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“Aspecto Generales De La Obra Del Espíritu Santo En El Creyente (ParteⅤ)

“Aspecto Generales De La Obra Del Espíritu Santo En El Creyente (ParteⅤ)

“Aspecto Generales De La Obra Del Espíritu Santo En El Creyente (Parte)

Semana del 4 al 10 de marzo de 2019:   Lectura bíblica: Los Hechos 8:29, 30 y 38 al 40. 29Y el Espíritu dijo a Felipe: Acércate y júntate a ese carro. 30Acudiendo Felipe, le oyó que leía al profeta Isaías, y dijo: Pero ¿entiendes lo que lees?; 38Y mandó parar el carro; y descendieron ambos al agua, Felipe y el eunuco, y le bautizó. 39Cuando subieron del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe; y el eunuco no le vio más, y siguió gozoso su camino. 40Pero Felipe se encontró en Azoto; y pasando, anunciaba el evangelio en todas las ciudades, hasta que llegó a Cesarea.

   Comentario: 28. Mientras volvía sentado en su carro, estaba leyendo el libro del profeta Isaías. 29. Y el Espíritu dijo a Felipe: “Acércate y júntate a este carro”. (hay que tomar otros versículos para entender el contexto)

   Jerusalén, es posible que el oficial aquel haya comprado un ejemplar de la traducción al griego de la profecía de Isaías y, en camino a casa, haya ocupado el tiempo leyéndola. Antiguamente, la gente leía en voz alta y se sentía extraño cuando un lector no lo hacía así. Indudablemente, los rabinos eran de la opinión que leer un manuscrito en voz alta ayudaba a la memorización y por el otro lado, una lectura silenciosa ayudaba a olvidarla. El etíope sabe que la Palabra de Dios le llevará a la salvación, por eso lee con avidez el texto del de Isaías. Aunque no puede entender todo lo que allí se dice, tiene confianza de que los judíos allá en su patria lo podrán explicar. Ahora, el Espíritu Santo instruye a Felipe a que se aproxime al carruaje real. Así lo hace y escucha las palabras de Isaías que le son tan conocidas, saliendo de los labios de aquel etíope. Inmediatamente entiende que se trata de un hombre temeroso de Dios que busca el camino de la salvación.

   En su providencia, Dios guía a Felipe hasta el dignatario etíope justo en el momento en que éste lee en voz alta la profecía mesiánica del libro de Isaías. El eunuco que lee no puede entender el mensaje de Isaías y necesita que alguien se lo explique. Además, está leyendo del griego, que es la lengua nativa de Felipe. Este es el punto de contacto que Felipe necesita para superar su inicial reticencia para acercarse al carruaje real.

   Versíc. 30. Acudiendo Felipe, le oyó que leía del libro del profeta Isaías. Le preguntó: “¿Entiendes lo que lees?” 31.” ¿Cómo podré, si alguno no me enseñare?” contestó el oficial. E invitó a Felipe que subiese y se sentara con él.

   Pareciera que el oficial etíope había elegido a propósito el camino menos transitado entre Jerusalén y Gaza para disponer de más tiempo para leer las Escrituras. Sin duda, el carruaje era conducido por un siervo quien mantenía a los caballos a una velocidad más bien lenta. Eso permitió que Felipe pudiera caminar al lado del carruaje y escuchar lo que el oficial leía. Felipe sabía la profecía mesiánica de Isaías de memoria e inmediatamente reconoció las palabras que se leían.

   ¡Qué oportunidad maravillosa para enseñar el evangelio de Cristo! Tenemos aquí a un hombre que con hambre lee la Palabra de Dios, pero que no puede entender el significado de lo que lee. Entonces Felipe, guiado e impulsado por el Espíritu Santo, escucha las palabras que este hombre va pronunciando. Sabe que Dios le ha puesto aquí en este momento preciso para guiar al eunuco etíope a Cristo. Le hace la pregunta obvia: “¿Entiendes lo que lees?” En el griego, la pregunta es un juego de palabras la cual aparentemente es incluso una transliteración: ginoskeis ha anaginoskeis. La expresión idiomática revela que la conversación se desarrolla en griego, una lengua que ambos tienen en común, con lo que queda superada una posible barrera de tipo lingüístico.

   Felipe opta por interrumpir la lectura del etíope, en la confianza que el viajero no se va a ofender. Pero, por el contrario, con su pregunta, sugiere estar en buena disposición para ayudarle a entender las Escrituras. El oficial responde con afabilidad a lo que Felipe le pregunta. Su respuesta es interesante, pues responde con una contra pregunta: “¿Cómo podré si alguien no me enseñare?” Abiertamente admite su ignorancia y su incapacidad para captar el sentido del texto que lee. Las diferencias en rango, raza, y nacionalidad desaparecen cuando el etíope reconoce su necesidad de un intérprete. Ni el orgullo ni la vergüenza se interponen en la amistad que se está desarrollando entre estos dos hombres.

   El eunuco se vuelve a Felipe, que como un judío que conoce las profecías y como cristiano sabe cómo explicar su cumplimiento. Jesucristo es el centro de estas profecías, porque él es aquel acerca de quien el profeta Isaías escribe. El evangelio de Cristo comienza con estas profecías mesiánicas y demuestra que Jesús las ha cumplido. Es más, Cristo envía a sus siervos a interpretar el mensaje de salvación a la gente que está lista para recibir las Buenas Nuevas.

   La forma en que está escrita la pregunta del etíope expresa perplejidad (“¿Cómo podré?”) y la necesidad de que alguien le guíe (“si alguien no me guíe”). Esta es “una metáfora muy obvia para un maestro, cuando se piensa que la vida es un caminar, y la iglesia se llama ‘el camino’”.

   Felipe está listo para abrir las Escrituras y guiar al etíope a Cristo. Nótese el marcado paralelo con el relato de los dos hombres que iban en el camino a Emaús cuando se les unió Jesús. Jesús les explicó lo que la Escritura decía acerca de él (Lc. 24:27). Además, en el aposento alto Jesús prometió a los once discípulos la venida del Espíritu Santo, que les guiaría a toda verdad (Jn. 16:13). Pero volvamos al eunuco etíope.

   La visita a Jerusalén no ha sido una experiencia muy afortunada para el oficial etíope. No ha podido encontrar respuesta a sus preguntas espirituales, y aunque pudo haber oído mencionar el nombre de Jesús, no llegó a comprender la verdad. Por eso ahora, cuando Felipe le ofrece interpretarle las Escrituras, el buscador está listo. Lo invita a subir al carruaje, a sentarse junto al oficial y a explicarle el texto de la Escritura.

   Versíc. 36. Y yendo por el camino, llegaron a cierta agua. Dijo el eunuco: “¡Aquí hay agua! ¿Qué impide que yo sea bautizado?” 37. [Véase el comentario.] 38. Mandó a parar el carro. Descendieron ambos al agua, Felipe y el eunuco, y Felipe le bautizó.

   Lucas describe el camino entre Jerusalén y Gaza como el camino del desierto (v. 26). No indica cuánto tiempo predicaba Felipe las Buenas Nuevas al eunuco, pero suponemos que no fue un lapso muy largo. En una región desértica, “el problema no es dónde encontrar suficiente agua como para practicar un bautismo por inmersión, sino que es, simplemente, dónde encontrar agua”.538 Sin embargo, cerca de Gaza, un arroyuelo llamado Wadi el-Hashi corre al norte de la ciudad hacia el Mar Mediterráneo. Otra posibilidad es que algunos estanques en esa área hayan provisto un lugar adecuado para el bautismo. No tiene mucho sentido en realidad tratar de encontrar el lugar exacto de este bautismo. Lo importante es lo que se nos cuenta en el pasaje bíblico.

a. Versículo 36. “Dijo el eunuco: ‘¡Aquí hay agua! ¿Qué impide que yo sea bautizado?’” (véase 10:47; 11:16). Aunque el texto sólo da las palabras dichas por el eunuco, podemos imaginarnos la emoción, el gozo y la felicidad en su voz. Él es el único que hace mención del agua y plantea la pregunta retórica sobre si habría alguna dificultad para ser bautizado. La respuesta obvia a esta pregunta es, ninguna.

   A través del bautismo, Felipe acepta a este hombre en la membresía de la iglesia. Nótese el paralelismo con el caso de Pedro aceptando a Cornelio y su casa. Dios comunica a Pedro una visión de animales impuros y le dice que venza su reticencia a comer lo inmundo (10:9–16). Luego, va donde Cornelio, predica allí el evangelio, y bautiza al centurión romano y a su familia (10:24–48). Pero obsérvese la diferencia entre Felipe y Pedro. Aunque Felipe es judío, sus raíces están en la dispersión, donde el idioma y la cultura griegos son cosa común. Debido a sus antecedentes, Felipe es un cosmopolita. Pedro, en cambio, es un judío palestino de Galilea que habla arameo. Felipe abandona el grupo de cristianos helenistas en Jerusalén y trae el evangelio primero a los samaritanos, y luego, ante la orden de un ángel, a un eunuco etíope. Pedro ministra exclusivamente a los cristianos judíos en Jerusalén y en Judea, y sólo después que Dios lo prepara va al gentil Cornelio a cumplir su misión. Por último, el oficial etíope es bautizado, pero no recibe el Espíritu Santo. Cornelio y su familia, en cambio, escuchan el sermón de Pedro y el Espíritu desciende sobre ellos. Después de eso, son bautizados.

b. Versículo 37. Algunos manuscritos del Texto occidental de los manuscritos griegos dicen: “Entonces Felipe dijo, ‘Si crees con todo tu corazón, bien puedes’. El respondió y dijo, ‘Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios’ ”. Todos los testigos textuales más importantes no tienen este versículo. Bruce M. Metzger dice, “No hay ninguna razón para que los escribas hayan omitido este material, si originalmente estaba en el texto”. Quizás en la iglesia primitiva se consideró necesario que el etíope primero profesara su fe antes de ser bautizado. Los escribas, entonces, agregaron el comentario de Felipe y la confesión del eunuco al margen del manuscrito de Hechos. Las palabras dichas por el eunuco pudieron haber sido usadas como una fórmula bautismal hacia el final del siglo II; las palabras eran conocidas en aquellos días, lo que es evidente en los escritos de Ireneo, el padre de la iglesia, quien cita parte de esta fórmula. El versículo 37 fue agregado al texto griego vía manuscritos medievales posteriores; y de allí fue traducido a nuestra propia lengua. Sin embargo, debido a que se trata de una inserción y revela un estilo que difiere del de Lucas, es generalmente omitido en los textos y las traducciones.

c. Versículo 38. “Mandó a parar el carro”. El etíope da ahora una orden. Dice al conductor que detenga el carruaje. Luego descienden al agua donde Felipe le bautiza. Aunque el texto mismo es sucinto, yo afirmo con toda seguridad que, en armonía con la práctica de la iglesia primitiva, Felipe bautizó al eunuco en el nombre de Jesucristo y no en el nombre del Trino Dios (véase 2:38; 8:12; 10:48; 19:5).

   Versíc. 39. Cuando subieron del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe y el eunuco no le vio más. Siguió gozoso su camino. 40. Pero Felipe se encontró en Azoto; y pasando, anunciaba el evangelio en todas las ciudades, hasta que llegó a Cesarea.

Hagamos las siguientes observaciones:

a. El texto. El relato tiene un abrupto final cuando Felipe es físicamente sacado de la escena por el Espíritu Santo. Algunos antiguos manuscritos tienen una inserción de siete palabras griegas, que traducidas dicen, “El [Espíritu] Santo vino sobre el eunuco, pero un ángel”. La versión ampliada dice: “Cuando salieron del agua, el Espíritu Santo vino sobre el eunuco, y un ángel del Señor se llevó a Felipe”. ¿Es esta parte auténtica? Difícilmente. Manuscritos griegos respaldan la forma más breve de este pasaje, no la ampliada. Aun cuando algunos estudiosos favorecen la versión ampliada, otros señalan que un escriba probablemente alteró el texto con propósitos de armonización. Un escriba hizo primero al texto estar de acuerdo con el relato concerniente al bautismo del Espíritu Santo en Samaria y luego con aquel del ángel del Señor llamando a Felipe (vv. 17, 26). Concluimos diciendo que hasta ahora no ha aparecido una traducción con el texto ampliado.

b. El arrebatamiento. No sabemos cómo el Espíritu del Señor arrebató a Felipe del lugar donde se efectuó el bautismo. Tampoco tenemos que entrar en fantasías y especulaciones: que se hizo invisible Felipe o que voló por los aires. Otras referencias a arrebatamientos hechos por el Espíritu del Señor, como es el caso del profeta Elías cuando fue llevado al cielo, no ofrecen mayor luz sobre este versículo en particular. La descripción de Pablo de un hombre que fue llevado al tercer cielo (2 Co. 12:2, 4) tampoco nos ayuda. Pablo no dice si esta experiencia fue un éxtasis física o mental.

   El énfasis cae sobre la frase el Espíritu del Señor. Esta expresión la encontramos también en el relato sobre Ananías y Safira (5:9). Y en el Evangelio de Lucas, la encontramos en el sermón que Jesús predicó sobre Isaías

61:1: “El Espíritu del Señor está sobre mí”. Jesús dice que en él es el cumplimiento de esta Escritura. Por lo tanto, llegamos a la conclusión que el Espíritu de Jesús (c.f. 16:7) impele a Felipe a ir a otro lugar sacándolo de la escena del bautismo.

c. Gozo. Lucas no reporta ninguna sorpresa por parte del eunuco cuando Felipe desaparece de repente. El sigue su camino, pero ahora lo hace lleno de gozo. El que reanuda la travesía es una nueva creatura en Cristo, con el Espíritu Santo en su corazón. Asumimos que él no pudo guardar ese gozo sólo para sí, sino que tuvo que compartir con sus compatriotas su experiencia con Jesús y el mensaje de salvación. Sin embargo, durante los tres primeros siglos no se sabe nada acerca de una iglesia en Etiopía. Sólo a partir del siglo IV la tradición registra datos de conversiones como resultado de la palabra expuesta por el eunuco y se tienen datos acerca de una iglesia cristiana en aquella nación.

d. La proclamación. “Pero Felipe se encontró en Azoto”. La siguiente obra para Felipe es predicar el evangelio de Cristo en las aldeas costeras, comenzando con Azoto hasta llegar a la misma Cesarea. Azoto es una de las cinco antiguas ciudades filisteas. Era conocida como Asdod (véase 1 S. 5:1), y estaba ubicada a unos treinta kilómetros al norte de Gaza. Felipe llevó el evangelio a aquellas localidades costeras, incluyendo a Jope y a Lida, donde Pedro más tarde fue para visitar a los santos (9:32–38). Finalmente, en Cesarea, Felipe estableció su hogar. Años más tarde, Pablo se hospedó en casa de Felipe el evangelista. Lucas registra el dato de que Felipe tenía cuatro hijas solteras las que tenían el don de la profecía (21:8–9). No sabemos si Felipe ya residía en Cesarea cuando Pedro predicó el evangelio en la casa de Cornelio, el centurión romano (10:24).

Consideraciones doctrinales en 8:30–31

   Felipe hace una pregunta penetrante al eunuco etíope: “¿Entiendes lo que lees?” Esta pregunta es básica para confirmar la fe cristiana, porque el cristiano conoce a Cristo sólo a través de las Escrituras. Por la lectura de la Palabra de Dios, aumenta su conocimiento de Jesús, su Salvador. Así, Felipe comienza con las Escrituras, explica su cumplimiento en Cristo, y guía al oficial etíope al arrepentimiento, la fe y el gozo.

   La tarea del predicador es mostrar a Cristo a su auditorio. Por esta razón, precisamente, algunas iglesias acostumbran poner una plaquita en el púlpito, justo debajo de la Biblia abierta y visible sólo al predicador. La plaquita tiene grabadas estas palabras: “Señor, queremos ver a Jesús” (Jn. 12:21). El miembro promedio de una congregación escucha al predicador sólo el día domingo, durante el culto de adoración. El viene a oír no puntos de vista sobre un determinado asunto que puede tener o no relación con su vida; él ha venido a ver a Jesús. Y se encuentra con Jesús a través de la exposición fiel de las Escrituras. El predicador debe ser un obrero “que interprete debidamente la palabra de verdad” (2 Ti. 2:15 NVI) y abra la Palabra ante sus oyentes. Vale la pena repetir el viejo refrán que dice:

Expone las Escrituras

Exhorta al pecador

Exalta al Salvador.

Consideraciones prácticas en 8:36–40

   ¿Se ha sentido usted alguna vez culpable por haber fallado en testificar de Jesucristo? Vez tras vez ha sido exhortado para que presente al Señor a sus vecinos, amigos y conocidos, pero tiene que admitir que los resultados de ese esfuerzo han sido magros. Usted trata de testificar aun cuando no está seguro de haber elegido el mejor momento para llevar a cabo su intento de evangelización.

   Muchas veces, los planes de evangelización los hacemos nosotros mismos. En lugar de seguir al Señor, vamos corriendo delante de él. En lugar de esperar que nos lleguen sus instrucciones, nosotros formulamos nuestra propia estrategia. En lugar de pedirle a Dios que nos provea las oportunidades para testificar, no pedimos nada.

   La Escritura nos dice que somos colaboradores de Dios (1 Co. 3:9). Esto significa que Dios gobierna, dirige, salva y aumenta su iglesia. Nosotros somos sus siervos y en plena obediencia debemos obedecer sus instrucciones. Por lo tanto, humildemente le pedimos que nos use en su iglesia y reino y nos dé la oportunidad de ser sus testigos. Cuando él contesta nuestras oraciones, abre una puerta de oportunidad y corona nuestros esfuerzos con su bendición.

Aguarda a Jehová; Esfuérzate, y aliéntese tu corazón; Sí, espera a Jehová. [Sal. 27:14]

1er Titulo:

Guía En La Oración (Efesios 6:18. orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos.).

   Comentario: Versíc. 18. Por medio de toda oración y súplica, orando en todo tiempo en el Espíritu, y en vista de esto, estando alerta en toda perseverancia y súplica, por todos los santos.

   Contra tan grande enemigo nada puede hacer el soldado en su propia fuerza. Por esto, mientras toma y se coloca cada pieza de la armadura y hace uso de ella, debe orar pidiendo la bendición de Dios.

1. La variedad de la oración: “toda oración y súplica”

   El apóstol hace especial hincapié en que la comunión del soldado con su General—la comunión del creyente con su Dios—no debe ser sólo de una clase. Son muchos los que siempre están pidiendo cosas. Toda su vida de oración consiste en esto. Pero la oración—la primera mención de la palabra es muy general—no debe incluir solamente clamores de ayuda sino también confesión de pecado, profesión de fe, adoración, acción de gracias, intercesión. Además, la vida de oración debe ser definida, no solamente decir “Oh Señor, bendice a todo lo que espera tu bendición”, lo cual es muy general, sino “súplicas” o “peticiones” por necesidades definidas, ruegos por bendiciones específicas. Esto significa que la persona que ora debe estar en conocimiento de situaciones concretas en su alrededor, o al menos no debe hallarse limitado a su propio reducido horizonte, debe conocer las situaciones donde su ayuda es necesaria. Debe separar, tal vez, hoy día para enfatizar esta necesidad, mañana para recordar otra.

2. El “cuando” y el “donde” de la oración: “en todo tiempo … en el Espíritu”.

   La oración en tiempo de “gran calamidad” o “catástrofe” es algo muy de moda. Para muchas personas, me imagino, el “Día de acción de gracias” viene solamente una vez al año. Es el día fijado por el gobierno nacional o por la iglesia. El apóstol enseña a los lectores a venir a Dios “en todo tiempo”. “Reconócelo en todos tus caminos” (Pr. 3:6).

   En cuanto al “donde” de la oración, no hemos de confinarla a “Jerusalén” o a “este monte” sino que ha de ser siempre “en (la esfera) del Espíritu”, es decir, “con su ayuda” y “en armonía con su voluntad” según se halla revelada en la Palabra que él inspiró.

3. La forma de la oración: “estando alerta en toda perseverancia y súplica”. Cf. Col. 4:2.

   Los que no permanecen “alerta” y son dejados e indiferentes en lo que respecta a sus hogares, en lo que pasa en las calles de su ciudad, de su región o provincia, en su país, en su iglesia, en su denominación, o en el mundo tendrán una vida de oración muy restringida. Los que no conocen la voluntad de Dios porque dedican un tiempo ínfimo al estudio de las Escrituras no podrán cosechar los frutos de la oración. Los que no conocen las promesas no pueden pretender “entrar en las profundidades de las promesas de Dios” en sus períodos devocionales, ni pueden participar de la profunda y satisfaciente comunión con Dios. En consecuencia, orarán solamente de vez en cuando. No habrá “perseverancia” y solamente escasa “súplica” (peticiones por bendiciones definidas).

4. Los sujetos indirectos de la oración: “por todos los santos”

   Cristo, durante su peregrinación en la tierra dio importancia enorme a la oración intercesora (oración por otros), según se ve en varias ocasiones (Mt. 9:18–26; 15:21–28; 17:14–21; etc.). En Pablo se observa la misma actitud. El corazón de nuestro Gran Intercesor que no solamente intercede por nosotros, sino que realmente vive con este fin determinado (Heb. 7:25); ¡se siente íntimamente conmovido por estas peticiones! Así la comunión de los santos se mantiene viva y real.

   En esta comunión de oración el judío convertido no debe olvidar al creyente gentil, ni el anciano olvidar al joven, ni el libre al que está en prisión, ni vice versa. Debe haber oración “por todos los santos”. En Dios no hay acepción de personas.

   Hasta este punto el apóstol ha dicho muy poco sobre su propia situación personal. No se muestra quejoso. Menciona brevemente el hecho de hallarse escribiendo en calidad de prisionero (3:1; 4:1), y también instó a los efesios a “no desalentarse” por lo que sufría en favor de ellos (3:13). Pero esto fue todo; y aun en tales pasajes no pensó en sí mismo tanto como en el bienestar de los lectores.

2° Titulo:

Guía En Los Detalles De La Vida (Los Hechos 16:6 al 10. 6Y atravesando Frigia y la provincia de Galacia, les fue prohibido por el Espíritu Santo hablar la palabra en Asia; 7y cuando llegaron a Misia, intentaron ir a Bitinia, pero el Espíritu no se lo permitió. 8Y pasando junto a Misia, descendieron a Troas. 9Y se le mostró a Pablo una visión de noche: un varón macedonio estaba en pie, rogándole y diciendo: Pasa a Macedonia y ayúdanos. 10Cuando vio la visión, en seguida procuramos partir para Macedonia, dando por cierto que Dios nos llamaba para que les anunciásemos el evangelio.).

   Comentario: El llamado macedónico 16:6–10

   Pablo, Silas y Timoteo trabajan en las iglesias del sur de Galacia y deciden luego predicar en otras regiones del centro-sur de Asia Menor. Planean viajar en dirección occidental y, según la forma en que les guíe el Espíritu Santo, extender la iglesia de Cristo en un mundo predominantemente gentil.

   La estrategia misionera de Pablo es predicar en las ciudades importantes, preferiblemente en los centros comerciales y administrativos, desde donde la Palabra de Dios pudiera radiarse en todas direcciones. Por el texto sabemos que Pablo había planeado ir hacia el oeste, a la provincia de Asia (la parte occidental de Turquía).

   Suponemos que él quería visitar Éfeso, ciudad localizada al sur del río Cäyster, cerca del mar Egeo. Pero Lucas dice que el Espíritu Santo no les permitió entrar en esa provincia. Algunos años más tarde, durante su tercer viaje misionero, Pablo habría de ministrar a la gente de la provincia de Asia y particularmente a los que vivían en Éfeso (19:1–12).

   Versíc. 6. Fueron a través de la región de Frigia y Galacia, habiendo sido impedidos por el Espíritu Santo de hablar la palabra en la provincia de Asia. 7. Y cuando llegaron a Misia, trataron de entrar en Bitinia, pero el Espíritu de Jesús no se los permitió. 8. Y pasando cerca de Misia, descendieron a Troas.

   Veamos los siguientes puntos:

a. Frigia y Galacia. En lugar de ir directo hacia el oeste, Pablo, Silas y Timoteo, obedientes a la dirección del Espíritu, viajan por la región conocida como Frigia y Galacia. Los eruditos postulan dos explicaciones para la frase Frigia y Galacia. Los que respaldan la teoría de la llamada Galacia del Norte, afirman que Frigia era un distrito distinto en el cual se encontraban las ciudades de Antioquía de Pisidia e Iconio. Viajando hacia el norte, los misioneros entrarían en la provincia romana de Galacia, también conocida como la Antigua Galacia.

   Presumiblemente visitaron las ciudades de Pesino, Ancira (la moderna Ankara), y Tavio, en el camino a Troas (v. 8) donde establecieron iglesias. Sin embargo, el Nuevo Testamento no menciona ninguna iglesia en esta parte de Galacia. Herman N. Ridderbos escribe, “No puede ser descartada la posibilidad de que la hipótesis de la Galacia del Norte tuviera algo que ver con congregaciones ficticias”.

   Los que comparten la teoría de Galacia del Sur dicen que el griego usa las palabras Frigia y Galacia como adjetivos que describen el sustantivo región: “la región frigiana y gálata”. Los adjetivos se refieren a una región en la mitad del sur de la provincia romana de Galacia, habitada por frigios.

   La evidencia en favor de la teoría de Gálata del Sur es decisiva. Primero, Frigia era una región habitada por miles de judíos, quienes introdujeron la enseñanza del Antiguo Testamento entre los gentiles. Este conocimiento y la enseñanza de las Escrituras contribuyó a la difusión del evangelio. Segundo, Lucas menciona a Frigia como una de las naciones representadas en Pentecostés (2:10). Galacia era habitada por gente que, en el siglo III a.C. había emigrado desde la Galia en Europa hasta Bitinia, en el Asia Menor. Los romanos hicieron del área en la cual los gálatas vivieron una provincia que se extendió desde Bitinia y el Ponto en el norte hasta Frigia y Licaonia en el sur. Galacia del Sur, entonces, era un área multirracial, y la estrategia misionera de Pablo era predicar el evangelio principalmente en tales áreas. Por esta razón muchos eruditos son reacios a sugerir que Pablo trajo el evangelio exclusivamente a los gentiles en la parte norte de Galacia.

b. Misia y Bitinia. El Espíritu Santo guía a los misioneros en sus viajes. No conocemos con exactitud la forma en que él comunicaba su voluntad a los viajeros; quizás Silas, quien era profeta (15:32) recibía las órdenes del Espíritu. Aunque Lucas usa la frase Espíritu de Jesús como un sinónimo para Espíritu Santo, la frase misma es “indicativa de que el Cristo resucitado seguía trabajando mediante el Espíritu. El Espíritu es el representante de Jesús”.

   Viajando en dirección noroccidental, los misioneros llegan a la frontera de Misia, una región en la esquina noroccidental de Asia Menor. De allí tratan de ir hacia el norte, a Bitinia (c.f. 1 P. 1:1), pero el Espíritu, quien ya les había prohibido entrar en la provincia de Asia, les impide ir a Bitinia. (Es interesante anotar aquí que, con el tiempo, Bitinia llegó a ser un fuerte enclave de la iglesia cristiana y la sede de importantes reuniones de concilios de la iglesia [p.ej., el Primer Concilio de Nicea, año 325 d.C.; el Cuarto Concilio General de Calcedonia, año 451 d.C.].) Pablo y sus compañeros deben viajar al puerto de Troas sobre el mar Egeo.

c. Troas. La ciudad de Troas, situada a unos dieciocho kilómetros al sur de la antigua Troya, estaba en la parte occidental de Misia. Colonia romana, servía como la puerta de entrada de Europa a Asia Menor y como el punto de partida para Macedonia. Lucas dice que los misioneros descendieron a Troas; es decir, dejaron las alturas de Misia y descendieron hasta el nivel del mar. Rodearon Misia, en el sentido de que no se quedaron allí a proclamar la Palabra. El Espíritu les dijo que viajaran hacia el oeste a Troas, en lugar de ir al este, hacia Bitinia. Años más tarde, Pablo visitó con frecuencia Troas, donde predicó el evangelio (20:5–6; 2 Co. 2:12; 2 Ti. 4:13).

   Versíc. 9. Una noche, Pablo tuvo una visión de un hombre macedonio que estaba de pie y le rogaba, “Ven a Macedonia y ayúdanos”. 10. Después que Pablo hubo tenido la visión, inmediatamente nos preparamos para partir hacia Macedonia, creyendo que Dios nos había llamado a predicar el evangelio a ellos.

a. “Pablo tuvo una visión de un hombre macedonio”. La orden de descender a Troas viene del Espíritu de Jesús, quien, al bloquearles su intención de ir a las provincias de Asia y Bitinia, los dirige a desarrollar la iglesia en otra parte. Él está en total control de todo y en Troas le informa a Pablo cuál debe ser el próximo paso. Jesús da a Pablo instrucciones que son suficientes para la necesidad de ese momento.

   Durante la noche, Pablo tiene una visión, una experiencia común en Pedro, Pablo, y otros. En esta visión, ni Jesús le habla ni envía a un ángel. En cambio, Pablo ve a un hombre que le dice, “Ven a Macedonia y ayúdanos”. Suponemos que Pablo pudo identificar la nacionalidad del hombre por su modo de hablar y su vestimenta.

   En el siglo I Macedonia se extendía de este a oeste desde el mar Egeo hasta el mar Adriático. Al norte estaban Ilírico y Tracia y al sur, Acaya (Grecia). Gobernada por los romanos, la gente de Macedonia hablaba griego, lo que les permitía comunicarse sin problemas con los habitantes de Asia Menor. Para Pablo y sus compañeros, por lo tanto, el paso de un continente (Asia) a otro (Europa) fue relativamente fácil.

b. “Ven a Macedonia y ayúdanos”. ¿Qué es el significado del pedido del macedonio? La primera parte de su petición (“ven a Macedonia”) se refiere a cruzar el mar Egeo (véase v. 11). La segunda parte del ruego es una petición de ayuda. El verbo usado tiene la connotación de venir en ayuda de alguien; por ejemplo, el padre del niño epiléptico suplicó a Jesús, “Ayúdame en mi falta de fe” (Mr. 9:24). El pedido, entonces, es por ayuda espiritual. El macedonio indica que él no está solo; está hablando a nombre de sus compatriotas. Este ruego viene de gente que está lista para recibir el evangelio.

c. “Inmediatamente nos preparamos para salir para Macedonia”. Pablo cuenta la visión a sus compañeros y juntos siguen la dirección divina de ir a Macedonia.

   En este versículo es obvia la mano del escritor de Hechos: con el pronombre nosotros se está identificando a sí mismo como un participante de las deliberaciones de los misioneros. No sabemos cómo se conocieron Pablo y Lucas; con modestia Lucas evita proveer información acerca de su fe, habilidades y talentos. De una fuente del siglo II (el Prólogo anti-Marcionita al Evangelio de Lucas) sabemos que Lucas era natural de Antioquía de Siria; de la Escritura sabemos que era médico (véase Col. 4:14). Quizás se conocieron en Antioquía, aunque Lucas no dice nada al respecto. La frase Dios nos había llamado parece comunicar que Lucas no era un recién convertido que se asoció con Pablo por primera vez en Troas. Pero no nos da más detalles, lo que nos obliga a quedarnos con lo que dice el texto.

   Comenzando con esta referencia a Troas, Lucas usa el pronombre nosotros en muchos lugares. Aun en aquellos pasajes en los cuales Lucas escribe en tercera persona, él de todas maneras muestra que fue testigo de los acontecimientos que narra (véase, p.ej., Hechos 20:4–5).

Consideraciones prácticas en 16:6–10

   El llamado de Dios a Isaías en el tiempo cuando murió el rey Uzías, “¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros?” (Is. 6: 8a) es oído hoy por muchos cristianos. Algunos de ellos responden con las mismas palabras con que respondió Isaías: “Heme aquí, envíame a mí” (6:8b). Estos demuestran una voluntad de servir al Señor y trabajar en el avance de su causa.

   Sin embargo, el peligro es que algunos cristianos empiezan a trabajar sin esperar las órdenes específicas que el Señor tiene para ellos. Creen que Dios tendría que alegrarse por el esfuerzo que hacen. Sin embargo, han fallado en detenerse para orar y preguntarle a Dios dónde y cómo quiere usarlos y qué espera de ellos.

   Pablo y sus acompañantes esperaron que el Espíritu de Jesús les dijera dónde ministran. Se les prohibió ir tanto al oeste como al norte; tuvieron que ir a Troas. Allí, en una visión Pablo recibió instrucciones de embarcarse para Europa. Al esperar con paciencia la dirección divina, Pablo y sus compañeros fueron receptores de la imprescindible bendición de Dios.

Esperar paciente es a menudo

el camino más excelente

de hacer la voluntad de Dios.

3er Titulo:

Separa A Los Siervos Del Señor Para Un Servicio Definido (Los Hechos 13:1 al 4. 1Había entonces en la iglesia que estaba en Antioquía, profetas y maestros: Bernabé, Simón el que se llamaba Niger, Lucio de Cirene, Manaén el que se había criado junto con Herodes el tetrarca, y Saulo. 2Ministrando éstos al Señor, y ayunando, dijo el Espíritu Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado. 3Entonces, habiendo ayunado y orado, les impusieron las manos y los despidieron. 4Ellos, entonces, enviados por el Espíritu Santo, descendieron a Seleucia, y de allí navegaron a Chipre.).

   Comentario: Se comisiona a Bernabé y Pablo 13:1–3

   En los primeros tres versículos de este capítulo, Lucas continúa su relato acerca de la iglesia en Antioquía y la presenta como un importante centro de la fe cristiana (11:19–30). Uno de los primeros ministerios de la iglesia de Antioquía fue enviar ayuda a los creyentes de Jerusalén que estaban sufriendo por la hambruna (11:27–30).

   Luego, ganó prominencia cuando envió misioneros al mundo gentil, comenzando con Chipre y Asia Menor y siguiendo con Macedonia y Grecia. Lucas la menciona catorce veces,764 mientras que Pablo sólo lo hace una vez (Gá. 2:11). A medida que la iglesia va creciendo, Lucas llama la atención a Antioquía y no a Jerusalén como el centro de la actividad. Decisivamente pone a la iglesia en Antioquía al mismo nivel de la de Jerusalén cuando menciona los principales nombres de los dirigentes de esa iglesia.

   Versíc. 1. En la iglesia de Antioquía había profetas y maestros: Bernabé, Simeón llamado Niger, Lucio de Cirene, Manaén, el que se había criado con Herodes el tetrarca, y Saulo.

Hagamos las siguientes observaciones:

a. La iglesia. En los primeros doce capítulos de Hechos, la palabra iglesia se refiere consistentemente a la asamblea de los cristianos en Jerusalén. Pero cuando los creyentes en Antioquía reciban instrucción de Bernabé y Pablo, Lucas se refiere a ellos como una iglesia (11:26). Los cristianos en Antioquía llegaron a constituirse en iglesia cuando escucharon y predicaron el evangelio regularmente, recibieron instrucción en cuanto a la fe, nombraron a sus dirigentes e implementaron su visión para la misión al mundo. Sin embargo, sabemos que la iglesia es un cuerpo aun si sus miembros proceden de diferentes lugares y países. Los creyentes en Antioquía, por lo tanto, pertenecían a la misma iglesia a la que pertenecían los de Jerusalén.

b. El oficio. Había allí un grupo de profetas y maestros. Si partimos del griego, resulta difícil discernir si las palabras profetas y maestros se refieren a dos oficios separados o si una persona podía ser profeta a la vez que maestro. Pablo, por ejemplo, habla de “pastores y maestros” (Ef. 4:11); desde su perspectiva, una persona llena un solo oficio con una función doble. Además, él pone a los profetas en una categoría por separado, la que es ubicada en la lista después de los apóstoles. Esto nos lleva a la conclusión de que el Nuevo Testamento revela una diferencia entre profetas y maestros. “Dado que los maestros exponen las Escrituras, cuidan de la tradición acerca de Jesús y explican los fundamentos del catecismo, los profetas, no estando limitados por las Escrituras o la tradición, hablan a la congregación sobre la base de revelaciones” (véase 1 Co. 14:29–32).765 Lucas describe a Bernabé y a Pablo como maestros en la iglesia antioqueña (11:26), pero en la lista de cinco nombres (13:1) él no dice nada específico en cuanto a quien es un maestro y quien es un profeta, y de esta forma deja el asunto sin resolver.

c. Los nombres. De los cinco dirigentes de la iglesia, Bernabé ocupa el primer lugar de la lista. Esto se entiende si se tiene en cuenta que la iglesia de Jerusalén lo comisionó para ministrar a las necesidades espirituales de los creyentes de Antioquía (11:22).

   La próxima persona en la lista es Simeón, llamado Niger. Es de asumir que otros también se llamaban Simeón, por lo tanto, es necesaria una identificación adicional. La palabra Niger (que en latín quiere decir negro) indudablemente se refiere a la complexión y a la ascendencia étnica de Simeón. Dado que Lucas lo menciona junto con Lucio de Cirene, no es remota la posibilidad de que Simeón fuera también oriundo de África del Norte.

   No podemos averiguar si este Simeón sea el mismo Simón de Cirene, quien ayudó a Jesús a cargar con la cruz (Mt. 27:32), o si Lucio es aquel a quien Pablo menciona enviando saludos a los hermanos de Roma (Ro. 16:21). Ambos hombres probablemente estaban entre aquellos refugiados que, habiendo salido de Jerusalén a causa de la persecución que siguió a la muerte de Esteban, llegaron hasta Antioquía, habiendo sido oriundos de Chipre y de Cirene (11:19–20).

   Les sigue Manaén. Su nombre es una forma griega de la palabra hebrea Menaḥem que quiere decir “consolador”. Lucas dice “que se había criado con Herodes el tetrarca”. Esto permite suponer que lo que Lucas está tratando de decir es que Manaén era un hermano de leche de Herodes Antipas, el tetrarca de Galilea y Perea (4:27; Mt. 14:1–12; Mr. 6:14–29; Lc. 3:1). Manaén, persona influyente de alcurnia real y cristiano de Antioquía, proveyó a Lucas con información acerca de Herodes Antipas y posiblemente de otros miembros de la familia de Herodes.

   La última persona es Pablo, incluido aquí por su nombre hebreo, Saulo. Por invitación de Bernabé él había ido a la iglesia antioqueña como maestro, precisamente cuando el trabajo empezaba a ser demasiado grande para Bernabé (11:25–26). “Entre los veteranos de Antioquía, con notable modestia, él se sentía contento con ocupar el último lugar”.

   Versíc. 2. Adorando ellos al Señor y ayunando, el Espíritu Santo dijo, “Apártenme a Bernabé y a Saulo para la obra para la cual los he llamado”. 3. Entonces después que hubieron ayunado y orado, les impusieron las manos y los enviaron.

a. “Adorando ellos al Señor y ayunando”. El término adoración, un término religioso típicamente veterotestamentario, describía originalmente el servicio de los sacerdotes en el templo de Jerusalén (véase, p.ej. Lc. 1:23). Pero en el versículo 2, Lucas por primera vez lo aplica a la práctica cristiana. De esta manera está mostrando continuidad con el pasado, pero también está sugiriendo sutilmente un énfasis diferente, más espiritual. En la nueva forma de adoración, no vemos al sacerdote ante el altar, sino a cada creyente de la iglesia en oración.

   En estos versículos, Lucas también indica que los cristianos en Antioquía combinaban la oración con la costumbre judía del ayuno; estas dos prácticas eran celebradas juntas sólo en ocasiones especiales (véase 14:23).

   El contexto inmediato de los versículos 2 y 3 pareciera restringir la referencia a la adoración a los cinco profetas y maestros que Lucas ha mencionado (v. 1). Pero habría a lo menos tres objeciones a esta interpretación. Primero, un culto de adoración se realiza para que participen en él todos los creyentes de la iglesia. Segundo, toda la iglesia de Antioquía participó en comisionar a Bernabé y Saulo, ya que, al regresar, los misioneros informaron a la iglesia lo que Dios había hecho (14:27). Y tercero, el Espíritu Santo mueve a toda la iglesia y no sólo a cinco personas para ocuparse en el trabajo misionero.

b. “El Espíritu Santo dijo: ‘Apártenme a Bernabé y a Saulo, para la obra para la cual los he llamado’”. Mientras la iglesia oraba, el Espíritu Santo habló a través de los profetas dando a conocer su voluntad. Dios, mediante su Espíritu, agranda a la iglesia y elige a sus siervos para que hagan la tarea que él les encarga.

Dios, entonces, elige a Bernabé y a Saulo para la obra misionera.

   Jesús había llamado a Pablo para que fuera un apóstol a los gentiles, pero tanto él como Bernabé habían estado enseñando en la iglesia de Antioquía. Ahora, el Espíritu Santo revela a los creyentes su voluntad de que ambos se dediquen a una tarea específica: proclamar las Buenas Nuevas al mundo. Para la iglesia de Antioquía esto significa que al comisionar a Bernabé y a Pablo estarían perdiendo a dos maestros muy capacitados; que tendrían que prometer respaldarlos mediante la oración; y que Antioquía seguiría siendo un centro para las misiones.

   Tanto Pablo como Bernabé habían sido llamados para ser apóstoles a los gentiles. En realidad, cuando Lucas se refiere a ellos en su primer viaje misionero, los llama “apóstoles” (14:14; y véase 1 Co. 9:1–6). La tarea que el Espíritu Santo les asigna es dar a conocer al mundo el evangelio de Cristo y extender la iglesia hasta los confines de la tierra (compare 1:8).

c. “Les impusieron las manos y los enviaron”. Después de un período de ayuno y oración, los dirigentes de la iglesia de Antioquía impusieron sus manos sobre Bernabé y Pablo. En Damasco, Ananías había hecho lo mismo con Pablo y de esta manera Pablo había recibido el don del Espíritu Santo (9:17). Aunque por varios años Bernabé y Pablo habían enseñado el evangelio de Cristo, la iglesia en Antioquía, oficialmente, les ordenó para que fueran misioneros a los gentiles. No fue sino hasta después que Dios los llamó para la tarea tan especial de proclamar el evangelio al mundo grecorromano (compare Gá. 1:16) que la iglesia antioqueña llevó a cabo la ceremonia externa de ordenarlos. El servicio de ordenación muestra claramente que misioneros e iglesia están unidos en el trabajo de las misiones.

Consideraciones doctrinales en 13:1–3

   A la luz del trabajo realizado por Bernabé y Pablo, ¿cuál es lo significativo en la ordenación que recibieron en Antioquía? Primero, hasta ahora ni Pablo ni Bernabé han sido llamado un apóstol, pero cuando Lucas relata los sucesos de su primer viaje misionero les da el título de apóstoles (14:14). Segundo, los dos misioneros muestran milagrosos poderes de sanidad, predican el evangelio a judíos y a gentiles, y poseen autoridad igual a la que tienen los apóstoles Pedro y Juan.

   Y tercero, el paralelo entre Pedro y Pablo es evidente cuando sanan a un paralítico (3:1–10 y 14:8–10), reprenden a un mago o hechicero (8:18–24 y 13:6–12), y organizan iglesias (8:14–17 y 14:21–25). ¿Qué significa la ordenación de Bernabé y de Pablo? Los dos hombres “fueron consagrados a un trabajo que sería reconocido como el trabajo de los apóstoles y en el cual ellos actuarían con autoridad apostólica, manteniendo una posición correspondiente a la de los Doce”.

   Además, notemos el paralelo entre los doce apóstoles y Bernabé y Pablo. El Espíritu Santo llena a los doce apóstoles en Jerusalén el día de Pentecostés con lo cual quedan capacitados para dirigirse a las multitudes judías (2:1–41). Y el mismo Espíritu Santo dirige a la iglesia en Antioquía para que designen a Bernabé y a Pablo para que proclamen el evangelio a las multitudes gentiles. Los Doce están ocupados en la formación de la iglesia en Jerusalén que crece rápidamente, mientras Bernabé y Pablo son enviados por la iglesia antioqueña a organizar iglesias hasta los confines de la tierra (1:8).

La sinagoga de los judíos 13:4–5

   El trabajo misionero para el cual el Espíritu Santo llamó a Bernabé y a Pablo es exigente. Los misioneros frecuentan las sinagogas judías, pero, además, buscan activamente nuevos convertidos entre la población gentil. Este nuevo aspecto del trabajo de los misioneros es grandemente retador, porque significa que eventualmente deben confrontar la necesidad de formular principios de conducta a los creyentes gentiles (15:1–35).

   Versíc. 4. Habiendo sido enviados por el Espíritu Santo, ellos descendieron a Seleucia. De allí navegaron a Chipre. 5. Llegados a Salamina, empezaron a proclamar la palabra de Dios en las sinagogas de los judíos. También tenían a Juan como ayudante.

a. “Habiendo sido enviados por el Espíritu Santo”. Lucas enfatiza que los misioneros son enviados no por la iglesia de Antioquía sino por el Espíritu Santo. El Espíritu dijo a la iglesia que eligiera a Bernabé y a Pablo, y él mismo los envía a su campo de trabajo. Por consiguiente, Pablo puede decir que él ha sido “enviado no de los hombres ni por hombre, sino por Jesucristo y por Dios el Padre” (Gá. 1:1). Es decir, el Trino Dios envió a Pablo y a Bernabé primero a Chipre y luego a Asia Menor.

b. “Descendieron a Seleucia”. Ubicada junto al río Orontes y cerca de la costa del Mediterráneo, Seleucia servía como puerto marítimo a la ciudad de Antioquía. Debido a que Antioquía está ubicada en un territorio montañoso, Bernabé y Pablo tuvieron que viajar una distancia relativamente corta para descender a Seleucia.

c. “De allí navegaron a Chipre”. En un día claro, los apóstoles habrían podido ver desde Seleucia la línea costera del complejo de montañas de Chipre. El viaje por mar podría tomar menos que un día. Chipre era el lugar de nacimiento de Bernabé (4:36), por lo tanto, él conocía íntimamente a sus habitantes, las sinagogas judías y la cultura. Este conocimiento probó ser una virtud. Bernabé no fue el primer cristiano en visitar la isla; refugiados cristianos de Jerusalén habían llegado hasta allí, según nos lo cuenta Lucas (11:19).

d. “Llegados a Salamina, empezaron a proclamar la palabra de Dios en las sinagogas de los judíos”. Salamina era un puerto en la costa este de Chipre y estaba situada directamente al norte de la ciudad moderna de Famagusta. Esta era un centro de comercio donde mercaderes de Cilicia, Sitia, Fenicia y Egipto comerciaban con aceite de oliva, lana, vino y granos. Con el correr del tiempo, este puerto atrajo a un gran número de judíos que pertenecían a la clase mercantil y que habían establecido varias sinagogas en la ciudad. Cuando Bernabé y Pablo llegaron a Salamina, los judíos les dieron la bienvenida en sus sinagogas.

   En este breve reporte, Lucas no menciona los efectos del mensaje predicado por los misioneros. Sin embargo, con el tiempo usado en el verbo en griego, él sugiere que Bernabé y Pablo continuaron por algún tiempo predicando la Palabra de Dios. Podemos suponer que los apóstoles probaron con el Antiguo Testamento que Jesús había dado cumplimiento a las promesas mesiánicas. La Palabra de Dios, por lo tanto, sirvió como denominador común para ambos grupos. Quizás en su contacto inicial con el pueblo, Bernabé y Pablo pasaron algún tiempo con la población judía de Salamina, pero no se dice nada respecto a si los gentiles frecuentaban loscultos de adoración en las sinagogas. Los misioneros aplicaron la regla que con el tiempo llegó a ser su sello personal: primero a los judíos, y luego a los gentiles.

e. “También tenían a Juan como ayudante”. Como un pensamiento tardío, Lucas incluye la información de que Juan Marcos acompañó a los misioneros a la isla de Chipre (véase 12:25). Quizás Lucas quería poner todo el énfasis en la misión de Bernabé y Pablo; sólo de paso, menciona a Juan Marcos, su compañero de viaje. De hecho, Marcos no había sido llamado por el Espíritu Santo y tampoco había sido ordenado por la iglesia de Antioquía. Por esta razón Lucas lo describe como un ayudante de los misioneros. No se nos dice qué tipo de ayuda les daba, pero su trabajo no estaba limitado a proveer a las necesidades físicas (como alimentación y alojamiento) de sus compañeros. Lucas usa literalmente la palabra subordinado para describir a Marcos, lo que significa que él hacía todo lo que los misioneros le pidieron que hiciera.

Amen Para Gloria De Dios.

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Bibliografía: El Espíritu Santo Por Edwin H. Palmer; Estudio De Doctrina Cristina Por George Pardington; El Triunfo Del Crucificado. Por Erich Sauer; Comentario Al Nuevo Testamento Por Simon J. Kistemaker; Biblia De Referencia Thompson VRV 1960.


Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.