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“Desechando fundamentos, olvidando principios”.

“Desechando fundamentos, olvidando principios”.

La iglesia que ha olvidado sus fundamentos, 

es una iglesia que volverá su espalda a sus principios, 

y terminará fría y dura”. 

David Wilkerson.

 

¿Qué fundamentos hemos olvidado como iglesia? La respuesta es muy fácil, HEMOS OLVIDADO LOS PILARES FUNDAMENTALES DE LA FE HISTÓRICA, y estos pilares son las “cinco solas”, por las cuales los grandes reformadores del siglo XVI (incluso desde antes,  ya desde Agustín) dieron una batalla constante, para así destruir el tradicionalismo pagano que reinaba en su época, y lograr que flameara la Doctrina de Cristo. Estas frases, Sola Fide, Sola Gratia, Sola Scriptura, Solus Christus y Soli Deo Gloria, no eran pequeños “clichés” que pronunciaban para matar el tiempo, o como muchos de hoy las utilizan, como una especie de moda en redes sociales, sino que eran verdaderas convicciones que ardían fuertemente en sus propios corazones,  por las cuales lucharon hasta dar sus propias vidas.

 

  • Desechando la Sola Scriptura:

La “Sola Scriptura” desvinculaba completamente a la tradición como fuente del conocimiento de Dios. Las tradiciones humanas son contrarias a la doctrina real de Cristo (cfr. Gálatas 1:10). Los reformadores en su tiempo vieron que la crisis que experimentaba la cristiandad se debía a la ignorancia de las Escrituras. En el Siglo XVI, la lectura de la Biblia estaba censurada, lo que promovía la ciega sumisión al sistema humano y papal. La iglesia protestante finalmente hizo vida de este principio y asumió que la fuente fidedigna para el crecimiento cristiano era la Palabra de Dios, pues: “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia” (cfr. 2 Timoteo 3:16).

Hoy en día, las iglesias evangélicas no son muy consecuentes con este principio. En primer lugar, la tradición evangélica exige una sumisión total a la enseñanza del que predica desde un altar, del cual también se dice estar inspirado por el Espíritu Santo de Dios, y por lo tanto, todo lo que éste dijere es correcto. En segundo lugar, la tradición evangélica enseña que el cuestionar la enseñanza del “Ungido de Jehová” es un pecado grave delante de Dios, ya que no lo hago al hombre sino a Dios. En tercer lugar, la Biblia ha sido desplazada como un accesorio en la predicación común, es más bien un libro que ilustra los testimonios, las experiencias, los sueños, las visiones, las revelaciones, las unciones especiales, y un montón de ideas que muchas veces no encuentran asidero en las Escrituras.

Nuestra realidad es completamente contradictoria con el principio de la “Sola Scriptura”. No podemos aceptar todas las cosas desde un punto de vista tan irreflexivo, descansando en la idea que todo lo expuesto es una revelación directamente dada de Dios. Esto se contrapone con la actitud correcta que los apóstoles encomendaban (cfr. 1 Juan 4:1). Si nos fijamos, ahora solo se idolatra la oratoria, la retórica y la elocuencia del predicador y caemos en el engaño de sus palabras moviéndonos a decir amén a todo lo que nos digan, pero,  ¿No sería mejor examinar las Escrituras antes de confirmar algo que podría ser una tremenda y evidente herejía? ¿Decir “sí” a todo es una postura bíblicamente correcta? El examen a la luz de las Escrituras ha sido quitado por este tipo de creencia que exalta el analfabetismo bíblico llenándonos de frases como “es mejor creer que dudar”, “Dios no es un dios para la mente, es para el corazón”, “la mucha letra mata”,etc.

De esta forma, tristemente, las Escrituras pasan a jugar un papel secundario en las iglesias evangélicas. Suele ser un accesorio que sirve para ilustrar muchas veces ideas humanas, antibíblicas o extrabíblicas, jamás pronunciadas en la Palabra de Dios. Todo esto conlleva un resurgimiento de nuevas ideas, glosolalia, visiones, risa santa, etc. Un desorden “espiritual” tremendo existente en muchos círculos evangélicos, puesto que quedamos como verdaderos ignorantes de la Palabra y al ignorar ésta, ignoramos a Dios y su voluntad.

 

  • Desechando la Sola Fide:

La justificación por la sola fe ha sido desplazada por una especie de creencia extraña. La fe hoy en día es el ejercicio de no pensar. Está basada en la idea que Dios es un esclavo ante nuestros deleites. Si no consigues lo que quieres, es porque te falta fe. El sentido de la fe hoy en día, en la iglesia evangélica, se ha trastocado de tal forma, que su esencia bíblica se ha perdido. ¿Cómo podríamos explicar que muchos, teniendo fe, no recibieron lo prometido, porque estaba reservado para otros: “Y todos éstos, aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe, no recibieron lo prometido?” (cfr. Hebreos 11:39).

En la actualidad, la fe es confundida con la autoestima. Se ha tergiversado en sobremanera que la fe “nos hace victoriosos”, aludiendo únicamente a las ideas terrenales. El escritor de Hebreos jamás consideró estas palabras con el fin que nos sintamos “campeones” en esta tierra. Aquel discurso triunfalista que muchas iglesias evangélicas exponen no puede venir más que de la imaginación que tienen sus líderes. Las Escrituras nos revelan que el sentido más profundo de la fe no es el éxito personal, sino la gloria de Dios. Sin embargo, hoy la iglesia ha adoptado la idea de la “sola fide” como el instrumento para llegar a sus deleites terrenales, lo que no concuerda con la sana doctrina revelada por Cristo y los apóstoles. Hoy en día el “niégate a ti mismo” ha sido reemplazado por el “cree que eres capaz, que serás victorioso, que Dios te dará lo que quieres” o “desata tu bendición”, “decreta que tus sueños se harán una realidad, “la oración en la tierra gobierna el cielo” etc. Este triste concepto de triunfalismo humano no le hace honor a las Sagradas Escrituras.

 

  • Desechando la Sola Gratia:

Al igual como la “Sola Fide”, la “Sola Gratia” ha sufrido el peso de la ignorancia bíblica. Nuestra comprensión de la gracia no es la que la Biblia desea entregarnos. Por ejemplo, el objetivo de la ley era generar conciencia de pecado. Al ponernos frente a la norma de Dios, Ser Perfecto, no debemos sentirnos aprobados, capaces o exitosos. La norma de perfección de Dios obliga a que el hombre se sienta miserable, incapaz o inmerecedor del perdón o amor de Dios. Sin embargo, la enseñanza actual de muchas iglesias evangélicas es que no debemos sentirnos incapaces, sino que pensar que somos algo valioso, “que no debemos estar por cola”, que depende de nuestra decisión ser salvos, que está en nosotros el ultimo %, que debemos levantarnos y decirnos que somos unos campeones, golpear mi baja autoestima, etc.

La “Sola Gratia”, la doctrina que enseña que somos salvos únicamente por la misericordia de Dios, pierde su sentido cuando el hombre considera alguna de sus obras (cfr. Hechos 13:9). De tal forma, muchas iglesias confunden que el servicio a Dios es el servicio a la Iglesia. Consideran que participar activamente en la Iglesia es participar activamente de la voluntad de Dios. Sin embargo, las Escrituras jamás revelan algo similar. El servicio a Dios, según el Apóstol Pablo es un sacrificio vivo delante de Dios, no dependiente o condicionado por ninguna actividad eclesial (cfr. Romanos 12:1). Si el servicio a Dios sólo está enmarcado a la iglesia, ¿No estaría Cristo encerrado en el templo? ¿No es el aborrecimiento del mal y el amor a Dios el culto racional que debemos tener a cada instante? (cfr. Romanos 12:9).

 

  • Desechando el Soli Deo Gloria:

El humanismo infecta a diario la iglesia evangélica. La idea que el ser humano es el centro de todo no está tan alejada de nuestras concepciones eclesiales. La iglesia evangélica de hoy exalta en sobremanera el bienestar humano. Múltiples predicaciones promueven la idea que Dios quiere resolver todos tus problemas, desea que seas exitoso, que tengas bienes en los cuales descansar, que incursiones en todo lo que quieras, y que el sentido de todas las cosas eres tú y tu felicidad. Sin embargo, las Escrituras nos demuestran todo lo contrario. El objetivo central de todas las cosas no es usted, sino que Dios. El fin de toda la existencia es la Gloria de Dios como dice acertadamente una antigua confesión de fe: “El fin principal del hombre es el de glorificar a Dios, y gozar de él para siempre”. (cfr. Ro. 11:36; I Co. 10:31; Sal. 73:25,26).

Jesús murió en la cruz para glorificar a Dios y su misericordia. El mensaje humanista, promotor de un enfoque terrenal y mundano sólo se mantiene en pie por su sentido motivador y agradable a los oídos. Sin embargo, si fuese por la Escritura, esto hubiese desaparecido de nuestra teología desde su presentación. El humanismo y la psicología han ensuciado de tal forma el cristianismo verdadero que no podríamos llamar evangélicas muchas iglesias en el mundo entero. El evangelio que predicó Cristo no está en absoluta relación con el “evangelio” que hoy se predica en algunos lugares. La persecución, el aborrecimiento, la muerte, los insultos, entre otras cosas, es lo que le espera al cristiano verdadero por seguir la doctrina de Cristo. No estas ideas de prosperidad y éxito que tantos predicadores exaltan como “5 pasos para el Éxito” “se libre”, etc.

¿Cuántos misioneros en el Medio Oriente mueren por causa de la fe cristiana? ¿O acaso los apóstoles promovieron este mensaje de prosperidad y bendición terrenal? Esteban, fue echado de la ciudad y apedreado hasta matarlo por predicar el evangelio públicamente. Hoy en día, los predicadores no suelen predicar sin tener grandes congregaciones, estadios repletos, excelentes músicos, luces, espectáculo, una parafernalia evangélica, un verdadero “fantasilandia” de Jesús. La gloria de Dios hoy en día es una lejana idea, ocultada por el tradicionalismo, el exitismo, el fanatismo y el humanismo.

Es extraño que una persona diga tener una relación con Dios si no le conoce. Como dijo el profeta Isaías: “Dice, pues, el Señor: Porque este pueblo se acerca a mí con su boca, y con sus labios me honra, pero su corazón está lejos de mí, y su temor de mí no es más que un mandamiento de hombres que les ha sido enseñado” (cfr. Isaías 29:13). El conocimiento de Dios no es más que un recitado de cosas que creemos estar bien, pero a la luz de las Escrituras son despreciables. Nuestro conocimiento de Dios muchas veces no excede las frases que aparecen en camisetas cristianas o en frases que pegan los automovilistas en sus autos. Los cristianos de hoy, en su mayoría, hablan mucho de lo que dice la Biblia, sin siquiera haberla leído. Dicen: “Por ahí dice en la Biblia que…”, “La Palabra de Dios dice…”, pero de versículos exactos, de citas de memoria, de evidencia bíblica ni hablar.

Jesús dijo: “Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado(cfr. Juan 17:3). Si las Escrituras son el testimonio de Cristo, ¿Cómo podemos decir que somos salvos si al mismo tiempo ignoramos la Palabra? Al ignorar las Escrituras rehusamos de nuestra fe, de nuestra salvación, de nuestro poder para testificar. Las Escrituras han sido desplazadas por ideas necias, canciones de artistas cristianos, camisetas con un “Dios es más grande que tu problema”, y un montón de pensamientos humanos que no encuentran fundamento en la Palabra de Dios.

 

Al terminar es necesario aclarar un punto. Quizás, más de alguien dirá que me faltó analizar una Sola, o que es lo que pasa con el  “Solus Christus”, por esa razón deseo considerar brevemente su vital importancia. Cuando consideramos que el eje de no tan solo la vida cristiana, sino que de la existencia, y razón por la cual respiramos, es conocer a Cristo y deleitarnos en él, entenderemos la Gloria que conlleva tal posición. Al seguir el “Solus Christus” no tan solo como algo espiritual, sino como la totalidad de la vida, todas las otras solas podrán reconstruirse, ya que la Persona de Cristo como el mismo lo dijo “Es el camino, la verdad y la vida” y eso es suficiente. Ahora es nuestra responsabilidad sacar conclusiones de que si lo expuesto es verídico o no, y si realmente como “cultura” evangélica” nos merecemos el título de “Cristianos”.

 

 

AMÉN, A DIOS SEA LA GLORIA.


Charles Spurgeon

El 19 de junio del año 1834 nace Charles Haddon Spurgeon mejor conocido como Charles Spurgeon quien fue y ha sido uno de los pastores bautistas británico y del mundo más destacados de la historia. Durante toda su vida evangelizó cerca de 10 millones de personas, y podía predicar hasta 10 veces a la semana en distintos lugares. A la edad de 16 años, específicamente en enero de 1850, hizo profesión de fe en una Iglesia Metodista. Sus sermones o predicaciones se han traducido a varios idiomas y actualmente, hay más libros y escritos de Charles Spurgeon que de ningún otro escritor Cristiano. Aún se le conoce como “Príncipe de los Predicadores” .