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Lunes 25 de febrero de 2019.“Congregarse: Deber Fundamental Del Cristiano”

Lunes 25 de febrero de 2019.“Congregarse: Deber Fundamental Del Cristiano”


   Lectura bíblica: Hebreos Cap. 10, versículos 22 al 25. acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura. Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió. Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándolos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.

   Comentario: Versíc. 21. Y dado que tenemos un gran sacerdote sobre la casa de Dios, 22. acerquémonos con corazón sincero y en plena certidumbre de fe, teniendo nuestros corazones rociados para limpiarnos de una conciencia culpable y teniendo nuestros cuerpos lavados con agua pura.

   El creyente ha recibido una doble certeza de que puede acercarse a Dios; primeramente, porque tiene confianza por medio de la sangre derramada de Cristo; en segundo lugar, porque Jesús es el “gran sacerdote sobre la casa de Dios”. Si hubiera la más mínima vacilación en la mente del creyente, el escritor de Hebreos le está diciendo que mire a aquel único y gran sacerdote, Jesucristo (4:14).

   Se nos exhorta a venir a Dios; en esta vida terrenal lo hacemos en oración. El gran sacerdote toma nuestras oraciones y, como intercesor, las presenta en nombre nuestro a Dios. Este sacerdote ha recibido la responsabilidad de cuidar la iglesia, es decir, la casa de Dios (3:6). La labor sacerdotal de Cristo continúa aún después de haber terminado con su obra expiatoria en la tierra (Jn. 19:30). Él ha sido designado como mediador del nuevo pacto (8:6), y “es capaz de salvar completamente a los que se acercan a Dios por medio de él, porque él siempre vive para interceder por ellos” (7:25).

   Los creyentes están absolutamente seguros ya que tienen un gran sacerdote que los representa. Este gran sacerdote nunca pierde de vista a los que pertenecen a la casa de Dios, puesto que él y ellos pertenecen a la misma familia (2:11).

   Aunque el escritor no sea explícito, se nos exhorta a acercarnos a Dios. En el pasaje paralelo (4:16) él nos dice que vayamos al trono de gracia en oración. El escritor ahora lleva este paralelo un paso más allá y describe cómo hemos de acercarnos a Dios en oración. Aparte de tener confianza hemos de ir con “con corazón sincero y en plena certidumbre de fe”.

   El escritor enfatiza que el corazón debe ser sincero para que la fe sea genuina. La palabra sincero describe el corazón de una persona que es honesta, genuina, comprometida, confiable y sin engaño. Cuando el corazón del creyente es sincero, la fe es evidente con plena certidumbre. El creyente tiene completa confianza en Dios porque acepta plenamente la verdad del evangelio. En contraposición a ello, la duda hace que el creyente no se acerque a Dios. La duda insulta en tanto que la fe exalta.

   Cuando el escritor de Hebreos dice que nos acercamos a Dios “con corazones rociados para limpiarnos de una conciencia culpable” y con “cuerpos lavados con agua pura”, él se está refiriendo a lo interno (corazones) y a lo externo (cuerpos). La frase lavados con agua pura nos hace recordar el bautismo.

   Pero el bautismo en sí mismo es solamente un acto externo experimentado objetivamente. Su contrapartida es el rociamiento de nuestros corazones con la sangre de Cristo (Heb. 9:14). Este rociamiento es un acto interno que se apropia subjetivamente. Se nos exhorta a acercarnos a Dios con el cuerpo y el alma purificados de pecado.

   El corazón es el centro de nuestra vida moral. Dice el escritor de Hebreos: “Nuestros corazones [están] rociados [con la sangre de Cristo] para limpiarnos de una conciencia culpable”. Esa sangre libera al creyente. Él puede ahora libremente acercarse al trono de gracia porque su conciencia está limpia.

   Por fe él se ha apropiado del perdón del pecado por medio de Cristo. Él sabe que Cristo ha quitado para siempre la culpa que le impedía acercarse a Dios.

  El bautismo no era algo desconocido para los judíos. La ley de Moisés estipulaba que el sumo sacerdote, en el Día de la Expiación, debía bañarse antes de ponerse sus vestiduras para entrar al santuario (Lv. 16:4; véanse también Ex. 29:4; Lv. 8:6). Y Ezequiel profetiza que Dios rociará agua limpia sobre su pueblo para lavarlos de las impurezas espirituales (Ex. 36:25). En su epístola, el escritor de Hebreos menciona el “agua pura” usada para lavar nuestros cuerpos. Esa agua limpia simbólicamente al creyente del pecado. “Cristo amó a la iglesia [la casa de Dios] y se dio a sí mismo por ella para santificarla, purificándola por el lavamiento con agua por la palabra” (Ef. 5:25–26).

2. Profesando la esperanza. 10:23

Versíc. 23. Aferrémonos sin vacilación a la esperanza que profesamos, porque fiel es el que prometió.

Aquí está la segunda exhortación. En el versículo precedente, el escritor les dice a los lectores que se acerquen a Dios. Ahora los exhorta a “aferrarse sin vacilación a la esperanza que profesamos”. En el pasaje precedente él introdujo los conceptos del bautismo y de la remisión del pecado. Ahora habla de la confesión de la esperanza como una consecuencia natural del bautismo.

   Suponemos que en la iglesia primitiva había una confesión elemental, ya sea en la forma de “Jesús es el Señor” (1 Co. 12:3) o como palabra fiel (1 Ti. 3:16; 2 Ti. 2:11–13). No hay seguridad acerca de si el escritor de Hebreos tiene en mente alguna confesión en particular, pero deja en claro que sus lectores tienen una confesión (3:1; 4:14; 10:23; 13:15). El contenido de esta confesión es la expectativa de que Cristo cumplirá todas las promesas que ha hecho y que todos aquellos que profesan el nombre de Cristo poseen estas promesas. El escritor dice que profesamos esperanza, virtud que él ha enfatizado a lo largo de su epístola (3:6; 6:11, 19; 7:19; 10:23). La esperanza confía en la fe y mira hacia el futuro.

   Por lo tanto, la fe es puesta sólo en Dios, quien es capaz de cumplir las promesas que ha hecho, ya que Dios es fiel. Se nos dice que sigamos proclamando nuestra esperanza y que lo hagamos sin vacilaciones.

   Dios mismo ha honrado indefectiblemente sus promesas. De hecho, para que sus promesas fuesen inquebrantables, Dios añadió un juramento (Heb. 6:17). “Para él dejar de existir es tan imposible como dejar de ser fiel a su promesa”. El Dios que salvó al creyente por medio de la muerte sacrificial de Cristo ha prometido no abandonar nunca “al alma que se ha apoyado en Cristo en busca de reposo”. Y Dios es fiel, puesto que le promete al creyente:

Nunca te dejaré;

nunca te olvidaré. [Heb. 13:5]

3. Hacia la expresión del amor: 10:24

   Versíc. 24. Y consideremos cómo podemos estimularnos mutuamente al amor y a las buenas obras.

   Esta es la tercera exhortación y la tercera virtud de la tríada fe (v. 22), esperanza (v. 23) y amor (v. 24).

   Ya antes en la epístola el escritor había hablado sobre esta tríada (6:10–12). En consonancia con la conclusión de la carta de Pablo acerca del amor (1 Co. 13:13) y otros pasajes en que éste menciona la tríada (Ro. 5:1–5; Gá. 5:5–6; Col. 1:4–5; 1 Ts. 1:3; 5:8; y véase 1 P. 1:21–22), el escritor de Hebreos demuestra que el amor es el más grande de los tres, porque alcanza a otros. El amor es comunitario. Para el hombre, el amor se extiende hacia Dios y hacia el prójimo. Además, “Dios demostró su propio amor por nosotros en esto: Cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros” (Ro. 5:8).

   Consideren cuidadosamente de qué forma podemos estimularnos unos a otros fervorosamente al amor y a las buenas obras, dice el escritor. Pongan en acción su mente para encontrar algunas maneras de provocar unos a otros—en el buen sentido de la palabra—para aumentar sus expresiones de amor a fin de que resulten en la ejecución de obras nobles. El resumen de la ley hecho por Jesús, vale decir, la ley real (Stg. 2:8), “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” con frecuencia es reducida a un “Amate a ti mismo”. Pero esta ley real se extiende más allá del prójimo hasta llegar a Dios. Las acciones llevadas a cabo por amor al prójimo honran a Dios Padre. Por lo tanto, obedecer y cumplir con la segunda parte del resumen, “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mt. 22:39), constituye en realidad una obediencia y cumplimiento de la primera parte del resumen, “Amarás al Señor tu dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu mente” (Mt. 22:37). Y Pablo llama almandamiento de amarse unos a otros una “deuda continua” (Ro. 13:8). “Así que el amor es el cumplimiento de la ley”, concluye él (v.10).

4. En la asistencia a los cultos: 10:25

   Versíc. 25. No dejemos de congregarnos, como algunos habitúan hacer, sino animémonos unos a otros—y tanto más cuando veis que el Día se acerca.

   Una de las primeras indicaciones de una carencia de amor por Dios y por el prójimo es que el cristiano se aleje de los cultos. El miembro abandona las obligaciones comunitarias, deja de asistir a las reuniones y exhibe los síntomas de egoísmo y de egocentrismo.

   Aparentemente algunos miembros de la congregación hebrea a los cuales se dirigió originalmente la epístola mostraban descuido en su asistencia a los cultos. Lo hacían a sabiendas, desertando de “la comunión de los santos”. De fuentes procedentes del primer siglo de la era cristiana sabemos que la falta de interés por los cultos era cosa común. La Didache, un manual de la iglesia para la instrucción religiosa que proviene de la última parte del siglo primero, contiene esta exhortación: “Pero congregaos con frecuencia, buscando las cosas que son provechosas para vuestras almas”.

   En un capítulo anterior, el escritor de Hebreos advierte a los lectores en contra de seguir el ejemplo de los israelitas desobedientes que vagaban por el desierto, y de alejarse del Dios vivo (3:12). El escritor exhorta a los lectores a “alentarse unos a otros diariamente … para que ninguno de vosotros sea endurecido por el engaño del pecado” (3:13). Él se da cuenta de que el celo ha decaído entre algunos de los miembros. Es así que él dice una vez más: “Animémonos unos a otros” (10:25). No sólo el escritor de esta epístola sino también todos los miembros de la iglesia tienen la tarea comunitaria de alentarse mutuamente todos los días. Juntos llevamos la responsabilidad, puesto que somos el cuerpo de Cristo.

   Como cristianos debemos mirar hacia el futuro, es decir, hacia el día en que Jesús volverá. Cuanto más nos acercamos a dicho día, tanto más activos debemos estar en animarnos unos a otros en cuanto a mostrar amor y hacer obras buenas aceptables a Dios. Nos hubiera gustado tener más información acerca de “el Día”, pero el escritor es tan parco como los otros escritores del Nuevo Testamento que lo mencionan (véanse, por ejemplo, Mt. 25:13; 1 Co. 3:13; 1 Ts. 5:4). Dice Philip Edgcumbe Hughes: “Cuando se habla de él en esta manera absoluta, ‘el Día’ sólo puede significar el último día, el día escatológico final, que es el día para ajustar cuentas y de juicio conocido como el Día del Señor”.

Consideraciones prácticas en 10:22–25

   De la bien conocida tríada fe, esperanza y amor, es la esperanza la que parece ser descuidada. Los escritores del Nuevo Testamento, sin embargo, no la descuidan, ya que la mencionan tantas veces como lo hacen con la fe y el amor. El cristiano parece enfatizar en su vida espiritual las virtudes de la fe y el amor, pero dice poco acerca de la esperanza.

   Sin embargo, es la esperanza la que guía al creyente, ya que le da libertad del temor a la muerte. Él tiene puestos los ojos en Jesús, que ha conquistado el poder de la muerte. Sabe que en Jesús tiene salvación, justicia, vida eterna y la certidumbre de la resurrección de los muertos. Esa esperanza se verá realizada cuando Jesús vuelva.

   El cristianismo es una religión de amor que se extiende hacia afuera y que reúne a la gente. Los eventos deportivos, las representaciones en la pantalla o sobre el escenario, y la acción política juntan grandes multitudes. Pero el cristianismo mantiene a la gente junta porque enfatiza la participación en el culto, en la alabanza y en el trabajo. Los cristianos se necesitan unos a otros para fortalecer el maravilloso vínculo de amor que comparten en Jesucristo.

   La exhortación del escritor de “estimularnos mutuamente al amor” precede su observación acerca de la asistencia a la iglesia. Cuando el creyente asiste al culto, está expresando su amor por Jesús. Se da cuenta de que Jesús, la cabeza de la iglesia, está presente en el culto y desea su presencia. Para decirlo de otra forma, la cabeza de la iglesia no puede funcionar sin el cuerpo. El creyente es parte del cuerpo de Cristo, el cual Cristo se presenta “a sí mismo como una iglesia radiante, sin mancha ni arruga ninguna otra tacha, sino santa y libre de culpa” (Ef. 5:27).

1er Titulo:

La Congregación Debe Confirmar La Palabra De Dios Con El Amén. Salmo 106:48. Bendito Jehová Dios de Israel. Desde la eternidad y hasta la eternidad; Y diga todo el pueblo, Amén. Aleluya.

   Comentario: La conducta de los israelitas en Canaán, y trato de Dios con ellos, demuestran que el camino del pecado es cuesta abajo; omisiones dar paso a las comisiones: cuando se olvidaron de destruir las naciones, aprendieron sus obras. Un pecado llevó a muchos más, y trajo el juicio de Dios sobre ellos. Su pecado fue, en parte, su propio castigo. Los pecadores a menudo se ven arruinados por los que los condujo a la maldad. Satanás, que es un tentador, será un torturador. Al fin, Dios mostró misericordia a su pueblo por amor de su pacto. La inmutabilidad de la naturaleza misericordiosa de Dios y el amor a su pueblo, le hace cambiar el curso de la justicia por la misericordia; y ningún otro cambio que se entiende por el arrepentimiento de Dios. Nuestro caso es terrible cuando se considera la iglesia hacia el exterior. Cuando las naciones que profesan el cristianismo, son tan culpables como nosotros, no es de extrañar si el Señor les trae bajo por sus pecados. A menos que haya general y profundo arrepentimiento, no puede haber ninguna perspectiva sino de crecientes calamidades. El salmo concluye con una oración para completar la liberación del pueblo de Dios, y la alabanza para el comienzo y el progreso de la misma. Que todos los pueblos de la tierra, antes de mucho tiempo, añada su Amén.

   El clímax del Salmo es la doble petición: Sálvanos… Reúnenos. Después de la alabanza,la confesión y el arrepentimiento, el salmista puede clamar la intervención de Dios. La promesa de 2 Crónicas 7:14 se repite a través de la Biblia:

   Si se humilla mi pueblo sobre el cual es invocado mi nombre, si oran y buscan mi rostro y se vuelven de sus malos caminos, entonces yo oiré desde los cielos, perdonaré sus pecados y sanaré su tierra.

Joya bíblica

¡Sálvanos, oh Jehovah, Dios nuestro! (106:47-48).

   La doxología del v. 48 es la conclusión lógica a la fe del salmista, pues sabe que Dios escucha y contesta; por lo tanto, le adora y quiere que todo el pueblo crea y adore.

   También esta doxología sirve como conclusión al Libro IV del Salterio.

2° Titulo:

La Congregación Debe Alimentarse Como Ovejas Del Rebaño. Isaías 55:1 al 3. A todos los sedientos: Venid a las aguas; y los que no tienen dinero, venid, comprad y comed. Venid, comprad sin dinero y sin precio, vino y leche. ¿Por qué gastáis el dinero en lo que no es pan, y vuestro trabajo en lo que no sacia? Oídme atentamente, y comed del bien, y se deleitará vuestra alma con grosura. Inclinad vuestro oído, y venid a mí; oíd, y vivirá vuestra alma; y haré con vosotros pacto eterno, las misericordias firmes a David.

   Comentario:

Llamado a aceptar el don de Jehovah, 55:1-3

   Las profecías del cap. 55 y de los primeros 8 versículos del cap. 56 constituyen quizá las últimas proclamas de nuestro profeta en Babilonia, si interpretamos el verbo haláj en su sentido básico. Como hemos dicho antes, es posible que después de haber inmigrado a Jerusalén nuestro profeta haya vuelto temporalmente a Babilonia para promover la aliyáh, es decir la inmigración a Sion. Esta vez, no sólo la inmigración de judíos ocupa el foco de su atención e interés, sino también de prosélitos, aquellos extranjeros que se han adherido a Jehovah. De esto trataremos en la próxima sección.

   En la presente sección confrontamos el problema de la contextualización de esta proclama. El imperativo de haláh, que básicamente significa andar, pero que se traduce normalmente con el verbo ir, es la forma lejú. Tres veces aparece la palabra lejú en el v. 1, y las tres veces ha sido traducido por venid, en lugar de id o acudid, traducción que también es posible si examinamos el v. 3. Sin embargo, el contexto geográfico apoya la traducción id.

   Un caso similar tenemos en 2:3, donde las palabras lejú venaalé han sido tradicionalmente traducidas: Venid y subamos. Pero la perspectiva allí es que las naciones dispersas por todos los lados del mundo se exhortan unas a otras a ir a Sion. No se trata de un llamado para reunirse en algún lugar del mundo, para luego subir a Sion.

   También en 55:1, lejú lamáyim debería ser por lo menos considerada con una traducción posible en una nota: id a las aguas o acudid a las aguas. Si atendemos a este pequeño detalle, es posible que el profeta no estuviera expresando su proclama desde Sion, sino en Babilonia (comp. 55:12; 56:7). Él está animando a los judíos sedientos de libertad y de realización espiritual, a acudir a las aguas, que aquí simbolizan la abundancia espiritual que sólo se encuentra en Jehovah. Pero en la mente y corazón del profeta la satisfacción espiritual es más plena si se cumple la voluntad divina con respecto a llevar de regreso a su pueblo, de la tierra de su cautividad a la tierra de promisión: Israel.

   A partir de 55:3 y hasta 56:8 el pensamiento del profeta fluye paralelo a la oración de David en 2 Samuel 7:11–29. El concepto del pacto, que incluye las fieles misericordias demostradas a David (lit. las fieles misericordias de David) puede traducirse mejor prometidas ya que el verbo es suplido. En 2 Samuel 7:15 y 16 el Se-ñor promete a David con respecto a cada gobernante de su casa real, la dinastía de David: “… no quitaré de él mi misericordia… Tu casa y tu reino serán firmes para siempre delante de mí, y tu trono será establecido para siempre.” (Comp. 9:1–7; 11:1–16; 32:1–8). Es el rey mesiánico quien ha sido puesto como testigo a los pueblos (v. 4).

   Pero no puede ser compatible el designio de realeza con el presente estado de cautividad que todavía forma parte del consciente y del inconsciente de los hijos de Judá.

Observemos que se ofrecen tres clases de bebida:

1. Aguas y vemos está en el plural. Y, en el idioma hebreo, el plural expresa un grado superlativo. El agua es demasiado maravillosa como para ser expresada por la forma singular. “Aguas” también nos habla de abundancia, es decir, que se refiere a cantidad, así como a la calidad. Es agua para el alma. Ésta fue la clase de agua que el Señor Jesucristo ofreció, y El usó el mismo simbolismo, cuando se encontraba un día en la zona del templo y anunció en alta voz: “Si alguien tiene sed, venga a mí y beba”. (Juan 7:37) Ahora sabemos donde se encuentra la fuente; la fuente es Cristo, que es el Agua de Vida y nuestro Salvador.

2. Vino es la segunda bebida ofrecida, que simboliza la alegría. En el libro de Proverbios, capítulo 31, versículo 6, dice: “Dad la sidra al desfallecido y el vino al de ánimo amargado”. Y, luego, podemos leer en la primera epístola a los Tesalonicenses, capítulo 1, versículo 6: “Vosotros vinisteis a ser imitadores de nosotros y del Señor, recibiendo la Palabra en medio de gran tribulación, con el gozo que da el Espíritu Santo”. Ahora, la alegría es aquello que usted puede tener cuando Cristo no sólo es su Salvador, sino cuando Él se convierte en el Dueño, en el Señor de su vida. Cuando usted llega a conocerle a Él, usted puede tener esa alegría. Juan escribió sobre ello en su primera epístola, capítulo 1, versículo 4, y dijo: “Para que vuestro gozo sea completo”. La siguiente frase se encontraba enmarcada en la oficina de un Pastor, con estas palabras: “El gozo es la bandera que ondea en el corazón cuando el Dueño reside allí”. Y de paso, amigo oyente, digamos que la auténtica alegría que la relación con Cristo produce, es una bebida maravillosa.

3. Leche fue la tercera bebida ofrecida. La leche es esencial para el crecimiento y el desarrollo, especialmente para los niños. Así también, la leche de la Palabra de Dios es esencial para el crecimiento espiritual. Es por ello que difundimos el estudio de esa Palabra. El apóstol Pedro lo explicó de esta manera en su primera carta, capítulo 2, versículo 2: “2y desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación”. Estamos seguros que usted habrá tenido oportunidad de observar a algún bebé, cuando su mamá está preparando su biberón. Esa criatura está acostada en su cuna agitando sus manos y sus pies; en realidad todo su cuerpo se mueve con ansiedad y su boca hace toda clase de ruidos. ¿Por qué? Porque desea la leche. Y un hijo de Dios, hermano creyente, debería desear la leche de la Palabra de Dios con la misma ansiedad. Amigo oyente, si usted es un creyente, hay algo que no funciona bien con usted si no le agrada el estudio de la Palabra de Dios. A veces en los círculos cristianos puede haber actividades entretenidas, cursillos y coloquios sobre diversos temas, encuentros sociales y otras actividades, pero no se estudia la Palabra de Dios. Por tal motivo, parece que muchos creyentes como si hubieran nacido muertos, porque no tienen vida espiritual; y otros, presentan un desarrollo espiritual deficiente. Estimado oyente cristiano, usted debería tener un gran interés en alimentarse espiritualmente con la Palabra de Dios. El versículo 2, de este capítulo 55 de Isaías.

Semillero homilético

Una invitación cordial: 55:1–3

   Introducción: Desde los albores de la humanidad Dios ha estado invitando al ser humano. Esta invitación tiene un propósito: buscar una íntima comunión con el hombre. El hombre no la merece, pero Dios le ama y por esa razón le busca para invitarle.

   ¿A quién se hace la invitación?

A todos los sedientos de Dios (v.1; Sal. 2:2; 63:1).

A todos los necesitados (Sal. 107:5).

   ¿Para qué los invita?

Para que satisfagan la sed (el vino).

Para que satisfagan el hambre (la leche).

   ¿Cuál es el precio?

Cuesta reconocer que su necesidad es espiritual.

Cuesta tomar la decisión de “venir a Jehovah”.

   ¿Qué ofrece Jehovah?

Sustento (v. 2; Sal. 37:17).

Satisfacción plena (v. 2; Sal. 107:9).

Salvación (v. 3; 12:2).

   Conclusión: ¡Qué tal la variedad de bendiciones espirituales que nos presenta el profeta de Dios! Indudablemente éstas son para los que vienen y oyen el llamado de Jehovah. Hoy como ayer, Dios sigue llamando e invitando al hombre. Jesucristo extendió invitaciones constantemente durante su ministerio (Mat. 11:28; Juan 4:10; 6:35, 51).

3er Titulo:

La Congregación Debe Ayudarse Mutuamente. Hebreos 13:16. Y de hacer bien y de la ayuda mutua no os olvidéis; porque de tales sacrificios se agrada Dios. 

   Comentario: Versíc. 16. Y no os olvidéis de hacer el bien y de compartir con otros, porque de tales sacrificios se agrada Dios.

   Vivir una vida santa consiste en amar al Señor con el corazón, el alma y la mente, y en amar al prójimo como a uno mismo. Los cristianos primitivos demostraron su amor a Dios dedicándose a la enseñanza del evangelio, a los cultos, a la comunión y a la oración (Hch. 2:42). Pero también mostraron su amor por el prójimo compartiendo todo lo que tenían (Hch. 4:32). De hecho, ellos cuidaban de los pobres de manera tal que “no había personas necesitadas entre ellos” (v. 34). El amor por el Señor tiene su paralelo en el amor por el prójimo. Estos dos van de la mano. Cuando decimos que amamos al Señor, debemos estar listos a ayudar a nuestro prójimo necesitado. Esto es lo que los creyentes macedonios hicieron. Pablo dice: “De voluntad propia, nos suplicaron con mucho ruego el privilegio de participar en este servicio demostrando generosidad a los santos” (2 Co. 8:3–4).

   Los lectores de la epístola a los hebreos habían descuidado su ministerio para con los necesitados (véase también 13:2). Ellos asistían a los cultos locales para alabar a Dios, aunque alguna gente se mantenía alejada (10:25). Pero la alabanza y el amor no siempre se ponían en práctica cubriendo las necesidades de los pobres (6:10; 10:33–34). El escritor les dice a los lectores que deben “hacer el bien y compartir con otros”. El considera estos hechos de amor y misericordia como sacrificios de alabanza. Y en tales sacrificios se complace Dios.

   Cuando el escritor dice que Dios se complace en las buenas obras, hace que recuerden su descripción de la vida de Enoc. Enoc fue alabado por su íntima comunión con Dios (11:5). También se nos recuerdan nuestros deberes de cuidar al necesitado, ya que si obedecemos la ley real—“Amad a vuestro prójimo como a vosotros mismos” (Stg. 2:8)—hacemos bien y agradamos a Dios.

Consideraciones prácticas en 13:12–16

   “Haced el bien” dice el escritor de Hebreos. ¿Necesitamos que se nos recuerde que debemos hacer el bien? Hacer el bien debe ser el modo de vivir del cristiano. Pero, triste es decirlo, a veces nos olvidamos de esto y nuestro culto se transforma en un servicio de dientes afuera y no en un compromiso de vida.

   Si nuestra religión cristiana no es más que palabras, está muerta. Las palabras y las obras son las dos caras de una misma moneda. Dios quiere que lo alabemos tanto con los labios como con la vida.

   Cuando iba a la escuela primaria, el maestro ponía en mis notas el comentario bien. Por supuesto, eso indicaba que yo había aprendido bien la lección, pero no lo suficiente como para que el maestro anotara excelente en mi cuaderno. La Biblia no usa esta anotación, observación. Cuando los siervos se presentaron ante su maestro con diez y cuatro talentos respectivamente, le oyeran decir: “¡Bien hecho, buen siervo y fiel!” (Mt. 25:21, 23, cursivas añadidas). Ser un buen cristiano significa buscar oportunidades para hacer las cosas que le agradan a Dios y que traen gozo a nuestro prójimo.

4° Titulo:

El Congregarse Genera Lazos De Comunión. Los Hechos 2:42. Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones.

   Comentario: Lucas describe la belleza de la iglesia creciendo y desarrollándose. Pinta la espontaneidad, dedicación y devoción de los primeros cristianos en relación con Dios en los servicios de adoración. En la última sección de este capítulo, describe la iglesia en su adoración formal e informal y su influencia en la comunidad.

  Versíc. 42. Y continuamente se dedicaban a la enseñanza de los apóstoles y a la comunión unos con otros, al partimiento del pan y a las oraciones.

   Pongamos atención a los siguientes componentes:

a. Enseñando. La frase “y continuamente se dedicaban a la enseñanza de los apóstoles” apunta al fervor y dedicación de estos primeros convertidos al cristianismo. Con toda decisión y firmeza buscaron a los apóstoles para que les instruyeran en el evangelio de Cristo, porque Jesús había ordenado a su grupo de seguidores a ser maestros de estos aprendices (Mt. 28:20).

   Durante su ministerio terrenal, Jesús enseñó con autoridad y “no como los maestros de la ley” (Mr. 1:22). Antes de su ascensión, él delegó esta autoridad a sus apóstoles, que hablaron en su nombre. Nótese el doble significado del término enseñanza. En un sentido amplio, la palabra se refiere a las buenas nuevas de todo lo que Jesús dijo e hizo. Y en un sentido restringido, los apóstoles fueron ocupados en el trabajo de enseñar un evangelio oral a los convertidos, a quienes Lucas llama en Hechos discípulos (o aprendices). Suponemos que esta enseñanza fue dada especialmente en servicios de adoración públicos, donde los apóstoles enseñaron este evangelio en sus predicaciones.

b. Comunión. Tres palabras siguen al término enseñanza. La primera, comunión, describe el entusiasmo que los creyentes demostraron en una adoración unida, en las comidas, y en el compartir de sus bienes materiales (v. 44). Los cristianos demostraron en forma visible su unidad en Jesucristo, en los servicios de adoración, donde se llamaban unos a otros hermanos y hermanas.

c. El partimiento del pan. ¿Es esta una referencia a una comida en un lugar privado (véase Lc. 24:30, 35), o a un servicio de comunión? No es fácil encontrar la respuesta correcta.195 El contexto, sin embargo, parece sugerir que se refiere a la celebración de la Cena del Señor. En el griego, el artículo definido precede al sustantivo pan lo que indicaría que los cristianos participaban de el pan apartado para el sacramento de la comunión (c.f. 20:11; 1 Co. 10:16). Además, el acto de partir el pan tiene su secuela en el acto de las oraciones (presumiblemente durante los cultos de adoración públicos). Las palabras partimiento del pan aparecen en la secuencia de enseñanza, comunión y oraciones en los cultos de adoración. Por lo tanto, podemos entender el término como una temprana descripción para la celebración de la Santa Cena. En la liturgia de la iglesia cristiana, esta celebración fue y sigue siendo acompañada por la enseñanza del evangelio y por las oraciones.

d. Las oraciones. Literalmente el texto habla de “las oraciones”. Nótese que Lucas también usa aquí el artículo definido para describir oraciones específicas hechas en la adoración; quizás incluyen las oraciones formales que los judíos acostumbraban ofrecer en el templo (3:1). En resumen, los cuatro elementos que Lucas menciona en este versículo (v. 42) aparecen relacionados a la adoración pública: la enseñanza apostólica y la predicación, la comunión de los creyentes los unos con los otros, la celebración de la Cena del Señor, y las oraciones en comunidad.

Amén, para la gloria de Dios

1a de Corintios 10.31. si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios.

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Bibliografía: Bíblia de Referencias Thompson; C.N.T de William Hendriksen; Expositor Clase de Dorcas IEP 2019. Comentario Mundo Hispano.


Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.