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Domingo 01 de noviembre de 2020. “Vestiduras Para Honra De Dios Y Hermosura Del Sacerdote”

Domingo 01 de noviembre de 2020. “Vestiduras Para Honra De Dios Y Hermosura Del Sacerdote”

 Lección: Éxodo Cap. 39, versículos 22 al 31. 22Hizo también el manto del efod de obra de tejedor, todo de azul, 23con su abertura en medio de él, como el cuello de un coselete, con un borde alrededor de la abertura, para que no se rompiese. 24E hicieron en las orillas del manto granadas de azul, púrpura, carmesí y lino torcido. 25Hicieron también campanillas de oro puro, y pusieron campanillas entre las granadas en las orillas del manto, alrededor, entre las granadas; 26una campanilla y una granada, otra campanilla y otra granada alrededor, en las orillas del manto, para ministrar, como Jehová lo mandó a Moisés. 27Igualmente hicieron las túnicas de lino fino de obra de tejedor, para Aarón y para sus hijos. 28Asimismo la mitra de lino fino, y los adornos de las tiaras de lino fino, y los calzoncillos de lino, de lino torcido. 29También el cinto de lino torcido, de azul, púrpura y carmesí, de obra de recamador, como Jehová lo mandó a Moisés. 30Hicieron asimismo la lámina de la diadema santa de oro puro, y escribieron en ella como grabado de sello: SANTIDAD A JEHOVA. 3lY pusieron en ella un cordón de azul para colocarla sobre la mitra por arriba, como Jehová lo había mandado a Moisés.

Temas a tratar en esta lección:

[4]. El manto del efod: simbolizaba el ministerio intercesor del sumo sacerdote

-a. El material: azul.

-b. La abertura para la cabeza: el borde estaba reforzado con un cuello tejido para que no se rompiera.

-c. Se hicieron granadas y campanillas para la orilla del manto.

1) Las granadas se hicieron de lino e hilos de colores y se las cosió a la orilla del manto.

2) Las campanillas estaban hechas de oro y cosidas en la orilla del manto, alternadas con las granadas.

-d. El propósito: el sacerdote lo vestía para ministrar, tal como el Señor había mandado.

-e. El propósito simbólico: que sonaran en medio del ministerio intercesor del sumo sacerdote.

[5]. El resto de las vestiduras de los sacerdotes: simbolizaban que los sacerdotes se vestían de la justicia de Dios

-a. Las túnicas de lino fino.

-b. La mitra de lino fino.

-c. Las tiaras de lino.

-d. Los calzoncillos de lino.

-e. El cinto de lino.

-f. Todo se hizo exactamente como Dios lo ordenó.

[6]. La lámina de oro (diadema o medallón): simbolizaba que el sumo sacerdote cargaba con la culpa por las faltas del pueblo

-a. Llevaba grabadas las palabras: SANTIDAD A JEHOVÁ.

-b. Iba atada al frente de la mitra con un cordón de azul.

-c. Se hizo exactamente como el Señor lo ordenó.   

   Comentario. Las vestiduras de los sacerdotes eran ricas y espléndidas. La iglesia en su infancia fue así enseñada por sombras de las buenas cosas venideras, pero la sustancia es Cristo y la gracia del evangelio. Cristo es nuestro gran Sumo Sacerdote. Cuando Él emprendió la obra de nuestra redención, se puso los ropajes del servicio, se adornó con los dones y las gracias del Espíritu, se ciñó con resolución para realizar la empresa, se encargó de todo el Israel espiritual de Dios, lo puso sobre su corazón, lo grabó en la palma de sus manos, y lo presentó a su Padre. Y Él se coronó con santidad al Señor, consagrando toda su empresa completa al honor de la santidad de su Padre. Los creyentes verdaderos son sacerdotes espirituales. El lino fino con que debe confeccionarse toda su ropa de servicio es las acciones justas de los santos, Apocalipsis 19:8.

Texto: “En todo tiempo sean blancos tus vestidos, y nunca falte ungüento sobre tu cabeza”. (Eclesiastés Cap. 9, versículo 8.)

Comentario del texto áureo: “En todo tiempo sean blancos tus vestidos, y nunca falte ungüento sobre tu cabeza.”
Blanco: – de color como el de la nieve o el de la leche; es el color de la luz solar que se refleja sin descomponerse en los colores del espectro.

    En este caso el blanco se asocia a la pureza y la santidad, que debe estar no en nuestro fuero externo sino en el interno. Dios nos pide ser limpios de corazón, ser limpios de mente, ser limpios de actitud, ser limpios en toda nuestra forma de ser. Dios nos pide ser puros en todo tiempo, es decir siempre. Hoy en día es difícil poder cumplir con este mandato, pero Dios nos da herramientas con las que podemos contar: –

    1.-El Espíritu Santo, diariamente estamos en una lucha constante con quien quiere que caigamos ante los ojos Santos de Dios. Para evitar contaminarnos y tener la fuerza de decir No cuando venga la tentación es indispensable tener morando el Espíritu Santo en nuestras vidas. Esa voz interna que nos dice lo que está bien y lo que está mal. Jesús oro al Padre para pedir que nos diera de su Espíritu Santo porque sabía que lo necesitaríamos

    2.- La Biblia, quien continuamente está leyendo su palabra, estará aprendiendo cual es la voluntad de Dios para nuestras vidas y las grandes promesas para quienes se comprometen con Él de obtener la vida eterna. Cuando Jesús fue tentado en el desierto acudió a la palabra de Dios para defenderse.

    3.- La oración, aquellas personas que tienes un compromiso de orar, no solo en tiempos de aflicción sino como una forma de vivir tendrá la seguridad de que Dios consuela nuestra tristeza, Dios nos fortalece en nuestras enfermedades, Dios se agrada de nuestra gratitud cuando nuestra oración es para agradecer, Dios quiere que conversemos con Él cada día porque quiere tener una relación cercana con nosotros. Jesús siendo el hijo de Dios oraba continuamente.

    Cuando se habla acerca del ungüento se está refiriendo a estar firmes en nuestro creer en Dios y compromiso de no caer ante las tentaciones que cada día nos asedian.

    La pureza y la Santidad son indispensables para nuestra meta final que es estar viviendo con Dios eternamente, en su Santa presencia.

1er Titulo:

Granadas y campanillas, adornos en el vestido sacerdotal. Versíc. 22 al 26.  22Hizo también el manto del efod de obra de tejedor, todo de azul, 23con su abertura en medio de él, como el cuello de un coselete, con un borde alrededor de la abertura, para que no se rompiese. 24E hicieron en las orillas del manto granadas de azul, púrpura, carmesí y lino torcido. 25Hicieron también campanillas de oro puro, y pusieron campanillas entre las granadas en las orillas del manto, alrededor, entre las granadas; 26una campanilla y una granada, otra campanilla y otra granada alrededor, en las orillas del manto, para ministrar, como Jehová lo mandó a Moisés. (Léase Éxodo 28.34 y 35 Una campanilla de oro y una granada, otra campanilla de oro y otra granada, en toda la orla del manto alrededor. Y estará sobre Aarón cuando ministre; y se oirá su sonido cuando él entre en el santuario delante de Jehová y cuando salga, para que no muera.). 

   Comentario: [4]. (Éxodo 39:22-26) Sacerdocio ¾ Manto Del Efod Oración ¾ Intercesión: El manto del efod simbolizaba el ministerio intercesor del sumo sacerdote (vea bosquejo y notas de Ex. 28:31-35). Tan solo imagine que alguien que usted conoce tiene una relación personal con el gobernante de una nación (el presidente, rey 0 primer ministro). Ahora supongamos que esa persona es su abogado, que ella lo representa a usted personalmente y presenta ante el gobernante de la nación todas las necesidades que usted tiene. Piense en lo que esa autoridad podría hacer por usted, cuántas de sus necesidades podría suplir y cuánto enriquecería su vida.

   Esa era exactamente la situación de Israel. El pueblo de Dios no podía acercarse a él por cuenta propia, porque Cristo aún no había venido y, por ende, no tenían la relación personal e íntima que hoy en día podemos tener con Dios. Los israelitas necesitaban a alguien que pudiera ponerse en su lugar y que pudiera hablar en su favor. Cuando el sumo sacerdote se ponía el manto del efod, el pueblo sabía qué era lo que estaba por hacer: estaba a punto de acercarse a la presencia de Dios para interceder por las necesidades de cada hombre, mujer y niño. Consideremos los detalles de la confección del manto del efod:

-a. La tela estaba hecha de un solo material: azul (v. 22).

-b. La abertura para la cabeza tenía el borde reforzado con un cuello tejido, para que no se rompiera cuando el sumo sacerdote metía la cabeza en ella (v. 23).

-c. Los trabajadores hicieron granadas y campanillas para la orilla del manto. Las granadas estaban hechas de lino fino e hilos de color azul, purpura y carmesí (v. 24). Las campanillas estaban hechas de oro y cosidas a la orilla del manto, alternadas con las granadas (v. 25).

-d. El propósito del manto era que el sumo sacerdote lo vistiera al momento de ministrar, tal como el Señor lo había ordenado y de forma simbólica: las campanillas debían sonar en medio del ministerio intercesor del sumo sacerdote (v. 26).

   Pensamiento 1. Jesucristo es nuestro abogado, nuestro Sumo Sacerdote, que vive para interceder por nosotros. El nos ama, tiene cuidado de nosotros, ora por nosotros y lleva nuestras necesidades delante de la Majestad soberana del universo, Dios, el Señor (Jehová, Yahveh).

(1) Cristo ora por el pecador para que renuncie a su pecado y sea salvo.

   “Por tanto, yo le daré parte con los grandes, y con los fuertes repartirá despojos; por cuanto derramó su vida hasta la muerte, y fue contado con los pecadores, habiendo él llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores” (Is. 53:12).

(2) Cristo ora por aquellos que lo aborrecen y rechazan, hasta el punto de orar por quienes lo crucificaron.

   “Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen” (Mt. 5:44).

   “Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Y repartieron entre si sus vestidos, echando suertes” (Lc. 23:34).

(3) Cristo ora por todos los incrédulos, por todos los que están condenados.

   “¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aún, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros” (Ro. 8:33-34).

(4) Cristo ora por aquellos a quienes él salva.

   “Por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos” (He. 7:25).

(5) Cristo ora por aquellos que le pertenecen, quienes creen en él y lo siguen.

   “Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que me diste; porque tuyos son” (Jn. 17:9).

(6) Cristo ora por los creyentes de todas las generaciones.

   “Mas no ruego solamente por estos, sino también por los que han de creer en mi por la palabra de ellos” (Jn. 17:20).

(7) Cristo ora por quienes necesitan su consuelo y protección.

   “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre” (Jn. 14:16).

(8) Cristo ora por quienes están débiles en la fe.

   “Pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos” (Lc. 22:32).

(9) Cristo ora por quienes están enfrentando grandes tentaciones.

   “Cuando llegó a aquel lugar, les dijo: Orad que no entréis en tentación. Y él se apartó de ellos a distancia como de un tiro de piedra; y puesto de rodillas oró” (Lc. 22:40-41).

(10) Cristo ora por nuestra protección frente al poder del mal.

   “No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal” (Jn. 17:15).

   Comentario del texto complementario: (Exodo 28:31-35) Tabernáculo De Moisés ▬ Sacerdocio ▬ Manto Del Efod: La tercera prenda de las vestiduras sacerdotales era el manto del efod, un manto largo y sin mangas hecho íntegramente de azul. Las instrucciones para su confección eran las siguientes:

  1. Hacer una abertura para pasar la cabeza por el centro.

El borde de esta apertura tenía que estar reforzado con un cuello tejido para que no se rompiera (v. 32).

  1. Hacer granadas de hilo azul, púrpura y carmesí (v. 33). Esas granadas estarían cosidas a la orla del manto, alternadas con campanillas de oro: una granada, una campanilla, otra granada, otra campanilla, y asi sucesivamente en el borde del manto (v. 34).
  1. El propósito simbólico del manto era doble:

1). Primero, que sonara en medio del ministerio intercesor del sumo sacerdote (v. 35). Antes de poder ministrar delante del Señor, el sumo sacerdote tenía que ponerse este manto. Habiéndose puesto todas las prendas sacerdotales, el tintineo de las campanillas marcaba cada uno de sus pasos. Su sonido permitía al pueblo saber dónde estaba cuando llevaba sus nombres delante de la presencia del Señor, de modo que cuando él ministraba a su favor, ellos podían seguir su ministerio intercesor y sus movimientos entre los distintos rituales de la adoración. Mientras llevaba adelante cada ritual en particular, el pueblo obviamente oraba y meditaba sobre las verdades que simbolizaba el ritual. La fruta de la granada, conocida tradicionalmente por su bella flor y su fertilidad, simbolizaba la belleza y la fecundidad del ministerio intercesor del sacerdote.

2). Segundo, que sonara para indicar una realidad maravillosa: Dios había aceptado la ofrenda del Sumosacerdote y el sacerdote no había muerto (v. 35). El sonido de las campanillas significaba para el pueblo que el sacerdote estaba vivo y ministrando a favor de ellos. Siempre que el sumo sacerdote entraba al lugar santo, existía la posibilidad de que su ofrenda no fuera acepta delante de Dios. Cuando un Dios Santo recibe una ofrenda impura o profana, la consecuencia final siempre es la muerte (siempre la muerte espiritual, pero a veces también la muerte física).

   Pensamiento 1. Jesucristo es el gran Sumo Sacerdote que, cumple el ministerio intercesor del Sumosacerdote. El intercede por nosotros delante del trono de Dios y su ministerio de intercesión es constante y perpetuo.

 Cristo intercede por nosotros a la diestra de Dios.

“¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aún, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros” (Ro. 8:34).

 Cristo vive para siempre e intercede por las personas que él ha salvado.

“Por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos (He. 7:25).

 Cristo intercede por el pecador.

“Por tanto, yo le daré parte con los grandes, y con los fuertes repartirá despojos; por cuanto derramó su vida hasta la muerte, y fue contado con los pecadores, habiendo él llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores” (Is. 53:12).

 Cristo intercede por quienes son débiles y más propensos a fallar.

“Pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos” (Lc. 22:32).

 Cristo intercede incluso por sus enemigos.

“Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Y repartieron entre sí sus vestidos, echando suertes” (Lc. 23:34).

 Cristo intercede por la iglesia, por todos los creyentes de todas las generaciones.

“Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que me diste; porque tuyos son” (Jn.17:9).

Pensamiento 2. Jesucristo se ofreció a sí mismo en sacrificio a Dios en cinco sentidos importantes:

(1) Jesús se ofreció a si mismo como la ofrenda perfecta de justicia, el Justo por los injustos.

“Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu” (1 P. 3:18).

(2) Jesús se ofreció a sí mismo como el sacrificio perfecto, el Cordero de Dios.

“El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Jn. 1:29).

(3) Jesús se ofreció a sí mismo como el Sumosacerdote perfecto, Aquel que intercede por el ser humano.

“Mas este, por cuanto permanece para siempre, tiene un sacerdocio inmutable; por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos” (He. 7:24-25).

(4) Jesús se ofreció a sí mismo como el Salvador resucitado, Aquel que vive por la eternidad.

“Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras” (1 Co. 15:3-4).

“Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los, que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor” (1 Ts. 4:16-17).

(5) Jesús se ofreció a sí mismo como el Señor exaltado, Aquel que está sentado a la diestra de Dios.

“Y el Señor, después que les habló, fue recibido arriba en el cielo, y se sentó a la diestra de Dios” (Mr. 16:19).

“Pero desde ahora el Hijo del Hombre se sentará a la diestra del poder de Dios” (Lc. 22:69).

“[…] según la operación del poder de su fuerza, la cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales” (Ef. 1:19-20).

“Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre” (Fil. 2:9).

“Que decían a gran voz: El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza” (Ap. 5:12).

2° Titulo:

La túnica, elemento complementario de la vestidura sacerdotal. Versíc. 27. 27Igualmente hicieron las túnicas de lino fino de obra de tejedor, para Aarón y para sus hijos. (Léase Ezequiel 44:17. Y cuando entren por las puertas del atrio interior, se vestirán vestiduras de lino; no llevarán sobre ellos cosa de lana, cuando ministren en las puertas del atrio interior y dentro de la casa.).  

    Comentario: [5]. (Éxodo 39:27-29) Sacerdocio ▬ Vestiduras ▬ Túnica ▬ Mitra  Tiara ▬ Calzoncillos ▬ Cinta ▬ Obediencia: Había otras prendas que formaban parte de las vestiduras sacerdotales y que simbolizaban, el vestirse de la justicia de Dios (vea bosquejo y notas de Ex. 28:39-43). Entre esas prendas se cuentan: las túnicas de lino fino, hechas de obra de tejedor (v. 27); las mitras y tiaras de lino fino (v. 28); los calzoncillos, hechos de lino fino torcido (v. 28); y el cinto para cada sacerdote, hecho de lino fino e hilos de colores (v. 29). Todas estas prendas se hicieron exactamente como el Señor se lo había mandado a Moisés (v. 29).

   Pensamiento 1. La túnica era una prenda parecida a una camisa larga que, junto con la mitra, básicamente cubría el cuerpo entero. Por lo tanto, ambas prendas simbolizaban el vestirse de la justicia de Dios. Quienes ministran en el nombre del Señor deben revestirse de su justicia; vestirse de menos que eso es totalmente insuficiente.

   “Me vestía de justicia, y ella me cubría; como manto y diadema era mi rectitud” (Job 29:14).

   “Tus sacerdotes se vistan de justicia, y se regocijen tus santos” (Sal. 132:9).

   “Asimismo vestiré de salvación a sus sacerdotes, y sus santos darán voces de júbilo” (Sal. 132:16).

   “En gran manera me gozaré en Jehová, mi alma se alegrará en mi Dios; porque me vistió con vestiduras de salvación, me rodeó de manto de justicia, como a novio me atavió, y como a novia adornada con sus joyas” (Is. 61:10).

   “Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención” (1 Co. 1:30).

   “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él” (2 Co. 5:21).

   Pensamiento 2. La tiara de lino, desde luego, se vestía sobre la cabeza. Simbolizaba que la mente y la voluntad de creyente están sometidas a Dios. El creyente debe someter su voluntad, sus pensamientos y sus propios planes personales a Dios y de buena gana.

   “El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado, y tu ley está en medio de mi corazón” (Sal. 40:8).

   “Enséñame a hacer tu voluntad, porque tú eres mi Dios; tu buen espíritu me guíe a tierra de rectitud” (Sal. 143:10).

   “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Ro.12:1-2).

   “Derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo” (2 Co. 10:5).

   “No sirviendo al ojo, como los que quieren agradar a los hombres, sino como siervos de Cristo, de corazón haciendo la voluntad de Dios” (Ef. 6:6).

   Pensamiento 3. Los calzoncillos de lino simbolizaban la cobertura que oculta la desnudez espiritual del creyente. Quienes vivan sin Cristo en esta vida quedarán expuestos y avergonzados. Debemos vestirnos del Señor Jesucristo y no proveer para los deseos de la carne.

   “Se vestirá la túnica santa de lino, y sobre su cuerpo tendrá calzoncillos de lino, y se ceñirá el cinto de lino, y con la mitra de lino se cubrirá. Son las santas vestiduras; con ellas se ha de vestir después de lavar su cuerpo con agua [acto simbólico que representa la purificación espiritual” (Lv. 16:4).

   “Sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado” (Ro. 6:6).

   “Sino vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para los deseos de la carne” (Ro. 13:14).

  “Y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad” (Ef. 4:24).

   “Y revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno” (Col. 3:10).

   Pensamiento 4. El cinto de lino fino e hilos de colores simbolizaba la verdad de la Palabra de Dios. Podemos compararlo con el cinturón de la verdad de la armadura de Dios, con el que el creyente ciñe sus lomos con la verdad (Ef. 6:14 [RVC]). La Palabra de Dios alumbra y envuelve todas las prendas del guardarropa espiritual del creyente. La Palabra de Dios es lo que une todas las cosas.

   “Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Jn. 8:32).

   “Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad” (Jn. 17:17).

   “Pero estas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre” (Jn. 20:31).

   “Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que, por la paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza” (Ro. 15:4).

   “Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes. Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia” (Ef. 6:13-14).

   “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” (2 Ti. 3:16 17).

   “Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón” (He. 4:12).

   Comentario de Ezequiel 44: 15 al 22, (para entender los requisitos de los sacerdotes): Luego de los levitas el profeta dirige su atención a los sacerdotes levitas, los hijos de Sadoc que cumplieron con mi ordenanza relativa a mi santuario (v. 15). Ellos sí estaban en condiciones se acercarse a Dios. Entre los vv. 11–13 y 15, 16 hay un agudo contraste.

   Las consecuencias del pecado son más notables cuando se hace esta comparación. Aquí uno se da cuenta de cuánto ellos habían perdido por no cumplir con las demandas de su ministerio.

   Si el propósito del profeta es mantener la santidad del santuario pues el Dios santo estaba allí, los ministros debían estar a la altura de las demandas que ese mismo Dios les había hecho.

   Los vv. 17–20 presentan una serie de normas para los sacerdotes que abarcan tres esferas. Es interesante notar las aptitudes que presenta el profeta en este pasaje y las que pide el apóstol Pablo para los obispos (1 Tim. 3:1–6; Tito 1:6–8).

   La presentación o aspecto del sacerdote (vv. 17–20); el profeta pone el acento tanto en sus vestiduras como es su propio cuerpo. En lo primero (vv. 17–19), deben llevar ropas de lino (Éxodo. 39:27–29) y no de lana pues debían evitar el sudor (v. 18). Estas ropas debían ser dejadas en los vestuarios de los sacerdotes.

   Sobre su propio cuerpo (v. 20) el profeta desafía a la moderación. Se les prohíbe los extremos: raparse y dejarse crecer el cabello. Sin duda las palabras de Ezequiel están inspiradas en Levítico 19:27; 21:5, que seguramente su auditorio conocía. Es posible que en los extremos hubiera implicaciones religiosas, como por ejemplo raparse, el culto a los muertos y las incisiones con reverencia a ciertas deidades. El aspecto exterior de un ministro no debe llamar la atención, por el contrario, debe señalar a Dios.

   El segundo terreno al que le presta atención es a su conducta (vv. 21, 22). Se debe prestar atención a que da por sentado el abandono del pecado como estilo de vida, ellos se habían purificado. En cuanto a su alimentación, debían evitar beber vino (v. 21) cuando debía ministrar (Lev. 10:9), para no faltar el respeto a las cosas santas.

17]. Vestiduras de lino: El lino simbolizaba la pureza ritual; la lana, que procedía de un animal, debía considerarse impura. Véanse Exo 28:42; Exo 39:27-29; Lev 6:10; Lev 16:4, Lev 16:23. 44.

3er Titulo:

La mitra sacerdotal reclama la Santidad a Jehová. Versíc. 28 al 31. 28Asimismo la mitra de lino fino, y los adornos de las tiaras de lino fino, y los calzoncillos de lino, de lino torcido. 29También el cinto de lino torcido, de azul, púrpura y carmesí, de obra de recamador, como Jehová lo mandó a Moisés. 30Hicieron asimismo la lámina de la diadema santa de oro puro, y escribieron en ella como grabado de sello: SANTIDAD A JEHOVA. 3lY pusieron en ella un cordón de azul para colocarla sobre la mitra por arriba, como Jehová lo había mandado a Moisés. (Léase 1ª de Pedro 1:15 y 16. Si no, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo.).  

    Comentario: [6]. (Éxodo 39:30-31) Sacerdocio ¾ Lámina De Oro ¾Medallón ¾ Culpa: La lámina de oro (medallón o diadema) simbolizaba que el sumo sacerdote cargaba con la culpa por las faltas del pueblo. Esta diadema sagrada llevaba grabada una frase: SANTIDAD A JEHOVA (v. 30), poderosas palabras que resumían el sentido de todas las prendas de las vestiduras sacerdotales y coronaban de gloria al sumo sacerdote, declarando que debía estar completamente apartado para los propósitos de Dios. El sumo sacerdote era santificado, consagrado y apartado con el único propósito de declarar que era el portador de la honra y gloria de Dios. Su desafío era cumplir con:

◘ el alto estándar de la santidad;

◘ el llamado supremo al sacrificio personal;

◘ el sumo llamamiento al servicio de Dios y de su pueblo amado.

   La lámina de oro iba atada al frente de la mitra de lino con un cordón de azul (v. 31). Estaba hecha exactamente como el Señor se lo había mandado a Moisés (v. 31).

   Pensamiento 1. Necesitamos un sumo sacerdote que no solo cargue con la culpa por nuestras faltas, sino que también pueda quitar la culpa y la condenación por el pecado. Las Escrituras declaran que Jesucristo es nuestro gran Sumo Sacerdote.

(l). Como nuestro gran Sumo Sacerdote, Cristo tomó sobre sí mismo nuestros pecados y cargó con ellos.

   “Por tanto, yo le daré parte con los grandes, y con los fuertes repartirá despojos; por cuanto derramó su vida hasta la muerte, y fue contado con los pecadores, habiendo él llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores” (Is. 53:12).

   “Así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan” (He. 9:28).

   “Quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados” (1 P. 2:24).

   “Y sabéis que él apareció para quitar nuestros pecados, y no hay pecado en él” (1 Jn. 3:5).

(2) Como nuestro gran Sumo Sacerdote, Cristo se convirtió en el sacrificio por nuestros pecados, de una vez y para siempre.

   “El cual se dio a sí mismo por nuestros pecados para librarnos del presente siglo malo, conforme a la voluntad de nuestro Dios y Padre” (Gá. 1:4).

   “Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a si mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante” (Ef. 5:2).

   “Quien se dio a si mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras” (Tit. 2:14).

   “De otra manera le hubiera sido necesario padecer muchas veces desde el principio del mundo; pero ahora, en la consumación de los siglos, se presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado. Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio, así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda ver, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan” (He. 9:26-28).

   “En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre (He. 10:10).

   “En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos” (1 Jn. 3:16).

   “[…] Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre” (Ap. 1:5).

(3). Como nuestro gran Sumo Sacerdote, Cristo consumó la reconciliación por nuestros pecados.

   “Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo” (He. 2:17).

(4) Como nuestro gran Sumo Sacerdote, Cristo siente nuestra debilidad y se compadece de nosotros.

   “Por tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión. Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado” (He. 4:14-15).

(5). Como nuestro gran Sumo Sacerdote, Cristo nos trajo la salvación eterna.

   “Así tampoco Cristo se glorificó a sí mismo haciéndose sumo sacerdote, sino el que le dijo: Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy […] y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen” (He. 5:5, 9).

(6) Como nuestro gran Sumo Sacerdote, Cristo nos dio la gran esperanza del cielo y de vivir para siempre en la presencia de Dios.

   “[…] para asirnos de la esperanza [del cielo] puesta delante de nosotros. La cual tenemos como segura y firme ancla del alma, y que penetra hasta dentro del velo, donde Jesús entró por nosotros como precursor, hecho sumo sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec” (He. 6:18-20).

(7) Como nuestro gran Sumo Sacerdote, Cristo nos da el perdón de nuestros pecados.

   “Porque tal sumo sacerdote nos convenía: santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores, y hecho más sublime que los cielos; que no tiene necesidad cada día, como aquellos sumos sacerdotes, de ofrecer primero sacrificios por sus propios pecados, y luego por los del pueblo; porque esto lo hizo una vez para siempre, ofreciéndose a sí mismo” (He. 7:26-27).

(8) Como nuestro gran Sumo Sacerdote, Cristo está sentado a la diestra de Dios para interceder por nosotros.

   “Ahora bien, el punto principal de lo que venimos diciendo es que tenemos tal sumo sacerdote, el cual se sentó a la diestra del trono de la Majestad en los cielos” (He. 8:1).

(9) Como nuestro gran Sumo Sacerdote, Cristo nos hace sobreabundar en bendiciones.

   “Pero estando ya presente Cristo, sumo sacerdote de los bienes venideros, por el más amplio y más perfecto tabernáculo, no hecho de manos, es decir, no de esta creación” (He. 9:11).

(10) Como nuestro gran Sumo Sacerdote, Cristo nos da acceso a la presencia de Dios.

   “Y teniendo un gran sacerdote [Jesucristo] sobre la casa de Dios, acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura” (He. 10:21 22).

(11) Como nuestro gran Sumo Sacerdote, Cristo nos salva perpetuamente, completamente, por siempre y para siempre.

   “Mas este, por cuanto permanece para siempre, tiene un sacerdocio inmutable; por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos” (He. 7 :24-25).

   Comentario del texto complementario: 1ª de Pedro 1:15. Más bien, así como es santo quien los llamó, sean santos en todo lo que hagan.

   Las palabras más bien introducen el aspecto positivo de este pasaje. Pedro informa a los lectores que Dios los ha llamado “de las tinieblas a su luz maravillosa” (2:9). Ahora son ellos los que han sido sacados del mundo; ellos son los escogidos (1:1–2; 2:9). En su amor electivo, Dios llama efectivamente a su pueblo a formar una nación santa (2:9). En suma, el llamamiento y la santidad son causa y efecto.

   Dios llama a su pueblo a ser santo porque él mismo es santo. Entre las características de Dios, como él ha querido revelar, ninguna es más significativa que su santidad. Tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento hablan más de su santidad que de cualquier otro atributo de Dios.96 El adjetivo descriptivo santo revela la pureza absoluta de Dios. Este adjetivo describe el estado y la acción del ser de Dios. Dios es sin pecado, no puede ser influenciado por ello, y en su santidad lo destruye.

   Pedro ahora toma el concepto de la santidad y lo aplica a sus lectores: “Así como es santo quien los llamó, sean santos en todo lo que hagan”. Dios llama a su pueblo a salir de un mundo de pecado para entrar en una vida de santidad; y espera que cualquier cosa que hagamos, digamos o pensemos sea santa.

   La confesión diaria del cristiano debe ser: Que no haya parte del día o de la noche que de lo sagrado esté exento. ▬Horacio Bonar▬

   Cuando Pedro dice: “Así como es santo quien los llamó, sean santos en todo lo que hagan”, espera que los creyentes sean imitadores de Dios en cuanto a la santidad. En su Sermón del Monte, Jesús presenta un mandamiento similar: “Sed por lo tanto perfectos, así como vuestro Padre celestial es perfecto” (Mt. 5:48). Y en otra ocasión dice, al predicar: “Sed, pues, misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso” (Lc. 6:36).

   ¿En qué se basa Pedro cuando exhorta los creyentes a evitar el pecado y esforzarse en la santidad? El abre las Escrituras y apela a la más alta autoridad. Ofrece confirmación de su enseñanza en las palabras dichas por Dios mismo.

Una confirmación  [16]. “Pues está escrito: “Sean” santos porque yo soy santo”.

   Cuando Jesús fue tentado por Satanás, desarmó al maligno con la fórmula escrito está y citas apropiadas de la Escritura (véase Mt. 4:4, 7, 10). Satanás reconoció la autoridad de la Palabra de Dios, aun hasta el punto de (mal) citarla para su propio propósito. Esa autoridad volvió a Satanás incapaz de hacer caer a Jesús. Por eso la palabra escrita demanda respeto y obediencia.

   Pedro toma esta palabra escrita de Levítico 11:44–45. Apela a Levítico, porque este libro se ocupa del tema de la santidad. Levítico enseña que el pueblo de Dios debe ser santo, porque Dios es santo. En realidad, el adjetivo santo aparece con mayor frecuencia en Levítico que en cualquier otro libro de la Biblia.

   “Sean santos, porque yo soy santo”. Para el creyente, la santidad no termina con el perdón y la limpieza del pecado, sino que comienza con una vida activa de oposición al pecado. El pecador debe luchar por vivir en obediencia a Dios, demostrando así el significado de la palabra santo.

Consideraciones doctrinales acerca de 1:14–16

   En el mundo, la palabra santo se usa más como interjección que como término que evoca reverencia y temor. Pero en los círculos cristianos llamamos a Jerusalén “la ciudad santa”, a las Escrituras “la santa Biblia” y a los sacramentos “santo bautismo” y “santa cena”. Cuando usamos el adjetivo santo o santa para describir algo o alguien, reconocemos una relación directa entre Dios y esa persona o cosa.

   Lo que llamamos santo nosotros dedicamos a Dios, porque lo consideramos puro y, en ciertos casos, hasta perfecto. Pero vacilamos en llamar santa a una persona, porque el pecado ha destruido la perfección, y el ser humano nunca alcanzará la perfección durante su vida en la tierra. Y sin embargo, la Biblia nos llama santos; es decir, somos hechos santos por medio de Jesucristo (p. ej., Hch. 20:32; 26:18; 1 Co. 6:11; Heb. 10:10). Como santos, recibimos el llamado de Dios a una vida santa (Ef. 4:22–24; Co. 3:9–10; 1 Ts. 5:23–24; 1 Jn. 3:3). Es por eso que, como hijos santificados de Dios, oramos haciendo la siguiente petición: “Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre” (Mt. 6:9).

Amen para la honra y gloria de Dios.

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Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.