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Artículo de Fe N° V: “De la suficiencia de las Santas Escrituras para la salvación”.

Artículo de Fe N° V: “De la suficiencia de las Santas Escrituras para la salvación”.

Declaración I.E.P:

La Santa Biblia contiene todas las cosas necesarias para la salvación, de modo que no debe exigirse que hombre alguno reciba como artículo de fe, ni considere como requisito necesario para la salvación, nada que en ellas no se lea, ni pueda por ellas probarse. Bajo el nombre de Santas Escrituras comprendemos aquellos libros canónicos del Antiguo y Nuevo Testamento de cuya autoridad nunca se ha dudado en la iglesia de Dios.

Los nombres de los libros canónicos son: Génesis, Éxodo, Levíticos, Números, Deuteronomio, Josué, Jueces, Rut, Primer Libro de Samuel, Segundo Libro de Samuel, Primer Libro de Reyes, Segundo Libro de Reyes, Primer Libro de Crónicas, Segundo Libro de Crónicas, Esdras, Nehemías, Ester, Job, Salmos, Proverbios, Eclesiastés, Cantar de los Canatares, Isaías, Jeremías, Lamentaciones, Ezequiel, Daniel, Oseas, Joel, Amós, Abdías, Jonás, Miqueas, Nahum, Habacuc, Sofonías, Hageo, Zacarías y Malaquías.

Todos los Libros del Nuevo Testamento, que son generalmente aceptados, los recibimos y tenemos por canónicos: Evangelio según San Mateo, Evangelio según San Marcos, Evangelio según San Lucas, Evangelio según San Juan, Hechos de los Apóstoles, Romanos, Primera a los Corintios, Segunda a los Corintios, Gálatas, Efesios, Filipenses, Colosenses, Primera a los Tesalonicenses, Segunda a los Tesalonicenses, Primera a Timoteo, Segunda a Timoteo, Tito, Filemón, Hebreos, Santiago, Primera de Pedro, Segunda de Pedro, Primera de Juan, Segunda de Juan, Tercera de Juan, Judas y Apocalipsis. (cfr. Deuteronomio 6:6-9; 2° Timoteo 3:14-17; 2° Pedro 1:19-21: Apocalipsis: 22:18-19).

Declaración METODISTA:

Las Sagradas Escrituras contienen todas las cosas necesarias para la salvación; de modo que no debe exigirse que hombre alguno reciba como artículo de fe, considere como requisito necesario para la salvación, nada que en ellas no se lea ni pueda por ellas probarse. Bajo el nombre de Sagradas Escrituras comprendemos aquellos libros canónicos del Antiguo y del Nuevo Testamento, de cuya autoridad nunca hubo duda alguna en la Iglesia.

Los nombres de los libros canónicos son: Génesis, Éxodo, Levítico, Números, Deuteronomio, Josué, Jueces, Rut, el Primer Libro de Samuel, el Segundo Libro de Samuel, el Primer Libro de los Reyes, el Segundo Libro de los Reyes, el Primer Libro de las Crónicas, el Segundo Libro de las Crónicas, el Libro de Esdras, el Libro de Nehemías, el Libro de Ester, el Libro de Job, los Salmos, los Proverbios, El Eclesiastés o El Predicador, el Cantar de los Cantares de Sa1omón, los Cuatro Profetas Mayores y los Doce Profetas Menores. Todos los libros del Nuevo Testamento que son generalmente aceptados, los recibimos y los tenemos como canónicos.”

Descripción:

Aquí se establece uno de los principios protestantes, en cuanto al valor que tienen las Sagradas Escrituras, por contener ellas lo que necesitamos saber para la salvación. Por lo cual no existe tradición alguna, por eclesiástica que sea, que pueda imponer otros antecedentes que se establezcan como necesarios para la salvación. En tal sentido, nada que no establezcan las Sagradas Escrituras se puede anexar como parte de la proclamación, llámese: peregrinaciones, veneración a los santos, culto a María, indulgencias o todo tipo de mérito. Lo que no encuentra su base en las Sagradas Escrituras no tiene por qué ser acatado. Estas escrituras, como dice el artículo, son los libros canónicos. Canon tiene el sentido original de “vara”, vara que hace medición, lo que quiere decir que los libros que tenemos pasaron por criterios, fueron objeto de mediciones que la Iglesia hizo en concilios. Los libros que tenemos, tanto en el Antiguo como en Nuevo Testamento no fueron sorteados, ni aparecieron de la nada, fueron tratados por la Iglesia antigua y considerados en cuanto al mérito que tenían para formar la lista de los libros canónicos, es decir de los libros que fueron medidos.

En la tradición protestante se reconocen 39 libros canónicos correspondientes al Antiguo Testamento, excluyendo los libros deuterocanónicos que incorpora la Iglesia Católica Romana y las iglesias de oriente, que son: 1 y 2 de Macabeos, Sabiduría, Tobías, Judit, Eclesiástico y Baruc. En cuanto al Nuevo Testamento se reconocen 27 libros, que son concordantes con el resto de las tradiciones cristianas. Los Concilios de Jamnia (fines del siglo I) para el Antiguo Testamento y la primera referencia de Atanasio, Obispo de Alejandría, en el 367 d.C., sirvieron como base para establecer lo que hasta hoy se acepta como los libros canónicos en nuestra tradición protestante.

Fuentes Bíblicas:

Dt. 4: 1-8 (Estatutos y Decretos); 6: 4-9 (Shemá Israel – Oye Israel); Sal. 119: 33-40; 105-112; (Vl valor de la Palabra de Dios).

La fuente Wesleyana:

Tanto Wesley como la tradición wesleyana, aceptan íntegramente la tradición de la Iglesia en cuanto al canon bíblico. Particularmente Wesley valoraba la Biblia como el libro de los libros, insistía en que su lectura debía ser en forma sistemática, tanto en forma personal como comunitaria, y a su vez pedía que los clérigos, además de la lectura periódica, pudieran conocer y tener manejo de las lenguas originales en que fueron escritos los textos sagrados.
Como ilustración véase el “Discurso a los clérigos” en el Vol. IX de las Obras de Wesley en Español – OWE, págs. 195-221. En este mismo material, se podrá comprobar que para la tradición wesleyana no es incompatible consultar comentarios a las Escrituras, que nos puedan ayudar a una mejor comprensión de ellas.

Comentarios:

El valor de las Sagradas Escrituras está dado por ellas y representa la forma narrativa en que llega hasta nosotros la Palabra de Dios. Ellas deben ser objeto de lectura, meditación, reflexión y actualización de su mensaje. Es, a través de las Escrituras, desde donde podemos encontrar las claves para interpretar, a partir de la fe, los signos de los tiempos. Es en la Escritura donde podemos encontrar la luz para interpretar nuestra vida frente a Dios y también el sentido de los acontecimientos que suceden a nuestro alrededor, para ser tratados a la luz de la fe.

Las Sagradas Escrituras deben ser interpretadas y debemos hacer todos los esfuerzos necesarios para poder actualizar el mensaje de la Biblia. Ello pasa por nuestra comparecencia a toda instancia en donde la Iglesia se lea y comente la Palabra de Dios, como también para acceder a la posibilidad de talleres de capacitación o cursos de formación teológica, todo lo cual nos capacite de mejor manera para comprender el valor de la Palabra de Dios para nuestros tiempos. Todo ello, bajo ningún aspecto, anula la acción del Espíritu Santo; el Espíritu también obra a través de estas vías.

Ya que las Sagradas Escrituras son tan fundamentales y necesarias, debemos apoyar todo ministerio de la Iglesia que conlleve la distribución de la Palabra de Dios ante quienes no la tienen o no la conocen. A su vez toda práctica de la fe y ministerio de la Iglesia debe tener como centro el mensaje de la Palabra de Dios y dentro de la Palabra de Dios debe haber un corazón, este es Cristo Jesús. Con razón, la tradición protestante le ha llamado a este criterio “canon dentro del canon”; es decir: desde Cristo se mide y transmite todo el valor de las Sagradas Escrituras.

AMÉN, A DIOS SEA LA GLORIA.

Fuente Bibliográfica: La Parroquia sin fronteras III: “Los Artículos de Fe”, Iglesia Metodista de Chile, Imprenta Salesianos, Santiago, Mayo, 2015.
Transcripción & Revisión: Rodrigo Turra Morales (I.E.P. San Carlos Poniente).
Foto: Jaime Durán (I.E.P. Ñuñoa).


Rodrigo Turra Morales

Miembro de la IEP en San Carlos Poniente. Administrador en Historia y Contingencia IEP & TeAdoramos.Org. Estudiante de Derecho - Universidad de Magallanes.