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“Aspecto Generales De La Obra Del Espíritu Santo En El Creyente (Parte 3)”

“Aspecto Generales De La Obra Del Espíritu Santo En El Creyente (Parte 3)”

Semana Del 11 Al 17 De febrero De 2019”:    Lectura Bíblica: 1a de Juan 2:27-28. Pero la unción que vosotros recibisteis de él permanece en vosotros, y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe; así como la unción misma os enseña todas las cosas, y es verdadera, y no es mentira, según ella os ha enseñado, permaneced en él. Y ahora, hijitos, permaneced en él, para que cuando se manifieste, tengamos confianza, para que en su venida no nos alejemos de él avergonzados. 

   Comentario: Enseñanza y unción 2:26–27: Juan llega al fin de esta parte de su epístola con una observación final que insta a los lectores a permanecerfieles a lo que han aprendido. Ahora que ellos conocen la diferencia entre la verdad y el error,deben evitar a aquella gente que está tratando de extraviarlos.

  Versíc. 26. Os escribo estas cosas respecto a los que tratan de extraviaros. 27. En cuanto a vosotros, la unción que recibisteis de él permanece en vosotros y no necesitáis que nadie os enseñe. Pero dado que su unción os enseña acerca de todas las cosas y que su unción es verdadera y no falsa—permaneced en él tal como ésta os ha enseñado.

   Como es característico en él, Juan comienza y concluye sus pensamientos con las mismas palabras, a efectos de que el pasaje que va de los versículos 20 al 27 aparezca como una observación parentética.

   a. “Os escribo estas cosas”. Las palabras estas cosas se refieren a los versículos precedentes (vv. 21–25), donde Juan escribe que los creyentes no son ignorantes, sino que conocen la verdad, reconocen al Hijo y permanecen en él y en el Padre. Ellos deben tener bien en claro que hay personas que están tratando de extraviarlos del camino de la verdad de la Palabra de Dios. Deben oír las palabras que dijo Jesús “Estad atentos de que nadie os engañe. Porque muchos vendrán en mi nombre, diciendo: ‘Yo soy el Cristo’, y engañarán a muchos” (Mt. 24:4–5). Ellos no han sido engañados todavía, pero deben estar listos para presentar una batalla espiritual contra los engañadores, y a exponer sus mentiras.

   b. “La unción que recibisteis de él permanece en vosotros”. Una vez más, Juan habla directamente a los lectores cuando dice: “En cuanto a vosotros” (compárese con v. 24). Le está hablando a los creyentes, no a los engañadores. Por consiguiente, él demanda la atención total de sus lectores. Juan menciona “la unción”, un tema que ya ha dado a conocer anteriormente (v. 20). Parece querer dar a entender que los lectores recibieron el don del espíritu Santo, es decir, su unción (véase la explicación del v. 20), en el momento de su conversión. Esta es entonces una posesión que recibieron de Jesucristo y que permanece con ellos (2 Co. 1:21–22). Quien concede el Espíritu Santo puede ser el Padre o el Hijo. No obstante, el contexto, especialmente los versículos 25 y 28, apuntan más al Hijo y no tanto al Padre.

   c. “No necesitáis que nadie os enseñe”. Estas palabras nos hacen recordar la profecía de Jeremías: “Ya no enseñará el hombre a su prójimo, o un hombre a su hermano, diciendo: ‘Conoce al Señor, porque todos ellos me conocerán, desde el menor hasta el mayor’, declara el Señor” (Jer. 31:34; Heb. 8:11). ¿Estará dando a entender Juan que la unción con el Espíritu Santo hace superflua la instrucción acerca del conocimiento bíblico? ¡Por supuesto que no! En las palabras de la Gran Comisión, Jesús instruye a los apóstoles (y, por ende, a todos aquellos que proclaman la Palabra) a enseñar le a los discípulos todo lo que Jesús ha mandado (Mt. 28:20). La predicación eficaz de la Palabra, la enseñanza que se brinda en la escuela dominical o en la clase de catecismo y la lectura diaria de las Escrituras, —todas estas cosas son necesarias para el crecimiento espiritual del cristiano. ¿Pero qué está diciendo entonces Juan? Los creyentes no tienen entonces necesidad de engañadores que traten de enseñarles falsas doctrinas. Ellos ya tienen el don del Espíritu Santo que los lleva a toda verdad (Jn. 16:13).

   d. “Su unción nos enseña acerca de todas las cosas”.163 En otras palabras, el Espíritu de Cristo enseñará al creyente todas las cosas (Jn. 14:26) y lo guiará para que sepa distinguir entre la verdad y el error. Todos los creyentes reciben el Espíritu Santo y todos ellos están igualmente equipados para oponerse a aquellos maestros que proclaman la mentira en vez de la verdad.

   Este texto enseña la igualdad fundamental de todos los creyentes. O sea que los creyentes no tienen que consultar con eruditos profesores de teología antes de poder aceptar la verdad de Dios; ante los ojos de Dios, los clérigos y los laicos son iguales. El Espíritu Santo es el maestro de cada creyente, sin distinción. Dentro del marco de la iglesia, los creyentes pueden aprender unos de otros a medida que cada uno es participante de la unción del Espíritu.

   e. “Permaneced en él, tal como ésta os ha enseñado”. Aparentemente la palabra esta se refiere a la unción y es equivalente a la frase la enseñanza del Espíritu en la siguiente traducción: “Obedeced entonces la enseñanza del Espíritu, y permaneced en unión con Cristo” (GNB). Si Cristo es el sujeto del verbo ha enseñado, la traducción entones es: “Tal como él os ha enseñado, entonces, permaneced en él” (NEB).

Sin embargo, la expresión tal como enfatiza el correspondiente “ya que” del principio de la oración. Dado que al principio el sujeto es “la unción” (el Espíritu Santo), no parece haber razón que obligue a cambiarla en la segunda parte.

El eje de la oración, sin embargo, está en las últimas tres palabras que constituyen un mandamiento de tener comunión con Cristo. La exhortación es directa: “Permaneced en él”. Si tenemos en cuenta la referencia de Juan al regreso de Cristo (v. 28), las palabras en él se relacionan con Jesucristo.

Consideraciones doctrinales acerca de 2:26–27

   Un incontable número de personas obtiene el conocimiento de la salvación por medio de la lectura de las Escrituras. Guiados por el Espíritu Santo son llevados a Jesucristo y lo aceptan por la fe.165 Después de aceptar a Cristo como Salvador, son bautizados en el nombre del Trino Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. Sin embargo, aun antes de su bautismo, cuando llegaron primeramente a la conversión, ellos ya habían experimentado la unción del Espíritu.

   Por medio de Cristo Dios da su Espíritu Santo al creyente, pero el creyente a su vez debe permanecer en Cristo. La providencia divina tiene su contrapartida en la responsabilidad humana. Dios da su Espíritu para enseñarle al creyente todas las cosas necesarias para la salvación, pero Dios también espera que el cristiano permanezca en Cristo de tal modo que pueda mantener comunión constante con el Padre y el Hijo.

   Confianza ante Dios 2:28–29: Estos dos versículos forman un puente entre dos capítulos. El versículo 28 es un breve resumen del capítulo 2. El versículo siguiente es un preludio al capítulo 3. Ambos versículos son breves y, por su respectivo contenido, no forman una unidad. Por esta razón algunos eruditos hacen una división entre estos dos versículos. Pero a fines de mantener la conformidad con las divisiones de capítulos, nosotros los incluimos en el capítulo 2.

   Versíc. 28. Y ahora, queridos hijos, seguid en él. Aquí está la conclusión del discurso, formulado con palabras que son repetitivas. Las palabras y ahora introducen el resumen que repite el ya familiar apelativo queridos hijos que fuera usado en el versículo uno. Juan reitera la exhortación que hiciera en el versículo precedente: “Permaneced en él”. Con este uso de la repetición, Juan enseña que la comunión con el Hijo de Dios es imperativa para todo creyente. En la cláusula siguiente Juan da la razón para permanecer en una continua comunión con Cristo: para que cuando aparezca podamos estar confiados.

   Tener comunión con el Hijo es algo que no se limita a un mero ejercicio espiritual de oración y meditación, sino que encuentra su cumplimiento en el regreso físico de Jesús. Juan menciona la primera venida de Jesús en la carne—“nuestras manos [lo] han tocado” en el capítulo 1 (v. 1). En el capítulo 2 escribe acerca de la certeza de la segunda venida de Jesús (v. 28). La epístola tiene pocas referencias a su aparición, pero este versículo y 3:2 son claros al presentar la verdad del regreso de Cristo. El tiempo de su regreso no es conocido, y Juan omite todo detalle; lo único que dice, empero, es que “cuando él aparezca seremos como él porque le veremos tal como es” (3:2).

   ¿Cómo responden los creyentes a la noticia del regreso de Cristo? Ellos obedecen los mandamientos de Dios, continúan en Cristo y están confiados ante la perspectiva del regreso de Jesús (compárese con 3:21). La palabra confiados quiere decir en realidad que los creyentes hablan sin renuencias, franca y osadamente acerca de su Señor y Salvador Jesucristo. Ellos comunican su fe. Además, incorporan a sus oraciones el pedido de la iglesia universal expresado desde el tiempo de la ascensión: “Maranata”, es decir: “Ven, oh Señor” (1 Co. 16:22).

   Por consiguiente, ellos comparecen sin vergüenza ante él en su venida. Los creyentes no se alejan de Cristo avergonzados, porque saben que sus pecados han sido perdonados. Han sido librados de la vergüenza. Pero aquellos que sólo pretenden ser cristianos no pueden estar ante la luz reveladora de su venida. No pueden esconder su vergüenza.

   La expresión venida, que se usa con frecuencia en el Nuevo Testamento para describir el regreso de Cristo, aparece solamente en este punto de entre todos los escritos de Juan. Juan escribe sabiendo de antemano que los lectores están plenamente informados acerca de la doctrina del regreso de Cristo. Alfred Plummer llega a la siguiente conclusión: “Esta es una de las muchas pequeñas indicaciones de que él les escribe a creyentes bien instruidos, no a niños o a nuevos conversos”.

   Versíc. 29. Si sabéis que él es justo, sabéis que todo aquel que hace lo que es justo ha nacido de él.

   Nótense las dos partes de este versículo:

   a. Condición. Juan dice a sus lectores que, si ellos saben en sus corazones que “él es justo”, también llegarán a saber que los cristianos justos nacen de él. ¿Estará Juan recordándole a los creyentes que Jesús es “el Justo” (2:1)?

   Los pronombres él y de él ¿se refieren a Jesús? Si tenemos en cuenta que el versículo 29 apunta hacia adelante y no hacia atrás, los pronombres deben referirse a Dios el Padre (3:1) y no a Cristo (v. 28). Además, los creyentes son llamados “hijos de Dios” (3:1–2); nunca son llamados “hijos de Cristo”. La frase nacidos de Dios aparece cuatro veces en la epístola (3:9; 4:7; 5:1, 4). Además, el verbo nacer implica la existencia de un Padre y un Hijo. Indirectamente el verbo apunta a Dios el Padre. El contexto, por lo tanto, sugiere obviamente que los pronombres él y de él se refieren a Dios el Padre y no a Jesús el Hijo.

   b. Conclusión. En un conciso comentario que va directamente al grano, Bengel señala que “el justo produce lo justo”. Dios, que es justo, produce hijos e hijas que reflejan esta justicia en su vida diaria. Ser justo es el equivalente de ser santo. Presupone cumplir la voluntad de Dios, obedecer sus mandamientos y amarle a él y al prójimo. En suma, “justo” es un término que quiere decir libre de pecado.

   Por consiguiente, la oración “todo aquel que hace lo que es justo es nacido de Dios” no describe a aquellos que efectúan alguna buena obra ocasionalmente. Esta oración revela más bien el estilo de vida de la persona que ha nacido de Dios. Los hijos de Dios tratan de hacer lo que es bueno y agradable ante los ojos de éste. Desde nuestro punto de vista, la secuencia debiera ser al revés, es decir, “todo aquel que es nacido de Dios hace lo que es justo”.173 Pero Juan escribe una oración condicional que tiene dos partes: una condición (“si sabéis lo que es justo”) y una conclusión (“sabéis que todo aquel que hace lo que es justo ha nacido de él”). Nótese que la conclusión es congruente con la condición: “justo” con “todo aquel que hace lo que es justo”. También explica la razón de la conducta recta: su conducta es justa porque los creyentes son hijos de Dios.

Consideraciones prácticas acerca de 2:28–29

   Al fin de la parábola del Juez Injusto, registrada en Lucas 18, Jesucristo habla acerca de sí mismo cuando les pregunta a sus seguidores: “Cuando el Hijo del Hombre venga, ¿encontrará fe en la tierra?” (v.8). Esta pregunta parece estar totalmente fuera de lugar al fin de la parábola. Sin embargo, el contexto precedente (Lc. 17:20–37) enseña acerca del regreso de Jesús. Cuando Jesús aparezca en su venida, ¿encontrará a los creyentes fieles a su llamado? ¿Estarán haciendo lo justo?

   El Nuevo Testamento habla acerca del regreso de Cristo en casi cada una de sus páginas. James Montgomery Boice señala: “Se menciona 318 veces en los 260 capítulos del Nuevo Testamento. Se menciona en cada uno de los libros del Nuevo Testamento, a excepción de Gálatas … y los libros muy breves tales como 2 y 3 Juan y Filemón”. Cuando Juan escribe que Jesús vuelve, vincula la venida de Jesús con hacer lo que es justo. El creyente no espera pasivamente el regreso de Cristo, sino que promueve activamente el reino de la justicia de Dios (Lc. 17:20–21). Los cristianos no oran por su regreso para poder sacarse de encima sus responsabilidades. Oran por la venida de Cristo para que éste pueda encontrar fe en la tierra.

1er Titulo:

Guía A Toda Verdad (San Juan 16:13. Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir.).

   Comentario: Versíc. 13. Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad.

   Jesús no indica el tiempo exacto en que el Espíritu va a venir. Dice, “Cuando”. Aunque la palabra para Espíritu es neutra en el original, el pronombre que se refiere a este Espíritu se considera como persona. Véase también sobre 14:16. En cuanto al significado de la expresión “Espíritu de verdad”, véase sobre 14:17. La función del Espíritu Santo en la iglesia se describe como la de guiar, literalmente: “ir delante”. El Espíritu no usa armas externas. No manipula; guía. Ejerce influencia en la conciencia regenerada del hijo de Dios (y aquí, en particular, de los oficiales o dirigentes), y amplía los temas que Jesús había presentado durante su permanencia en la tierra. Así pues, guía hacia toda la verdad, es decir, hacia el cuerpo entero (con énfasis en este adjetivo) de la revelación redentora. El Espíritu Santo nunca pasa por encima de un tema. Nunca insiste en un punto de doctrina a costa de todos los demás. Guía hacia toda la verdad. Además, en el desempeño de esta tarea está en relación íntima con las otras personas de la Trinidad. Leemos: Porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere. El Padre y el Espíritu son uno en esencia. Lo que el Espíritu oye del Padre lo murmura en el corazón de los creyentes en y por medio de la Palabra. Busca constantemente las profundidades de Dios. Las comprende y las revela a los hijos de Dios (1 Co. 2:10, 11). Al decir lo que oye, el Espíritu es como el Hijo, porque éste también habla de lo que ha oído del (y visto cuando estaba con el) Padre (3:11; 7:16; 8:24; 12:49; 14:10, 24). Y os hará saber las cosas que habrán de venir. El Espíritu vendrá (16:8); guiará a toda la verdad (16: 13a); y revelará las cosas que habrán de venir (16:13b). En cuanto a lo primero, véase el libro de Hechos (sobre todo el capítulo 2); en cuanto a lo segundo, véase las epístolas; en cuanto a lo tercero, véase el libro de Apocalipsis. No es que estos tres aspectos puedan dividirse tan claramente. Las epístolas y el Apocalipsis constantemente dan por sentado la presencia del Espíritu; las epístolas contienen mucha revelación respecto a las cosas que habrán de venir (p.ej., 1 Co. 15; 2 Ts. 2). Pero en general es buena la distinción que se hizo. Desde luego, cuando el Espíritu declara las cosas que habrán de venir, no comienza por la enumeración de una larga lista de sucesos específicos, diarios, sino que predice los principios subyacentes.3

2° Titulo:

Recuerda Todas Las Cosas (San Juan 14:25-26. Os he dicho estas cosas estando con vosotros. Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.).

   Comentario: 14:25, 26. Os he dicho estas cosas estando con vosotros. Además, el Ayudador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.

   Jesús parece demorarse con sus discípulos lo más posible. Parece despedirse de ellos una y otra vez; sin embargo, una y otra vez se queda un poco más. Hay un tono de despedida en las palabras, “Os he dicho estas cosas estando con vosotros”. Sin embargo, el Maestro se demora. Cf. 14:31; 15:11; 16:1, 4, 25, 33. Estas cosas, en vista de estando con vosotros, que sin duda es muy general, no se puede restringir a las palabras pronunciadas esa noche, sino que obviamente indican toda su enseñanza hasta ese mismo momento. Ahora Jesús distingue (nótese que no presenta un contraste; δε debería traducirse aquí además o y o ahora no, pero o más) entre su propia enseñanza durante los días de su humillación, por una parte, y su propia enseñanza por medio del Espíritu en la gloria de su exaltación, por la otra. La idea central de los versículos 25 y 26 se puede sintetizar así:

   “Mientras moraba físicamente con vosotros os he comunicado ciertas enseñanzas que después de mi separación física de vosotros os aclararé más por medio del Espíritu (cf. 1 Co.2:13). Además, entonces os enseñaré todo lo que necesitáis saber para realizar la obra de testimonio que se os ha asignado”.

   Nótense los nombres dados a la tercera persona de la Trinidad: el Ayudador (παράκλητος); véase sobre 14:16; el Espíritu Santo, santo porque, no sólo está completamente libre de pecado y posee todos los atributos morales en grado infinito—lo cual, desde luego, es verdad también respecto al Padre y el Hijo—, sino también porque él es quien lleva la parte principal en la obra de hacer santos a otros (santificación). También se describe como aquel “a quien el Padre enviará en mi nombre (el de Cristo)”. Cf. Hch. 2:33. El envío del Espíritu Santo y también su obra en la tierra armonizan por completo con el nombre de Cristo, es decir, con su autorrevelación en la esfera de la redención. La comparación entre 14:26, “a quien el Padre enviará en mi nombre”, y 15:26, “a quien yo os enviaré del Padre”, aclara completamente que el envío histórico del Espíritu Santo el día de Pentecostés (véase Hch. 2) se atribuye tanto al Padre como al Hijo. ¿Acaso esta efusión histórica no implica que también la procesión eterna, supra histórica, del Espíritu debe considerarse como una acción en la que cooperan el Padre y el Hijo?

   Nótese que la promesa contiene dos elementos, y que con toda probabilidad el primer todas las cosas (πάντα) abarca más que el segundo. Primero, el Espíritu les enseñará todas las cosas necesarias (no sólo para su propia salvación, sino aquí en concreto, para la obra de testimonio (cf. Mt. 10:10; 1 Jn. 2:27). Esto incluye ciertas cosas que Jesús no había enseñado concretamente durante los días de su humillación, las cuales omitió por una razón muy prudente (véase sobre 16:12). En segundo lugar, el Espíritu les recordará todo lo que él mismo les había dicho. Como ya se indicó, por medio de ambos Jesucristo cumple su oficio profético, primero en la tierra, luego desde el cielo.

   Los dos todas las cosas pueden considerarse como círculos concéntricos, porque también por medio del recuerdo de lo antiguo (“os recordará todo lo que yo os he dicho”), el Espíritu enseñará lo nuevo. Debe tenerse presente que entre el tiempo en que Jesús pronunció estas palabras y el momento en que fue derramado el Espíritu Santo ocurrieron los siguientes sucesos significativos: la crucifixión, resurrección, ascensión, y coronación de Cristo. A la luz de estos grandes acontecimientos la obra del Espíritu Santo de recordar a los discípulos las antiguas enseñanzas de Jesús implicaría naturalmente una nueva enseñanza, o si se prefiere, implicaría una comprensión más profunda de aquello que, cuando se oyó por primera vez, apenas se había entendido. Como prueba ofrecemos los siguientes pasajes: 2:22; 12:16. Incluso entonces, desde luego, la dirección especial del Espíritu fue necesaria para hacerles comprender el significado exacto de las palabras de Cristo a la luz de su expiación y glorificación.

3er Titulo:

Revela, Interpreta Y Aplica Lo Profundo De Dios (1a a los Corintios 2:10 al 14. Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios. Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios. Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido, lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual. Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente.).

   Comentario: 10a. Porque Dios nos las reveló a través de su Espíritu.

   Las traducciones vierten en forma diferente la primera palabra de esta oración. Algunas usan la conjunción y, otras registran el adversativo, pero, y otras favorecen el sentido casual de porque o pues. Las diferencias surgen de las variantes del texto griego y de la interpretación que se le dé al versículo anterior (v. 9). Personalmente prefiero la lectura causal por las siguientes razones: Primero, si suplimos un verbo en el versículo 9, ya no tenemos necesidad de un adversativo o conjunción al principio del versículo 10. Si unimos los versículos mediante una conjunción causal, explicamos claramente por qué sabemos acerca de nuestra salvación: es Dios quien nos la revela. Segundo, la conjunción causal conecta este versículo (v. 10a) con la cita que le precede. Tercero, le hace justicia al pronombre nos enfatizándolo.31 En el griego, el pronombre recibe énfasis por ocupar el primer lugar de la oración. El sentido sería: «a nosotros Dios las ha revelado». El pronombre no se limita a los apóstoles y sus colaboradores, sino que incluye a todos los creyentes.

   Por medio de su Espíritu, Dios comunica su sabiduría a los creyentes (Mt. 11:25; 16:17). El Espíritu nos prepara para que recibamos la verdad del evangelio y nos guía a Cristo. Dios revela su sabiduría por medio de su Espíritu, y así la salvación es la obra de la Trinidad. Dios origina la salvación, trabaja a través de su Espíritu y nos concede su gloria.

   El Espíritu Santo y la sabiduría humana 2:10b-13:

   Los traductores no se ponen de acuerdo en cómo dividir los párrafos. En el versículo 10 muchos prefieren empezar otro párrafo, en lugar de partir en dos el versículo. Nosotros creemos que la primera parte del versículo 10 es la conclusión del versículo 9 y la segunda parte empieza un párrafo nuevo.

   Versíc. 10b. Por cierto, el Espíritu escudriña todas las cosas, aun las profundidades de Dios.

   Esta afirmación sirve para abrir la sección que trata del Espíritu Santo. Ésta es una breve pero profunda afirmación que nos revela las relaciones interpersonales dentro de la deidad. Admitimos que la mente humana no es capaz de desentrañar la profundidad de las palabras de Pablo. Pablo usa una pregunta doxológica para confesar esta misma incapacidad: «¿Quién ha conocido la mente del Señor? ¿O quién ha sido su consejero?» (Ro.11:34; véase también Job 11:7). Ningún ser humano es invitado a participar del consejo de Dios.35

   El Espíritu todo lo escudriña y nada escapa a su atención. Pablo usa el verbo escudriñar en el tiempo presente, para indicar así que el Espíritu nunca cesa su labor escrutadora. Enla presencia de Dios todas las cosas están desnudas y abiertas (Heb. 4:13). Dios lo sabetodo y sus ojos están en todo lugar (Pr. 15:3).

   La obra del Espíritu de Dios llega hasta las partes más profundas de Dios. ¿Cuáles son las profundidades de Dios? Son los incomprensibles caminos de Dios, que siempre se mantendrán como un misterio para la cambiante y superficial mente humana. Entre estas cosas profundas están las inagotables riquezas de la sabiduría y conocimiento de Dios (Ro. 11:33), el don de la salvación que Dios concede al hombre, la divulgación del evangelio en cada época y generación y la venida del reino de Dios.

   11. Porque ¿quién entre los hombres conoce las cosas del hombre si no el espíritu del hombre que está dentro de él? Del mismo modo, nadie ha conocido las cosas de Dios si no el Espíritu de Dios.

   a. Analogía. Pablo emplea una analogía de la vida humana, para comparar al Espíritu de Dios con el espíritu del hombre. Pregunta si uno puede saber qué motiva a las personas. Responde que sólo el espíritu del hombre sabe cuáles son sus propias motivaciones. El espíritu del hombre es capaz de esconder secretos de los entrometidos ojos y oídos de los demás.

   A la inversa, debemos admitir que, aunque fuimos creados con un conocimiento inherente y básico de nosotros mismos, es muy difícil conocer nuestras motivaciones más internas. Nuestro conocimiento innato nos guía para tomar decisiones relacionadas con el medio ambiente que nos rodea. En un intento por conocernos a nosotros mismos, tratamos de analizar las razones por las que hacemos o decimos algo. Queremos lograr un entendimiento básico de nuestro subconsciente por medio del análisis de nuestra mente.

   b. Diferencia. Si tratamos de ir más allá del punto central que Pablo desea enseñar, empezaremos a balbucear. Tal como Dios enseñó al Pueblo de Israel: «Mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos» (Is. 55:8). Dios es el creador del espíritu del hombre (Zac. 12:1), sopla aliento de vida en las narices del hombre (Gn. 2:7). Pero el increado Espíritu de Dios procede del Padre y del Hijo (Jn. 14:26).

   En este versículo, Pablo repite la palabra hombre, a fin de subrayar la inmensurable diferencia que hay entre el espíritu humano y el Espíritu de Dios. Dios conoce la mente humana, pero el hombre es incapaz de conocer la mente de Dios.

   Este versículo registra dos veces el verbo conoce. Detrás de cada uno, el texto griego usa dos palabras distintas (oída y ginosko). El primer verbo comunica la idea de un conocimiento inherente y básico—esto es, el espíritu del hombre conoce sus propios pensamientos. El segundo verbo, que aquí aparece en el tiempo perfecto, denota el proceso de adquirir conocimiento: «Nadie ha logrado un entendimiento de las cosas que pertenecen a Dios sino el propio Espíritu de Dios». Pablo contrasta ambos verbos, para explicar que la mente humana es capaz de conocer las cosas relacionadas con el hombre, pero no las que tienen que ver con Dios. En otras palabras, Pablo no dice que el Espíritu de Dios está ocupado adquiriendo conocimiento de los pensamientos de Dios. El Espíritu posee conocimiento inherente. «Este cambio en la fraseología podría querer advertirnos de que no deberíamos presionar la analogía».

   Versíc. 12. Ahora bien, nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que viene de Dios, a fin de que conozcamos las cosas que Dios nos ha dado libremente.

   a. «Ahora bien, nosotros … hemos recibido». En el versículo precedente, Pablo habló en general de cosas conectadas con el espíritu humano. En cambio, aquí hace el asunto específico al introducirse a sí mismo y a los corintios por medio del pronombre personal plural nosotros. En el griego, este pronombre ocupa el primer lugar de la oración, y así el énfasis recae sobre él. Con este pronombre inclusivo, Pablo llega al corazón del párrafo que trata del tema del Espíritu de Dios versus el espíritu del hombre. Nos ofrece la consoladora seguridad de que hemos recibido el Espíritu que Dios nos ha dado.

   b. «No hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que viene de Dios». La oración negativa no hemos recibido el espíritu del mundo ha sido interpretada de varias maneras: se refiere a los gobernantes del mundo que crucificaron a Cristo (v. 8); se refiere al mal que ha establecido sus propias reglas y objetivos (véase 2 Co. 4:4; 1 Jn. 4:4; 5:19); equivale a la sabiduría de este mundo (1:20); apunta al espíritu mundano del hombre.

   Creemos que la frase «el espíritu del mundo» apunta al espíritu que convierte al mundo en secular. Desde el momento que Adán y Eva cayeron en pecado, el espíritu de este mundo se ha revelado oponiéndose al Espíritu de Dios: por ejemplo, en el libertinaje anterior al diluvio, en la edificación de la torre de Babel y en los falsos maestros que buscaban destruir la iglesia en el tiempo apostólico (2 P. 2; 1 Jn. 4:1–3; Jud. 4–19). Se trata del espíritu que gobierna a una persona en la cual no mora el Espíritu de Dios. Es un poder que determina «todo lo que el ser humano hace y piensa, oponiéndose al Espíritu que viene de Dios».

   Por contraste, como Pablo lo expresa en un griego elocuente, los creyentes han recibido el Espíritu que procede de Dios (véase Jn. 15:26; Gá. 4:6). El Espíritu de Dios viene a los creyentes de una esfera distinta que la mundana y les entrega el conocimiento de Dios, de la creación, la redención y la restauración. Desde Pentecostés, el Espíritu de Dios mora en el corazón de todos los creyentes (6:19).

   c. «A fin de que conozcamos las cosas que Dios nos ha dado libremente». ¿Por qué Dios nos concede el don de su Espíritu? Ésta es la respuesta: para que conozcamos en forma innata las cosas que tienen que ver con nuestra salvación. El Espíritu nos enseña los tesoros que tenemos en Cristo, a quien Dios entregó para que muriese en la cruz y consiguiese así vida eterna para todos nosotros (1 Jn. 5:13). Si Dios entregó a su Hijo, de seguro que en él nos dará todas las cosas gratuitamente (Ro. 8:32). Es por la obra del Espíritu Santo que los creyentes son capacitados para apropiarse del don de la salvación. La fe los capacita para ver que en Cristo ya no tienen pecado ni culpa, que Dios los reconcilió consigo mismo y que ahora tienen abierto el camino al cielo.

   Versíc. 13. Y las cosas que hablamos no son palabras que la sabiduría humana imparte, sino las que el Espíritu imparte, pues interpretamos verdades espirituales en palabras espirituales.

   a. Intérprete. En este lugar Pablo se detiene para hablar de sí mismo y de sus colegas. Dice que las palabras que proclaman no están basadas en sabiduría humana.

   Las siguientes observaciones son necesarias:

   Primero, Pablo usa un verbo griego que apunta a la acción de hablar, no al contenido de lo que se dice (véase los vv. 6, 7).

  Segundo, a propósito, coloca la negación delante de palabras, para hacer un contraste entre la sabiduría humana y la sabiduría divina.

  Tercero, advierte que el agente que enseña a los apóstoles y a sus ayudantes qué predicar, no es una persona llena de sabiduría humana. Por el contrario, esta persona no es otra que el Espíritu de Dios. De este modo, el Espíritu los capacita para proclamar el evangelio (Mt.10:20).

   Además, el evangelio mismo está inspirado por el Espíritu. Esto no debe entenderse como si los apóstoles fueran simples instrumentos que el Espíritu emplea para lograr sus propósitos. ¡Jamás! Al escribir, los autores de la Biblia usaron sus habilidades y destreza, su entrenamiento y cultura, sus características y peculiaridades. No obstante, el Espíritu les enseñó cómo verbalizar las verdades de Dios. Como Pablo lo dice enfáticamente: «las cosas que hablamos no son palabras que la sabiduría humana imparte, sino las que el Espíritu imparte» (la cursiva es mía). Así que, para Pablo la inspiración no está basada en el pensamiento humano o en la sabiduría humana, sino que en la enseñanza que el Espíritu Santo imparte. El estilo, vocabulario, dicción y sintaxis paulina fueron los vehículos por los que se comunicaron las verdades que el Espíritu le enseñó.

   b. Variación. Las traducciones varían en la forma en que vierten la última parte del versículo 13, como se verá por estos ejemplos:

«expresando realidades espirituales en términos espirituales» (BJ, cf. BP, VM)

«explicando temas espirituales a hombres de espíritu» (NBE)

«adaptando lo espiritual a lo espiritual» (NTT)

«adaptando lo que es espiritual a quienes poseen el Espíritu de Dios» (CB)

«adaptando a los espirituales las enseñanzas espirituales» (NC)

«acomodando el lenguaje espiritual a las realidades espirituales» (CI, cf. LT, HA)

   No está claro cuál es el sentido de esta última parte de la oración. Una traducción literal no ayuda mucho: «interpretando espirituales en espirituales». Por esto, el lector se ve forzado a examinar el contexto de este versículo, para buscar alguna orientación que lo ayude a suplir dos sustantivos que completen la oración.

   Darnos cuenta de la referencia explícita que Pablo hizo a los maduros (v 6) y a los hombres espirituales (v. 15), nos podría hacer pensar que el escritor se refiere a gente espiritual. Pero esta interpretación encuentra una sutil dificultad, si le aplicamos las reglas de la gramática. El primer adjetivo espirituales no viene precedido por un artículo definido que designe a un grupo particular de personas (en cuyo caso la palabra sería masculina). Esto hace que sea posible que Pablo se refiera a «palabras espirituales». No queremos rechazar la primera interpretación precipitadamente,40 lo que deseamos es darle el mismo peso que a la segunda explicación. Esta segunda interpretación afirma que el adjetivo se refiere al sustantivo palabras (en cuyo caso la palabra sería neutra). Esto es, Pablo y sus colaboradores interpretan verdades espirituales en palabras espirituales (se entiende que a personas espirituales). Por tanto, a un adjetivo le añadimos la palabra verdades y al otro, palabras; lo que resulta en: «interpretamos verdades espirituales en palabras espirituales».

   c. Explicación. El verbo griego synkrinō se puede traducir «combinando», «comparando» y «interpretando». El primero de estos significados armoniza con el contexto, así que muchos comentaristas lo adoptan. Sin embargo, las traducciones modernas no ocupan la palabra combinando, porque dudan que esa sea la idea que Pablo quiere comunicar.

   Otros eruditos prefieren la segunda alternativa («comparando») y hacen notar que el mismo verbo ocurre en 2 Corintios 10:12, donde quiere decir «comparar». Pero como dicho contexto es distinto, es difícil y poco probable que debamos traducir de la misma forma en ambos pasajes.

   No cabe duda que el contexto apoya la traducción interpretando. Friedrich Büschel observa que la traducción combinando es demasiado débil, mientras que «comparando» introduce una idea incompatible con el contexto. «Por tanto, es mejor aceptar el significado de ‘interpretar’, ‘exponer’, el cual predomina en [la Septuaginta] ‘exponer revelaciones del Espíritu’».

   d. El hombre no espiritual y el espiritual: 2:14–16

   Pablo concluye este capítulo con un último contraste. Primero declara en forma negativa lo que él no espiritual es incapaz de hacer. Después habla en forma positiva acerca del hombre espiritual y, finalmente, concluye que él y los lectores de su epístola tienen «la mente de Cristo».

   Versíc. 14. El hombre no espiritual no acepta las cosas del Espíritu de Dios, porque para él son una insensatez y no es capaz de entenderlas porque se disciernen espiritualmente.

   a. «El hombre no espiritual». La palabra griega que hemos traducido «no espiritual» aparece aquí y en otros cuatro lugares del Nuevo Testamento.46 La traducción declara lo que el hombre no es, esto es, espiritual. Esto es exactamente lo que Pablo quiere decir al contrastar a una persona no espiritual con una persona espiritual. «El primero es el hombre animado, esto es, lleno de alma en el sentido de fuerza viviente, es el hombre natural en contraste con el hombre espiritual».47 El hombre natural pertenece al mundo, mientras que el espiritual pertenece a Dios. Uno es no creyente, el otro es creyente, uno carece del Espíritu, mientras que el otro tiene al Espíritu; uno sigue sus instintos naturales (Jud. 19), el otro sigue al Señor.

   b. «[El hombre no espiritual] no acepta las cosas del Espíritu de Dios». Aunque el verbo aceptar es sinónimo de recibir (véase el v. 12), la diferencia es notable. El primer verbo está en voz activa y se refiere al objeto que es aceptado. El segundo verbo está en voz pasiva y describe la manera en que se recibe el objeto. La traducción no acepta es lo mismo que rechaza. El hombre no espiritual repudia las cosas del Espíritu de Dios porque no las entiende ni las desea. Sólo acepta las cosas del mundo.

   c. «Porque para él son una insensatez». Las cosas espirituales tienen que ver con el pecado, la culpa, el perdón, la redención, la salvación, la justicia y la vida eterna. Para el que no es espiritual estas cosas no tienen sentido, son irrelevantes y hasta estúpidas. No tienen lugar en la vida que sólo se limita al mundo presente.

   d. «Y no es capaz de entenderlas porque se disciernen espiritualmente». Pablo habla de una incapacidad que viene por la ausencia del Espíritu Santo en la vida del no creyente. Se da por sentado que el incrédulo podría superar al cristiano en muchas maneras: intelectualmente, en su educación, filosóficamente y hasta moralmente. Podría ser un ciudadano ejemplar y un líder en la sociedad que evita los excesos sensuales que caracterizan a otra gente. A pesar de todo eso, el incrédulo es incapaz de entender los asuntos espirituales. Está privado de la presencia interior del Espíritu Santo para que ilumine su entendimiento.

   Pablo afirma que el incrédulo es incapaz de comprender verdades espirituales porque éstas «se disciernen espiritualmente». El verbo se disciernen es significativo. Primero, apunta al proceso continuo de evaluar el contexto espiritual en el que vivimos. Segundo, la voz pasiva del griego denota que, guiado por el Espíritu Santo, el creyente es capaz de probar los espíritus, a fin de determinar si vienen de Dios (cf. 1 Jn. 4:1). El creyente que se somete a Dios debe juzgar todas las cosas espiritualmente.

   El agnóstico o el ateo no tiene la capacidad para juzgar espiritualmente, porque él mismo está muerto en delitos y pecados (Ef. 2:1). En cuanto a cuestiones espirituales, es como el hombre que golpea el interruptor durante un corte de energía, quedándose sin luz. Peor aún, no tiene idea de qué causó el corte ni es capaz de predecir cuánto durará el apagón. No posee ningún poder para cambiar la situación y sólo le queda esperar que restituyan el suministro de corriente. Asimismo, a menos que el poder del Espíritu entre en su vida y lo ilumine espiritualmente, permanecerá en la oscuridad espiritual. El Espíritu Santo capacita al ser humano para que vea claramente el camino que lleva a la vida y a evaluar con exactitud las circunstancias en las que se encuentra.

   Versíc. 15. Pero el hombre espiritual juzga todas las cosas, pero nadie lo juzga a él.

   a. «Pero el hombre espiritual juzga todas las cosas». ¡Qué magnífico es para una persona espiritual acceder directamente a Dios mismo, la fuente de la sabiduría (Stg. 1:5)! De Dios recibe sabiduría sin límites. Por consiguiente, es capaz de examinar todas las cosas juiciosamente y de aportar con su liderazgo en un mundo entenebrecido por el pecado. «Ningún otro que el hombre espiritual puede gozar de un conocimiento de los misterios de Dios tan firme y sano, al punto de distinguir la verdad de la mentira, la doctrina de Dios de las fabricaciones humanas, estando muy poco sujeto a engaño». Para el creyente las Escrituras son lámpara a sus pies y lumbrera a su camino (Sal. 119:105). Sabe que en la luz de Dios ve la luz (Sal. 36:9). El que es espiritual ha sido ungido con el Espíritu, por lo cual conoce la verdad (1 Jn. 2:20). Esto lo capacita para diferenciar la verdad del error, los hechos de la ficción, lo auténtico de lo falso.

   Pablo afirma que el hombre espiritual juzga todas las cosas. Esto implica que ha recibido al Espíritu Santo como su guía y que usa la Escritura como brújula para el viaje de su vida. La expresión todas las cosas apunta al amplio espectro de la existencia humana. Esto no quiere decir que el hombre espiritual sea experto en cada área de la vida. Lo que se quiere decir es que es capaz de evaluar espiritualmente todo en relación con la comunidad en la que Dios le ha colocado.

   b. «Pero nadie lo juzga a él». Ésta es una declaración atrevida. Con todo, no quiere decir al cristiano nunca se le juzgue (cf. 14:29), sino que el creyente no puede ser juzgado por los incrédulos, pues son incompetentes para juzgar espiritualmente a un creyente. El creyente es juzgado en base a la Palabra de Dios. Si se trata del destino eterno de un hombre, sólo la Escritura es la que finalmente juzga al hombre espiritual, y no las ordenanzas y reglas inventadas por los hombres.

   Versíc. 16. Porque ¿Quién ha conocido la mente del Señor como para instruirle? En cambio, nosotros tenemos la mente de Cristo.

   a. Fuente. Este versículo confirma la atrevida declaración que Pablo acaba de hacer (v. 15). Según su costumbre, Pablo fundamenta sus enseñanzas citando la Escritura, la que considera su corte de apelaciones. Ahora cita dos líneas separadas de Isaías 40:13, según la versión griega del texto hebreo (cf. Jer. 23:18; Sabiduría 9:13). En otro texto, Pablo cita el pasaje completo del Antiguo Testamento en forma sucesiva (véase Ro. 11:34). Pero aquí deja fuera una línea del texto de la Septuaginta, esto es, deja fuera «¿Quién ha sido su consejero?». Las dos líneas que cita «¿Quién ha conocido la mente del Señor» y «como para instruirle?» difieren ligeramente del texto hebreo, que dice: «¿Quién entendió la mente de Yahvé?» y «¿A quién consultó Yahvé para aprender?».

   b. Significado. ¿En qué forma este pasaje del Antiguo Testamento prueba el punto de Pablo? La palabra clave de esta cita es mente, la cual apunta a Dios y a Cristo. Lo que se implica aquí es que la mente de una persona espiritual debe armonizar con la mente de Dios. Cuando el ser humano es controlado por el Espíritu de Dios, su interés está en cumplir la ley de Dios, hacer la voluntad de Dios y reflejar la gloria de Dios. El Señor conoce al hombre y lo instruye, pero sería absurdo pensar que el hombre es capaz de conocer a Dios y de instruirle. ¿Quién tiene la autoridad como para hacer una evaluación de la ley de Dios? En su epístola, Santiago escribe que «si alguien habla mal de su hermano, o lo juzga, habla mal de la ley y la juzga» (4:11), a lo que añade que Dios es el único Legislador y Juez (4:12). Con todo, la persona en la que reside el Espíritu de Dios posee un conocimiento espiritual que lo guía y dirige en esta vida.

   Pablo afirma que, como creyentes, nosotros tenemos la mente de Cristo. En los versículos anteriores, los verbos en primera persona plural tenían un significado inclusivo. Por tanto, cuando aquí se dice tenemos, Pablo apunta a sí mismo, al resto de los apóstoles y a los creyentes que han oído de ellos el evangelio. El escritor de la Epístola a los Hebreos declara en forma concisa: «Esta salvación que fue anunciada primeramente por el Señor,

y los que la oyeron nos la confirmaron» (2:3). Por consiguiente, la expresión mente de Cristo apunta al hecho de que los creyentes conocen a Cristo por medio de la obra del Espírituy por apropiarse del mensaje evangélico.

“Que la mente de Cristo, mi Salvador, viva en mí todos los días, todo lo que hago y digo está dominado por su amor y poder”. (por Kate B. Willinson).

Consideraciones prácticas en 2:15–16

   ¿Insinúa Pablo que el cristiano que ora fervientemente pidiendo el don del Espíritu, está libre de errores? No creo, porque muchos creyentes darán testimonio de que a causa de un descuido tuvieron que sufrir por muchos años. Sólo Jesús estuvo libre de error en su ministerio terrenal. Sus seguidores tienen que confesar con humildad que sus vidas están lejos de ser perfectas.

   El pueblo de Dios, que ha sido redimido por la obra de Jesucristo, ha sido llamado a amar a Dios con todo su corazón, alma y mente, y a amar a su prójimo como a sí mismos (Mt. 22:37–39). Lo hacen para expresar su gratitud a Dios por la salvación que Cristo les ha dado. Deben orar que el Espíritu Santo, que mora en ellos, los acerque más a Jesucristo. Tener comunión con Cristo quiere decir que tienen la mente de Cristo y que desean servirle por gratitud.

Amen Para Gloria De Dios.

Bibliografía: El Espíritu Santo Por Edwin H. Palmer; Estudio De Doctrina Cristina Por George Pardington; El Triunfo Del Crucificado. Por Erich Sauer; Comentario Al Nuevo Testamento Por Simon J. Kistemaker; Biblia De Referencia Thompson VRV 1960.

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Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.

 

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