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Biografía – Mary Ann Louise Hilton de Hoover.

Biografía – Mary Ann Louise Hilton de Hoover.

Acordaos de vuestros pastores, que os hablaron la palabra de Dios;  

considerad cuál haya sido el resultado de su conducta, e imitad su fe”.

Hebreos 13:7

Nació en los Estado Unidos, probablemente en Oak Park, Illinois, en 1864. Fue convertida a los veinte años en la Iglesia Metodista Espiscopal de su pueblo natal en 1884, siendo una activa militante del movimiento de la santidad.

Ingresó al Chicago Christian Training School for City Home and Foreign Missions y después al Chicago Deaconess Home para prepararse para ser misionera. En esos años conoció a Willis Hoover, quien se le declaró de una forma inusual, preguntándole: ¿Me acompañarías tú al campo misionero? Y Mary respondió “sí”.[1] El 27 de diciembre de 1887 Mary Hilton contrajo matrimonio con el joven médico Willis Hoover, embarcándose rumbo a Chile en 1889, y arribando al puerto de Iquique la segunda quincena de Octubre.[2]

 

 

Fue madre de Helen, Arthur, Rebecca, Ernest y Paul. Teniendo la dolorosa pérdida de su segundo hijo en 1892. En 1894 regresó a Norteamérica al enfermar de fiebre tifoidea, pero retornó a Chile en 1896.[3]

En Iquique junto a Willis Hoover trabajó en el Colegio Inglés y en la congregación de habla hispana. Fiel colaboradora de su esposo, quien debido a sus cargos se ausentaba bastante de la ciudad, razón por la que ella administraba la casa y cumplía labor pastoral. Aprendió castellano, pero no del todo bien.[4] Al trasladarse a Valparaíso participó en la directiva de la Liga Epworth y en la Escuela Dominical.[5] Durante el año 1906 fue salvada milagrosamente junto a sus hijos del terremoto que azotó al puerto.

Su rol durante el período del avivamiento fue destacado, apoyando y animando a su esposo. Era amiga de Minnie Abrams, quien le envió un folleto narrando la obra del Espíritu en la India, en el hogar de Pandita Ramabai, un escrito que provocó en los Hoover el gran deseo de buscar el bautismo.[6]

Fue ella quien durante la Conferencia Anual de 1910, desde la galería, alzó su voz y dijo: ¡No, señor Hoover, comemos pan duro con los hermanos chilenos, pero sigamos con el avivamiento del Espíritu Santo adelante! Y después en abril, cuando los hermanos se separaban, le dijo: Salgamos con ellos.[7]

Junto a las hermanas de Valparaíso, en los inicios de la obra pentecostal, predicaba en las calles. Ella fue la guía espiritual de las mujeres, marcando sus vidas. Tenía el don de la exhortación.[8]

Esta misionera cautivaba a los suyos, por su amabilidad y cariño. Incluso el periodista del diario El Chileno, que fingió una conversión, describió a la Mrs. Hoover en uno de sus artículos como “la mujer de lentes”, destacando su gentil recepción.[9] Además tenemos las palabras del Chile Evangélico que manifestó que: “La señora Hoover es una verdadera madre para el Israel de Dios, por sus saludables consejos muchas niñas han elegido la buena parte del reino de los cielos la cual no será quitada”.[10]

Al igual que su esposo, animaba a los padres a que enviaran a los niños a la escuela para que fueran educados, especialmente a las niñas que, por las condiciones de la época, eran menoscabadas en el hogar.[11]

En 1913 llevó a Ernest y Paul a los Estados Unidos para matricularlos en la escuela, y visitar a los parientes. Ella siempre velaba por el bienestar de sus hijos. De regreso en Chile siguió apoyando a Mr. Hoover, quien por su cargo de superintendente y otros, se ausentaba por períodos prolongados. Ella se preocupaba de la casa y, con el ayudante del pastor, de la congregación.

Lamentablemente en 1920 enfermó de cáncer y tuvo que retornar a su tierra, pero su salud no fue repuesta, falleciendo en 1921. Esto afectó a Hoover que amaba entrañablemente a su compañera de milicia. Su recuerdo permaneció intacto en la congregación y muchas veces parecía como si estuviera viva. Se escuchaba a las hermanas decir: “La Missy Hoover decía…” o “La Missy Hoover lo hacía así”.[12]

Su ejempló inspiró a mujeres que más tarde serían misioneras y esposas de pastores. Y aunque la historia no nos aporta la debida información de ella, cabe mencionar que fue un pilar fundamental de la Iglesia Pentecostal y de su amado Willis Hoover. “Ella decía que era más chilena que muchos de los propios hijos […] de Chile, ya que […] era capaz, a pesar de creer como cristiana, en una patria mejor, gustar de Chile y daba su vida para que Chile fuera para Cristo”.[13]

 

 

Willis y Mary Louise testificaron de la obra de Cristo. Dejando un futuro prometedor en su tierra, obedecieron al llamado del Señor y entregaron sus vidas completas al pregón del Evangelio. No escatimaron recurso alguno, sino que aún se desprendieron de  todo aquello que podría haberles asegurado un buen pasar en su vejez. Amaron la Palabra de Dios y por sobre todo animaron a los suyos a vivir una fe bíblica, una que no sólo se encuadraba dentro de las paredes de los templos, sino que impactaba de manera integral la vida del hombre y de la mujer.

Pasaron por muchos peligros y privaciones, pero entendieron, y así lo vivieron, que la salud espiritual era lo primordial. Se caracterizaron por guiar y discipular a los creyentes, siendo pastores para muchos hijos espirituales dispersos por diversos lugares, no siendo las barreras geográficas un impedimento para desarrollar su labor. Sin apego a lo material e irradiando una sencillez desde el corazón, amaron a sus hermanos y hermanas.

Hoy podemos mirar al pasado y aprender de aquellos que todo lo entregaron por la causa del Señor. Pues el llamado se mantiene vigente y la Palabra nos confronta: ¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!. Romanos 10:14 y 15

Con la ayuda de Dios, respondamos “heme aquí”.

 

 

Hno Eric Araya Navarrete – I.E.P. Vallenar.

 

 

  • Notas al pie de página: 

[1] Rasmussen y Helland. La Iglesia Metodista Pentecostal. Ayer y Hoy.    Tomo I. Editado por Plan Mundial de Asistencia Misionera en Chile, Santiago, Chile,  1987, pág. 30.

[2] Hoover G., Mario. El Movimiento Pentecostal en Chile del Siglo XX. Santiago, Eben-Ezer, 2002, pág. 139 y 140.

[3] Hoover G., Mario. El Movimiento Pentecostal en Chile del Siglo XX. Santiago, Eben-Ezer, 2002, pág. 139-150.

[4] Entrevista con la hermana Graciela Aguilera, 90 años. Viña del Mar, Febrero de 2007.

[5] “El Cristiano”, 2 de Agosto de 1909; citado en: Snow B., Florrie, “Historiografía Iglesia Metodista de Chile 1878-1918”, Tomo I, Ediciones Metodistas, Concepción, 1999, pág. 274.

[6] Hoover, Willis. Historia del Avivamiento Pentecostal en Chile. Imprenta Excelsior, Valparaíso, 1948, pág. 14 y 15.

[7] Hoover G., Mario. El Movimiento Pentecostal en Chile del Siglo XX. Santiago, Eben-Ezer, 2002, pág. 139-150.

[8] Salazar, Elizabeth del Carmen . Todas Íbamos a ser Reinas. Historia del Pentecostalismo desde la Perspectiva de la Mujer. 1909-1935. Campus San Bernardo, Universidad  Metodista, San Pablo, Brasil, 1995, pág. 32 y 33.

[9] “El Chileno”, 26 de Septiembre de 1909, Valparaíso, pág. 1.

[10] “Chile Evangélico”, Nº 41, Concepción, 21 de Julio 1910.

[11] Salazar, Elizabeth del Carmen . Todas Íbamos a ser Reinas. Historia del Pentecostalismo desde la Perspectiva de la Mujer. 1909-1935. Campus San Bernardo, Universidad  Metodista, San Pablo, Brasil, 1995, pág. 34.

[12] Entrevista con hermana Graciela Aguilera, 90 años. Viña del Mar, Febrero  2007.  Hoover G., Mario. El Movimiento Pentecostal en Chile del Siglo XX. Santiago, Eben-Ezer, 2002, pág. 139-150.

[13] Salazar, Elizabeth del Carmen. Todas Íbamos a ser Reinas. Historia del Pentecostalismo desde la Perspectiva de la Mujer. 1909-1935. Campus San Bernardo, Universidad  Metodista, San Pablo, Brasil, 1995, pág. 33.


Rodrigo Turra Morales

Miembro de la IEP en San Carlos Poniente. Administrador en Historia y Contingencia IEP & TeAdoramos.Org. Estudiante de Derecho - Universidad de Magallanes.