moisés declaró los mandamientos del Señor al pueblo, los israelitas supieron que esos mandatos eran Palabra de Dios gracias a la milagrosa gloria que resplandecía en el rostro de Moisés. De ese modo, su fe en Dios y en su Palabra se vio fortalecida.

   Pensamiento 1. La experiencia de Moisés con la gloria de Dios fue precisamente lo opuesto de la experiencia que vivió Cristo. Jesús experimentó la gloria de Dios sobre el monte de la transfiguración (Mt. l7:2). Las Escrituras declaran que el cuerpo entero de Jesús irradiaba la gloria de Dios, tan brillante como el sol, y que sus vestiduras eran blancas y resplandecientes (Lc. 9:29). Sin embargo, cuando Cristo descendió del monte, dejó atrás esa gloria. Su rostro no brilló ni irradió la gloria de Dios. El dejó atrás esa gloria voluntariamente, asegurándose de que irradiar la a través de su ser. ¿Por qué? Porque era necesario que los creyentes caminaran por fe y no por vista (2 Co. 5:7).

-e. El siervo de Dios se quitaba el velo cuando entraba en la presencia de Dios (v. 34). Él se lo quitaba solo en dos tipos de ocasiones: cuando estaba proclamando la Palabra de Dios y cuando estaba orando y buscando el rostro del Señor Esta imagen ilustra una gran verdad: cuando una persona busca el rostro de Dios o proclama su Palabra, no hay nada ▬ni máscara, ni falsedad, ni engaño▬ entre ella y Dios No debe haber nada, absolutamente nada, que cubra su rostro o la verdad de su corazón delante de Dios. El ser hu mano debe acercarse a Dios con el rostro al descubierto y el corazón abierto, en espíritu y en verdad.

-f. Moisés recibía un nuevo resplandor cada vez que entraba en la presencia de Dios (vv. 34-35). La imagen que aquí vemos es la siguiente: antes de proclamar la Palabra de Dios al pueblo, Moisés se preparaba. El buscaba el rostro del Señor cada vez que tenía que dirigirse al pueblo y Dios le daba más y más de su gloria para que la irradiara desde su rostro. Cuando Moisés iba delante del pueblo a proclamar la Palabra de Dios, ellos veían que su rostro resplandecía con la gloria de Dios y sabían que había estado en su presencia y estaba listo para exponerles el mensaje del Señor.

   Pensamiento 1. Si queremos empezar de nuevo, el último paso en nuestro camino es salir y proclamar santa Palabra de Dios a un mundo perdido y agonizante, a un mundo que se estremece bajo el enorme peso de su terrible necesidad y sufrimiento.

   “Venid, oíd todos los que teméis a Dios, y contaré lo que ha hecho a mi alma” (Sal. 66:16).

   “Vosotros sois mis testigos, dice Jehová, y mi siervo que yo escogí, para que me conozcáis y creáis, y entendáis que yo mismo soy; antes de mí no fue formado dios, ni lo será después de mí. Yo, yo Jehová, y fuera de mí no hay quien salve” (Is. 43:10-11).

   “De las misericordias de Jehová haré memoria, de las alabanzas de Jehová, conforme a todo lo que Jehová nos ha dado, y de la grandeza de sus beneficios hacia la casa de Israel, que les ha hecho según sus misericordias, y según la multitud de sus piedades” (Is. 63:7).

   “Entonces los que temían a Jehová hablaron cada uno a su compañero; y Jehová escuchó y oyó, y fue escrito libro de memoria delante de él para los que temen a Jehová, y para los que piensan en su nombre” (Mal. 3:16).

   “Porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído” (Hch. 4:20).

   “Id, y puestos en pie en el templo, anunciad al pueblo todas las palabras de esta vida. Habiendo oído esto, entraron de mañana en el templo, y enseñaban. Entre tanto, vinieron el sumo sacerdote y los que estaban con él, y convocaron al concilio y a todos los ancianos de los hijos de Israel, y enviaron a la cárcel para que fuesen traídos” (Hch. 5:20-21).

   “Y él dijo: El Dios de nuestros padres te ha escogido para que conozcas su voluntad, y veas al Justo, y oigas la voz de su boca. Porque serás testigo suyo a todos los hombres, de lo que has visto y oído” (Hch. 22:14-15).

   “Pero teniendo el mismo espíritu de fe, conforme a lo que está escrito: Creí, por lo cual hablé, nosotros también creemos, por lo cual también hablamos” (2 Co. 4:13).

   “Esto habla, y exhorta y reprende con toda autoridad. Nadie te menosprecie” (Tit. 2:15).

   Pensamiento 2. Pablo usa el velo que cubría el rostro de Moisés para ilustrar dos grandes verdades.

(1) Las Escrituras afirman que Moisés usó el velo para que los israelitas no vieran la gloria de la ley desvanecerse (2 Co. 3:7-18). Eso significa que la dispensación de la ley acabaría y se desvanecería, porque Dios la reemplazaría con un esplendor más glorioso: el de la dispensación del Espíritu. El punto es el siguiente: la obra de Jesucristo fue mucho más grande y más gloriosa que la obra de la ley. Mediante la obra de Cristo su muerte y resurrección recibimos la salvación y la vida eterna, el perdón de nuestros pecados y la heredad de una vida con Dios, por siempre y para siempre.

   “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna” (Jn. 3:16).

   “Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre” (He. 2:14-15).

   “Por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos” (He. 7:25).

   “Así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan” (He. 9:28).

   “Quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados” (1 P. 2:24).

   “Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu” (1 P. 3:18).

(2) La Biblia declara que el velo de Moisés simboliza la ceguera de Israel al leer las Escrituras (2 Co. 3:7-18). Cuando los israelitas leen las Escrituras, lo hacen bajo los efectos de una ceguera espiritual: no ven la verdadera gloria de Dios que él ha dado al mundo, es decir, no ven a su Hijo, el Señor Jesús. El velo de ceguera espiritual que cubre sus ojos solo puede quitarse por medio de Cristo, el Hijo de Dios, el verdadero Mesías y Salvador del mundo. Solo Cristo es la Luz del mundo; solo su Luz puede quitar el velo de ceguera que cubre los ojos de los hombres.

   “El pueblo que andaba en tinieblas vio gran luz; los que moraban en tierra de sombra de muerte, luz resplandeció sobre ellos” (Is. 9:2).

   “En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres” (Jn. 1:4).

   “Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Jn. 8:12).

   “Entonces Jesús les dijo: Aún por un poco está la luz entre vosotros; andad entre tanto que tenéis luz, para que no os sorprendan las tinieblas; porque el que anda en tinieblas, no sabe a dónde va” (Jn. 12:35).

   “Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la lu7, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo” (2 Co. 4:6).

   “Por lo cual dice: Despiértate, tú que duermes, y levántate de los muertos, y te alumbrará Cristo” (Ef. 5:14).

   “La ciudad no tiene necesidad de sol ni de luna que brillen en ella; porque la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero [Jesucristo] es su lumbrera” (Ap. 21:23).

   Comentario: 2ª a los corintios 3:18. Así que, todos nosotros, con rostros descubiertos, contemplamos la gloria reflejada del Señor, y somos transformados en la misma imagen, de un grado de gloria a otro, así como del Señor, esto es, del Espíritu.

   Pablo resume ahora los pensamientos que ha expuesto en este capítulo, especialmente en las palabras que ha repetido. Nótense expresiones tales como «rostro» (v. 13), «gloria» (vv. 7– 11), «Señor» (vv. 16–17) y «Espíritu» (vv. 3, 6, 8, 17). También usa el término descubierto como antónimo de «velo» (vv. 13–16). Y añade tres nuevos términos: «reflejo», «imagen» y «transformar».

-a. «Así que, todos nosotros, con rostros descubiertos, contemplamos la gloria reflejada del Señor». Pablo comienza con una introducción: «Así que, todos nosotros», que incluye a cada uno de sus lectores. No se dirige simplemente al pueblo judío, ya que los miembros del nuevo pacto son judíos y gentiles. Debido a esto, es más bien enfático cuando dice literalmente «todos nosotros», al incluir a cada creyente.

   Mucho se ha escrito sobre las palabras que vienen a continuación en este texto: «con rostros descubiertos, contemplamos la gloria reflejada del Señor». Son múltiples las variantes que se presentan para entender esta frase, pues cada palabra tiene su significado propio y, además, se da a diversas interpretaciones.

   En primer lugar, es evidente el contraste entre el rostro cubierto de Moisés ante los israelitas, y el rostro descubierto de los cristianos ante el Señor. En la presencia de Dios, Moisés se quitó el velo y luego, ante los israelitas, reflejó la gloria de Dios. Si miramos a Cristo, los cristianos lo hacen sin velo y, entonces, reflejan la gloria del Señor, por así decirlo, como en un espejo. Entre Moisés ante Dios, y el cristiano en la presencia de Cristo, podemos observar un cierto paralelismo. Pero entre los israelitas y los cristianos, también hay un contraste.    Los israelitas, a causa de su ceguera espiritual (v. 14a), no se atrevían a mirar la gloria de Dios que la faz de Moisés reflejaba. Un velo cubría sus corazones mientras persistieran en su rechazo al Señor (v. 15). Los cristianos, sin embargo, viven en la presencia del Señor. Moisés estuvo ante Dios por un tiempo limitado; pero los cristianos tienen la promesa del Señor de que estará siempre con ellos (Mt. 28:20). El velo de Moisés tipificaba la dureza de corazón de Israel; las caras descubiertas de los cristianos significaban su confianza (véase v. 12), porque tenían comunión con el Padre y con el Hijo (1 Jn. 1:4).

    En segundo lugar, el verbo griego katoptrizein, que aquí se nos presenta en participio de presente, voz media o pasiva, sucede sólo una vez en el Nuevo Testamento. Debido a este hecho, su significado es dado a debate. Sabemos que, en la voz activa, significa «reflejar, mostrar en un espejo». La voz pasiva se traduce por «ser reflejado», y la voz media significa «contemplar algo en un espejo». La interrogante consiste en que si este participio griego debiera interpretarse como voz activa o pasiva. Podrían darse las siguientes cuatro traducciones representativas:

  1. «contemplamos como en un espejo la gloria» (NASB, LBLA)
  2. «contemplamos la gloria del Señor» (RSV)
  3. «reflejamos la gloria del Señor» (NIV)
  4. «mirando … como en un espejo la gloria» (RV60)

   Cada una de estas versiones tiene su propia fuerza y sus partidarios; pero el quid de la cuestión está realmente entre contemplar y reflejar. Algunos traductores omiten las palabras en un espejo, porque opinan que esa frase está implícita en las traducciones contemplar o reflejar. Yo he adoptado la voz media, en una combinación de la segunda y tercera lectura: «contemplamos la gloria reflejada del Señor». Y lo hago así por las siguientes razones:

  1. La voz activa y la media a veces son idénticas en significado; aquí el versículo puede significar «reflejar».
  2. Algunos escritores de los primeros siglos de nuestra era interpretaban el verbo katoptrizein como «reflejar».
  3. Incluso cuando nos decidimos por la lectura contemplar, debemos admitir que el significado más profundo del verbo es que Cristo refleja su gloria en nuestras vidas. La conclusión es que por nuestra conducta la gente se da cuenta de que somos seguidores de Jesús (cf. Hch. 4:13).

   En tercer lugar, los tres apóstoles Pedro, Santiago y Juan vieron la gloria del Señor cuando Jesús se transfiguró (Mt. 17:1–3 y paralelos). Juan escribe: «El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros. Hemos visto su gloria, la gloria del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad» (Jn. 1:14). Pedro señala: «Fuimos testigos presenciales de su majestad. Porque él recibió honor y gloria de parte de Dios Padre cuando la voz se le dirigió desde la majestuosa gloria» (2 P. 1:16–17). Pedro encarece a sus lectores a seguir en las pisadas de Jesús (2 P. 2:21b). Después de haber visto la gloria de Jesús cerca de Damasco (Hch. 9:3–9 y paralelos), Pablo reflejaba su gloria.    Este reflejo glorioso del Señor no es algo que los cristianos experimenten sólo de manera pasiva. Por el contrario, reflejan la gloria de Cristo como un ejercicio activo, que coincide con su proceso de santificación. Así pues, Pablo recalca algunas de las muy conocidas virtudes cristianas, como fruto del Espíritu: «amor, gozo, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio» (Gá. 5:22–23).

    Por último, Moisés reflejaba la gloria de Dios después de haber estado en su presencia. Cuando les habló a los israelitas y les comunicó el mensaje divino, ellos pudieron contemplar el radiante resplandor de su rostro (Éx. 34:34–35). A causa de sus endurecidos corazones, tuvieron que pedirle que se cubriera el rostro. Los cristianos, sin embargo, han sido perdonados por el sacrificio expiatorio de Cristo. Ellos ven y reflejan la gloria de su Señor a cara descubierta. A la luz de la segunda parte del texto—«[nosotros] somos transformados en la misma imagen»—Pablo parece tener en mente la gloria de Dios revelada en Cristo.

-b. «Y somos transformados en la misma imagen». Esta es la parte principal del versículo que recibe un énfasis especial. El verbo está en presente y en voz pasiva, lo cual significa que esa transformación es un proceso cuyo agente está implícito, pero que hace su obra en nosotros.

   El verbo griego metamorphousthai (ser transformado) ocurre sólo cuatro veces en el Nuevo Testamento (Mt. 17:2; Mr. 9:2; Ro. 12:2; 2 Co. 3:18). Las dos primeras veces que ocurre son pasajes paralelos que se refieren a la transfiguración de Jesús en presencia de Moisés y Elías, con Juan y Santiago como observadores. Aquello fue un cambio externo visible del aspecto de Jesús. El tercer y cuarto de los pasajes citados (Ro. 12:2; 2 Co. 3:18) hablan de un cambio interno que no se puede observan fácilmente. Esa transformación cambia a la persona completamente, en el corazón, alma y mente. La tercera vez que ocurre es para expresar el mandato positivo de Pablo a los romanos de que sean «transformados por medio de la renovación de su mente» La última vez que se usa el término es en una declaración descriptiva, en el presente texto.

   ¿Qué significa ser transformado? ¿Cómo somos transformados? Y ¿quién es el que nos transforma? Jesús, «el primogénito entre muchos hermanos» (Ro. 8:29), fue glorificado en el monte de la transfiguración. Por ser el precursor, nos asegura que nosotros también seremos glorificados. Ya en esta vida somos transformados a su imagen, ahora como en un inicio; pero, en última instancia, sin duda que lo seremos en gloria total. La transformación que ocurre en el interior de una persona, afecta a todos sus pensamientos, palabras y obras.

   Las consecuencias externas se hacen inmediatamente aparentes y, gradualmente, cada vez más claras. (Incidentalmente, el mismo Pablo es un excelente ejemplo de la transformación interior de un fanático fariseo en un obediente siervo de Cristo.) El Espíritu guía a los creyentes hacia Cristo, cuya imagen ellos reflejan; porque son cartas vivas que cualquiera pueden leer (v. 2).

   Actualmente podemos ver la gloria del Señor y conocer que hemos sido cambiados a su semejanza por la obra del Espíritu Santo.74 Cuando llegue la consumación de los tiempos, seremos plenamente glorificados, como el Hijo de Dios (Ro. 8:30; 1 Co. 15:49, 51–52).

-c. «En la misma imagen, de un grado de gloria a otro». Pablo usa la palabra griega eikon (semejanza, imagen) también en 4:4, con referencia a Cristo. Los creyentes son transformados a la imagen de Cristo porque, como cristianos, son portadores de su nombre.

   Son hermanos y hermanas de Jesús en la familia de Dios (Heb. 2:11). La expresión misma imagen, no quiere decir que todos los creyentes sean iguales en aspecto. Sino más bien que todos los que sean guiados por el Espíritu, en gozosa obediencia a Cristo, son transformados para que sean portadores de su imagen. Son personas que, gradualmente, van de un grado de gloria a otro. Pablo modifica un concepto, del Antiguo Testamento, que aparece en los Salmos: «Van de poder en poder, hasta que cada uno se presente delante de Dios en Sión» (Sal. 84:7; LXX, 83:8). Aquí aplica Pablo esta idea a los creyentes que, en su vida terrenal, progresan en el camino de la santificación; al final, son trasladados de la tierra al cielo, de una gloria parcial, a una gloria plena.

-d. «Así como del Señor, esto es, del Espíritu». El texto griego de esta frase contiene solamente cuatro palabras, que se traducen literalmente: «como del Señor Espíritu». La interpretación de estas palabras es difícil y ha dado lugar a diversas variantes. Una de ellas es simplemente: «como por el Señor, el Espíritu» (LBLA); pero otras ofrecen una paráfrasis del texto y dicen: «así es como actúa el Señor, que es el Espíritu» (BJ; cf. NEB), o «y eso muy adecuadamente, viendo que todo es obrado por el Señor, no es obrado por nadie más que el Espíritu» (Cassirer). Incluso hay quienes alteran el lugar que ocupan los nombres Señor y Espíritu: «como por el Espíritu del Señor» (RV60).

   ¿Cómo podemos determinar el significado de estas palabras? Las primeras palabras de la cláusula son «así como». Pablo introduce una comparación en el sentido de estas palabras iniciales y su alternativa: «así también». Con esta correlación implícita, quiere decir: «Tal como Moisés reflejó la gloria de Dios y se transfiguró, así también nosotros somos transformados, de gloria en gloria, a la imagen del Señor. Así como Moisés se volvió hacia Dios, así mismo nosotros nos volvemos hacia el Señor, de donde proviene nuestra gloria por la obra del Espíritu Santo». Sabemos que Jesús, el cual cambia nuestras vidas, es el manantial del que procede la transformación de nuestro hombre interior. Este cambio se produce por la obra del Espíritu Santo (véase v. 17). «Nuestra transformación total es obra del Señor, en el Espíritu Santo, por él y a través de él».

   Nótese también que la expresión Espíritu es la última palabra del versículo, porque con ello se enfatiza su relevancia. Por lo tanto, el énfasis que hace Pablo sobre el Espíritu Santo resume todas las referencias que se hacen en este capítulo acerca del Espíritu (vv. 3, 6, 8, 17). El Señor Jesús, por mediación del Espíritu Santo, trae a nuestros corazones y vidas la plenitud de la obra de salvación.

Consideraciones doctrinales en 3:18

   Los dos primeros capítulos del Evangelio de Lucas enseñan que, quienes tienen algo que decir relativo a la concepción y nacimiento de Jesús, están llenos del Espíritu Santo. Leemos que María, Isabel, Zacarías y Simeón reciben el don del Espíritu (Lc. 1:35, 41, 67; 2:25, respectivamente). Todos ellos hacen declaraciones proféticas, que aguardan su cumplimiento en Jesucristo.

   El ángel Gabriel le dijo a Zacarías que Juan el Bautista, desde su nacimiento, sería lleno del Espíritu Santo (Lc. 1:15). Cuando Jesús fue bautizado, el Espíritu Santo descendió sobre él en forma de paloma (Lc. 3:22). Llenos del Espíritu, proclamaban la Palabra de Dios y hablaban con autoridad.

   Aunque Jesús realizó multitud de milagros, su obra consistía, esencialmente, en la predicación y enseñanza de las Buenas Nuevas.

   En el día de Pentecostés, el Espíritu Santo descendió sobre los apóstoles, los cuales inmediatamente empezaron a hablar en las proximidades del templo (Hch. 2:1–40). Pablo, después de que Jesús lo llamara en las cercanías de Damasco, también fue lleno del Espíritu Santo e inmediatamente comenzó a predicar que Jesús es el Hijo de Dios (Hch. 9:17, 20). De modo parecido, Felipe y Esteban fueron guiados por el Espíritu en su ministerio de la Palabra.

   En dos lugares sucesivos (1 Co. 3:16; 6:19). Pablo les dice a los creyentes que ellos también han recibido el Espíritu Santo, que mora en ellos. Y, en 2 Corintios 3, recalca la obra y la influencia del Espíritu en los corazones y vidas de los creyentes. De hecho, este capítulo en particular tiene siete referencias al Espíritu (vv. 3, 6 [dos], 8, 17 [dos], 18), y es considerado el capítulo de 2 Corintios que habla del Espíritu.

   El poder del Espíritu Santo está presente en la predicación, cuando se escucha y cuando se pone en práctica la Palabra de Dios en la vida de todo creyente verdadero. Llenos del Espíritu, los predicadores hablan con autoridad cuando proclaman el mensaje de salvación. Los oyentes cuyo corazón el Espíritu haya tocado, son espiritualmente resucitados y aceptan el mensaje por la fe. Y, por la obra del Espíritu en sus corazones, reflejan la gloria de Dios, de modo que todo el mundo puede ver que son seguidores de Jesús.

TIPOS, SÍMBOLOS E ILUSTRACIONES

(Éxodo 34:1-35)

Término histórico

El velo de Moisés (Ex. 34:35)

Tipo o ilustración (fundamento bíblico de cada uno)

Cuando Moisés descendió de la montaña después de pasar tiempo en la presencia de Dios, su rostro resplandecía. Después de que el pueblo lo vio, Moisés se cubrió con un velo. En ese velo vemos dos claros simbolismos:

  1. El velo de Moisés simbolizaba el desvanecimiento de la gloria de la ley.
  2. El velo de Moisés simbolizaba la ceguera espiritual de Israel al leer las Escrituras: que no son capaces de entender la verdad de las Escrituras, que Jesucristo es el verdadero Mesías y Salvador del mundo.

   “Y al mirar los hijos de Israel el rostro de Moisés, veían que la piel de su rostro era resplandeciente; y volvía Moisés a poner el velo sobre su rostro, hasta que entraba a hablar con Dios” (Éx. 34;3s).

Aplicación para la vida del creyente hoy en día

Lo que enseñaba el velo de Moisés:

-a. La obra de Jesucristo fue mucho más grande y más gloriosa que la obra de la ley. Mediante la obra de Cristo su muerte y resurrección recibimos la salvación y la vida eterna, el perdón de nuestros pecados y la heredad de una vida con Dios, por siempre y para siempre.

-b. Solo Cristo es la Luz del mundo; solo su Luz puede quitar el velo de ceguera que cubre los ojos de los hombres.

Aplicación bíblica para el creyente hoy en día

    “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna” (Jn. 3:16).

   “Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tema el imperio de la muerte, esta es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre” (He. 2:14-15).

   “Por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos” (He. 7:25).

   “El pueblo que andaba en tinieblas vio gran luz; los que moraban en tierra de sombra de muerte, luz resplandeció sobre ellos” (Is. 9:2).

   “En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres” (Jn. 1:4).

   “Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Jn. 8:12).

   “Entonces Jesús les dijo: Aún por un poco está la luz entre vosotros; andad entre tanto que tenéis luz, para que no os sorprendan las tinieblas; porque el que anda en tinieblas, no sabe a dónde va” (Jn. 12:35). (Biblia De Bosquejos Y Sermones  Éxodo 19-40).

Amén, para la honra y gloria de Dios.

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Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.

 

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