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Artículo de Fe N° IV: “Del Espíritu Santo”.

Artículo de Fe N° IV: “Del Espíritu Santo”.


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Declaración I.E.P:

El Espíritu Santo, que procede del Padre y del Hijo, es una misma substancia, majestad y gloria con el Padre y con el Hijo, siendo un verdadero y eterno Dios. En el ejercicio de su divina majestad, bautiza y obra con poder en los creyentes, sellándolos, según su promesa, para el día de la redención”. (cfr. Joel 2:28-29; San Juan 14:26; Los Hechos 1:5,8; 2:1-4; Efesios 1:13-14).

Declaración METODISTA:

El Espíritu Santo, que procede del Padre y del Hijo, es de una misma substancia, majestad y gloria con el Padre y con el Hijo, verdadero y eterno Dios.»

 

Descripción:
Desde el punto de vista dogmático, de la enseñanza de la iglesia, se trata de la tercera persona de la trinidad. Es un contenido que proviene del año 381, del Concilio de Constantinopla. Varios grupos de cristianos sintieron que los concilios anteriores, si bien resolvieron temas cristológicos, no obstante dejaron pendiente el tema pneumatológico, sobre el Espíritu Santo. Era vital asumir esto, para de ese modo incorporar al Espíritu Santo en la Trinidad, pero incorporarlo en la condición que verdaderamente es la que importaba, hablar de él como Señor. Es eterno, por tanto no es creado, es Señor, procede del Padre y del Hijo, con quienes comparte la misma substancia. Las Sagradas Escrituras, al igual que lo hacen con el Padre y el Hijo, hablan del Espíritu Santo, lo que el Concilio hace es afirmar su identidad propia, es una persona divina, es Señor, por tanto puede ser adorado. El Espíritu Santo queda entonces, no como un apéndice a la deidad, sino como integrante pleno, dada su intervención en los diferentes momentos de la historia de la salvación. El Espíritu Santo es Dios mismo actuando como la fuerza vital, creadora, transformadora, que materializa la acción reveladora de Dios.

Los primeros padres de la Iglesia sintieron que todo lo que se había dicho respecto de la divinidad del Hijo, tenía que aplicarse también al Espíritu Santo.Originalmente, el Concilio de Constantinopla (381) había declarado «que procede del Padre», más tarde se desarrolló una gran controversia puesto que las iglesias de occidente a la declaración original que decía «…que procede del Padre», le agregaron «y del Hijo», la famosa controversia sobre el Filioque. Este fue uno de los motivos para el cisma entre oriente y occidente en el 1054, pues los teólogos bizantinos nunca aceptaron esta intromisión y alteración en una parte de un credo tan decisivo para la fe cristiana.

 

Fuentes Bíblicas:
Jl. 2: 28-32 (promesa del derramamiento); Jn. 14: 15-31 (promesa del Espíritu en labios de Jesús); Hch. 2: 1-13 (la venida del Espíritu Santo); 1 Co 12: 1-31 (dones espirituales); Ga. 5: 16-26 (las obras de la carne y el fruto del Espíritu).

 

La fuente Wesleyana:
“Creo que el infinito y eterno Espíritu de Dios, igual que el Padre y el Hijo, no sólo tiene perfecta santidad en sí mismo sino que es quien obra toda santidad en nosotros: ilumina nuestra mente; corrige nuestros deseos y sentimientos y renueva nuestra naturaleza; une nuestra persona a la de Cristo, asegurando así nuestra adopción como hijos; guía nuestras acciones, y purifica y santifica nuestras almas y cuerpos para que nuestro gozo en Dios sea completo y eterno.” (OWE, Vol. VIII, pág. 172).

“Sabéis que la gran finalidad de la religión es renovar nuestros corazones a la imagen de Dios, reparar aquella pérdida total de la justicia y de la verdadera santidad que padecimos por el pecado de nuestro primer padre. Sabéis que toda religión que no dé respuesta a este fin, toda la que se detiene lejos de esto, de la renovación de nuestra alma a la imagen de Dios, conforme a la semejanza de aquel que la creó, no es otra cosa que pura farsa y una mera burla de Dios, para destrucción de nuestra propia alma. ¡Oh, tened cuidado de todos esos maestros de mentiras que querrían haceros pasar esto por cristianismo! No los toméis en consideración, aunque vengan a vosotros con todo engaño de iniquidad, con toda suavidad de lenguaje, toda decencia, y aun con belleza y elegancia en la expresión, con toda profesión de buena voluntad hacia vosotros, y reverencia por las Sagradas Escrituras. Aferraos a la sencilla y antigua fe que ha sido una vez dada a los santos, y entregada por el Espíritu de Dios a vuestros corazones” (OWE, Vol. III, pág. 104).

 

Comentarios:
En muchas iglesias cristianas la persona del Espíritu Santo ha generado conflictos, y hasta divisiones. Aunque a su favor cuenta la promoción de los más grandes avivamientos que ha tenido la Iglesia en diversos momentos de la historia. Si el Espíritu desde pentecostés dio un impulso vital para la naciente Iglesia, entonces es este mismo Espíritu el que puede agitar las aguas en la Iglesia que actualmente somos (en todo tiempo) y permitirnos un testimonio efectivo y decisivo.

En la tradición metodistas al Espíritu Santo se le ha asignado un lugar fundamental en todo aquello que procede después de la justificación, es decir en la santificación cristiana. Todo el mensaje wesleyano atribuye a la acción del Espíritu Santo las experiencias del nuevo nacimiento y todos los frutos que desde allí se generan, en estricto apego al mensaje recibido desde el mismo Nuevo Testamento.

Vale considerar que todo proceso de renovación en la Iglesia es y debe ser acción del Espíritu Santo. La misión de la Iglesia necesita de un agente clave para impulsar la acción y el avance misionero, esta acción es del Espíritu Santo. Cuando Jesús dice «…yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo» (Mt 28: 20), con ello se está refiriendo a la asistencia y compañía permanente por medio del Espíritu Santo. Se debe recuperar el sitial del Espíritu de manera más efectiva en la vida de las Iglesias para momentos específicos, como en la Santa Cena por ejemplo, al momento de exhortar la Palabra de Dios y otras tantas ocasiones en donde es la asistencia del Espíritu Santo la única capaz de sostener y contener a la Iglesia en su existencia frente al mundo.

 

AMÉN, A DIOS SEA LA GLORIA.

 

 

Fuente Bibliográfica: La Parroquia sin fronteras III: “Los Artículos de Fe”, Iglesia Metodista de Chile, Imprenta Salesianos, Santiago, Mayo, 2015.
Transcripción: Hno Manuel Eliseo Tobar.
Revisión: Rodrigo Turra Morales (I.E.P. Puerto Natales).
Foto: Jaime Durán (I.E.P. Ñuñoa).


Rodrigo Turra Morales

Miembro de la IEP en San Carlos Poniente. Administrador en Historia y Contingencia IEP & TeAdoramos.Org. Estudiante de Derecho - Universidad de Magallanes.