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Lunes 15 de abril de 2019 “Dios manifestando siempre su perdón al género humano”

Lunes 15 de abril de 2019 “Dios manifestando siempre su perdón al género humano”

   Lectura Bíblica: Isaías Cap. 43, versículos 23 al 25. No me trajiste a mí los animales de tus holocaustos, ni a mí me honraste con tus sacrificios; no te hice servir con ofrenda, ni te hice fatigar con incienso. No compraste para mí caña aromática por dinero, ni me saciaste con la grosura de tus sacrificios, sino pusiste sobre mí la carga de tus pecados, me fatigaste con tus maldades. Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados. 

   Comentario: Jehovah justifica y redime a Israel, 43:22-25:

   Todas las maravillas mencionadas en la sección anterior, sobre todo en los vv. 16–21, Dios va a hacerlas para Israel no como una retribución a sus méritos o sus buenas obras (43:22–24), sino sólo por amor de sí mismo: Yo soy, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí… (v. 25).

   La justificación de Israel, es decir, la anulación de su culpa (v. 2), es el primer paso hacia su redención. El primer padre de la nación, aquel que ha legado su nombre al pueblo, pecó. Esto alude a Jacob (43:27), a quien ahora Dios llama con un nuevo nombre, que expresa su justificación: Jesurún (44:2), que significa rectitud, en clara contraposición al nombre de Jacob (44:2; comp. Deut. 33:5 y Gén. 25:26; 27:36; ver también la nota de RVA para Gén. 25:26).

   Aunque Jacob reveló tener un carácter desaprobado desde el vientre, es un hecho histórico que Jehovah lo transformó en un hombre nuevo. Lo mismo sucederá con el pueblo del cual Jacob es el padre.

   Los que descuidan invocar a Dios están cansados de Él. El Señor no cansa a los siervos con sus órdenes; ellos lo cansan con su desobediencia. ¿Qué son las riquezas de la misericordia de Dios con ellos? Yo, yo soy el que borro tus rebeliones. Esto nos estimula al arrepentimiento, porque hay perdón en Dios, y muestra la libertad de la misericordia divina. Cuando perdona, Dios olvida. No es algo en nosotros, sino por amor a sus misericordias, por amor de su promesa, especialmente por amor a su Hijo. Se complace de reconocer esto como su honra. —¿Se justificará el hombre ante Dios? El intento es desesperado: nuestro primer padre rescindió el pacto, y todos hemos seguido su ejemplo. No tenemos razón para esperar perdón salvo que lo busquemos por fe en Cristo; siempre es acompañada por el arrepentimiento verdadero, y seguido por vida nueva, por odio del pecado y amor a Dios. Entonces, hagámosle recordar las promesas que hizo al arrepentido y la satisfacción que su Hijo hizo a favor de ellos. Presenta esto como argumento en tu lucha por el perdón; y declara estas cosas, para que seas justificado gratuitamente por su gracia. Este es el único camino seguro a la paz.

1er Titulo:

Él Nos Perdona Por Su Compasión. Oseas 11:7 al 9. Entre tanto, mi pueblo está adherido a la rebelión contra mí; aunque me llaman el Altísimo, ninguno absolutamente me quiere enaltecer.  ¿Cómo podré abandonarte, oh Efraín? ¿Te entregaré yo, Israel? ¿Cómo podré yo hacerte como Adma, o ponerte como a Zeboim? Mi corazón se conmueve dentro de mí, se inflama toda mi compasión.  No ejecutaré el ardor de mi ira, ni volveré para destruir a Efraín; porque Dios soy, y no hombre, el Santo en medio de ti; y no entraré en la ciudad. 

   Comentario: Cuando Israel era débil e indefenso, como un niño, inmaduro y voluntarioso como un niño, Dios los amaba; los soportó como la niñera al niño de pecho, los alimentó y toleró sus modales. Todo los que están crecidos debieran reflexionar con frecuencia, en la bondad de Dios hacia ellos en la niñez. Los cuidó, pasó trabajos con ellos, no sólo como padre o tutor, sino como madre o niñera. Cuando estaban en el desierto, Dios les mostró el camino por donde debían ir, y los soportó, llevándolos de la mano. Les enseñó el camino de sus mandamientos por la ley ceremonial entregada por medio de Moisés. Los tomó de la mano para guiarlos, para que no se descarriaran, y los sostuvo para que no tropezaran y cayeran. Todo el Israel espiritual de Dios es así sostenido. — Obra de Dios es atraer a sí a las pobres almas; y nadie puede ir a Él a menos que Él las traiga. Con lazos de amor; esta palabra significa cuerdas más fuertes que las anteriores. Les aligeró las cargas bajo las cuales gemían por tanto tiempo. —Israel es muy ingrato con Dios. Los consejos de Dios los hubieran salvado, pero sus propios consejos los destruyeron. Se descarriaron; no hay firmeza ni constancia en ellos. Se descarriaron de mí, de Dios, el sumo bien. Tienden a descarriarse; están listos para pecar; son proclives a rendirse a toda tentación. Sus corazones están totalmente decididos a hacer el mal. Son verdaderamente dichosos sólo aquellos a quienes el Señor enseña por su Espíritu, sostiene por su poder, y hace andar en sus caminos. Quita por su gracia el amor y el dominio del pecado, y crea el deseo de la bendita fiesta del evangelio, para que ellos puedan alimentarse de eso y vivir por siempre.

   Dios es lento para la ira y detesta abandonar a la ruina extrema a un pueblo que se llama por su nombre. Para ofrecer un sacrificio por el pecado, y un Salvador para los pecadores, Dios no escatimó a su propio Hijo, para que Él pudiera perdonarnos. Este es el lenguaje del día de su paciencia; pero cuando los hombres lo pierden por pecar, viene el gran día de su ira. Las compasiones del hombre nada son comparadas con las tiernas misericordias de nuestro Dios, cuyos pensamientos y caminos, para recibir pecadores arrepentidos, están tan por encima de los nuestros como el cielo está por encima de la tierra. Dios sabe perdonar a los pobres pecadores. Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y, de ahí, que declare su justicia, ahora que Cristo ha comprado el perdón y Él lo ha prometido. —El santo temblor ante la palabra de Cristo nos llevará a Él, no nos alejará de Él. Cuando ruge como león, tiemblan los esclavos y huyen de Él, los hijos tiemblan y huyen a Él. Todo el que acude al llamado del evangelio, tendrá un lugar y un nombre en la Iglesia del evangelio. Los servicios religiosos de Israel eran sólo hipocresía, pero en Judá hubo consideración por las leyes de Dios, y el pueblo siguió a sus piadosos antepasados. Seamos fieles: Dios honrará a los que así le honren; pero serán tenidos en poco los que lo desprecian.

2° Titulo:

Su Amor Actúa Para Perdonar. Salmo 25:11. Por amor de tu nombre, oh Jehová, Perdonarás también mi pecado, que es grande.

   Comentario: Todos somos pecadores; y Cristo vino al mundo a salvar pecadores, a enseñar a los pecadores, a llamar a los pecadores al arrepentimiento. Valoramos una promesa por el carácter de quien la haga; por tanto, confiamos en las promesas de Dios. Todas las sendas del Señor, esto es, todas sus promesas y todas sus providencias, son misericordia y verdad. El pueblo de Dios puede ver todos sus tratos el despliegue de su misericordia y el cumplimiento de su palabra, cual quiera sean las aflicciones por las cuales estén ahora siendo ejercitados. Todas las sendas del Señor son misericordia y verdad; y así será cuando lleguen al final de su jornada. Quienes son humildes, que desconfían de sí mismos, y desean ser enseñados y seguir la dirección divina, a estos guiará en juicio, esto es, por la regla de la palabra escrita, para hallar el descanso para sus almas en el Salvador. Aun cuando el cuerpo esté enfermo y dolorido, el alma puede estar cómoda en Dios.

3er Titulo:

Por Su Gracia Nos Perdona. Romanos 3: 23 al 26. por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús. 

   Comentario: Continúa: 22, 23. A saber, una justicia de Dios que, por medio de la fe en Jesucristo, (viene) a todos los que ponen en acción la fe—porque no hay distinción, por cuanto todos han pecado y no alcanzan la gloria de Dios—…

   En líneas generales Pablo repite aquí lo que ya ha afirmado en 1:16, 17. No se olvida de su tema. En el pasaje anterior él había dicho: “El evangelio … es (el) poder de Dios para salvación a todo aquel que pone en acción su fe … porque en él se revela una justicia de Dios de fe a fe …” Ahora él añade que el objeto de esta fe es Jesucristo. Cf. Mt. 1:21; Jn. 3:16; 14:6; Hch. 4:12.

   Con gran énfasis el apóstol repite el pensamiento de 1:16b, a saber, que esta justicia es concedida a todos aquellos—y solamente a aquellos—que ponen en acción su fe; o sea, a todos los verdaderos creyentes en Jesucristo.

   Nada importa que la persona sea rica o pobre, joven o anciana, varón o mujer, educada o no educada, judío o gentil. Todos necesitan esta justicia y solamente pueden obtenerla por medio de fe en el Salvador, en quién y por medio de quien el Trino Dios se revela.

   No hay distinción. Visto que todos, toda la gente en todo el mundo, han pecado y por lo tanto no alcanzan, o carecen de, la gloria de Dios, nadie debe basar su esperanza de ser aceptado por Dios en su propia bondad.

   La ley de Dios demanda la perfección y ya nadie es perfecto ante Dios. El apóstol ha explicado esto bastante detalladamente; en primer lugar, con respecto a los gentiles (1:18–32); después con respecto a los judíos (2:1–3:8). Y lo ha resumido en 3:9–21.

   Todas las personas han pecado y no alcanzan—o no están alcanzando—la gloria de Dios. Cuando el hombre transgredió el mandamiento de Dios, él perdió sus anteriores bendiciones, específicamente la aprobación divina que descansaba sobre él, y de allí también la libertad de acceso a Dios. Cf. Gn. 3:8.

   Versíc. 24, 25a.… Siendo justificados gratuitamente por su gracia por medio de la redención (lograda) en Cristo Jesús; a quien Dios designó que [p 148] fuera, por el derramamiento de su sangre, un sacrificio que aplaca la ira, (efectivo) por medio de la fe.

   Nótese los diversos elementos presentes en este importante pasaje:

   a. siendo justificados.

   Aquí, por vez primera en Romanos, el verbo justificar es usado en un contexto positivo a fines de manifestar la doctrina de la justificación por la fe. Es fácil desviarse aquí al interpretar el pensamiento de Pablo. Si se combinan el comienzo del v. 24 con las palabras finales del v. 23, el resultado es: “… todos han pecado y no alcanzan la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia”, etc. ¿Está Pablo realmente diciendo, entonces, que todos los pecadores están siendo justificados, o sea, que están siendo salvados? ¿Se ha transformado Pablo repentinamente en universalista?

   El escritor de este comentario recuerda haber oído a un predicador decir desde el púlpito: “Al final todos serán salvos. Tengo esperanzas aun por el demonio”. Omitiendo esta parte respecto al demonio, ¿estaba este ministro de acuerdo con Pablo?

   Pero esto no puede ser, porque en 1:16, 17 y 3:22 el apóstol insiste en que “la justicia de Dios” es una bendición otorgada a aquellos que ponen en acción su fe, y a nadie más.

   ¿Cuál es la solución? Probablemente esta: cuando en el v. 22a Pablo declara que la justicia de Dios se extiende a todos los que ponen en acción su fe, hay algo así como una interrupción. Es como si alguien (¿quizás un judío?) preguntara: “¿Sólo a éstos, Pablo? ¿No también a nosotros, que, aunque no compartimos tu fe en Jesucristo, hemos tratado con gran esfuerzo de agradar a Dios por medio de nuestro esfuerzo por vivir en armonía con su ley? ¿No somos mejores que otra gente? ¿No hay distinción entre nosotros y los demás?

   La respuesta a esta pregunta parentética—como ya ha sido demostrado—es: “No hay distinción, puesto que

todos han pecado y no alcanzan la gloria de Dios” (22b, 23).

   Regresando ahora a la línea principal de su pensamiento: “una justicia de Dios que, por medio de la fe en Jesucristo (llega) a todos los que ponen en acción la fe” (v. 22a), el apóstol continúa: “siendo justificados gratuitamente por su gracia por medio de la redención (lograda) en Cristo Jesús” (v. 24). No cualquiera, sino solamente aquellos que ponen en acción su fe, los creyentes genuinos, reciben la gran bendición de la justificación.

   Cuando se lo usa, como aquí en Ro. 3:24, en el sentido dominantemente forense, el verbo justificar significa declarar justo; y la justificación puede ser definida como ese misericordioso acto de Dios por el cual, solamente en base a la obra mediadora realizada por Cristo, él declara al pecador justo, y este último acepta este beneficio con un corazón creyente. En defensa de esta definición véanse no sólo el presente contexto (Ro. 3:24–30), sino también 4:3, 5; 5:1, 9; 8:30; Gá. 2:15, 16; 3:8, 11, 24; 5:4; Tit. 3:7. La justificación está en contraste con la condenación. Véase Ro. 8:1, 33, 34.

   La justificación es un asunto de imputación (poner en la cuenta): la culpa del pecador le es imputada a Cristo; la justicia de este último le es imputada al pecador (Gn. 15:6; Sal. 32:1, 2; Is. 53:4–6; Jer. 23:6; Ro. 5:18–19). En tanto que la justificación es un asunto de imputación, la santificación es un asunto de transformación. En la justificación es el Padre quien toma la iniciativa (Ro. 8:33); en la santificación es el Espíritu Santo quien lo hace (2 Ts. 2:13). La primera implica un veredicto “de una vez por todas”, la segunda un proceso que dura toda la vida. Sin embargo, aunque las dos nunca deberían ser identificadas, tampoco deberían ser separadas. Son distintas, pero no separadas.

   b. gratuitamente

   La palabra usada en el original significa “como un regalo”; en otras palabras, sin pago hecho por parte de aquel que lo recibe; sin ningún mérito humano. Véanse 1 Ti. 1:9; Tit. 3:4. Para que el pecador pueda ser declarado justo, ha de ser gratuitamente, ya que, como se ha demostrado anteriormente, si lo medimos por la norma de los requisitos de Dios (Lv. 19:2; Mt. 22:37 y paralelos) el mérito humano es imposible. El hombre no puede ganarse esa bendición grande y básica de la justificación. El sólo la puede aceptar como un don (Is. 55:1).

   c. por su gracia

  Gracia es el amor de Dios dirigido hacia el culpable, así como su misericordia es ese mismo amor dirigido hacia aquellos que sufren. Es fácil entender que “gratuitamente” y “por su gracia” van juntos.

   d. por medio de la redención (lograda) en Cristo Jesús

   La palabra redención (en griego _πολύτρωσις) ocurre diez veces en el Nuevo Testamento (Lc. 21:28; Ro. 3:24; 8:23; 1 Co. 1:30; Ef. 1:7, 14; 4:30; Col. 1:14; Heb. 9:15; 11:13). En aquellos pasajes en que se usa el término, como aquí en Ro. 3:24, en su pleno sentido espiritual, indica la liberación de la culpa, el castigo y el poder del pecado, por medio del pago de un rescate.

   Esta redención fue lograda en, lo que probablemente significa “en relación con”, Jesucristo, el Salvador Ungido.

   La mayoría de los traductores han adoptado esta traducción o alguna muy similar, a saber “en Cristo Jesús”. Algunos, sin embargo, prefieren “por medio de Cristo Jesús”. El original griego permite cualquiera de las dos. A favor de “en”, o “en relación con”, está el hecho que en los vv. 23, 24 “Dios” es claramente mencionado como el Autor de la redención de los creyentes. No a Jesús sólo sino al Trino Dios se la debe acordar la alabanza y la gloria por la liberación del hombre del pecado y sus consecuencias. Fue lograda o causada en y por medio de Cristo Jesús, o sea, por medio de su sufrimiento y muerte voluntarios en la cruz.

   e. a quién Dios designó que fuera…Este designio se retrotrae al eterno consejo divino. En ese consejo o decreto Cristo Jesús fue designado para ser Aquel por medio de quien el plan de salvación se cumpliría. Cristo Jesús y su pueblo nunca pueden ser separados.

Nótese pasajes paralelos tales como Ef. 1:4, 7, 10, 11.

   f. Por el derramamiento de su sangre, un sacrificio que aplaca la ira, o sacrificio propiciatorio.

   La sangre representa la vida (Lv. 17:11; Mt. 20:28, cf. 26:28; Jn. 10:11, 15). Las palabras “por el derramamiento de su sangre” se refieren al sacrificio voluntario de la vida de parte del Mesías en lugar de aquellos a quienes vino a salvar. Cf. Is. 53:10–12.

   Aunque es negado constantemente, lo cierto es que la ira de Dios pesa sobre el pecador y debe ser aplacada para que éste pueda ser salvo. Véanse Ro. 1:18; 2:5, 8; 3:5; 5:9; 9:22; Ef. 2:3; 5:6; Col. 3:6; 1 Ts. 1:10; 2:16; 5:9; Ap. 6:16, 17; 11:18; 14:10; 16:19; 19:15.

   Cuando la propiciación es cumplida, la ira de Dios es aplacada. Ro. 3:25a menciona un sacrificio que aplaca la ira, un sacrificio propiciatorio, a saber, Cristo Jesús mismo. Fue él quien dio—ofreció voluntariamente—su sangre; o sea, su vida; o sea, a sí mismo (1 Ti. 2:6) por sus ovejas, soportando la ira de Dios en lugar de ellas, haciendo así que ellas fueran reconciliadas con Dios.

   Hay muchos pasajes que enseñan esta verdad, ya sea en su totalidad o en parte: Is. 53:4–8, 12; Mt. 20:28; 26:28; Mr. 10:45; 14:24; Lc. 22:20; Hch. 20:28; 1 Co. 10:16; 11:25; 2 Co. 5:20, 21; Ef. 1:7; 2:13; Col. 1:20; 1 P. 1:18, 19; 2:24; 1 Jn. 1:7; 5:6; Heb. 9:11, 12, 15, 23–28; Ap. 1:5; 5:9; 7:14; 12:11; 13:8.

   La palabra griega para la cual he elegido el equivalente “sacrificio que aplaca la ira (o sacrificio propiciatorio)” indica en la LXX (traducción griega del Antiguo Testamento) la tapa salpicada de sangre que estaba sobre el arca del pacto. Este es el “propiciatorio” Véanse Ex. 25:17, 18; Lv. 16:2, 23; etc. En total, la palabra aparece más de veinte veces en el Pentateuco, con mayor frecuencia en Éxodo. En la descripción de los muebles del tabernáculo (Heb. 9:1–5) es lógico creer que el v. 5 se refiere de modo similar a esta tapa. Sin embargo, aunque la misma palabra aparece en Ro. 3:25, es comprensible que la mayoría de los traductores—hay algunas excepciones—vacilen en llamar a Cristo Jesús “propiciatorio”, o “tapa propiciatoria”. “Sacrificio que aplaca la ira”, “sacrificio de expiación (NVI), o simplemente “propiciación” (VRV 1960, B Jer) es mejor. Véase también 1 Jn. 2:2; 4:10).

g. (efectivo) por medio de la fe

   El sacrificio propiciatorio de Cristo no entra en vigor automáticamente. Si una persona desea obtener esta gran bendición—el apartarse de la ira de Dios, el perdón, la aceptación por parte de Dios—debe poner en acción una fe genuina en Cristo, en y por medio de quien el Dios Trino se revela a sí mismo.

   La indispensabilidad de la fe ya ha sido indicada (1:8, 16, 17; 3:22) y volverá a ser enfatizada (3:26, 28, 30; 4:3, etc.). Sin fe nadie puede agradar a Dios (Heb. 11:6) Para ser salva una persona necesita la fe, esa fe que es un don de Dios (Ef. 2:8)

   Nadie ha sido salvado jamás ni alcanzará la celestial gloria eterna por medio de las obias, del esfuerzo humano o de sus logros (3:9–20).

Ni lo que mis manos han obrado

Puede mi culpable alma salvar;

Ni lo que mi pobre carne ha sufrido

Puede mi espíritu sanar.

Ni mis sentimientos ni mis acciones

La paz con Dios me puede dar.

Ni mis lágrimas, suspiros u oraciones

Pueden mi pesada carga soportar.

Tu gracia sola, Oh Dios,

De tu perdón me puede hablar.

Sólo tu poder, Oh Hijo de Dios,

Puede mi cruel cadena quebrantar.

Sólo tu obra, la genuina,

Sólo tu sangre servirá,

Sólo aquella fuerza que es divina

Con seguridad me sostendrá.

Horacio Bonar

   Como resumen se puede indicar, al fin, que la justificación, según la enseña Pablo, no es de ninguna manera la obra del hombre. Por el contrario, ella es:

a. don de Dios (Ro. 5:15–18)

b. producto de su gracia (3:24; 4:16; 5:15)

c. gratuita (5:16)

d. no por obras (3:20)

e. lo opuesto a la condenación (8:1, 33, 34)

f. lo que priva al hombre de toda causa de jactancia (3:27)

g. apropiada por la fe, siendo esa fe misma un don de Dios (Ef. 2:8)

   Que esta doctrina de la justificación por medio de la fe concuerda con las enseñanzas del Antiguo Testamento es algo que será demostrado en Ro. 4.

   Que la misma está también en armonía con las enseñanzas de Cristo será indicado en un momento (véase el

próximo párrafo). Añádase Lc. 18:14.

   Todo lo dicho es contrario a la doctrina de Roma, porque, aunque Roma sin duda enseña que Cristo, por medio de su expiación, aportó la base meritoria para nuestra justificación, también enseña que la causa que predispone su operación debe ser aportada por nosotros mismos; es decir, por medio de nuestra esperanza, fe, amor, contrición, etc. En su disertación doctoral Attrition and Contrition at the Council of Trent (Atrición y contrición en el Concilio de Trento), Kampen, 1955, p. 227, G. J. Spykman hizo las siguientes excelentes observaciones:

   “Trento virtualmente hizo que la gracia salvadora dependiera de lo que el penitente hiciera o dejara de hacer, aunque sea en una forma extremadamente refinada … Afirmó que no solamente la gracia sino también las buenas obras contribuían a la justificación”. Además, Spykman indica que “esto contradice directamente la invitación de Cristo: ‘Venid a mí todos los que estáis cansados y cargados, y yo os daré descanso’” (Mt. 11:28–30).

   Versíc. 25b, 26. (Dios hizo esto) para demostrar su justicia, porque en su paciencia él había tratado los pecados pasados con indulgencia. (Así que lo hizo) para demostrar su justicia en el tiempo presente, para ser justo y ser él quien justifica a la persona que tiene fe en Jesús.

   ¿Cómo sucedió que, según el plan de Dios desde la eternidad, nada podía evitar que Jesús derramara su sangre como sacrificio propiciatorio? La respuesta es esta: sucedió para probar o demostrar que Dios no había sido injusto cuando, en su paciencia (cf. 2:4, y véase también 8:32), él había tratado con indulgencia—había “pasado por alto”, “tolerado”—por un tiempo los pecados de su pueblo cometidos en días pasados, es decir, durante la antigua dispensación. Cuando el Hijo de Dios sufrió y murió, lo hizo para pagar por los pecados de todos los que le habían aceptado o iban a aceptarle por medio de una fe viva; esto es, por todos los creyentes de ambas dispensaciones. Los méritos de la cruz se extienden tanto hacia atrás como hacia adelante. Al no permitir que los antiguos pecados permanecieran para siempre impunes, sino que debían ser cargados sobre Cristo (Is. 53:6), Dios demostró que él era, es y siempre será justo. Y dado que él es justo, ¿quién puede negar que él, y solamente él, tiene derecho a ser—y de hecho es—el justificador de todos los que ponen su confianza en Jesús?

   Nótese lo siguiente:

   a. Una vez más, cosa que encontramos con frecuencia en Romanos, se nos dice que la maravillosa bendición de la justificación es para aquella persona, él o ella solamente que tiene fe en Jesús.

   b. “En Jesús”, Esto debe significar el Jesús de la historia, Aquel que nació en Belén, fue crucificado, resucitó y subió a los cielos. ¡La afirmación que dice que es posible creer en un Cristo que no es el Jesús de la historia del cual las Escrituras dan testimonio es falsa!

4° Titulo:

Su Misericordia Se Manifiesta Para Perdonar. Isaías 55:7. Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar. 

   Comentario: Aquí hay una oferta graciosa de perdón y paz, y de toda felicidad. No será en vano buscar a Dios; ahora su palabra nos está llamando y su Espíritu lucha con nosotros. Pero hay un día por venir en que no será hallado. Puede llegar un tiempo así en esta vida; seguro es que la puerta será cerrada en la muerte y el juicio. No sólo debe haber un cambio del camino, sino un cambio de la mente. Debemos cambiar nuestros juicios sobre las personas y las cosas. No es suficiente romper y dejar las malas costumbres, sino tenemos que luchar contra los malos pensamientos. Arrepentirse es volver a nuestro Señor, contra el cual nos rebelamos. Si lo hacemos así, Dios se multiplicará para perdonar como nosotros nos hemos multiplicado para ofender. Pero que nadie juegue con esta abundante misericordia ni la use como ocasión para pecar. El pensamiento de los hombres acerca del pecado, de Cristo y de la santidad, sobre este mundo y el otro, difieren vastamente de los de Dios; pero en nada difieren más que en materia de perdón. Nosotros perdonamos y no podemos olvidar; cuando perdona el pecado Dios no lo recuerda más. —El poder de su palabra en las esferas de la providencia y la gracia es tan cierto como en la de la naturaleza. La verdad sagrada produce un cambio espiritual en la mente del hombre que ni la lluvia ni la nieve pueden producir en la tierra. No volverá al Señor sin producir efectos importantes. —Si adoptamos un punto de vista especial de la Iglesia, hallaremos qué cosas grandes ha hecho y hará Dios por ella. Los judíos volverán a su tierra; esto representa las bendiciones prometidas. La gracia del evangelio hará un cambio grande en los hombres. Librado de la ira venidera, el pecador convertido halla paz en su conciencia; el amor lo constriñe a dedicarse al servicio de su Redentor. En lugar de ser profano, contencioso, egoísta o sensual, véanlo paciente, humilde, amable y en paz. La esperanza de ayudar en tal obra debiera instarnos a difundir el evangelio de la salvación. Ayúdanos tú, oh Espíritu de toda verdad, a tener esa visión tal de la plenitud, gratuidad y grandeza de la rica misericordia en Cristo, que quite de nosotros todos los estrechos puntos de vista acerca de la gracia soberana.

Amén, para la gloria de Dios.

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Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.