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¿Cuál es el significado de las 5 Solas de la Reforma Evangélica o Protestante?

¿Cuál es el significado de las 5 Solas de la Reforma Evangélica o Protestante?

En la revista TIME de Junio, 1999 hablando de Billy Graham y los protestantes, Harold Bloom, dice: “Por al menos 40 años, Graham ha sido el ‘papa’ de los protestantes en América”. Luego aclara, entre paréntesis: “(si es que protestantes es aun la palabra adecuada)”.

Hoy día, los protestantes ya no le hacen honor a su nombre. Y es que los protestantes contemporáneos, en lugar de protestar, se ajustan a la superficialidad y los errores de la época.

La adoración bíblica es deformada por la autocomplacencia del entretenimiento religioso, y los protestantes no protestan. La pureza de la doctrina bíblica es mancillada por la desviación secular, y los protestantes no reaccionan. Los mandamientos de Dios son sustituidos por psicologías populares de realización personal, y los protestantes ni se percatan.

Los protestantes originales no fueron así. Ellos no eran guiados por la cultura de la época. Se pusieron bajo la autoridad de las Escrituras y se ajustaron a sus mandatos. Se apoyaron en las promesas de Dios y se dedicaron a conocer, obedecer y predicar la verdad. Así lograron que la iglesia influyese sobre la sociedad en lugar de que la sociedad influyera sobre la iglesia.

Siempre ha habido, aun entre los protestantes más puros, algunas divisiones y controversias. Sin embargo, entre los verdaderos protestantes, estas controversias han girado alrededor de cosas no-esenciales. Pero en las cosas esenciales ha habido unidad.

Durante la Reforma, estas cosas esenciales fueron expresadas en cinco lemas, conocidas como las cinco “Solas” de la Reforma Protestante: Sola Scriptura. Sola Christus. Sola Gratia. Sola Fide. Soli Deo Gloria.

Estas cinco “solas” expresan los principios que guían al verdadero protestantismo. (Estos lemas eran expresados en Latín pues este era el lenguaje académico de la época; por eso se les conoce históricamente como las “Solas=Sólo”).

A través de ellas, los protestantes declaran su sometimiento a la suficiencia y el poder de lo que Dios ha revelado en las Escrituras y en su Hijo Jesucristo, y su determinación a que Dios sea reconocido como el único digno de toda gloria.

SOLA SCRIPTURA – SÓLO LA ESCRITURA

Este lema define la función de las Escrituras como única autoridad sobre la iglesia. Así como los protestantes del siglo dieciséis y diecisiete rechazaron la autoridad del papado, los protestantes contemporáneos deben hoy rechazar toda autoridad extra-escritural sobre la iglesia. Cualquier autoridad, organización, experiencia, liderazgo o práctica dentro de la iglesia debe estar sujeta al lema de “Solo la Escritura”.

Predicar fielmente y escuchar atentamente la Palabra de Dios tiene que volver a ser un acto central en la adoración cristiana. La aplicación de las enseñanzas bíblicas a la vida práctica y cotidiana de los cristianos y de la iglesia es nuestra tarea continua. El entendimiento y la implementación práctica de las verdades bíblicas es indispensable para la salud, el cuidado y la disciplina de la iglesia.

La doctrina de que la Biblia es por sí sola la autoridad suprema, fue el “Principio Formal “de la Reforma. En 1521, en el histórico interrogatorio de la Dieta de Worms, Martin Lutero declaró su conciencia cautiva a la Palabra de Dios diciendo: “Al menos que se me convenza mediante testimonios de la Escritura, y claros argumentos de la razón (porque no le creo ni al Papa, ni a los concilios, ya que está demostrado que a menudo han errado y se contradicen entre si), por los textos de la Sagrada Escritura que he citado, estoy sometido a mi conciencia y ligado a la Palabra de Dios.”

Del mismo modo, la Confesión Belga (1561) estableció: “Creemos, que esta Santa Escritura contiene de un modo completo la voluntad de Dios, y que todo lo que el hombre está obligado a creer para ser salvo se enseña suficientemente en ella… Tampoco está permitido igualar los escritos de ningún hombre (a pesar de lo santos que hayan sido) con las Divinas Escrituras, ni la costumbre con la verdad de Dios (pues la verdad está sobre todas las cosas), ni el gran número, antigüedad y sucesión de edades o de personas, ni los concilios, decretos o resoluciones; porque todos los hombres son de suyo mentirosos y más vanos que la misma vanidad. Por tanto, rechazamos de todo corazón todo lo que no concuerda con esta regla infalible…” (VII).

La Escritura solamente es la regla inerrante de la vida de la Iglesia, pero una buena parte de las congregaciones de hoy le han quitado a la Escritura su función de autoridad. En la práctica la Iglesia se guía con mucha frecuencia por la cultura. Las técnicas terapéuticas, las estrategias de mercadeos y el ritmo del mundo del entretenimiento y de los medios de comunicación tienen mucha más influencia sobre las necesidades, el funcionamiento y los objetivos de la Iglesia que la Palabra de Dios. Muchos pastores han descuidado su derecho y obligación de decidir y supervisar los servicios de adoración, que incluye el contenido doctrinal de la música. En la medida en que la autoridad bíblica ha sido abandonada en la práctica, las verdades bíblicas se desvanecen de la realidad cristiana y las doctrinas bíblicas han perdido importancia, la Iglesia poco a poco se ha despojado de su integridad, autoridad moral y dirección.

En lugar de adaptar la fe cristiana para satisfacer las necesidades que sienten los consumidores, debemos proclamar la Palabra de Dios como única medida de verdadera virtud y el evangelio como el único mensaje de verdad salvadora. La verdad bíblica es indispensable para el entendimiento, alimento y disciplina de la Iglesia.

La Escritura debe transferirnos de nuestras necesidades percibidas a nuestras necesidades reales, y debe liberarnos de nuestra miopía de vernos a nosotros mismos a través de las imágenes seductoras, clichés, promesas, y prioridades de la cultura de las masas. La única manera que podemos comprendernos correctamente a nosotros mismos y ver las provisiones de Dios para suplir nuestras necesidades es a la luz de la verdad de Dios. La Biblia, por consiguiente, debe ser enseñada y predicada en la Iglesia. Los sermones deben ser exposiciones de la Biblia y sus enseñanzas, y no expresiones de las ideas y opiniones de la época y culturas. No debemos ir más allá de la verdad que Dios nos ha dado.

El trabajo del Espíritu Santo en la experiencia personal no puede estar desconectado de las Escrituras. El Espíritu de Dios no habla en forma contraria o independiente de las Escrituras. Sin las Escrituras nunca hubiéramos conocido de la gracia de Dios en Cristo. La Palabra bíblica, no las experiencias espirituales, son la base de la verdad.

Salmo 119:18; Salmo 138:2; 2 Timoteo 3:16-17; Hechos 17:11; Gálatas 1:8; 2 Corintios 4:2; Romanos 1:16; 2 Timoteo 4:2-4; 2 Timoteo 2:15; 1 Timoteo 6:3-4

SOLUS CHRISTUS – SÓLO CRISTO

Este lema define el origen y el objeto central de la fe cristiana. Los protestantes se opusieron a exaltar cualquier cosa que no fuera la suficiencia de Cristo. Ningún ritual. Institución o individuo puede ni debe ser motivo de confianza sino Cristo. Ningún proyecto, visión o necesidad debe competir por el lugar primario de Cristo en la iglesia. Ninguna filosofía, ideal o argumento debe ser predicado en la iglesia que no exalte a Cristo y su muerte en la cruz por el pecado de los hombres. Tenemos fe en Cristo, no fe en la fe, o en las oraciones, o en la iglesia, en los líderes o en las instituciones. Solo Cristo es digno de confianza pues Él es el único salvador y el autor y consumador de nuestra fe. Solo en Él estamos completos.

La Reforma hizo un llamado a la iglesia a regresar a la fe en Cristo como único mediador entre Dios y el hombre. Mientras la iglesia romana mantuvo que “hay un purgatorio y las almas que son detenidas allí son ayudadas por las oraciones intercesoras de los feligreses”, “los santos deben ser invocados y venerados;”, y que, “sus reliquias deberán ser veneradas”, los reformadores enseñaron que la salvación es solamente a través de la obra de Cristo. Como escribió Juan Calvino en “Institución de la Religión Cristiana: “…intervino Cristo, e intercediendo por nosotros tomó sobre sus espaldas la pena y pagó todo lo que los pecadores habían de pagar por justo juicio de Dios; que expió con su sangre todos los pecados que eran causa de la enemistad entre Dios y los hombres; que con esta expiación se satisfizo al Padre y se aplacó su ira; Que él es el fundamento de la paz entre Dios y nosotros… que no podemos albergar sentimiento alguno de su benevolencia y amor paterno hacia nosotros, sino en Jesucristo” (“Libro Segundo. Capítulo XVI. Punto 2).

De la misma manera en el Catecismo de Heidelberg, Pregunta 30: “¿Creen pues también en el único Salvador Jesús, aquellos que buscan su salvación en los santos, o en sí mismos o en cualquiera otra parte? No, porque aunque de boca se gloríen de tenerle por Salvador, de hecho niegan al único Salvador Jesús: pues necesariamente resulta, o que Jesús no es perfecto Salvador o que aquellos que con verdadera fe le reciben por Salvador tienen que poseer en El todo lo necesario para su salvación.”

En la manera en que la fe evangélica ha sido secularizada, sus intereses han sido mezclados con los intereses de la cultura. El resultado es la pérdida de los valores absolutos, individualismo permisivo, y la sustitución de bienestar por santidad, recuperación por arrepentimiento, institución por verdad, sentimientos por creencia, destino por providencia, y gratificación inmediata por esperanza perdurable. Cristo y su cruz han sido desplazados del centro de nuestra visión.

Reafirmamos que nuestra salvación es obtenida por el trabajo mediador de solamente el Cristo histórico. Su vida sin pecado y su pago imputacional (sustitucional) solamente son suficientes para nuestra justificación y reconciliación con el Padre.

Negamos que el evangelio es predicado si la obra sustituta de Cristo en la cruz no es claramente declarada y la fe en Cristo no es solicitada.

1 Timoteo 2:5,6; Colosenses 1:13-120; 1 Corintios 1:13, 30, 31; Gálatas 1:9;

Gálatas 5:4; Romanos 1:16; Colosenses 2:10; 1 Juan 1:7.

SOLO GRATIA – SÓLO POR GRACIA

Este lema define el fundamento sobre el cual Dios acepta a los hombres. La gracia es lo contrario a salario o compensación. Cualquier cosa que una persona merezca o se haya ganado por su mérito o esfuerzo es compensación. Pero la gracia no tiene que ver nada con méritos personales.

La gracia solo la puede disfrutar gente indigna. Esto es la esencia del Evangelio: Porque por gracia sois salvos…no por obras para que nadie se gloríe.

Por la exaltación de esa gracia, que es lo único que ha movido a Dios a salvar a los pecadores, los protestantes abandonaron la confianza en sí mismos y en las promesas de las doctrinas romanas. No hay obra humana que pueda ser base de salvación. No hay método, técnica o estrategia que pueda transformar al hombre. La fe que salva no puede ser producida por el corazón humano, Dios la da sólo por gracia.

Un clamor central de la Reforma fue la “salvación por gracia”. Aunque la iglesia romana enseña que la misa es un “sacrificio [que] es verdaderamente propiciatorio”, y que por medio de la misa “Dios…. nos otorga la gracia y el don de la penitencia, remite nuestras faltas e incluso nuestros enormes pecados”, los reformadores regresaron a la doctrina bíblica de la salvación por gracia mediante la fe.

Nuestra postura justificada ante Dios es imputada por la gracia a causa de la obra de Jesucristo, nuestro Señor. En contraste con las doctrinas de mérito personal impartido por Roma, sola gratia y las doctrinas de la gracia, (depravación total, elección incondicional, redención particular, llamamiento eficaz y la perseverancia de los santos) fueron predicadas por todos los reformadores protestantes en todo el movimiento protestante.

Como declara la Confesión Bautista de 1689, “Cristo, por su obediencia y muerte, saldó totalmente la deuda de todos aquellos que son justificados; y por el sacrificio de sí mismo en la sangre de su cruz, sufriendo en el lugar de ellos el castigo que merecían, hizo una satisfacción adecuada, real y completa a la justicia de Dios en favor de ellos; sin embargo, por cuanto Cristo fue dado por el Padre para ellos, y su obediencia y satisfacción fueron aceptadas en lugar de las de ellos, y ambas gratuitamente y no por nada en ellos, su justificación es solamente de pura gracia, a fin de que tanto la precisa justicia como la rica gracia de Dios fueran glorificadas en la justificación de los pecadores.”

Somos rescatados de la ira de Dios solamente por su gracia. El trabajo sobrenatural del Espíritu Santo es el que nos trae a Cristo a través de liberarnos de nuestra esclavitud del pecado y resucitarnos de la muerte espiritual a la vida espiritual.

Negamos que la salvación sea de alguna manera el resultado de alguna obra humana.

Métodos humanos, técnicas o estrategias, por sí mismas no pueden producir esta transformación.

De la misma manera la Fe no es producida por nuestra naturaleza humana no regenerada, sino un don de Dios y fruto de la gracia de Dios hacia sus escogidos.

La Confesión de Fe de Westminster (1647) dice al respecto: “A todos aquellos a quienes Dios ha predestinado para vida, y a ellos solamente, le agrada en su tiempo señalado y aceptado, llamar eficazmente por su Palabra y Espíritu, fuera del estado de pecado y muerte en que están por naturaleza, a la gracia y salvación por Jesucristo; iluminando espiritual y salvadoramente su entendimiento, a fin de que comprendan las cosas de Dios; quitándoles el corazón de piedra y dándoles uno de carne; renovando sus voluntades y por su potencia todopoderosa, induciéndoles hacia aquello que es bueno, y trayéndoles eficazmente a Jesucristo; de tal manera que ellos vienen con absoluta libertad, habiendo recibido por la gracia de Dios la voluntad de hacerlo.

Este llamamiento eficaz es solamente de la libre y especial gracia de Dios y de ninguna otra cosa prevista en el hombre; el cual es en esto enteramente pasivo, hasta que siendo vivificado y renovado por el Espíritu Santo, es capacitado por medio de esto para responder a este llamamiento y para recibir la gracia ofrecida y trasmitida en él” (Cap. X).

Efesios 1:3-8; Efesios 2:8-10; Romanos 4:4,5; Romanos 11:6; Juan 6:44; Juan 6:64,65; 1 Corintios 2:14, Juan 3:3; Hechos 16:14,15; Hechos 11:18; 2 Timoteo 2:25,26; Hechos 13:48; Filipenses 1:6.

SOLA FIDE – SÓLO POR FE

Este lema define cuál es el medio único por el cual se puede alcanzar la salvación. Dios por su gracia da fe al pecador para creer en Cristo y ser salvo. Esa fe es el medio. Dios no salva a alguien automáticamente si no cree.

Nadie nace salvo, nadie hereda la salvación, ni nadie puede salvarse a sí mismo o salvar a otros. Sólo la fe puede conducir a la salvación, y esa fe es en Cristo, y esa fe nos es dada por gracia.

Este fue el aspecto crucial de la Reforma Protestante. Martín Lutero fue liberado de sus tormentos de conciencia en el convento donde se auto-laceraba buscando justificación cuando leyó: El Justo por la fe vivirá (Romanos 1:17).

El “Principio Material” de la Reforma fue la justificación solamente por fe.

La Confesión de Fe Westminster establece, “La Fe, así recibida y reposada en Cristo y su justicia, es el único instrumento de justificación; aunque esta no esta actúa sola en la persona justificada, sino que está siempre acompañada de todas las demás gracias salvíficas; no siendo una Fe muerta, sino más bien, una Fe que obra por el amor” (Cap. XI).

De la misma manera, la Confesión de Ginebra señaló la necesidad para aquellos justificados por fe diciendo: “Confesamos que la entrada que tenemos a los grandes tesoros y riquezas de la bondad de Dios que nos son aseguradas son por fe; como también, con confianza cierta y seguridad de corazón, creemos en las promesas del evangelio, y recibimos a Jesucristo como nos es ofrecido por el Padre y nos es descrito por medio de la Palabra de Dios” (Artículo 11).

La justificación es a través de la gracia solamente, por fe solamente debido a Cristo solamente. Este es el artículo por el cual la iglesia se mantiene en pie o cae. Hoy en día este artículo es ignorado, distorsionado o a veces aún negado por líderes, profesores teológicos, académicos y pastores que se creen ser evangélicos. Aparte de que la caída naturaleza humana siempre se ha negado a reconocer la imputación de la santidad de Cristo, las ideas modernas avivan las llamas del descontento con el Evangelio bíblico. Nosotros hemos permitido que este descontento dirija la calidad de nuestro ministerio y lo que estamos predicando.

Muchos miembros del movimiento de crecimiento de iglesias creen que la comprensión sociológica de los miembros de la congregación es tan importante para el éxito del evangelio como las verdades bíblicas que se proclaman. Como resultado de esto, convicciones teológicas son frecuentemente separadas del trabajo del ministerio. La orientación y técnicas de mercadotecnia en la Iglesia nos alejan mucho más, borrando la distinción entre la Palabra bíblica y el mundo, robando la cruz de Cristo de su ofensa, y reduciendo la fe cristiana a los principios y métodos que traen éxito a las corporaciones seculares del mundo.

Mientras la teología de la cruz puede ser creída, estos movimientos en la realidad la despojan de su significado. No hay evangelio excepto el de la sustitución de Cristo por nuestro lugar de tal manera que Dios le imputó a Cristo nuestro pecado e imputó en nosotros la santidad de Cristo.

Debido a que Cristo recibió el juicio que nosotros merecíamos, por esto nosotros ahora caminamos en su gracia, como aquellos que han sido perdonados para siempre, aceptados y adoptados como hijos de Dios. No hay ninguna base para ser aceptados frente al Santísimo Dios, excepto el trabajo salvífico de Cristo.

Nuestra aceptación por Dios no depende de nuestro patriotismo, devoción eclesiástica o decencia moral. Solamente depende del trabajo de Cristo. El evangelio declara lo que Dios ha hecho por nosotros en Cristo. El evangelio no declara lo que nosotros podamos hacer para encontrar a Cristo.

Reafirmamos que la justificación es por gracia solamente, a través de fe solamente por Cristo solamente. En la justificación la santidad de Cristo es imputada a nosotros como la única posible satisfacción a la justicia perfecta de Dios.

Negamos que la justificación depende de cualquier mérito encontrado en nosotros, o depende de cualquier infusión de la santidad de Cristo en nosotros, o que una institución se llame iglesia, cuando esta niega o condena esta sola fide.

Gálatas 3:6-11; Romanos 3:28; Romanos 5:1; Gálatas 5:6; Romanos 5:8-10,19; Hebreos 10:10,14; 2 Corintios 5:21.

SOLI DEO GLORIA – SÓLO A DIOS LA GLORIA

Este lema define la esencia de la adoración a Dios. Una de los grandes logros protestantes fue rescatar la adoración espiritual de la contaminación ritual, idolátrica y supersticiosa en que se encontraba. Más tarde, el movimiento

Puritano terminó de purificar lo que aún restaba. Los puritanos fueron llamadas así por su protesta contra la conservación de rituales romanistas en la iglesia de Inglaterra (Anglicana) y por qué reclamaban una adoración más pura para Dios.

En esencia la adoración debe tener a Dios como el centro. Toda adición no sancionada por la Escritura fue desechada por los verdaderos Protestantes. El entretenimiento así como el gusto y la complacencia personal no tienen lugar en la adoración a Dios.

Hoy día la protesta no es contra poderes estatales como los que querían detener la Reforma en el siglo dieciséis. La protesta hoy debe ser contra la degradación del cristianismo bíblico. Y esa degradación ha venido en la medida en que la iglesia ha abandonado o ha violado los principios expresados en las “cinco solas”.

La Reforma recupero la enseñanza bíblica de la soberanía de Dios sobre todos los aspectos de la vida del creyente. Toda la vida deberá ser vivida para la gloria de Dios.

Como pregunta el Catecismo Menor de Westminster, “¿Cuál es el fin principal del hombre?” Y responde: “El fin principal del hombre es el de glorificar a Dios, y gozar de Él para siempre”.

Este gran y apasionado propósito fue enfatizado por aquellos en el Siglo 16 y 17 que buscaban reformar a la Iglesia de acuerdo a la Palabra de Dios. En contraste a la división monástica de vida de lo sagrado contra lo secular perpetuado por la Iglesia Romana, los reformadores vieron que toda la vida debe ser vivida bajo el Señorío de Cristo. Cada actividad del cristiano ha de ser santificado para la gloria de Dios.

Cuando en la iglesia la autoridad bíblica se ha perdido, Cristo se ha desplazado, el evangelio se ha distorsionado, o la fe se ha pervertido, siempre ha sido por una razón: nuestros intereses han desplazado los intereses de Dios y entonces hacemos su trabajo según nuestros intereses y como nos plazca. La pérdida de la centralidad de Dios en la vida de la Iglesia de hoy es un hecho común y lamentable. Esta pérdida es la que nos permite transformar adoración en entretenimiento, la predicación del evangelio en mercadeo, fe y creencia en técnicas, la gracia de Dios en libertinaje, y fidelidad en éxito o sentimientos de haber obtenido santidad. Como resultado de esto, Dios, Cristo y la Biblia comienzan a tener poco significado para nosotros y no tienen tanta influencia sobre nuestras vidas.

Dios no existe para satisfacer ambiciones humanas, deseos y apetitos de consumidores o nuestros intereses espirituales privados. Debemos enfocarnos en Dios en nuestra adoración, en lugar de buscar en la adoración la satisfacción de nuestras necesidades personales. Dios es soberano en adoración; nosotros no lo somos. Nuestra preocupación absoluta debe ser por el reino y la gloria de Dios, no por nuestros imperios, popularidad o éxito.

Reafirmamos que debido a que la salvación viene de Dios y ha sido obtenida por Dios, ésta es para la gloria de Dios y que debemos glorificarlo a Él siempre. Debemos vivir nuestra vida completa en la presencia de Dios, bajo la autoridad de Dios y solamente para su gloria.

Negamos que nosotros podemos propiamente glorificar a Dios si nuestra adoración es confundida con entretenimiento, si descuidamos la LEY o el EVANGELIO en la predicación, o si auto-superación, auto-estima o satisfacción propia se han convertido en alternativas para el evangelio.

1 Corintios 10:31; 1 Pero 4:11; Romanos 11:36; Apocalipsis 1:6; 2 Pedro 3:1; Efesios 3:21; Apocalipsis 7:12; Apocalipsis 4:9-11.


Manuel Obreque Yáñez

Miembro de la IEP en Puerto Montt. Administrador en Historia y Contingencia IEP, Cuarteto Legado de Esperanza, Cuarteteros en Instagram.