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Artículo de Fe N° III: “De la Resurrección de Cristo”.

Artículo de Fe N° III: “De la Resurrección de Cristo”.

Declaración IEP:

Cristo resucitó de entre los muertos, y volvió a tomar su cuerpo con todo lo perteneciente a la integridad de la naturaleza humana, con la cual subió al cielo y allí está sentado hasta que vuelva otra vez para juzgar a todos los hombres en el postrer día”. (cfr. Oséas 6:2; San Mateo 28:5-10; 1ª a los Corintios 15:20; San Juan 20:1-18).

Declaración METODISTA:

Cristo verdaderamente resucitó de entre los muertos, volvió a tomar su cuerpo, con todo lo perteneciente a la integridad de la naturaleza humana, con la cual subió al cielo, y allí está sentado hasta que vuelva para juzgar a todos los hombres en el postrer día.”

Descripción:
Es el pilar fundamental de la fe cristiana, en la resurrección de Cristo está el corazón del kerigma (proclamación) que la Iglesia es llamada a pronunciar. De este hecho tenemos el testimonio en las Sagradas Escrituras, desde donde arranca un contenido que debe ser comprendido en la clave de la esperanza, del futuro, de lo último. Normalmente este mensaje tiende a dejarnos anclados en el pasado, en los relatos testimoniales y apariciones del resucitado; sin embargo lo central de este mensaje en realidad apunta al futuro, determina lo que ha de ser, lo que ha de venir, el horizonte al cual caminan todas las cosas, desde que Jesús se encarnó y murió en la cruz.

La resurrección es un mensaje de futuro, pues nos anticipa aquello que viene de Dios y que debemos esperar, es el acto por el cual Dios hace justicia con su Hijo Jesús, mientras los hombres le dan muerte al inocente, él lo levanta de entre los muertos, con lo cual valida su vida, la suscribe, lo confirma en su misión, prolonga su ministerio hasta el final de los tiempos. Con la muerte en la cruz no se agota el ministerio de Cristo, la resurrección lo sigue extendiendo, la misión queda vigente, ahora en manos del pueblo que le sigue, desde donde su proyecto continúa apareciendo.

Proclamar a Cristo como el resucitado es un mensaje de vida, la vida que vence la muerte, “es la muerte de la muerte”, es afirmar que esperamos la nueva creación, la que vendrá no de las bases de este mundo ni de sus umbrales, por tanto no considera la muerte. Por eso, en la nueva Jerusalén no habrá lágrimas, llanto, ni dolores; no se escuchará nunca más de la muerte (Ap. 21:4).

 

Fuentes Bíblicas:
Mt. 28: 1-15 (relato de la resurrección); Mc. 16: 1-13 (relato de la resurrección); Lc. 24: 1-49 (el resucitado con los caminantes a Emaús); Jn. 20: 1-23 (la resurrección y apariciones del resucitado); Hch. 2: 22-24; 29-33 (discurso de Pedro); 1 Co. 15: 1-8 (la más antigua confesión de fe que incluye la resurrección); Ap. 21: 1-27 (cielos y tierra nueva, el futuro que da inicio a todo).

 

La Fuente Wesleyana:
“Todos los seres vivos fueron sujetos a la muerte, ese monstruo salvaje que aniquila todo cuanto respira, y a su precursor, el dolor, en sus mil manifestaciones. Pero no fue Dios quien hizo la muerte; él no se recrea en la destrucción de los vivientes…. El que está sentado en el trono pronto cambiará el rostro de todas las cosas, y dará prueba fehaciente a sus criaturas de que su misericordia está con todas sus obras. Este horrible estado de cosas pronto llegará a su fin… morará el lobo con el cordero. Pero lo más glorioso de todo será el cambio experimentado por los seres humanos, pobres y desdichados pecadores. Como no existirá la muerte ni el dolor o la enfermedad que la preceden, tampoco existirán la pena y el llanto. Pero habrá una liberación mayor aun: la inexistencia del pecado”. (OWE, Vol. III, pág. 411-412).

 

Comentarios:
La proclamación de Cristo resucitado habla sobre el poder de Dios, que vence a la muerte, el que debe seguir obrando en todas las expresiones de dolor y muerte que tenemos entre nosotros. La Iglesia está llamada a descubrir las realidades donde las obras de la muerte se pasean, y desde allí anunciar el mensaje de esperanza que hace vivir de otra manera el presente y que añora el futuro que viene de Dios, en cuya venida efectivamente serán nuevas todas las cosas.

“La muerte de la muerte”, que en plenitud viviremos cuando Dios haga nuevas todas las cosas, no nos priva de las primicias de vida que somos llamados a manifestar aquí y ahora, en este presente. Pero ese futuro, si bien no se realiza todavía, se puede significar desde ahora y su fuente de sustentación es la resurrección de Cristo. Este mensaje trae consigo la consigna del consuelo para el presente, pero también anuncia la victoria final. Por cierto, este mensaje es más propicio para lo que viven en el reverso de la historia, para quienes son víctimas de la injusticia, para quienes este mundo representa el escenario de las adversidades que a causa del pecado reinante recae como azote sobre sus vidas. Esas personas, por cierto, reciben el mensaje de la resurrección como una buena noticia, como la mejor noticia, Dios les hará justicia.

Como Iglesia vivimos la presencia del resucitado. Lo que la Iglesia hace, todo lo que ella es, lo que tiene como proyecto de acción, debe tener como fuente de inspiración y motivación la imagen del resucitado. La ausencia de ello en cuanto a la definición de nuestra identidad, nos convierte en grupo, agrupación u organización. La comunidad de creyentes debe mostrar que vive en torno a una esperanza, esperanza que no avergüenza, que tienen que ver con la caducidad de este mundo y todos sus sistemas, en cambio anuncia otra vida, otro mundo, otra realidad, que será producto de la acción de Dios donde la resurrección del Señor es primicia para ello.

En muchos sentidos, la resurrección del Señor tiene un carácter escatológico, es decir apunta al tiempo que viene, no al fin, sino a lo nuevo, a la nueva creación. Erradamente se asocia lo último como el cataclismo que pone fin a todo, en el sentido bíblico el fin es lo que abre espacio para la nueva creación que Dios dará origen. Asertivamente, así lo entendió el propio Wesley, al tener una fuerte mirada ante aquello que Dios tiene por manifestar, pero que ya comienza a construir desde que Jesús se hizo hombre y que queda confirmado por la resurrección.

 

AMÉN, SOLO A DIOS LA GLORIA.

 

Fuente Bibliográfica: La Parroquia sin fronteras III: “Los Artículos de Fe”, Iglesia Metodista de Chile, Imprenta Salesianos, Santiago, Mayo, 2015.
Transcripción: Hna Leticia Benites Jimenez.
Revisión: Rodrigo Turra Morales (I.E.P. Puerto Natales).
Foto: Jaime Durán (I.E.P. Ñuñoa).


Rodrigo Turra Morales

Miembro de la IEP en San Carlos Poniente. Administrador en Historia y Contingencia IEP & TeAdoramos.Org. Estudiante de Derecho - Universidad de Magallanes.